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EL COMTE, ABAT I BISBE OLIBA (anterior a 2009)

Durante el presente mes de junio se celebran en Ripoll los actos centrales commemorativos del milenario del nombramiento del Oliba como Abad del Monasterio de Ripoll, cargo en el que permaneció hasta 1.046 en que falleció en el dependiente Monasterio de San Miguel de Cuixá.

Círculo Románico se une con tal motivo a la exaltación de la figura de este monje, personaje clave en el románico, en la cultura europea occidental, en la historia de Cataluña, en la historia del monacato y en la implantación de la Tregua y de la Paz de Dios, al menos.

El muy reconocido y admirado abate Oliba, considerado generalmente como el Padre Espiritual de Cataluña nació, no se sabe donde, en el 971, heredando el Condado de Berga por renuncia al mismo de su padre que se retira de la vida cortesana. Poco le duró el cargo, pues emulando a su progenitor renuncia a sus derechos para hacerse monje, ingresando en el monasterio de Ripoll, que había sido ya consagrado en el 888, y en el que es ascendido al puesto de Abad hace hoy mil años. En su carrera eclesiástica es nombrado Obispo de Vic y como tal protagoniza la organización y discusiones conciliares de las que emana la nueva orientación pacificadora a partir de cuyas conclusiones organiza las asambleas que derivaron en las Cortes Catalanas.

Fundó monasterios como los de San Martin del Canigó y Montserrat y reformó otros, como el de Fluviá, añadiendo también a sus cometidos el de Abad de San Miguel de Cuixá.

Como Abad de Ripoll transformó la iglesia del Monasterio añadiéndola un transepto, los siete ábsides, abriendo la cripta y enmarcando la entrada con un pórtico además de añadir dos torres campanario.

Y por si eso fuese poco, como Abad de Ripoll fue responsable de la transformación del mismo en centro cultural de primer orden no sólo por su producción, sino especialmente por la orientación del centro a la enseñanza.

En 1.032 “crea” el scriptorium de Ripoll en el que se realiza una gran tarea traductora del griego y del árabe al latín además de la edición de manuscritos iluminados como la biblia de Ripoll, a la que añadió la de Rodas, ambas en formato de grandes volumenes dedicados a la enseñanza más que a la liturgia y que son el resultado de reunir y unificar un gran material bíblico y exegético. Durante su mandato, además, la colección de manuscritos de Ripoll pasó de 121 a 246, formando así una gran biblioteca.

Una persona, en fin, cuya trascendencia bien se merece la commemoración de este milenario.




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