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La iconografía pictórica o escultórica del arte románico es muy variada. Sin embargo, existe una imagen que se repite de forma constante en todos los formatos y materiales, se trata del famoso Tetramorfos. La representación de los Cuatro Vivientes, los denominados símbolos de los Evangelistas, constituye una de las imágenes más claras, precisas, potentes y significativas que nos dejó la simbología del arte Románico. Esta representación se convirtió en un modelo que se repitió en todo el Románico, ya que se encuentran ejemplos tanto en las grandes realizaciones monumentales (catedrales, claustros y monasterios, iglesias urbanas, baptisterios) como en el denominado arte románico rural.

No obstante, en esta imagen siempre hay que estar muy atentos a sus detalles plásticos. De hecho, estos elementos son los que permiten que cada representación del Tetramorfos se considere como única o diferente respecto a lo que puede entenderse como una cierta norma iconográfica general. La clave se encuentra en la explicación de los conceptos teológicos que se esconden detrás de cada detalle iconográfico particular del Tetramorfos analizado.

No se debe olvidar que cada modelo iconográfico, es decir, cada representación escultórica o pictórica románica del Tetramorfos, se puede estudiar de forma autónoma, como si se tratase de una pequeña lección de teología. Las variaciones en los detalles plásticos de esta iconografía son debidas a los principios teóricos espirituales del pensamiento del redactor teológico. De tal manera esto es así que la filosofía teológica, a la que estaba adscrito cada redactor, acabó influyendo de una forma tal que no existe un único prototipo artístico para la representación del Tetramorfos o de los Cuatro Vivientes.

Por eso, cuando nos encontramos delante de alguna de sus realizaciones artísticas, ésta nos habla de manera diferente, con voz propia. Una vez más, desde Círculo Románico, en este mes de la luz, el de mayo, te invitamos a que contemples estas imágenes y que intentes encontrar su potente sello de diferenciación. Pero, como todos conocemos, no existe ninguna representación de los cuatro símbolos de los evangelistas, correctamente contextualizada en el marco de la Segunda Venida de Cristo, que no esté presidida por el que dijo de sí mismo: “Ego svm lvx mvndi”. Una vez más, os invitamos a que salgáis y que volváis a mirar el románico con ojos diferentes. La luz nos espera. Continuamos avanzando en nuevos proyectos.










San Román de Toledo

 

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Al caminar por las angostas calles de la ciudad de Toledo, es posible respirar todavía el mágico sustrato que ha dejado presente el rastro histórico de las tres religiones del libro, como también se hace evidente en las legendarias poblaciones ribereñas del Mare Nostrum y otras, que tras la pérdida de su identidad racial con el paso del tiempo, suelen escasear conforme avanzamos tierra adentro...

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Esta página está dedicada a los hombres que hicieron, y a los que sufrieron, el arte románico, las iglesias románicas  y la cultura románica que permitió su desarrollo, porque nos transmitieron un lenguaje artístico que mil años después provoca gratas sensaciones a los que lo contemplamos y también, porque con su arte nos trasladaron y legaron una cultura que asumimos los que estamos en ella, que nos define.

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Libro JACA Y EL ROMÁNICO (Cayetano Enriquez de Salamanca)
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