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Mundo Románico EL CAMINO DE SANTIAGO El Camino "Francés" La sirga peninsular Burgos y Palencia. El Camino en Castilla

Burgos y Palencia. El Camino en Castilla
por Miguel A. Martín (CR)

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Sarcofago de Husillos. Foto M.A.N.

La sirga peninsular. Burgos y Palencia. El Camino en Castilla

CASTILLA

Burgos

La llegada al solar castellano se produce desde La Rioja por la burgalesa Redecilla del Camino iniciando un recorrido provincial de alto valor histórico y reducido valor románico, salvo excepciones. A lo largo de este segmento provincial encontramos huellas celtas, romanas, árabes, y restos románicos de iglesias y hospitales, amén de otros de posteriores fechas, evidenciando así los diversos avatares por los que transcurrió su historia.
Los dos primeros pueblos, Redecilla del Camino y Viloria de La Rioja, se ubican en los Montes de Áyago, auténtica fortaleza inexpugnable, no tomada por los árabes cual si asturiana fuera, y que, por tanto, sirvió para cobijar con éxito y por largo tiempo a quienes optaron por acudir a los mismos para guarecerse evitando el abandono del lugar. De Viloria se dice que fue el lugar de origen de Santo Domingo de la Calzada, sin que falte una pila bautismal como único testigo de tal afirmación; hubo también en sus proximidades un importante Monasterio femenino, el de San Miguel de Pedroso, erigido en el siglo XIII, hoy en ruinas de valor turístico, junto al que pueden contemplarse restos de un antiguo molino medieval, evidencia de su esplendor. Pero si en Viloria tenemos una pila de valor histórico, en Redecilla se conserva una de aquellas pilas fundamentales en el arte románico por su decoración, a base de una cenefa de mimbres entrelazados que recorre la embocadura, bajo la cual se desarrolla un único tema a todo lo largo de su cuerpo circular, un monotema de tipo arquitectónico, en el que la talla juega con los volúmenes a modo de gallonados, y que alude a la Jerusalén Celestial a que el sacramento permite acceder. (Foto adjunta)

Redecilla del Camino, población que en su día fue citada como “Rediziella de Francos” es previsiblemente un lugar emancipado de la próxima Redecilla del Campo, que adquiere su carta de naturaleza con el desplazamiento meridional del Camino hacia Burgos a partir de la construcción del puente de Nájera.
 


La sirga peninsular. Burgos y Palencia. El Camino en Castilla

El Camino continúa como jugando a entrelazar la carretera que une Burgos con Logroño y abandona los montes defensivos para introducirse ahora en los de Oca, sin lugares románicos de importancia actual, aunque de abundantes hospitales en su momento, hasta que, abandonando dicha vía el peregrino se topa con el Monasterio de San Juan de Ortega.

 


“El santuario de San Juan de Ortega es un hito vivo en el Camino de Santiago. Nació para atender a los peregrinos que iban a Compostela y con este cometido ha cubierto ocho siglos de historia. A mediados del siglo XII se levantó este monumento. El mismo Santo fue el maestro y constructor. Murió el año 1163 sin haber podido concluir esta magna obra, pese a que gozó de la amistad de varios reyes, especialmente de Alfonso VII. El Santo concibió una obra monumental, con planta de cruz latina de la que sólo pudo hacer la cabecera –con tres ábsides semicirculares- y la nave transversal, que no llegó a cubrir. Todo ella la construyó en perfecta sillería y con abundantes singularidades. A juzgar por los poderosos pilares estaba proyectado levantar sobre el crucero una cúpula y una torre. “Desde el punto de vista escultórico la ornamentación románica se concentra en los ábsides y en el muro este de la nave transversal, siendo lo restante obra gótica”. (Enciclopedia del Románico)

