Leon

Iglesia de San Isidoro.

Fernando I hizo reconstruir San Isidoro de León para transformar esta iglesia en panteón de la dinastía de León-Castilla. (33)

En León, Fernando I reedifico ka Iglesia de San Pelayo y San Juan Bautista, consagrándose en 1063 bajo la advocación de San Isidoro. Urraca, hija de Fernando I, añadió a la iglesia un nártex (el Panteón Real) adosado a la fachada occidental, con un espacio rectangular dividido en nueve tramos cubiertos con bóvedas vaídas. A finales del siglo XI se pensó en una nueva renovación de la iglesia, si bien las obras no se concluyeron hasta el reinado de Alfonso XII (1126-1137), bajo la dirección de Petrus Deustambem. La notable labor escultórica del edificio, relacionada con la de Saint-Sernin de Toulouse, se completa con las pinturas que cubren las bóvedas del Panteón (primer tercio del siglo XIII), que constituyen el conjunto mural románico español mejor conservado. Desde el siglo XI, San Isidoro de León fue también centro de un gran taller eborario (crucifijo de Fernando y Sancha, caja de reliquias de San Juan Bautista y San Pelayo) y de otro de orfebrería (relicarios de San Isidoro, cáliz de doña Urraca).

La decoración mural del Panteón de los Reyes de la Colegiata de San Isidoro de León es el único gran conjunto pictórico románico que en tierras hispánicas ha permanecido al descubierto desde que se realizó. Sin embargo, no recibió especial atención hasta principios de nuestro siglo, ya que con anterioridad tan solo había sido objeto de descripciones peyorativas de eruditos o de simples enumeraciones de escritores eclesiásticos. Los primeros estudios críticos que se publicaron sobre el mismo relacionaron su decoración con el arte mural francés y la creyeron obra de finales del siglo XII y más concretamente (Gómez Moreno) realizada en la última etapa del reinado de Fernando II (1157-1188), el cual aparecería como donante en el episodio de la Crucifixión.
Sin embargo, posteriores estudios (Grabar, Francovich) hicieron pensar que en los murales leoneses, más que la influencia francesa, se pone de manifiesto la presencia de una tradición local de carácter mozárabe, lo cual incluso adelantaría la cronología del conjunto hasta la época de Fernando I, es decir, hasta 1063, fecha que se creía apropiada para datar la arquitectura y la escultura del Panteón. Posteriores investigaciones (Williams) pusieron de nuevo en cuestión la fecha del Panteón y han hecho pensar que los murales debieron realizarse con anterioridad a 1149 (fecha de la consagración de la nueva iglesia de San Isidoro), y que doña Urraca, hija de Fernando I, pudo patrocinar no sólo la arquitectura sino también las pinturas, en cuyo caso éstas deberían de datarse en torno al año 1100. Puede considerarse, sin embargo, que entre la labor arquitectónica y la pictórica pasasen algunos años, lo cual supondría que los murales se pintaron durante el turbulento reinado de Alfonso I de Aragón, época de gran actividad artística en León (tanto en el campo de la talla del marfil como en el de la miniatura y pintura) en la que las raíces autóctonas, especialmente las mozárabes, son la base de nuevas formulaciones artísticas llegadas allende los Pirineos. (195)

La Real Colegiata de San Isidoro; se levanta sobre lo que fue un campamento militar de época romana, toda la parte occidental del edificio, se adosa a la muralla romana y su suelo es romano. (318) Existió un templo anterior dedicado a San Juan del que no queda ningún resto por haber sido incendiado por las tropas de Almanzor. Se construyó el actual, bajo el reinado de Fernando I y en el siglo XI se depositan los restos de San Isidoro bajo sus bóvedas, lo que forzó el cambio de advocación. (56) De las construcciones románicas nos han llegado: el muro septentrional y occidental de la iglesia, el nártex convertido en cementerio, la tribuna real, los pórticos adosados y los dos primeros tramos de la torre. La primitiva iglesia era rectangular con tres naves, siendo la central más ancha, las cabeceras eran cuadradas y la central sobresalía del resto. En el muro norte se abre una puerta, y a los pies otra que comunicaba con el nártex, hoy día tapiada. (318) 

