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Mundo Románico EL CAMINO DE SANTIAGO El Camino "Francés" La sirga peninsular El Camino en Galicia

El Camino en Galicia
Textos por Raimundo Escámez (CR). Fotos de Mati Novas (CR)

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Cereixo. A Coruña

LUGO

Después, pasada la tierra de León y los puertos del monte Irago y monte Cebrero, se encuentra la tierra de los gallegos. Abunda en bosques, es agradable por sus ríos, sus prados y riquísimos pomares, sus buenas frutas y sus clarísimas fuentes; es rara en ciudades, villas y sembrados. Escasea en pan de trigo y vino, abunda en pan de centeno y sidra, en ganados y caballerías, en leche y miel y en grandiosísimos y pequeños pescados de mar; es rica en oro y plata, y en tejidos y pieles silvestres, y en otras riquezas, y sobretodo en tesoros sarracenos. Los gallegos, pues, se acomodan más que las demás poblaciones españolas de atrasadas costumbres, a nuestro pueblo galo... Codex Calixtinus Libro V, Capítulo VII
 


La sirga peninsular. El Camino en Galicia

Pero lo que se encuentra el peregrino tras remontar los altos montes que separan el Bierzo de Galicia no es este paisaje tan ameno. Al llegar al pico de O Cebreiro la vista se pierde en una panorámica de cumbres por la cual el camino se dirige a Compostela. En este lugar se encuentra la aldea homónima, mons Februari o mons Zaberrium de las viejas crónicas camineras, y como el can Cerbero, guarda la entrada a Galicia. Entre pallozas pastoriles y otras construcciones arcaicas se encuentra el Monasterio de O Cebreiro, construido en 836 para servir de apoyo a los peregrinos, y que constaba de una iglesia y de una hospedería. El Rey Alfonso VI donó el monasterio a los monjes cluniacenses de Saint Geraud d"Aurillac. En la iglesia de Santa María, prerrománica y la más antigua de la ruta xacobea, se guarda un cáliz románico, datado en el siglo XII.


La sirga peninsular. El Camino en Galicia

Los templos parroquiales de las dos siguientes localidades que se encuentran a continuación, Liñares y Hospital de la Condesa, muestran una arquitectura popular muy similar a la de Santa María. Y de nuevo, al final del hermoso descenso que se iniciaba en el Alto del Poyo (el punto más alto del Camino Francés, 1337 metros) la iglesia de Santiago en Triacastela luce una torre en su fachada occidental, como lo hacen los templos citados anteriormente. Esta localidad consta como villa del Camino desde el siglo XII, y acogió un hospital de peregrinos. Cuenta la Guía de Peregrinos que aquí «los peregrinos cogen una piedra y la llevan hasta Castañeda, para obtener cal destinada a las obras de la basílica del Apóstol».

Trascurriendo por uno de los dos caminos que salían de Triacastela, y que va por la ladera del valle, el peregrino llega a San Martiño do Real, localidad dependiente de Samos, y donde se puede contemplar una bella construcción de románico rural de nave rectangular, ábside de tramo recto y testero redondo. Desde aquí se divisa, rodeado de campos de labor, el Monasterio de San Julián de Samos (que deriva de la palabra sueva samanos, «lugar donde viven religiosos en comunidad»), donde se educó al rey Alfonso II el Casto, impulsor de la difusión del sepulcro del apóstol Santiago, pues éste fue descubierto durante su reinado. Una inscripción aporta el dato de que el obispo de Lugo Ermefredo restauró el monasterio en el año 655 y restableció la vida monástica bajo la regla de san Fructuoso. Durante la invasión árabe fue destruido. Hacia el 760 Fruela I lo restauró, y en el 800 Ramiro I lo repobló con monjes huidos de Andalucía. En el año 960 la comunidad de Samos adoptó la regla de san Benito, y desde entonces el monasterio da albergue a los peregrinos.
 

La sirga peninsular. El Camino en Galicia

Ya unidas las dos variantes, el camino pasa un puerto para llegar a Sarria, antigua ciudad romana que durante la Edad Media fue sede de miembros destacados de la nobleza. Alfonso IX fundó Vilanova de Sarria, y le otorgó el fuero por el que se regiría como villa real. La iglesia de San Salvador presenta una cabecera de ábside semicircular con bóveda de horno. Por otro lado, son reseñables sus portadas tardorrománicas, especialmente la septentrional, lugar por donde pasa el camino, que cuenta con un tímpano bajo una doble arquivolta apuntada en el que se representa de forma esquemática al Salvador en postura de orante y en actitud de bendecir. Aparece flanqueado por dos árboles de los que penden seis hojas, que se rematan con dos cruces griegas. Los herrajes de la puerta son originales. En la localidad encontramos el monasterio de A Malena, convento-hospital que fue fundado por monjes italianos agustinianos cuando iban de camino a Compostela; en él se alojaba y se daba limosna a los peregrinos, y también se daba sepultura a los que fallecían en la ruta. Del edificio románico original quedan restos como el de la puerta de acceso al claustro.

