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De nuevo, un año más, ha vuelto el verano y nos ha atrapado con la magia de su luz, pero también con su calor. Sin embargo, las primeras horas de la mañana y de los atardeceres se convierten en unos momentos mágicos para observar cómo la luz juega con las piedras del románico. Además, están las vacaciones, repartidas tradicionalmente en estos dos meses de julio y agosto. Hemos llegado al momento del año en el que realizamos viajes y algunos de ellos están íntimamente unidos con el arte que nos ha robado el corazón.

Un verano más, saldremos a la carretera y nos perderemos por ciudades, villas, pueblos e incluso aldeas con la intención de buscar esas piedras sagradas. En definitiva, emprenderemos un viaje; aunque será más corto que el realizado por algunos de los hombres y las mujeres de la época histórica que tanto admiramos.

Sin embargo, el hombre románico siempre estuvo dispuesto a intentar llevar a cabo al menos uno de los tres viajes de peregrinación históricos. Con la perspectiva del paso del tiempo, llama poderosamente la atención el hecho de imaginar el esfuerzo necesario para realizar tan solo uno de ellos. Pero, existieron viajeros medievales que llegaron a realizar los tres.

Está claro que nos estamos refiriendo, en primer lugar, a los peregrinos que se dirigieron a Santiago de Compostela. Esos viajeros que incorporaban la vieira como elemento que daba fe de que habían llegado a Santiago. En segundo lugar, a los romeros y su viaje hacia Roma, cuya identificación consistía en la esclavina y el bordón. En tercer lugar, a los palmeros que se dirigieron, en una época histórica difícil y peligrosa, hacia Jerusalén. Su símbolo era la hoja de palma, en recordatorio de la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén.

Pero, por último, no se debe olvidar que hubo otros hombres y mujeres del románico que hicieron viajes de fe con la intención de no regresar jamás a sus patrias. Son los que abandonaron sus casas con la intención de realizar la llamada Peregrinatio propter Christum. Se trataba de la peregrinación sin retorno hacia el encuentro personal en la fe con Cristo.

Los peregrinos que fueron a Roma, Jerusalén o Santiago de Compostela siempre tuvieron en su cabeza el deseo de regresar a su patria, después de haber visitado los santos lugares a los que se dirigieron. Los hombres y mujeres que realizaron su particular Peregrinatio propter Christum hicieron otra cosa. Cumplieron el ideal ascético del ser sin patria para, a la manera de los reyes magos, encontrarse con Dios. Se trató de la renuncia voluntaria a la comodidad de una morada fija, rodeado de los tuyos, por tener muy claro que la única patria verdadera para el creyente es el Cielo.

De nuevo, toca hacer vacaciones y viajar. Por eso, al mirar las piedras románicas, no solo tenemos que pensar en los que viajaron y regresaron a sus casas, también en los que lo hicieron con la intención de no volver. Su viaje se convirtió en un auténtico camino iniciático, un encuentro personal con Cristo. A los que iniciéis las merecidas vacaciones en el mes de julio, que las disfrutéis. Desde Círculo Románico, continuamos trabajando con la sola intención de ayudar.










Frescos románicos de las iglesias de Puig-reig
Por Xavier Díaz Carpi

En gran parte, el efecto del actual interés por las órdenes militares en la Edad Media tiene su origen en su tratamiento en multitud de publicaciones, bien sean libros, revistas o material audiovisual. Considerando esta circunstancia, es quizás la Orden del Temple la que más interés ha despertado, seguramente por hechos ajenos a la voluntad de sus integrantes.

Lejos de la actual "mitología" templaria, en este articulo ensayístico, se propone una relectura de las pinturas ubicadas en la encomienda de Puig-reig, una nueva interpretación basada no sólo en una revisión de algunos textos sino también avalada por la documentación de la época...

 

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Esta página está dedicada a los hombres que hicieron, y a los que sufrieron, el arte románico, las iglesias románicas  y la cultura románica que permitió su desarrollo, porque nos transmitieron un lenguaje artístico que mil años después provoca gratas sensaciones a los que lo contemplamos y también, porque con su arte nos trasladaron y legaron una cultura que asumimos los que estamos en ella, que nos define.

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Libro JACA Y EL ROMÁNICO (Cayetano Enriquez de Salamanca)
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