Oña (Bu)

Monasterio de San Salvador
Fue fundado en el año 1011, por el conde Sancho García, que también lo convirtió en panteón de sí mismo y de su esposa Urraca; también fue elegido para el descanso de sus restos mortales por el rey navarro Sancho el Mayor, yerno del fundador, y por el primer rey de Castilla Sancho II.

En dicho lugar se construyó un nuevo monasterio e iglesia que sustituyera a los primitivos edificios que el conde Sancho había construido para su hija Tigridia y excesivamente reducidos para las necesidades de la comunidad benedictina masculina que ahora habitaba el monasterio; quizá por los mismos años que en Cardeña, finales del siglo XI, o más probablemente en los primeros lustros de la duodécima centuria comenzaron en Oña las obras de una nueva iglesia con su claustro, ambos de estilo románico, de la que se conservan partes del hastial, de la torre y del crucero. (314)


Oña, la “flor de los montes”, la villa medieval nacida en los primeros siglos de la Repoblación.
El templo románico lo inició San Iñigo en la segunda mitad del siglo XI y constaba de tres naves. Posteriores estilos y construcciones modificaron aquellos planos. Hoy, muestras de aquel románico las hay por doquier; en el mismo hastial y torre, en las naves, arcos torales y capiteles de excepcional categoría por su labra y calidad plástica. En el cubo de acceso a la torre hay algunos restos y varias ventanas. El pórtico de entrada al templo monacal, (nartex), es fundamentalmente del mismo estilo, con una cornisa de ajedrezado y algunas ventanas.
Interiormente hay una fascinante y bella talla de Cristo románico del siglo XII. También es posible admirar varios capiteles, ya aludidos, de filiación silense tanto por su técnica como por su iconografía, aunque hay otros más toscos y más voluminosos. Más capiteles, dovelas y canecillos se pueden ver, sobre todo en la Sala Capitular. Es aquí donde, se han descubierto interesantísimos restos, repartidos entre puertas y arcadas.
Mención especial hay que hacer al friso que representa la “Sagrada Cena” que en su día presidió el refectorio. Se trata de una reliquia románica única y exquisita. (63)

 
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