“La visita exterior nos lleva a la parte oriental de los ábsides. El central es el más hermoso y el de mayores dimensiones. Sigue los planos clásicos con sección recta y la semicircular, que está seccionada en cinco paños por haces de columnas entrega, dos de las cuales (geminadas), rematan entre los canecillos del alero. Cada paño presenta dos arcos de descarga en sucesivas alturas que apean en sus respectivas columnas de esbelto fuste cilíndrico y capiteles labrados con motivos vegetales; en medio de los tres arcos centrales hay una ventana sin apenas ornamentación. Se ve que es una articulación concebida con fines eminentemente decorativos, e igualmente la imposta que corre al pie de las ventanas.
Interiormente toda la atención se concentra en la cabecera. Aparecen los ábsides con mayor atractivo y se ponen de manifiesto varias singularidades arquitectónicas y ornamentales. El del lado norte fue reconstruido en parte; el del sur, además del arco triunfal, apuntado, que voltea sobre columnas entrega de grandes capiteles decorados, lleva dos ventanas gemelas con derrame interior, que comparten el dintel central con atractivo efecto decorativo.
El ábside central es el que congrega las mejores galas constructivas y ornamentales. El presbiterio y la capilla absidal están perfectamente diferenciados por la presencia de un arco fajón doblado que apean sobre un haz de columnas entrega con capiteles decorados. El hemiciclo remata en una bóveda gallonada cuyo armazón se basa en cuatro nervios planos y decorados que, arrancando de sus respectivas columnas entrega de capiteles labrados, van a unirse junto a la clave del arco de triunfo. En el tercio superior aparecen tres ventanas que se abren en diez arquivoltas concéntricas muy abocinadas.
La nave del crucero presenta los paramentos lisos o con vanos similares a los del ábside pequeño. Las columnas que sostienen los arcos fajones de las bóvedas de crucería llevan capiteles decorados. Son muy llamativos por su robustez y fortaleza, los pilares del crucero; como también porque constituyen un complicado haz de dieciséis columnas sobre un basamento cilíndrico.
La escultura monumental está repartida en setenta y seis capiteles, media docena de los cuales son historiados. El sepulcro de San Juan de Ortega, conservado en la cripta, es una joya. Está completamente decorado con figuras y escenas, con relieves elegantes, de original factura y cuidada labra.”
Braulio Valdivielso, Rutas del Románico en la provincia de Burgos. Ed Castilla. 1999.
 


La sirga peninsular. Burgos y Palencia. El Camino en Castilla

A escasos veinte kilómetros de San Juan de Ortega, el peregrino llega a Burgos, la ciudad surgida de su castillo y por tanto sin ocupación previa ni romana ni visigoda. Fundada en el 884, tras las dos algaradas musulmanas de los años precedentes, pronto abandonó su soledad castrense cuando años más tarde, ya en el siglo X, se acompañó con plazas fuertes junto al Duero y con torres militares a lo largo de lo que luego sería el Camino en su tramo hasta el Pisuerga, hasta el límite con la actual provincia palentina.
Este fortalecimiento la permitió centrarse en el provecho de su ubicación como enclave de vías importantes, gracias a lo cual desarrolló su comercio y su ciudad, y también se benefició con el nuevo paso del Camino. Tal evolución la llevó a disponer de hasta catorce parroquias con sus respectivos cementerios y más de nueve hospitales, amen de su catedral románica, de la que solo cabe construir hipótesis, luego devenida en gótica por aquello de las apariencias episcopales.
Episcopado que surge de derecho en lo que hoy es el barrio de Gamonal, aunque de hecho nunca fuese ocupado por el obispo. Es esta antigua villa, hoy barriada, lugar importante en la que residieron Fernando I y Sancha, lo que se tradujo, entre otras cosas, en ser lugar de residencia de Domingo de Silos durante la primera semana de su dependencia del monarca castellano, antes de hacerse cargo de la abadía por entonces mozárabe.
Muerto el regio padre y estando el abad en sus últimos días, Alfonso VI, siguiendo las indicaciones papales. celebra en Burgos en el 1081, 7 años antes de Husillos, un concilio en el que se acuerda la sustitución del rito mozárabe por el románico.
De toda la riqueza románica que tuvo la ciudad solo nos quedan algunas piezas sueltas distribuidas en diversos museos y capillas. Pero, aunque cenobio poco relacionado con el Camino, Burgos puede presumir actualmente de románico con sólo considerar el claustro del monasterio femenino cisterciense de las Huelgas, bien dotado desde su fundación en torno a 1187 por Alfonso VIII y devenido en panteón real de los reyes de Castilla a partir de dicho monarca y de su esposa Leonor de Aquitania. Cisterciense, de arcos de medio punto apoyados en columnas pareadas cuyos capiteles decorados con motivos vegetales hablan de la destreza de su autor, el maestro Ricardo.