La sirga peninsular. El Camino en Galicia

El camino cruza el río Celeiro por el puente Aspera, de origen medieval, y llega a la localidad de Barbadelo, que junto a Triacastela, y según el Codex, ostentaban la fama de ser lugar escogido por emisarios de hospederos de Santiago que engañaban a los peregrinos, aconsejándoles alojamientos donde luego eran estafados en la compra de recuerdos, en el cambio de moneda, etc. Su iglesia de Santiago, fue construida en la segunda mitad del siglo XII. Consta de una sola nave y ha perdido la cabecera original, de único ábside, y su puerta principal, de medio punto y doble arquivolta lisa. Posee un tímpano donde se representa nuevamente una figura humana con los brazos extendidos, y bajo el cual se dispone un dintel pentagonal decorado con un green-man; su interior también está tallado. La torre se encuentra dentro del cuerpo de la iglesia. En el lado norte hay una puerta de única arquivolta de medio punto, con columnas acodilladas. Existen también dos ventanas muy decoradas, y con un arco liso de medio punto que apea en un par de columnas con capiteles en los cuales predominan los temas vegetales.

La sirga peninsular. El Camino en Galicia

Desde este punto hasta llegar al río Miño, el peregrino discurrirá por un paisaje de bosques caducifolios y por aldeas que durante veinte kilómetros se encuentran desperdigadas por las laderas del monte. Es en Portomarín (en 993 Bermudo II lo donó a la iglesia de Santiago), donde un puente permite cruzar las aguas desde la época romana. En el capítulo de la Guía del Peregrino dedicado a los «Nombres de algunos restauradores del Camino de Santiago», se cita a Pedro, quien en torno a 1120 «reconstruyó el puente sobre el río Miño, destruido por la reina Urraca». En 1126 Pedro construyó en ese lugar un hospital. Posteriormente, el arzobispo don Pedro Arias entregó el burgo de Portomarín a la Orden de Santiago. Bajo el reinado de Alfonso IX, la villa pasó a depender de la de San Juan de Jerusalén. Los privilegios obtenidos de los sucesivos reyes contribuyeron al buen mantenimiento del hospital y del Camino a su paso por esta localidad.

La iglesia de San Juan o San Nicolás presenta planta de una sola nave y ábside semicircular con tramo recto. La parte superior esta almenada, a causa de su pertenencia a la Orden de San Juan y su situación estratégica en la margen derecha del Miño, paso obligado de los peregrinos hacia Santiago: la iglesia se habría concebido con las funciones de iglesia y fortaleza; los baldaquinos que se encuentran en los laterales de la nave también suelen encontrarse en las iglesias pertenecientes a las Órdenes Militares. De sus tres portadas, cuyas esculturas son de un taller que trabaja bajo la influencia de las obras que el Maestro Mateo realiza en Compostela, la más llamativa es la occidental, constituida por tres pares de columnas con capiteles vegetales que sostienen tres arquivoltas: la más exterior baquetonada, la siguiente con arquillos polilobulados, y la más interior con rosáceas y los relieves de los Ancianos del Apocalipsis. Sobre ella se sitúa un bello rosetón que, junto a los ventanales, aportan al interior una gran luminosidad. En el tímpano de la portada septentrional se ha esculpido una Anunciación. La nave se divide en cinco tramos separados por arcos fajones apuntados y por pilastras con columnas adosadas.
La iglesia de San Pedro tiene también una portada con tres arquivoltas y un tímpano liso bilobulado en el que figura el año de su consagración, 1182, realizada por Rodrigo II, obispo de Lugo.

 

La sirga peninsular. El Camino en Galicia

A partir de este lugar el Camino trascurre por pequeñas poblaciones en las que suelen existir huellas del mismo, bien en forma de iglesias dedicadas al apóstol (como en Santiago de Ligonde) o de antiguos hospitales desaparecidos. Igualmente, la presencia de la Orden de Santiago es constante; es el caso del Monasterio de Villar de Donas, que antes de pertenecer a dicha orden fue monasterio femenino (“donas”), posee una iglesia con planta de cruz latina, cabecera triabsidial, y crucero al mismo nivel de la nave principal y con el ábside central; en este se han sustituido las columnas divisorias adosadas por contrafuertes que suben hasta la cornisa superior. Los dos absidiolos se iluminan con una pequeña ventana.

La sirga peninsular. El Camino en Galicia

La portada principal sustenta cinco arquivoltas de medio punto muy decoradas con motivos variados (palmetas, chevrons, etc). Los herrajes de la puerta son los originales.

