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Mundo Románico EL CAMINO DE SANTIAGO La Catedral de Santiago Los templos prerrománicos La Catedral de Santiago de Compostela

La Catedral de Santiago de Compostela
por Carlos Sánchez Márquez (UAB)

Pórtico de la Gloria, Catedral de Santiago de Compostela.
PÓRTICO DE LA GLORIA

Las peregrinaciones al sepulcro del Apóstol Santiago, el hijo de Zebedeo, es uno de tantos temas fascinantes que nuestro creciente conocimiento del contexto intelectual y artístico de la Edad Media ha abierto al estudio. Lo cierto es que ninguna otra ciudad de la cristiandad occidental experimentó el fenómeno de la peregrinación como Compostela, meta durante siglos de piadosos caminantes. Sin embargo, la catedral que actualmente conservamos, joya del románico hispano, es el resultado de una larga evolución artística cuyo origen todavía es discutido. A continuación, proponemos una secuencia cronológica que nos permitirá conocer, de primera mano, los rasgos esenciales de los edificios concebidos hasta la eclosión de la catedral románica: el edículo apostólico, la iglesia de Alfonso II, la basílica de Alfonso III y la catedral románica.

I. Antecedentes: el edículo apostólico.

Santiago es, en el mejor de los casos, una figura histórica muy borrosa. Fue decapitado en Jerusalén, quizás en el año 44, y según cierta tradición su inhumación tuvo lugar en Tierra Santa. En contraposición con ésta, otras tradiciones afirman que dos discípulos trajeron su cuerpo a la Península para enterrarlo. En cualquier caso, la tradición afirma que llegado a Iria Flavia, se construyó un santuario presidido por la tumba del Apóstol, que se sumió en el olvido durante la invasión musulmana. Fue en el año 813 cuando el obispo de Iria Flavia, Teodomiro, a instancias de un eremita llamado Pelayo, examina una tumba que, por varios vestigios que contenía, reconoció como la del apóstol Santiago.
               Ciertamente, de estos antecedentes no existía hasta hace poco ninguna información documental. Las excavaciones arqueológicas realizadas en el subsuelo de la catedral, rompieron de una vez ese vacío histórico, al dejar al descubierto importantes vestigios que cubren la laguna de silencio que se extiende desde el siglo I al siglo IX. En este sentido, en el área de la catedral en torno a lo que se conserva del edículo funerario romano, que constituye la tumba apostólica, se ha documentado no sólo la existencia de dos templos anteriores a la actual basílica, sino también necrópolis y edificaciones plenamente identificadas como pertenecientes a la época de romanización del noroeste hispano. Estas necrópolis cristianas ligan históricamente con una romano-pagana, como prueba la existencia de aras y estelas romanas y los restos descubiertos de construcciones romanas importantes, como el propio edículo apostólico, que fue con anterioridad un mausoleo pagano. Todo ello confirma la existencia de una importante civitas que continuó la vida del castro indígena después de la ocupación romana. En este sentido, es posible que el hallazgo de Teodomiro no consistiera en el edículo o mausoleo romano completo, sino que tan sólo halló la cámara funeraria. A juzgar por los restos conservados, el edículo sepulcral era el clásico mausoleo de tipo romano de dos cuerpos: una cripta sepulcral y una cella, un aula donde se celebraba el aniversario, el culto familiar o el culto eclesial. La cella medía aproximadamente 3,85 x 4, 70, y tenía una puerta al oeste en uno de los lados largos. Aparentemente, el suelo era una losa de mármol bordeada de mosaicos, bajo la cual estaban enterradas las reliquias. Justo frente a la losa, y a muy poca distancia de la puerta, se alzaba el altar. En el exterior de los cimientos de la cámara y a 1,20 de distancia aparece otro muro menos grueso que el primero, y que se supone sostenía un peristilo. Esta tipología de mausoleo de dos cuerpos, abajo ciego y el de arriba accesible, fue habitual en otras partes del Imperio.


Los templos prerrománicos. La Catedral de Santiago de Compostela

II. La iglesia de Alfonso II.

Poco después del descubrimiento del sepulcro, el 4 de septiembre del año 829 Alfonso II el Casto concede al Obispo Teodomiro y a la Iglesia de Santiago tres millas alrededor del sepulcro para la construcción de una larga nave adosada al sepulcro. Cabe imaginar que la nave de Alfonso II tenía cubierta de madera, pero lo único que sabemos a ciencia cierta es lo que se deduce de las pocas palabras del diploma de consagración del edificio que la sustituyó: ex petra et luto opere parvo. Se trataba pues, de una obra rústica de mampostería asentada en barro. Probablemente, la creciente popularidad de las peregrinaciones, mencionadas ya en el año 844, hizo necesario un nuevo edificio.

III. La iglesia de Alfonso III.

Alfonso III, que subió al trono en el año 866, continuó la generosidad regia hacia Santiago. De este modo, durante su reinado se levantó una nueva iglesia entorno al edículo del Apóstol, más digna que la anterior. Fue terminada en el 896 y consagrada tres años más tarde, en el 899. En cuanto a las características del edificio, por los vestigios descubiertos sabemos que el templo se hallaba dividido en tres naves separadas por dos filas de pilares. La nave central tenía ocho metros de ancho, y tres las laterales. Si atendemos a las actas de consagración, el templo debió estar dividido en ocho tramos separados por pilares rectangulares. Según el historiador americano Keneth John Conant, esta obra respondía seguramente al estilo asturiano que conocemos por Santa María del Naranco (848), San Miguel de Lillo y Santa Cristina de Lena (905). El acta de consagración nos ofrece otros detalles: trajimos de la ciudad de Eabeca las que elegimos de las piedras de mármol que nuestros antepasados transportaron en barco a través del Ponto, y con las que construyeron bellas moradas que destruyeron nuestros enemigos. Y en verdad que de esos mismos mármoles está la portada principal de la fachada oeste; en verdad descubrimos el dintel maravillosamente esculpido de la catedral tal y como era en los tiempos antiguos. Levantamos el portal de la izquierda, junto al oratorio de Bautista y mártir Juan, y los seis pilares con bases donde se edifica la bóveda de la tribuna, así como las demás columnas esculpidas, que se trajeron de Oporto en barcos y sobre las que descansa el pórtico; trajimos también en barco los sillares y la caliza de que se hicieron las dieciocho columnas, con otras columnas menores de mármol. En cuanto a la cubierta, posiblemente el templo estaba abovedado, ya que su planta muestra cimentaciones para los contrafuertes típicas de las iglesias asturianas abovedadas. En este sentido, es posible que la iglesia se proyectase con bóveda y luego se cubriese con techumbre de madera, como ocurrió también en Santa Cristina de Lena. Según Conant, podemos figurarnos la iglesia occidental parecida al conventín de San Valdediós, con tribuna y pórtico; con el santuario dispuesto igual que Santa Cristina de Lena, pero de escala mayor, y prolonga hacia el este con una especie de iglesia provista de capillas laterales. Sin duda, la fábrica era de mampostería de cascote, y la sillería y el mármol labrado sólo aparecía en las partes nobles. La longitud mayor no se alejaría mucho de los 53 m, y la anchura, incluida el pórtico, sería de unos 21.
                 En el año 997, la iglesia fue destruida durante la razzia de Almanzor. Fueron el obispo Pedro de Mezonzo y el rey Bermudo III quines rápidamente procedieron a la restauración de la basílica incendiada y en su mayor parte destruida, conservando íntegramente su planta y disposición general. Seis años bastaron para su rehabilitación, siendo consagrada de nuevo en el 1003.



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