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Fueron Portada Repositorio de "En este mes comentamos" Abril 2009 Construyendo símbolos

Abril 2009 Construyendo símbolos

Construyendo símbolos

El arte románico, como cualquier otro arte, alcanza la mayor valoración cuando se interpreta su contenido, cuando a través de los símbolos que contiene la obra se comprende en su plenitud lo que el autor, en términos colegiados, ha querido decirnos, su mensaje. Fuera de ésto, la manifestación artística que contemplamos o que experimentamos nos producirá mejores o peores vibraciones, sensaciones, que no es poco, pero al no comprender el mensaje habremos devaluado su trascendencia.


Comprender el mensaje no es fácil. Si en el símbolo nos vemos a nosotros mismos, si el símbolo nos refleja cual espejos, para comprender lo que el autor quiso decirnos tenemos que realizar algún grado de abstracción. Hemos de ser conscientes que nuestra mente está traduciendo lo que ve para hacérnoslo comprensible y que al hacer tal traducción puede estar sesgando el contenido de lo percibido. Para reducir este sesgo hemos de acudir a la documentación, a la constrastación, y, desde luego, ser generosos tanto en el esfuerzo necesario para la comprensión como en tener la humildad y la energía necesarias como para reintentarlo.

Cuando ya hemos captado el mensaje podemos entrar en la fase final, en el intentar comprender lo que había en la mente del autor cuando escogió tal vehículo para expresarnos su mensaje; y entonces, sólo entonces, habremos culminado el proceso de apreciación.

La tarea con el arte románico es tanto más difícil por cuanto entre el momento de la realización de la obra hasta nuestros días han pasado varios siglos, siglos en los que ha cambiado el pensamiento y las circunstancias, siglos en los que la obra materializada ha sido sometida a inclemencias, siglos, en resumen, en los que ha intervenido la erosión con la misma forma en que ha cambiado nuestro intelecto. Así, la erosión nos brindará un mensaje incompleto o modificado que nos impedirá la comprensión plena, y el cambio intelectual nos exigirá ese sobreesfuerzo de posicionarnos en la mente del lector a que el mensaje iba dirigido.

Terminado el esfuerzo de comprensión, el mensaje producirá en nosotros diversas reacciones, diversas devociones. Por eso el poder, civil y eclesiástico, se tomó tanto interés en su momento para intentar regular el contenido y la manifestación de los mensajes en los iconos, en los símbolos, medievales.

Pero, con todo, las influencias externas, históricas y geográficas, subsistieron junto con la capacidad de obrar de quienes estaban preparados y aprovecharon el carácter general de los cánones establecidos para introducir los sesgos que personalizaban el resultado de conformidad con sus interpretaciones. Afortunadamente. Afortunadamente porque así hoy encontramos un arte románico de contenido variado que nos hace pensar, casi, en un contenido más o menos diferente en cada obra. Un contenido diferente que no dependía del artista que materializaba el proyecto cuando existían los recursos suficientes, cuando el propietario podía contratar a los mejores artistas para hacerles representar su encargo, su mensaje, su teología; en estos casos, como se ha indicado, el artista traducía el contenido del mensaje a expresiones comprensibles por el vulgo, que no podía acudir a otras fuentes por iletrado. Así nos han llegado las mejores obras, obras de las que se valieron, copiándolas y devluándolas, los autores de los encargos menores que no disponían de los mismos recursos.

Con la documentación de referencia, incluso procedente de las obras de la antigüedad tardía, con las instrucciones emanadas del poder eclesiástico y del emperador, con las referencias de obras científicas posteriores, con las nuevas formas de pensamiento, pero también con experiencias diversas de lugares remotos, y con motivos “actualizados” de otras culturas paganas es como se conformó este arte que nos une.

En los diversos artículos de publicación regular, el Círculo Románico viene dando cuenta de este proceso de formación, de cómo el pensamiento neoplatónico de la época recogía también el de filósofos como Juan Scoto el Eriúgena y recientemente de cómo símbolos como el Habacuc de San Pedro de la Nave, en lo visigótico, integraron en su concepción ideas lejanas.

Madrid, abril 2009


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