La tribuna real fue convertida en dependencia del palacio de la infanta-reina doña Sancha en el siglo XII y en el XVI se convirtió en sala capitular; hoy día cobija un museo de orfebrería. El Panteón es un espacio cuadrado en el muro oriental de la iglesia. Se abren dos vanos en el centro; uno la mencionada puerta de ingreso cegada por la arquería que divide las naves centrales y septentrionales, y la que hubo que abrir en el ángulo suroriental para sustituir la otra. Cerraba el muro sur un muro medianero con los palacios reales adornado con dos arcos ciegos. Una escalera de caracol comunica con las dependencias superiores, se encuentra en el lado occidental y se accede a ella por medio de una puerta adintelada. En el muro norte encontramos dos grandes arcos de medio punto, que dan paso a la Capilla de Los Arcos. Dos columnas exentas sostienen siete arcos sencillos y dividen en dos tramos, tres naves y seis bóvedas de arista. En el Panteón descansan los restos de miembros de la Corte leonesa: once reyes, doce reinas, diez infantes, nueve condes y varios personajes desconocidos. Hoy día, y debido a los avatares de la historia, los restos de reyes y vasallos se mezclan en los mismos ataúdes. La decoración escultórica del edificio está en capiteles, cimacios y canecillos, varía desde la vegetal de influencia bizantina, a la zoomórfa y humana. Se reproducen escenas de los Evangelios, el Antiguo Testamento, animales fantásticos. Es en el Panteón donde se centra la decoración pictórica, en sus bóvedas y en sus muros, la temática es: la Infancia (Encarnación, Visitación, Nacimiento, Anuncio a los Pastores, Circuncisión, Epifanía, Huida a Egipto y Degollación de los Inocentes), la Pasión (La Santa Cena, Prendimiento de Cristo, Negaciones de Pedro, Lavatorio de Pilatos, Llanto de Pedro, El Cireneo y la Crucifixión) y la glorificación de Cristo (Resurrección, Gloria, Reinado y Cronocrator), es decir, los nueve ciclos en los que se divide el calendario mozárabe, desde Adviento hasta Pentecostés. El resto de personajes carecen de importancia iconográfica, y con ellos se rellenan los intradós de los arcos. La técnica que se empleó fue al temple. (5)

Del resto del edificio podemos mencionar la torre exenta, que se levanta sobre un cubo de la muralla. El primer cuerpo es ciego, y tiene de románico tres muros con pequeños contrafuertes. Sobre éste se levanta una estancia abovedada con un arco fajón central sobre columnas, además posee cuatro saeteras y dos puertas que dan paso a la muralla. En cuanto a la iglesia nueva, sólo se ha salvado de la capilla central los muros rectos del espacio rectangular, en el que vemos una hornacina en cada uno, adornada con columnas y capiteles. También hay que destacar las ventanas que se abren en los muros: tres en el de mediodía y una al norte, y en el crucero otras tres. Son de gran tamaño, derramadas al interior, con arco de medio punto doblado apoyado en columnas con capiteles acodillados. Y para acabar hablaremos de sus portadas: la Puerta del Cordero, está en el muro de mediodía, se trata de un portal resaltado del muro, que perdió su tejaroz. Es un arco de medio punto de tres roscas y con moldura de baquetón las dos primeras y lisa la tercera; posee un guardapolvo con tres filas de tacos. Las dos primeras roscas las sostienen columnas acodilladas con capiteles decorados con animales fantásticos. En el tímpano se insertan varias escenas: en lo alto la figura del Cordero místico sosteniendo una cruz, inscrito en un círculo que sostienen dos ángeles, mientras otros dos asisten con cruces en las manos. La banda inferior reproduce el sacrificio de Isaac en varias escenas. En las enjutas, sobre unas cabezas de toro vemos a San Isidoro a la izquierda y a la derecha San Pelayo, también está representado el rey David con seis músicos y un Zodiaco invertido. Tanto las esculturas de los santos, como los Zodiacos, tienen una inscripción que los indentificaba. La otra puerta es la del Perdón, se abre en el hastial sur del crucero y consta de arco de medio punto con dos roscas y un tornapolvo de tres filas de tacos. Apoyan en columnas acodilladas de fustes monolíticos con capiteles de entrelazo. Las jambas son cuadradas y se rematan con dos modillones con cabeza de león y de perro, que sostienen el dintel. El tímpano se divide en tres escenas verticales: en la central vemos el desenclavo de Cristo de la Cruz, a un lado las tres Marías ante el Sepulcro, cuya tapa levanta un ángel para demosntrar que está vacio y al otro la Ascensión de Cristo resucitado, que es alzado por dos ángeles. Conserva el tejaroz sujeto por once canecillos. Debajo, inscritos en una imposta semicircular y a cada lado de la puerta, se representa a San Pedro y a San Pablo. Encontramos una tercera puerta: la Capitular, en el crucero norte, es de arco de medio punto de dos roscas, arquivolta en baquetón, ajedrezados, con columnas acodilladas de capiteles vegetales y zoomorfos y con tejaroz sobre canecillos fantásticos. (318)

