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Fueron Portada Repositorio de "En este mes comentamos" Febrero 2014. El papel de la mujer en la Alta Edad Media

Febrero 2014. El papel de la mujer en la Alta Edad Media
Repositorio de "En este mes comentamos". Febrero 2014. El papel de la mujer en la Alta Edad Media

El papel de la mujer en la Alta Edad Media

Poco se sabe que papel jugó la mujer en los años del Románico, las mujeres nobles o las religiosas aparecen en más fuentes escritas, pero la mujer de “a pie”, esa mujer que se encargaba del huerto, que ayudaba a su marido en las labores del campo o en el pastoreo, que administraba el hogar y cuidaba de los hijos, las crónicas poco tienen que decir. Conocemos de su labor gracias a las representaciones o algunos inventarios y censos, como es el caso del políptico de Saint German des Pres (siglo IX) o el acta de repoblación de San Joan de las Abadesas (siglo X), entre otros. En ellos se describe la situación de la mujer de los estamentos más bajos tanto en el mundo rural como en el urbano.


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Hoy día las investigaciones nos muestran que el papel de la mujer en la Alta Edad Media no se limitaba a perpetuar la especie trayendo hijos al mundo: bien para perpetuar un linaje nobiliario o bien para traer mano de obra; la mujer, era la encargada de la casa, ya fuera una casa noble o modesta, la encargada de los hijos y en caso de conflicto o viudedad, la que se hacía cargo de las labores del hombre. También realizaban labores en el campo, el huerto o el pastoreo, y solo unas pocas tenían acceso a la cultura. Las enseñanzas de la mujer variaba según su condición social, aunque tenían en común las enseñanzas religiosas, a una mujer noble su maestro le había enseñado modales y protocolo en su infancia, por lo tanto era capaz de administrar la casa y las propiedades, se encargaba de los salarios de los funcionarios y de los criados y aunque no se las permitía intervenir en los asuntos de Estado los conocían perfectamente. De hecho, una reina podía encargarse de la regencia si el heredero quedaba huérfano de padre a temprana edad. A una plebeya su madre le enseñaba las tareas del huerto y del ganado, y si había un negocio familiar, las tareas que debía desempeñar en él. Hoy día sabemos que eran mujeres las que practicaban la medicina familiar en las zonas rurales ya que eran las que conocían las plantas y los remedios que podían utilizarse para curar enfermedades. La mujer campesina, aparte de sus deberes domésticos, trabajaba la tierra con su marido, era responsable de las gallinas y sus huevos, de la fabricación del paño y el hilo, del lavado de la ropa, deber exclusivo de las mujeres; y de esquilar a las ovejas. Las siervas domésticas trabajaban en talleres separados hilando, tiñendo y cosiendo ropa. Una mujer que vivía en la ciudad, tenía que colaborar en el negocio familiar o echar una mano al marido en aquello que estuviera realizando. Esta mujer que hacía el mismo trabajo que el hombre, recibía una remuneración menor que éste.


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En los primeros años de la Alta Edad Media, durante el periodo de invasiones, la mujer era más valorada de lo que lo fue después, de ella dependía el crecimiento de la población, pero también eran compañeras activas de los quehaceres masculinos, los recursos humanos eran escasos y se empleaba a la gente según su talento, sin distinción de sexo. Estas mujeres tenían más libertad e influencia que la que tendrán en los años posteriores, quedando relegada al ámbito doméstico, sin tener en cuenta la clase social a la que pertenecía. Esto se debe a que se las consideraba seres inferiores, con menos inteligencia, menos fuerza y menor capacidad. Según los textos de fisiología la diferencia de sexos era una cuestión biológica, a las mujeres se las atribuía unos humores fríos y húmedos, mientras que los hombres eran calientes y secos, es decir, la perfección. No sólo eran más débiles en los aspectos morales, sino que también lo eran en los físicos, se las consideraba portadoras de enfermedades, entre las que está la menstruación, durante la que expulsaban todo el mal que había en su interior por la vagina.