 

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En su recorrido occidental en la provincia burgalesa, hasta el Pisuerga, el Camino recorre los territorios de Tardajos, Rabé de las calzadas, Hornillos del Camino, Hontanas, Castrojeriz e Itero del Castillo con una absoluta ausencia de románico, quizás algún resto salvo en lo concerniente al puente que salvando el río enlaza ambas provincias.
Es zona de gótico cuya principal manifestación se encuentra en el Convento de San Antón ya en las proximidades de Hontanas, construido en el siglo XII y hoy también en lucha por su supervivencia. Fue centro de la Orden de los Antonianos y su iglesia constaba de tres naves, transepto, dos portadas, ventanales góticos y rosetón. Una estructura externa, adosada, una especie de atrio sustentado por dos arcos góticos permite que el Camino transcurra bajo el mismo provocando las emociones del peregrino.
En el recorrido dejamos atrás a Hornillos del Camino, cuya historia, más que la realidad, nos habla de su importancia. En la época del románico llegó a depender de Rocamadour y su monasterio era gobernado por un prior francés. En la población llegaron a existir hasta tres hospitales, de los que el de San Lázaro dependía de la abadía de Saint Denis de Paris.
Nos acercamos a Itero del Castillo, donde, como primera medida, el peregrino acude a deshacerse de sus inquilinos en la Fuente del Piojo.
Itero del Castillo es final del territorio en su época asignado a la diócesis de Burgos. Tras él, en esa época, se iniciaba el Reino de León. Entre ambos, como se ha dicho, el Pisuerga y sobre él, a beneficio de los peregrinos, por mandato de Alfonso VI, el puente románico, con su lomo de asno suavizado por la longitud de sus once arcos. Puente citado en el Códex Calistinus que fue reparado en época gótica, razón por la que los arcos de medio punto se entremezclan con alguno apuntado; los tajamares, de diseño, con ángulo al frente de las aguas y cuadrangulares en lo posterior.
Junto al puente, todavía en territorio burgalés, un agradable albergue nos recuerda todavía su origen románico.

 

PALENCIA

Para el peregrino Palencia es el llano, es el reencuentro con el románico pleno, de calidad, y es la seguridad del Camino garantizada por los Templarios y otras órdenes militares. Es también el frío en el invierno y el calor en el verano. El Camino cruza la “Tierra de Campos”, llanura de secano y construcción de adobe, pobreza que justifica la escasa población y ausencia de piedra que oculta lo que pudo ser.
Desde el itero hasta el límite provincial que nos lleva a la leonesa Sahagún, Frómista y Carrión de los Condes nos deparan románico pleno para disfrutar. Fuera de ellas apenas encontraremos una bonita pila bautismal en Boadilla del Camino, un magnífico templo gótico en Villalcázar de Sirga, cuartel de los templarios, y referentes a hospitales gestionados por otras ordenes militares en Población de Campos (San Juan de Jerusalén), Calzadilla de la Cueza (Santiago) y Terradillos de los templarios (Temple).