Igl de Santa María del Camino o del Mercado; el edificio está muy reformado aunque conserva parte de su origen románico: en el ábside central parte de los muros laterales del presbiterio, las impostas decoradas con triple hilera de billetes y las semicolumnas con sus capiteles zoomorfos del arco triunfal, las cubiertas de bóveda de cañón de los tramos rectos de los absidiolos y las de horno que los cubren. En el muro meridional de la nave de la epístola hay cuatro ventanas abocinadas con arco de medio punto sobre columnas acodilladas con capiteles de crochets. En el cuerpo occidental un capitel vegetal en la semicolumna del primer tramo de la nave de la epístola y una portada de medio punto doblado y liso. Al exterior se distinguen la parte de los muros románicos de los de reformas posteriores por la diferencia de piedra empleada. Destacan rejas románicas en las dos ventanas del muro sur y las reutilizadas en dos arcos laterales de la fachada occidental.(318)

Palacio llamado "de doña Berenguela"; los restos del llamado torreón, son de planta cuadrada y se dividieron en dos pisos, hoy señalizados en el interior, con un techo de madera moderno, que semeja al original. Tres de las cuatro caras se presentan como fachadas, siendo la más importante la este, en ella no aparece marcada la división en dos pisos, que se nota en la hilera de vanos. En el piso inferior aparecen dos saeteras enmarcadas por arcos doblados de medio punto y molduras de nacela. En el superior se abre una portada de arco ligeramente apuntado moldurado con bocel y una arquivolta moldurada con baquetón que descansa en cimacios decorados con bocel y jambas en codillo con aristas. Toda la portada se enmarca por una moldura de toro, flanqueando la portada encontramos dos ventanas estrechas, simétricas, con arcos de medio punto protegidos con chambrana, que descansan en columnas acodilladas con capiteles vegetales. Sobre las enjutas vemos una roseta y una cruz inscrita en círculos. En el piso superior de la fachada septentrional se abre otra portada similar, aunque posterior a la obra románica. La fachada occidental se articula con una portada de arco y arquivolta apuntados protegidos por una chambrana moldurada con junquillo, se trataba de un acceso secundario. En la parte superior, sobre la portada hay dos vanos de medio punto y marcas de trinchante. En el ángulo suroeste del muro meridional hay una estructura cuadrada y saliente que acoge la escalera de caracol que comunicaba los dos pisos, en ella hay una saetera-tronera, abierta posteriormente. Junto a la escalera quedan restos del arranque de un pasillo con cañón apuntado. (318) También conocido como Palacio de Alfonso VII, ya que se sabe que tuvo una residencia por la zona, aunque pudiera ser de cualquier familia noble (56)

Catedral de Santa María de Regla; se cree que estuvo sobre las termas romanas que tuvo León, pero no quedan excesivos restos significativos, de ninguno de los dos edificios. Se han encontrado algunas molduras, cimacios y capiteles en la zona, que hoy día se conservan en el Museo Catedralicio y Diocesano. (318)

Museo de León, hablaremos de una de las piezas de eboraria más reconocida, se trata del Cristo del Carrizo, tallado en cuatro trozos de marfíl unidos por clavos diminutos. Estamos ante un Cristo desproporcionado, con una cabeza , unas manos y unos pies exageradamente grandes en comparación con el resto del cuerpo. (318)

 
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