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Investigación Lugares San Antonio de La Cabrera La Orden de los Canónigos de San Rufo de Avignon

La Orden de los Canónigos de San Rufo de Avignon

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Visitación. Claustro de San Rufo

Adriano IV, 1.154-1.159, es el único papa inglés que ha existido. En sus cinco años de papado, consiguió reordenar la ciudad de Roma, lo que se tradujo en una disminución de peregrinos a la misma; recordemos que la afluencia era tal que Roma se había convertido en un mercado público de reliquias y un gran desorden. La actuación no fue premeditada, sino la consecuencia de parar las continuas revueltas arengadas por Arnaldo de Brescia.
Además, consiguió, “a trancas y barrancas” la alianza de Federico Barbarroja ante los normandos de Sicilia.
Durante su papado la iglesia irlandesa se englobó en la inglesa, lo que, dado la unión del poder terrenal con el eclesiástico, se tradujo en el visto bueno para que los ingleses invadiesen irlanda, arrasasen los monasterios y diesen pie a la reforma de los mismos de la mano de los cistercienses. Este hecho provocó, además, la salida de enorme cantidad de monjes de los monasterios de Irlanda hacia todo el continente europeo, incluida la península, en misiones evangelizadoras del tipo "peregrinaciones sin retorno". Eran monjes procedentes de monasterios en los que el arte románico ya se había manifestado. Con ello, revivieron su experiencia de la época carolingia.


Fue uno de los tres papas surgidos de la orden de San Rufo de Aviñón, y el 18 de febrero de 1156 le escribió una carta a Alfonso VII con el siguiente encargo: "...pro ecclesia tamem Sancti Rufi, cuius uterus nos portavit et ubera lactaverunt", lo que en román paladino significa " dales curro a los de San Rufo de Avignon".

La orden de San Rufo de Avignon, los "rufonianos" en el futuro, se formó a partir de cuatro monjes escindidos del cabildo catedralicio con el propósito de hacer una vida monacal austera y pobre de conformidad con las nuevas tendencias después de los escándalos de las simonías y relacionados y de conformidad con el movimiento mástico nuevo surgido a partir del primer concilio de Letrán. Se llaman de San Rufo por la sola cuestión de que la catedral les obsequió la parroquia con este nombre ubicada en las afueras de la villa.

Los rufonianos adoptaron la regla de San Agustín en la modalidad "ordo antiquus" y rápidamente consiguieron benefactores. Tuvieron una segunda casa en Valence con independencia entre ellas y fueron buenos arquitectos y escultores, aunque su claustro se derrumbó posteriormente. Es difícil encontrar restos de sus elaboradas esculturas, de las que se muestra alguna foto en el Banco de Fotos Museo Lapidario de Aviñon (Museo Calvet), de las que una encabeza este aprtado.

Entre los benefactores se encontró la Iglesia Catalana representada por el Obispo de Besalú y otros. Se introdujeron en Cataluña donde tuvieron un gran éxito (el que no había tenido Cluny) y llegaron a ser obispos catalanes hasta el extremo de que durante bastante tiempo todos los obispos catalanes eran rufonianos.
En cuanto agustinos su planteamiento del trabajo diario era radicalmente diferente del de los cistercienses. Estos buscaban lugares retirados donde practicar el ora y el labora, y aquellos, además de los estudios salían a predicar, por lo que sus centros eran más "urbanos". Todo ello, en un marco de extrema pobreza de los monjes.


Quizás por influencia de Olegario, arzobispo de Tarragona ejercida a través de doña Berenguela (padre Fita, citado por García-Lobo), en 1155 Alfonso VII les asigna ni más ni menos que San Miguel de La Escalada, habiéndose hecho cargo con anterioridad de Santa Cruz de Coimbra en Portugal. En todo caso, su actuación ha pasado casi desapercibida y poco estudiada. (Ver "La Congregación de San Rufo en el Reino de León" por Vicente García-Lobo, Hispania Sacra 30:59/60 (1977) p-111. CSIC)

En 1933 el francés Carrier de Belleuse escribió un libro sobre los rufonianos en España en el que llega a admitir que tenían casi cuatrocientos prioratos, lo cual, finalmente, parece no ser cierto. Por el contrario, en 1996 Ursula Vones-Liebestein publica un trabajo en alemán, no traducido, sobre los rufonianos en Cataluña y también en el resto de la península, manifestando que en este resto tenían sólo siete prioratos.


