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Mundo Románico EL CAMINO DE SANTIAGO Aspectos previos Arte prerrománico en el Camino

Artes prerrománicos en el Camino
por Luis Calzada (CR)

- Situación anterior al siglo X.

Lo primero que debemos tener en cuenta a la hora de enfrentarnos al estudio de las manifestaciones artísticas del Camino Francés es que la definición de este mismo y la consolidación de su itinerario no se producen probablemente hasta finales del siglo XI.
Esto quiere decir que muchas de las construcciones y otras obras de arte primitivas que podemos encontrar en el ámbito del Camino Francés no tienen por qué estar relacionadas en su origen con el fenómeno de la peregrinación. Es más, en algunos casos pueden haber sido los lugares de culto “pre-jacobeo” los que en buena medida hayan contribuido a fijar la nueva ruta en las fechas antes señaladas, como de hecho es evidente en lugares de la geografía gala como Santa Fe de Conques, por citar un ejemplo paradigmático. Es decir, es el Camino el que se adapta a la existencia previa de centros de cierto interés espiritual y no al contrario. Ahora bien, si tenemos en cuenta que la definición de la ruta francesa debe ser entendida, al menos en parte, como una estrategia política que permitía consolidar unas fronteras inestables y repoblar y dotar de prosperidad a un territorio antaño despoblado y expuesto a los ataques musulmanes, nos daremos cuenta de que, por fuerza, las construcciones aquí preexistentes y las manifestaciones artísticas que las acompañaban debían, o bien ser anteriores a la invasión musulmana, o bien tener un carácter un tanto marginal y solitario característico de las primeras fases de la repoblación.

 


Arte prerrománico en el Camino. Artes prerrománicos en el Camino

Al primer grupo pertenecerían algunas iglesias visigodas que probablemente están en el origen de construcciones algo más monumentales posteriores que vendrían de este modo a dignificar el primitivo lugar de culto, consolidando además esa potente identificación de los reinos cristianos del norte con la tradición goda. Este parece ser el caso del monasterio riojano de Suso, mozárabe pero sobre los restos de un posible cenobio visigodo. Idéntico origen tendría San Miguel de Escalada, en León, en el que además se reaprovechan materiales de la antigua construcción hispanogoda. El resto de las edificaciones de la séptima centuria, algunas en muy buen estado de conservación (San Juan de Baños, San Pedro de la Nave, Santa Comba, San Fructuoso, etc, etc.), están fuera de la ruta francesa y por lo tanto no es este lugar para su estudio.


En cuanto a la arquitectura correspondiente al periodo posterior a la invasión musulmana y anterior a la consolidación del Camino Francés, debemos señalar dos etapas: la del reino astur antes del traslado de la capital a León hacia el año 910 (prerrománico asturiano), y la correspondiente al lento proceso de repoblación del valle del Duero, que se inicia con Alfonso III y que se prolonga a lo largo de todo el siglo X y buena parte del XI, hasta que Alfonso VI toma Toledo en 1085, hito que, como veremos, resulta trascendental para comprender la evolución del Camino y su desplazamiento hacia el sur.
Durante esta segunda etapa se desarrolla el que denominaremos “arte de repoblación”, de componentes mozárabes, entre otros, y que estudiaremos en el siguiente apartado. Ya en la segunda mitad del XI irrumpen los primeros ejemplos del “románico jacobeo”.

Arte prerrománico en el Camino. Artes prerrománicos en el Camino

En lo que respecta al prerrománico asturiano, como es lógico por la evolución del reino en el siglo IX y comienzos del X, no alcanza prácticamente ningún desarrollo más allá de las montañas del norte y por tanto no está presente en el “Camino nuevo”, siempre y cuando exceptuemos el propio templo compostelano, que debió tener un aspecto bastante similar a San Salvador de Valdediós, después de que Alfonso III dotara y dignificara el antiguo oratorio levantado ya por Alfonso II sobre la tumba del santo.
También debió tener un semblante muy asturiano el primitivo templo de San Juan y San Pelayo (luego San Isidoro) de León antes de que lo destruyese Almanzor en 999, aunque cronológicamente pertenecería a un momento más tardío, ya que fue edificado por Sancho el Craso, hijo de Ramiro II, a mediados del X.

 

Arte de Repoblación.

