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Fueron Portada Repositorio de "En este mes comentamos" Abril 2010 Medicina y Farmacopea altomedievales

Abril 2010 Medicina y Farmacopea altomedievales
Repositorio de "En este mes comentamos". Abril 2010 Medicina y Farmacopea altomedievales

Medicina y Farmacopea altomedievales

La imagen dominante del “homo románicus” es la de un ser rural avasallado por su señor y abandonado en la miseria diaria, en la incultura, de la que solo saldrá en vida posterior supuesto que es diligente en la observancia de lo que se le indica por la Iglesia.
Junto a este miserable pululaban otras criaturas desclasadas que atravesaban sus campos si los mismos se encontraban en las rutas de peregrinación, rutas necesitadas de hospitales que les albergase y también que les cuidase en sus dolencias.
Aquellos hospitales proliferaron con el apoyo regio, nobiliario y eclesiástico y en sus locales se practicó la medicina, una medicina mantenida por los monjes que luego se enriqueció con las traducciones de lo islámico, que, hasta la fecha, acrisolaron el saber médico acumulado por la humanidad, occidental y oriental en el que el saber y la metodología de los clásicos griegos ocuparon la posición de honor.
Lo que sigue es, en síntesis, una descripción de la historia de esa medicina para conducirnos a una panorámica concreta y real de su nivel y práctica hasta la época de nuestro “homo”.

 


Repositorio de "En este mes comentamos". Abril 2010 Medicina y Farmacopea altomedievales

Los medicamentos de la antigüedad clásica griega procedían en su mayor parte de las culturas de Egipto y Mesopotamia, que a su vez habían integrado ya los medicamentos de culturas anteriores. En el Egipto del 3000 a.C. ya se usaba, p.e., el aceite de ricino como purgante y el hinojo como digestivo.

La medicina en la Grecia clásica era primero ejercida en forma artesanal por artistas que formaron las primeras escuelas médicas, siempre bajo la protección de Asclepio. De la escuela de Crotonia salió el primer libro médico del que se tiene noticia.
De entre los diversos asclépidas sobresalió Hipócrates, de la escuela de Cos, al que vanamente se le atribuyen más de cincuenta libros médicos y en cuya técnica se primaba el estudio del individuo para efectuar un diagnóstico como primer paso hacia su curación. Para Hipócrates la naturaleza es la que cura y el médico debe ser únicamente su servidor. Los recursos con que contaba el médico hipocrático eran la dieta, entendida no sólo en relación con la ingesta, sino también con la forma de vida, la cirugía y los medicamentos. Es en torno a estos medicamentos, todos ellos vegetales, que surge el término “phármakon”.

A través de Alejandro y la posterior disolución de su imperio, el conocimiento médico griego se expande y alcanza Alejandría, donde se potencia la investigación y de donde proceden múltiples conocimientos hoy en uso. De Alejandría salió la práctica médica del empirismo basada en tres apartados: la observación, el historial y la analogía con otros casos semejantes.

En Roma se triunfaba económica y socialmente, pero los principales centros médicos siguieron siendo ciudades griegas del mediterráneo oriental, destacando Alejandría, Pérgamo y Antioquía. Los médicos, que eventualmente eran esclavos, eran de procedencia helénica y hablaban griego. La aportación de Roma a la medicina y farmacia fue escasa. A pesar de ello, en el siglo I, Dioscórides de Anazarba publicó su obra “Sobre materia médica” que pervivió hasta el renacimiento siendo considerada como principal tratado en lo bizantino, el Islam y la Edad Media europea occidental, habiendo sido traducida a diversos idiomas. La obra médica de la época en latín fue escasísima, destacando entre ella la “Historia Naturalis” de Plinio, aunque el griego fue siendo sustituido por el latín en la medicina romana occidental hasta el siglo V. En todo caso, Roma puede presumir de haber contado con el saber de Galeno.
La obra de Galeno, médico de cuatro emperadores, nacido en Pérgamo en el 130 dC y muerto en Roma en torno al 200 dC, ha perdurado por 1500 años hasta su desconsideración por la Revolución Científica del siglo XVII. Galeno continuó la tradición hipocrática, asimiló el pensamiento de Platón y de Aristóteles a través de lo estoico, analizó las diferencias entre las diversas escuelas médicas y realizó sus propias aportaciones.

