En Liébana, el románico tuvo un asentamiento firme, si bien hay muchos datos para pensar que en los siglos XI y XII tendría muchos más monumentos de aquel carácter o estilo, ya que son ahora muy escasos los conservados. Liébana siempre fue una región muy singular, un islote independiente relacionado en gran parte de la Alta Edad Media con el reino de León y dependiente en lo religioso del obispo de esta vieja ciudad.
Liébana tuvo en la alta Edad Media un gran protagonismo dentro del ámbito político de la monarquía asturiana, habiendo surgido viejos monasterios repobladores desde el siglo VIII y siendo también lugar de acogimiento de gentes mozárabes huidas del dominio musulmán, entre ellas quizá, el famoso monje Beato, autor de los Comentarios al Apocalipsis.
Monasterio de Santo Toribio
Fue sin duda en los siglos románicos (XI y XII) el monasterio más destacado de toda Liébana. Aunque la iglesia conservada es fundamentalmente gótica (se construye en 1256) mantuvo dos puertas de clara tradición románica. Las excavaciones del sesenta, por otra parte, aseguraron la existencia de una iglesia anterior románica que fue demolida. El monasterio de Santo Toribio fue, además, la Tebaida lebaniega, ya que en sus proximidades, y dependientes del cenobio, existía una serie de ermitas o capillas, muy humildes de arquitectura.
El monasterio central, Santo Toribio, comenzó seguramente en el siglo XIII, con una titulación distinta a la que después tuvo, pues figura en los documentos como de San Martín de Turieno.
De acuerdo con la realidad documental solo podemos afirmar:
1. El monasterio de San Martín de Turieno existe ya como tal y con posesiones en el año 828.
2. La introducción en este monasterio del culto a Santo Toribio (el de Astorga o el de Palencia) y, como consecuencia, el comienzo de su devoción en Liébana, que es atestiguada en documento de 921, donde aparece un Toribio como confirmante.
3. En el primer cuarto del siglo XII (1125) se va imponiendo sobre el nombre de San Martín de Turieno el de Santo Toribio, hasta 1181, año en que la advocación de San Martín desaparece definitivamente.
En los años finales del siglo IX, se traslada el cuerpo de Santo Toribio de Astorga a la montaña lebanense para protegerlo de las amenazas de los paganos.
A partir de la segunda mitad del siglo X parece que el monasterio va adquiriendo mayor fuerza y riqueza, durante al abadiato de Opila (945-964).
En 1256 se había levantado la iglesia del monasterio. Es natural que, si el cenobio lebaniego funciona ya con seguridad en el siglo IX-X, tuviese una fábrica de tipo asturiano o mozárabe, cuyos restos pudieron ser el muro grueso, recto y más bajo, que en el ábside y presbiterio se halló en las excavaciones. Después, más hacia el primer tramo central de la iglesia, apareció un banco continuo de sillería, con borde de baquetón, que parecía relacionarse más con el podium de un claustro románico posiblemente de mediados del XII, y que se correspondería con otro muro en arco de círculo hallado en la capilla mayor testimonio de un viejo ábside. Y luego, al profundizar en los muros interiores de la capilla del evangelio, se percibió muy bien la existencia de otro ábside anterior, de parecida estructura al actual pero que podría situarse a finales del XII.
Exteriormente, de todas estas construcciones parece que nos quedan reminiscencias en los muros de la iglesia ahora visible. Las dos puertas existentes en el muro sur -que significarían la persistencia como recuerdo y modelo de la fábrica más inmediata anterior a la gótica, es decir, aquella románica de finales del XII o cominezos del XIII- posiblemente sean ya obra de 1256, con mucha tradición románica.
La puerta mayor del sur sobresale del muro general, al modo tradicional románico, y lleva guardapolvos y arquivoltas de baquetón, todos de medio punto salvo el arco de entrada que es ya apuntado. Apoyan sobre capiteles continuos. Tres fustes a cada lado, lisos, con basas simples completan la organización de la puerta.
