San Pedro de Tejada (Bu)

Iglesia de San Pedro.
San Pedro de Tejada es la joya románica de la tierra burgalesa.
La historia de San Pedro de Tejada se remonta al siglo IX. El año 850 fue fundado “uno de los primeros monasterios de Castilla niña”, convirtiéndose en uno de los más importantes de la época y centro espiritual de la comarca.
El templo de San Pedro de Tejada no sólo es el monumento románico burgalés más completo, sino que también formó una importante escuela que irradió su arte por la comarca.. Destaca por la calidad de espacios, muros y organización de la construcción; y por la presencia de torre en el crucero sobre cúpula formada con trompas.
La construcción de su planta es de una sola nave dividida en dos tramos mediante arco fajón y contrafuerte exterior, y bóveda de cañón. Se completa con el ábside que consta de presbiterio rematado en capilla absidal. Sobre el crucero se eleva la torre con el correspondiente husillo adosado al muro meridional. La puerta de acceso mira al poniente. La fábrica es esbelta y de proporciones depuradas; y la sillería, en precios piedra rojiza, está perfectamente escuadrada y aparejada.
El hastial, con la portada, tejaroz y fino ventanal, es el miembro exterior más vistoso.
La portada, incrustada en un muro adicional, es sencilla, sin demasiado abocinamiento y elegante. Las arquivoltas se componen de una serie de arcos concéntricos, entre los que alternan bocelones, sogueados, cañas con bolas y rosetas. El guardapolvo, al igual que cimacios y fugas de imposta quedan realzados por marcado ajedrezado. Un par de columnas acodilladas a cada lado de fuste cilíndrico y monolítico coronan en capiteles decorados con temas vegetales.
Ocho soberbios canecillos aguantan el tejaroz del frontis. El frontis, rematado en piñón agudo recortado por una cenefa, está perforado por una interesante ventana polilobulada.
La cabecera destaca por su vigor, por su radiante sencillez y elegancia constructiva. Se estructura con las dos partes características (sección recta y semicircular); ésta está dividida en tres paños por un par de contrafuertes, prismáticos en su zona inferior y columnas entrega en el tercio superior; similares columnas se adosan al codillo. Una imposta ajedrezada recorre totalmente la cabecera rodeando –a modo de guardapolvo- las cinco ventanas; éstas son ciegas, menos la del testero y la sección recta del sur.
Es bajo el alero, entre canecillos y capiteles, donde hay que degustar la belleza escultórica.
La airosa torre es la pieza más llamativa, se eleva sobre el crucero, es de planta cuadrada, con dos cuerpos separados por una moldura y ángulos achaflanados en los que se adosan columnas cilíndricas que rematan en capiteles labrados bajo el alero. En el cuerpo inferior hay un par de arcadas ciegas a cada lado. El superior lleva una columna entrega en el centro de cada cara dividiendo la torre en ocho sectores iguales, en cada uno de los cuales se abren vanos geminados con pequeño óculo en cada enjuta. Es muy fino el ajimez y el capitel correspondiente que recoge los arcos de medio punto.
El cubo cilíndrico de subida se adosa al muro sur y su acceso es por el interior del templo. Iluminan su interior ventanas aspilleras. La estampa de la torre es majestuosa, de gran corrección arquitectónica y sobria decoración escultórica. Es, sin duda, una de las torres más elegantes del románico castellano.
El exterior de la nave se recoge en el muro norte y sur; se articulan segmentados en dos sectores por los correspondientes contrafuertes prismáticos; en cada uno destaca la ventana correspondiente y dos impostas abilletadas, una que discurre por la base de las ventanas y la otra a la altura de los cimacios, dando unidad al conjunto monumental. Las arquería que enmarcan las aspilleras son esbeltas, de elegantes columnas y capiteles labrados.
El interior del templo llama la atención por su altura y esbeltez.
Primero es la nave cubierta con bóveda de cañón, reforzada con arcos fajones y columnas entrega rematadas en grandes capiteles; luego las ventanas y la imposta ajedrezada recorriendo el presbiterio y los muros; y más adelante el crucero con la soberbia cúpula semiesférica sobre trompas de la que arranca la torre. Finalmente, tras el arco de triunfo aparece el presbiterio con bóveda de medio cañón y la capilla absidal, de horno; lo recorre una sencilla arquería ciega, sin más adorno que un baquetón y los capiteles de las columnas.
La grandiosidad de la cúpula se basa en la robusta composición de sus elementos. Se encuentra entre cuatro pilares cruciformes, a cuyos frentes se adosan columnas entregas; sobre ellos apean los arcos torales doblados que aguantan el peso de la cúpula, cuya base circular se inscribe en un octógono formado con los arcos torales y las trompas. Una moldura circular, realzada con triple fila de billetado, indica el arranque es esta magna obra románica.
La escultura del interior embellece los capiteles de la nave. (63)

 
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