Mejor le fue a la medicina en Bizancio, cuyo máximo esplendor lo alcanzó en el siglo VI en coincidencia con el liderazgo de Justiniano, aunque los médicos bizantinos hasta esa época fueron seguidores de Galeno y de Dioscórides. La conquista de Alejandría convirtió a Constantinopla en el centro médico por excelencia durante ocho siglos, en una permanente línea de decadencia, pero en la que también continuaron las publicaciones de contenido médico, con especial referencia a los temas relacionados con la clasificación de las plantas medicinales y también, finalmente, en el análisis de la urea.

El mundo islámico fue el escenario central del cultivo de la medicina y de la ciencia durante buena parte de la Edad Media. En una primera etapa, que comprende aproximadamente los siglos VIII y IX, asimiló el saber médico de los griegos, combinándolo con algunos elementos de la medicina clásica india. Ello significó principalmente la versión al árabe de obras médicas que estaban redactadas originalmente en griego y que, en parte, habían sido antes traducidas al siríaco, principalmente obras de Galeno, a partir del siglo V por los cristianos monofisitas y nestorianos y al persa, en época de Cosroes.

Entre las primeras obras publicadas en Bagdad destacaron los nestorianos en el conocimiento de la medicina, sobresaliendo un importante tratado de oftalmología y otro de farmacoterapia dedicado a los medicamentos compuestos. Las labores de traducción de la obra médica se realizaron especialmente en la “Casa de la Sabiduría” de Bagdad con mayor abundancia de las obras de Galeno, de lo que se derivó una gran influencia del sistema de este médico griego en el saber y la práctica de la medicina islámica. De esta época destaca también la obra del científico árabe al-Kindi, sobre medicamentos compuestos, de gran influencia en el mundo académico europeo bajomedieval.
El esplendor de la medicina árabe se alcanza en los siglos X y XI con la presencia, entre otros de Alí Abbas, Rhazes y Avicena.
La gran obra de Avicena fue el célebre “Canon” en el que estructura todo el saber médico, desde Dioscórides hasta la India, conforme al sistema galénico. Durante medio milenio su obra fue el tratado médico de mayor autoridad en el mundo árabe y, a través de su traducción al latín, también en Europa.
Igualmente es en el siglo X cuando se alcanza las cotas médicas más altas en Al Ándalus, bajo el gobierno de Abderramán III, destacando especialmente en la cirugía de la mano del cordobés Albucasis. Ya en el siglo XII deslumbrarán Averroes y el judío Maimónides. El mayor valor de la obra médica andalusí consistió en el conocimiento de los medicamentos simples, cuyo número agrandaron en unos doscientos y compilaron hasta formar un acervo rallano en las mil setecientas variedades.

En la Alta Edad Media Europea el conocimiento médico fue muy escaso, casi reducido al saber monacal, a la “medicina monástica”, hasta el momento de la traducción de las obras galénicas árabes, iniciado en la segunda mitad del siglo XI por Constantino el Africano, monje de Montecassino, lo que impulsó especialmente a la escuela de Salerno (sur de Italia), de legendaria fundación carolingia. En Italia Rávena destacará también como centro de traducciones médicas del árabe al latín y la Lombardía por sus traducciones de Dioscórides..
Antes de ello, a principios del siglo VII, San Isidoro de Sevilla publica sus “Etymologiae” que durante dos siglos fue el texto científico más difundido e influyente en Europa, a partir del que Habrano Mauro, abad de Fulda, proyectará su obra enciclopédica “De rerum naturae”. Finalmente, en cuanto a la llamada “medicina monástica”, en la transición del s.XI al s.XII, Hildegarda de Bingen editará un resumen de medicina clínica y un compendio sobre medicamentos simples.

En Francia destacó la escuela de Chartres como productora de libros médicos desde el siglo VII y en los siglos X y XI se la unieron las escuelas de Marmoutier y Tours. Sus obras más destacadas se refieren a la metodología, Chartres, y a los medicamentos simples.

“Pero es a partir de las traducciones realizadas en la escuela de Salerno cuando en el siglo XI se inicia en la Europa occidental la asimilación, a través del árabe, de la medicina clásica de origen griego, que desbordó inmediatamente los restos empobrecidos de los saberes clásicos vigentes durante la Alta Edad Media y fue el punto de partida del complejo proceso histórico que acabaría conduciendo a la medicina científica moderna.”

Basado en el Libro de Estudio del Códice sobre medicamentos de Federico II. Ed. Patrimonio.

 


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