La otra, más a la derecha, la llamada puerta del perdón, es algo más pequeña, pero de constitución parecida a la anterior: guardapolvos de caveto, tres arquivoltas de bocel que apoyan sobre cimacios y capiteles sin decoración, fustes (tres a cada lado) monolíticos y lisos, y basas con lengüeta, todo sobre alto podium. Los arcos son de medio punto algo rebajados. Pudiera ser una puerta algo más vieja, quizá aprovechada de la iglesia última de finales del XII o comienzos del XIII.
Rodeando como en corona religiosa el centro donde se alza Santo Toribio, existe una serie de capillas o ermitas que, en general, pueden incorporarse a la época románica, sobre todo en el siglo XII.
Ermita de Cueva Santa
La más antigua parece la llamada Cueva Santa, situada en la parte media aproximadamente de la vertiente de Viorna. Como su nombre indica, su origen debió ser rupestre y se forma por una construcción rectangular, parte excavada en la roca, a modo de pasillo, con cubierta de losas, y un segundo piso, hoy destruido, con muros de mampostería. La entrada al departamento bajo, rupestre, se hace por medio de puerta de cuatro dovelas formando arco de medio punto que apoya sobre cimacios rústicos sostenidos en jambas monolíticas. En el muro opuesto a esta puerta existe una ventanita rectangular, fabricada con simples sillares monolíticos. El aspecto de Cueva Santa nos lleva a considerarle prerrománico, del siglo IX o X.
Ermitas de Santa Catalina y de San Miguel
Estás dos ermitas siguen aún en pie, aunque arruinadas.
La primera, aún muestra desde lejos su espadaña altiva de tres cuerpos y tres troneras, situada sobre un espigón montañoso por encima de Santo Toribio, hacia el poniente. Aún persisten también los cimientos de los muros de su única nave, que fueron puestos al descubierto en las excavaciones arqueológicas llevadas a cabo en la década del sesenta. El plano es enormemente sencillo: nave pequeña rectangular, arco triunfal apuntado sobre alto plinto y capilla absidial, también rectangular, con ventana en el muro tras del altar, que es el mismo de la espadaña. Ésta con sus molduras, alguna en nido de abeja, nos llevan sin duda a un románico posiblemente de los finales del XII o principios del XIII.
La de San Miguel está al final del camino que saliendo de la explanada de Santo Toribio se dirige hacia el NE, para dar vista directa a los Picos de Europa. Tan solo se conserva la capilla absidial, cuadrada, y el arco triunfal que abriría a una sola nave rectangular. Este arco es apuntado y apoya en jambas de mampuestos. Y el ábside lleva también bóveda apuntada. Tiene dos ventanales abocinados en sus muros laterales. Lo mismo que Santa Catalina, la espadaña estuvo sobre el muro del ábside, si bien ahora solo se percibe su arranque.
Capillas o ermitas de Nuestra Señora de los Ángeles, de San Pedro y de San Juan de la Casería
Las capillas o ermitas de Nuestra Señora de los Ángeles, no lejos de la Cueva Santa, a unos veinte metros de ella y en dirección SO; y la de San Pedro, en paraje más alto que Santa Catalina, han sido tan solo localizadas. Se pueden perfilar muy dificultosamente sus muros caídos. Las dos eran pequeñas construcciones rectangulares que no debieron diferenciarse mucho de las que están visibles, ni en su plano ni en su cronología. Pero prácticamente ahora son solo un recuerdo.
La de San Juan de la Casería, al este y en bajo de Santo Toribio, todavía mantiene su alzado, enormemente humilde, de mampostería, con una nave rectangular ancha y una capilla también rectangular con arco triunfal apuntado. La cornisa del ábside es de lanchas de piedra apoyadas en canecillos geométricos y lisos. (1)