El caso es que la primera reacción de Alfonso VII al recibir el encargo papal es usarlos como fuerza de choque en la implantación del rito romano en la diócesis toledana con la intervención de obispos franceses, incluso actuando fuera de la ciudad, como en San Vicente de la Sierra en las proximidades de Talavera. 

Posteriormente, bajo su gestión rufoniana, la iglesia de Santa Leocadia de Toledo fue constituida como priorato canonical, y años más tarde, en 1178 elevada a la categoría abacial, a la que pertenecía la iglesia madrileña de Santa María de Atocha y a la que se vinculó en 1175 el monasterio de San Servando.

Además, "desde 1187 se supeditaron al cabildo toledano el monasterio de San Audito o Santoid, cerca de Buitrago que luego se independizó de Santa Leocadia en 1204 y el priorato de los Santos Justo y Pastor en Alcalá de Henares" Rubio Sadia.
Este hecho evidencia, además, la no coincidencia con el monasterio de San Audito fundado por Don Sancho en Cardoso de La Sierra,con posterioridad a la fecha indicada.

 


San Antonio de La Cabrera. La Orden de los Canónigos de San Rufo de Avignon

¿Fueron los rufonianos los responsables de la "romanización" del monasterio visigótico de La Cabrera? ¿Acaso en el monasterio de La Cabrera se procedió como hicieron los cristianos cuando tomaron Toledo con las sinagogas y las mezquitas, por ejemplo, con la actual Iglesia de La Luz, que la transformaron para hacer una iglesia, iglesia románica? Parece como que en La Cabrera hicieron lo mismo, transformaron la iglesia de uso mozárabe en iglesia románica (romana), dando a lo mozárabe el mismo tratamiento que a lo moro.

(
Foto adjunta del ábside de La Luz tomada de la web romanicozamorano.com)


Determinar si fueron los rufonianos los responsables de la "romanización" del monasterio de La Cabrera exige también comparar su arquitectura con la de otras construcciones realizadas por ellos, para lo cual tenemos dos referentes: las construcciones realizadas en Toledo y las realizadas en Cataluña.

De las realizadas en Toledo queda nada o casi nada, pero aún así queda algo:

Aurea de la Morena nos dice que no hay referencias constructivas de la Iglesia rufoniana de los Santos Justo y Pastor de Alcalá de Henares.
Aunque luego sujeta a mil modificaciones, sí hay evidencia de la consideración de
" modesta arquitectura...y acaso endeblez...".

También se han encontrado referentes al monasterio de San Vicente de La Sierra, primera construcción rufoniana en la diócesis de Toledo, que llegó a tener scriptorium propio, en relación con la cual transcribimos de la web castillosnet.org el siguiente párrafo: "...las ruinas del castillo pertenecían a una abadía toledana. Con seguridad se trata de la antigua abadía de Canónigos Regulares, como más adelante explicaremos.... En nuestra opinión, y siempre teniendo en cuenta los escasos datos de que disponemos, bien pudo ser ésta una fortaleza musulmana que, tras la reconquista cristiana del territorio, pasara a manos de la Orden de Canónigos Regulares provenientes de la abadía aviñonense de San Rufo, establecidos en la Sierra entre 1156-1158, en tierras cedidas por Alfonso VII o por su hijo. La posible estancia de la Orden del Temple en el lugar, un tanto dudosa, hubiera ocupado el corto intervalo que va entre la última década del siglo XIII, cuando los canónigos abandonan la abadía, y el año 1312 en que se disolvió la Orden." y Rubio Sadia nos dice,pg 101, (sic): " Todavía hoy se pueden ver en las proximidades del castillo, restos de lo que sería la iglesia y el monasterio, concretamente "un grueso muro, formado por dos paredes de enormes piedras, en ángulo recto; junto al muro aparece una piedra de notable tamaño con una hendidura labrada en su cara superior y un hoyo, posiblemente lugar de antiguas sepulturas"
(Se añade un Anexo referido al Monasterio de San Vicente al final del artículo.)