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San Martín de Frómista es

 “un templo erigido en el año 1066 que sobresale por la sencillez compleja de sus más de 300 canecillos, por sus capiteles interiores, por sus torres gemelas y por su gótico Cristo Crucificado. Fue antaño monasterio benedictino femenino. La iglesia de San Martín fue fundada por la Condesa de Castilla, viuda del Rey de Navarra, Don Sancho.
De planta rectangular, se trata de una iglesia de tres naves, más alta y doble la central que el resto, con un crucero que, sin sobresalir de la línea de los muros, destaca, y con una linterna poligonal que es algo así como un sello de identidad personal. A sus pies, en el altar del oeste, dos torres cilíndricas, gemelas, sencillas y elegantes, reminiscencia de la forma otoniana de hacer los templos.
En el muro meridional una puerta poco resaltada, realizada en arco de medio punto, con chambrana de ajedrezado, arquivolta de bocel y cimacios con palmetas, siendo su nota más notable la inexistencia de capiteles y columnas.
A la izquierda, dos ventanales ajedrezados con chambrana, arcos y arquivoltas, aunque en este caso las ventanas se decoran con la compañía de capiteles vegetales. Los ábsides de la cabecera están compuestos por dos cuerpos que se dividen en dos. Las ventanas, dos para los laterales y tres para el central, son muy similares a las ya mencionadas, aunque con la particularidad de la variedad de capiteles, todos ellos muy trabajados.
El muro norte se presenta sujeto entre las torres cilíndricas. La linterna culmina y encumbra la iglesia, con cuatro lados más anchos y otros cuatro más estrechos, recorridos, de arriba a abajo, por una columna de tambores que terminan en el capitel que sostiene la cornisa. Hay que señalar que todas las naves, así como las puertas, crucero, ábsides y linterna, descansan en capiteles de todo corte en los que aparecen variedad de motivos y personajes.
En el interior se puede ver sus tres naves separadas por pilares acodillados en la zona del crucero y cuadrados en las naves. La cubierta es de bóveda de medio cañón.
Todos los arcos, de medio punto, cargan sobre cincuenta capiteles de gran riqueza decorativa e iconográfica.”
(Julio Izquierdo, Rutas del románico en la provincia de Palencia. ed Castilla. 2001)

San Martín de Frómista fue restaurada a finales del siglo XIX realizándose significativos cambios sobre el edificio anterior, cambios que se pueden apreciar al analizar la maqueta del modelo anterior ubicada en el intarior del templo. El análisis, por tanto, de la arquitectura y de la escultura actuales debe ser hecho desde una perspectiva general de prudencia, admirando más el valor del concepto románico que se nos ha dejado que su valor referencial en lo histórico. Aún así, en Frómista podemos apreciar, sobre una copia pues el original se encuentra en el Museo Episcopal, cómo el maestro escultor se valió de los clusters reflejados en los sarcófagos paleocristianos reflejando en un capitel los del sarcófago de Husillos, hoy en el MAN. Tal aportación al arte románico fue trasladada a continuación a la escultura de la Catedral de San Pedro en Jaca, configurando un primer hilo conductor en el románico del Camino de Santiago.
Siendo esa la aportación más trascendental de la escultura de San Martín de Frómista, no es la única. Entre los canecillos originales se incluye el de la exaltación de la vulva femenina, que pudo influir en su representación en Kilpeck (Herefordshire) formando parte de un concepto ampliamente difundido en otras iglesias del orbe románico, el de la madre tierra, la fertilidad, el "sheela na gig" celta. En Kilpeck, por cierto, trabajó el Taller de Hereford, encontrando con él nuevas coincidencias en Carrión de los Condes, como se menciona a continuación.

La segunda población de la sirga en la provincia de Palencia cuyo románico merece una detenida visita es Carrión de los Condes, a la que el peregrino llega desde Frómista en una jornada tras pasar por Villalcázar, sede de los templarios dedicados al cuidado en el Camino palentino, que levanta orgullosa su iglesia gótica.

