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Rincón del Usuario Narraciones y Leyendas Cuento románico (1ª), por demiguel


Cuento románico (1ª), por demiguel
1ª entrega


Narraciones y Leyendas. Cuento románico (1ª), por demiguel

Querida Elena: ¿Me dejarás hoy que te cuente un cuento, un cuento románico?

Érase una vez allá que se era un pequeño monje llamado Agustín que vivía desde su juventud en el monasterio haciendo vida de oración y trabajo. Agustín era muy humilde, quizás un poco simple, y sus compañeros no le tenían en gran valoración. De hecho, cuando cantaban tocando el órgano, lo que sólo pasaba en las fiestas solemnes, a Agustín le tenían insuflando el aire al aparato en lugar de cantando porque decían que así no desentonaba.


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No era esa la apreciación que de él tenía el Padre Prior y, por eso, un día que se encontraba nuestro buen amigo haciendo sus tareas con los demás, le llamó y le ordenó erigir una Iglesia en un pequeño pueblo en el que hacía años los moros habían destruido las cosechas y la antigua Iglesia, pero que ahora, una vez en paz, comenzaba a prosperar y tener cada vez más habitantes. De hecho, el Padre Prior le facilitó todas las instrucciones para que levantase esa Iglesia de conformidad con las demás.


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Así que, ni corto ni perezoso, con los primeros dineros y con la ayuda de la gente del pueblo, allá se puso nuestro amigo Agustín a levantar su pequeño Templo


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Claro, que los dineros pronto se terminaron, y se necesitaba un buen empujón para llevar el encargo a buen término. Ocurrió que nuestro amigo Agustín se había hecho muy amigo de los lugareños, quienes vieron en él a una persona agradable que se interesaba no ya por hacerles la vida más grata, más unida, más segura, más social en resumen, sino, sobre todo, por ayudarles a poner los medios para acercarse cada día más a Dios, por comprenderle y por ayudarles a tener un sitio donde rezar y donde oir los sermones para ser mejores y para ir al Cielo una vez finalizados sus días en este valle de lágrimas. Por eso no dudaron en pagarle diezmos y primicias con el resultado de su trabajo diario en el campo y con los animales.


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Aquello fue jauja, ¡¡Todos a la obra!! Los canteros trabajaron las piedras que los albañiles colocaban para formar los muros

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