En cuanto a la jurisprudencia, la mujer era considerada como “incapaz” en general. En los países donde se legislaba según la tradición germánica, no se reconocía la tutela paterna sobre una mujer adulta, pero si la marital. En cambio, en los países del sur de Europa, a la potestas del padre le sigue la del marido. Lo normal era que la mujer no pudiera disponer de su fortuna, ni administrar sus bienes o presentarse ante un tribunal; todo esto debía hacerlo acompañada de un hombre, ya fuera el padre, el marido, un hermano o un tutor.


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Los primeros años de las niñas corren parejos a los de los niños, no será hasta los diez años cuando comiencen las separaciones, ésta era la edad en la que se les permitía trabajar y ganar su jornal. Mientras que la vida de los niños se dividía en infancia y pubertad, la de las niñas recibía el nombre de virginidad, con lo que queda bastante claro el papel que jugaba la mujer en aquellos años, ésta podía ser dada en matrimonio en cuanto pudiera concebir hijos. Aunque más tarde se fijaría en la edad de 12 años para las niñas y 14 para los chicos. La mujer sierva o esclava, no podía casarse fuera de los dominios del señor, y si lo hacía, sus hijos eran repartidos entre su señor y el de su marido. Las mujeres se casaban jóvenes, con hombres que las llevaban muchos años, el número de niños nacido era bastante elevado, así que la mortalidad infantil también lo era. Había dos tipos de matrimonio, el que se realizaba en la Iglesia, con el consentimiento familiar y según las normas establecidas y el de juras o furto, en el que valía con un acuerdo de reciprocidad entre los novios y parientes, siendo éste último el más realizado entre las clases bajas de las ciudades y campesinas. A partir del siglo XI, la Iglesia se hace con la legislación de la jurisdicción del matrimonio, uniendo la idea de sacramento con la del contrato social. El matrimonio se basaba en dos partes, la desposatio o esponsalicio y la boda. La primera es el contrato entre el novio y el padre de la novia, en el que adquiría el derecho de que esa mujer le fuera entregada, y que incluía una dote que la mujer no podía ni tocar, ya que le pertenecía al padre, al marido o a los hijos. Este acto podía realizarse años antes de la boda, lo que a veces acarreaba problemas si se deshacía el compromiso. La boda no era otra cosa, que el acto de entrega.

La mayoría de los matrimonios eran de conveniencia, pactados por los padres sin previa consulta de los contrayentes, por lo que se dieron casos de raptos de doncellas. Las parejas que no habían obtenido el consentimiento de los padres o tutores para el casamiento se fugaban a los territorios de repoblación, donde les permitían quedarse como pareja unida por juras o furto, siempre que explotaran los terrenos recién conquistados. La Iglesia tuvo que acceder a este tipo de unión que los Fueros de diferentes lugares defendían, aunque siempre aconsejaban que la unión fuera en matrimonio. Hay que decir, que a lo largo de sus vidas, ya sean hombres o mujeres, los matrimonios podían sucederse.


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En cuanto a la mortandad, el número de viudas era mayor que el de viudos, los hombres estaban más expuestos a peligros continuos: guerras, conflictos entre vecinos, epidemias o épocas de hambre, a lo que la mujer era más resistente. La mujer que se quedaba viuda debía dejar su hogar para realizar trabajos fuera con los que poder alimentarse ella y sus hijos. Trabajos como el de lavandera, cocinera o hilando, pero también en el campo como braceras o jornaleras.

Con esto hemos dado una idea general de cómo era la vida de la mujer secular en la Edad Media, a parte hemos dejado a la mujer que decide entregar su vida a Dios. Mujeres que tenían acceso a la cultura y que gozaban de cierta libertad dentro de la vida conventual, tema esbozado en el artículo:“Órdenes religiosas Románicas: masculina y femenina

Vanessa Montesinos Muñoz

 

BIBLIOGRAFÍA:

• PASTOR, Reyna: Para una historia social de la mujer hispano-medieval. Problemática y puntos de vista. “La Condición de la Mujer en la Edad Media” Ed. Universidad Complutense. Madrid, 1986. pp187-214.
• POWER, Eillen: “Mujeres medievales” Eds. Encuentro. Madrid, 1999.
• RUCQUOI, Adeline: Historia de un tópico: la mujer en la Edad Media. “Historia, 16” Nº: 21. Madrid, 1978. pp104-113.
• WADE LABARGE, Margaret: “La mujer en la Edad Media”. Ed. Nerea. San Sebastian, 2003.
 

 


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