Quizás sean interesantes las ideas de modestia y de grandes piedras usadas en los muros de las restantes construcciones rufonianas, pero lo que no nos sirven es para basarnos seriamente en una autoría rufoniana de La Cabrera dado el caracter románico de sus ábsides; hay que buscar más lejos si queremos arropar la voluntad, capacidad y experiencia de los rufonianos en la realización de una obra románica con esas características.
Máxime si leemos el primer artículo profundo sobre esta iglesia, fuente de inspiración para todos los estudiosos comentados, escrito en 1.989 por Concepción Abad Castro y Marta Cuadrado Sánchez de la Universidad Autónoma de Madrid, sugiriéndoos se considere de inicio el contenido de la Nota 1 que muestra la perplejidad desde la que ambas autoras escriben el artículo al definir el templo como benedictino y no encontrar referencias al mismo en ninguna fuente benedictina.

Y es que para el estudioso oficial celtibérico el románico empieza en Cluny y acaba en el Císter. Afortunadamente, hoy, con ojos del siglo XXI en el Círculo Románico sabemos que el románico tuvo múltiples órdenes realizadoras tanto en el exterior como en la península. ¿Entonces? Entonces acudimos a San Olegario


San Antonio de La Cabrera. La Orden de los Canónigos de San Rufo de Avignon

San Olegario fue un rufoniano amigo de Ramón Berenguer III cuya biografía se puede ver en Wikipedia. Fue obispo de Barcelona y también de Tarragona en el momento de mayor esplendor de los rufonianos en Cataluña y llevó a cabo la fundación de Santa María de Tarrasa (también en terrenos de una iglesia visigótica) y de la actual catedral de Tortosa, gótica ésta, pero que todavía mantiene un absidiolo en recuerdo de su predecesora románica.
 
 


San Antonio de La Cabrera. La Orden de los Canónigos de San Rufo de Avignon

Pues bien, si nos fijamos en Santa María de Tarrasa, que hemos tomado como ejemplo, veremos que en sus características constructivas se respeta buena parte de lo anterior y que no se construye con sillares al modo benedictino, sino con sillarejo más o menos alineado, al igual que se construye La Cabrera, y ésto del sillarejo se produce igualmente en Tortosa.

En otras palabras, la construcción románica de La Cabrera formaba parte de la "no estilística artística y arquitectónica" de los rufonianos, y por eso la hicieron así. Más aún, como Concha Abad nos indica en su artículo, la presencia de múltiples ábsides puede tener una referencia catalana.

Finalmente, cabe la pregunta de si el monasterio de La Cabrera era el lugar adecuado para una orden agustina cuya misión es el estudio, la formación, y la divulgación de la Palabra, todo lo cual precisa de una población próxima que quizás no se diese en La Cabrera; lo cual parece no reflejar la realidad en función de la comentada existencia de una comunidad visigoda que permanece. Precisamente, si estamos desarrollando este tema es porque el eremitorio mozárabe era un importante lugar de práctica mozárabe cuyo rito se quería cambiar. Donde no procede que estuviesen los agustinos y por eso he descartado su presencia es en el otro monasterio de San Audito (Santui) más propio a los menesteres cistercienses como se ha comentado.
Pero es que además la práctica escolástica y divulgadora está documentada en el Monasterio de San Julián como se evidencia en el siguiente texto del mencionado estudio de Concha Abad:
"... (los franciscanos) convirtieron sus casas en importantes escuelas de apostolado, donde se cultivaban preferentemente las artes y la teología. Sabemos que La Cabrera llegó a ser una importante Casa de Estudios, especializándose en la enseñanza de la gramática. " Y si tal cosa pudieron hacer los franciscanos en el siglo XV, no se ve por qué no lo habrían de hacer, quizás en menor medida, los agustinos a partir del siglo XII. Posiblemente, su ubicación y evolución en este sentido es una evidencia más para defender la presencia de los agustinos frente a los cistercienses.

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