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Llegar al Alto del Rosario supone, además de deleitarse con la belleza del paisaje, poder atisbar, en días claros y mirando hacia el oeste, el Pico Sacro, a 14 kilómetros de Santiago de Compostela, y desde donde, a su vez, pueden verse por primera vez las torres de su catedral. En el descenso nos encontramos con Palas del Rey (parece que proviene de Pallatium Regis, ‘Palacio del Rey’), población que aparece documentada en época de Alfonso III, cuando en el año 897 la iglesia de San Tirso es donada a la catedral de Lugo. En su portada occidental se observan los únicos restos románicos. En el Libro I del Codex Calixtinus se previene a los peregrinos de las prostitutas que salían a su encuentro entre Portomarín y esta villa. Lo cierto es que en sus inmediaciones, en el Campo dos Romeiros, los peregrinos se reunían al salir el sol antes de iniciar la última jornada que les llevaría a Santiago.
El Camino Francés sigue por un camino que conduce hasta Carballal y a San Xulián, el puente medieval de Ponte Campaña, Casanova (en este tramo el entorno paisajístico es también espectacular)... y finalizan aquí los 96,7 kilómetros recorridos en la provincia de Lugo, penetrando en A Coruña por O Coto.

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A CORUÑA

Nos quedan unos 53 kilómetros en esta provincia, cuyo primer hito en el camino se encuentra en Leboreiro (Campus Leporarius o campo de las liebres). La iglesia de Santa María, fue construida bajo el dominio del monasterio de Sobrado, tras la cesión de la localidad al mismo por Fernando II en 1185. Presenta una única nave con ábside semicircular. La portada occidental está decorada con dos arquivoltas que enmarcan un tímpano, en el que se representa la Virgen con el Niño entre dos ángeles.
 

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Saliendo de la villa pasamos por el puente de Furelos, de origen medieval, y junto al cual, como ocurre con otros puentes, existió un hospital de peregrinos. Una breve subida nos lleva Melide, localidad de gran importancia y de gran desarrollo urbano en la Edad Media. Santa María de Melide, templo románico de finales del XII, con una sola nave y ábside semicircular. En la fachada oeste conserva una portada con tres arquivoltas, dos de baquetón y la exterior con planchas rectangulares. La puerta sur está enmarcada por dos contrafuertes; en el tímpano se esculpe la imagen de la Virgen con el Niño Jesús, rodeadas de figuras orantes. En la cabecera, de buenas proporciones, existen canecillos de temas variados. En su interior destaca la mesa de altar románica y los dos capiteles historiados que sostienen el arco triunfal de medio punto; en el de la derecha se representa la escena de Daniel en el foso de los leones.

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En el templo se encuentra la única reja románica de Galicia; en su día cerraba el arco triunfal, y hoy sus dos mitades cierran una capilla en la propia iglesia y otra en la parroquial de Sancti Spiritu.

En la Capilla de San Roque se encuentra la portada de la primitiva iglesia de San Pedro de Melide, que fue destruida.
A unos cuarenta kilómetros de Melide se encuentra el río Lavacolla, la "Lavamentula" del Codex Calixtinus, donde según decía Aymeric Picaud
" los peregrinos de nacionalidad francesa que se dirigían a Santiago, se quitaban la ropa y, por amor al Apóstol, solían lavarse no sólo sus partes sino la suciedad de todo el cuerpo".

La sirga peninsular. El Camino en Galicia

Remontando una pequeña pendiente llegamos a la Colina de S. Marcos, Monte do Gozo, o monte Monxoi (los franceses gritaban al divisar las torres de la Catedral": Mon joie!, mon joie!). Volvemos a retomar las palabras de Pycaud: "Compostela, la excelsa ciudad del Apóstol, repleta de todo tipo de encantos, la ciudad que custodia los restos mortales de Santiago, motivo por el que está considerada como la más dichosa y excelsa de las ciudades de España ". Era entonces cuando los peregrinos entonaban con el máximo entusiasmo el famoso Canto del Ultreya: "¡Herru Sanctiagu!, ¡Grot Sanctiagu!,¡ E ultreja!, ¡ E sus eja!, ¡ Deus, aianos!". Quienes habían hecho el Camino a caballo, solían descabalgar y terminar a pie; muchos de los que lo habían hecho andando, se descalzaban. Y todos entonaban el Te Deum.
La tradición dice que se debe entrar a la ciudad por el barrio dos Concheiros, donde residían los artesanos que hacían las conchas de plata y latón para luego venderlas a las puertas de la Catedral. La Rúa de San Pedro llevará al peregrino hasta la Puerta del Camino, Porta Francigena, donde comenzaba la Vía Francigena que conducía al "paraíso" de Aymeric Picaud, la puerta de la Catedral.

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