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En Carrión nos esperan tres monumentos románicos. El primero que encontramos según nos adentramos en la población, hoy integrado en el conjunto urbano, como el siguiente, con fachadas ocultas a la vista es la iglesia de Santa María.


“Su planta consta de tres naves, crucero y cabecera tripartita, de la cual, el ábside central se rehizo con posterioridad. Por fuera destaca la portada del sur, cobijada bajo un soportal que, con arbotantes, pretende equilibrar la precaria estabilidad del edificio. En su arquivolta externa se tallaron más de una treintena de personajes de difícil identificación por su desgaste. Baquetones y filas de tacos completan el ornamento de las roscas. Por encima se desarrolla un apasionante friso, con escenas de la Adoración de los Magos. Más arriba, el alero muestra notables canecillos y metopas. En las enjutas, mutilados por los arbotantes, se exponen, en un lado Sansón y el león y en el otro un caballero”. Vicente Herbosa, El románico en Palencia. ed Lancia. 2000

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Ya en el centro de la población admiramos la portada de la iglesia de Santiago, quizás templaria. Construida en el siglo XII, sufrió también modificaciones tardogóticas en su estructura y fue incendiada en la Guerra de la Independencia, lo que impide evaluar más allá de los componentes de dicha portada oeste, incorporada en una segunda fase entre 1160 y 1170.

"La puerta, de medio punto sin tímpano como la de Santa María, exhibe en su arquivolta central, un conjunto de unos veinticinco personajes representando diversos oficios en lectura crítica de conductas como la avaricia, la lujuria o la violencia. Este arco se apoya sobre una pareja de columnas de fustes ornamentados con estrías en zigzag y florones, además de dos ángeles en su parte superior. Los capiteles son preciosos, historiados de difícil lectura. Es también más notable el friso alto, apoyado sobre una imposta abilletada, con el Pantocrátor y Tetramorfos en el centro y el apostolado repartido a ambos lados, obra cumbre de la estatuaria románica, sobre todo en la figura de Cristo, lugar en el que trabajaron al menos dos maestros caracterizado por un estilo de paños mojados que hace pensar en la escultura romana.
Diversos estudiosos han encontrado vinculaciones estilísticas con diversos lugares franceses y en especial con el cenotafio de San Vicente de Ávila"
V. Herbosa. Obra citada.

El frontis del Salvador de Carrión tiene, por otra parte, clara conexiones con el de Moarves de Ojeda (P), en el que se quiere encontrar la mano de un "maestro de Aguilar de Campoo". Al margen de esta consideración parece existir una relación estilística entre la obra abulense de Fruchel, Carrión, quizás Moarves y algún maestro de menor intervención en Santiago.

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Más adelante, saliendo de la villa por el oeste en dirección a Sahagún encontramos el Monasterio de San Zoilo, lugar desde el que Pedro Ansúrez, fundador de Valladolid, amigo de Alfonso VI y colaborador estrecho del mismo, impulsó la entrada del románico de la mano cluniacense, comenzando por la modificación del monasterio prerrománico. De la época románica queda la portada principal del templo, descubierta a finales del siglo XX, con cuatro columnas de insólitos fustes de mármol y magníficos capiteles, éstos cincelados por un maestro de primera categoría. Se hace constar la coincidencia de contenidos y formas del capitel exterior derecho con el del lado sur de la portada de la parte románica de la iglesia de Leominster, asignado al taller de Hereford. Especial importancia mantienen algunos de los sarcófagos donde se guardaron los restos de diversos condes. Sus cajas y tapas poseen magníficos relieves.
Desde Carrión hasta Sahagún lo dicho, cuatro poblaciones pequeñas en el Camino, Calzadilla de la Cueza, Lédigos, Terradillos de los templarios y Moratinas, sin nada nuevo que añadir, el recuerdo de dos hospitales mantenidos por los templarios y por los hospitalarios y las faldas del Monte Tordillos, bello lugar de propiedad discutida entre monjes.

 

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