Nos referiremos aquí a una serie de manifestaciones artísticas pertenecientes en su conjunto al siglo X y que tradicionalmente, desde que acuñara el término el ilustre doctor M. Gómez-Moreno, se vienen catalogando como mozárabes, por considerarse propias de aquellos cristianos que por estos años y procedentes de al-Andalus inician la repoblación del supuesto “desierto”, hablando en términos demográficos, del valle del Duero.
Sin embargo, debemos tener en cuenta, como señala el profesor Isidro Bango, que en ese proceso repoblador intervienen otros agentes, y que tanto Alfonso III como sus sucesores recurrieron sistemáticamente a colonos norteños (gallegos, asturianos, cántabros y vascones), dirigidos por sus personas de confianza, para la mencionada tarea; entre otras razones porque para dotar de una estructura jurídico-administrativa adecuada a estos territorios, basada en el antiguo derecho visigodo, de forma que se integrasen sin conflicto en el reino astur-leonés, se hacía necesaria la presencia de personalidades afines y cercanas a la vieja monarquía asturiana.
Así, parece que el principal interés del momento es recuperar el esplendor de la monarquía preislámica, es decir hispanovisigoda, por lo que entendemos que el primer referente para estos repobladores no está precisamente en el califato sino más bien en la Hispania del siglo VII. Esto resulta evidente si analizamos la intensa actividad restauradora referenciada en las crónicas leonesas, de las que se desprende siempre esa preocupación por recuperar el pasado.
El componente mozárabe evidentemente está ahí, quién sabe si quizá en minoría, pero en cualquier caso sólo sería responsable de la definición, en palabras de Concepción Abad, de “aspectos epidérmicos” de tradición andalusí, que resultan muy llamativos por su exotismo, pero que camuflan una realidad más profunda en la que subyacen y emergen las fórmulas antiguas. Esto se hace especialmente evidente en la arquitectura.
Al margen quedaría la controvertida cuestión de si realmente existió un “desierto poblacional” en la meseta y cuál sería su alcance. Tal vez se hace necesario valorar la posibilidad de que ya existiese aquí una población, aunque indudablemente dispersa, que perviviese en “tierra de nadie”, quedando en el olvido o fuera del control administrativo de unos monarcas encerrados en las montañas para los que probablemente sólo existía su propio entorno. Si realmente se dieron estas circunstancias (lo que no deja de ser una hipótesis) y esa supuesta población cristiana indígena contribuyó de algún modo a la definición de las formas artísticas del siglo X, quizá la expresión “arte de repoblación” utilizada aquí por nosotros mismos y defendida hoy en día por muchos especialistas no sea la más adecuada para referirse a la producción artística correspondiente a ese intrigante y apasionante episodio de nuestra Historia .

Nota:
Son célebres las referencias a este asunto en la obra de Sánchez Albornoz, que defiende la existencia de un “desierto estratégico” que impediría a los musulmanes abastecerse y por lo tanto consolidar su avance hacia el norte. Por su parte, autores como A. Barbero o M. Vigil hablan simplemente de una desintegración de la estructura político-administrativa que hundiría sus raíces en la caída del Imperio y que en ningún caso implicaría la desertización del territorio. J. Caro Baroja, en sus estudios antropológicos, señala las enormes diferencias entre castellanos y norteños como evidencia de la existencia de un sustrato indígena anterior a la repoblación.

Arte prerrománico en el Camino. Artes prerrománicos en el Camino

Dejando de lado estas diatribas, pasaremos ahora a comentar las principales construcciones del siglo X circunscritas al ámbito del Camino Francés:

- San Millán de la Cogolla, monasterio de Suso (La Rioja).

Aunque la tipología de iglesia de dos naves con cabecera doble es relativamente frecuente en el valle del Duero y se ha asociado a la presencia de comunidades dúplices o a la posible doble advocación de algunos templos, aquí, como en San Juan de la Peña, la doble nave responde a la preexistencia de una iglesia rupestre (visigoda), en este caso construida a partir de unos covachos eremíticos excavados en la roca, a la que se añade una segunda nave con su correspondiente altar consagrado para la nueva comunidad.
La nueva iglesia de repoblación la consagraron García Sánchez I de Nájera y su madre la reina Toda en 959, después de que Sancho Garcés de Pamplona y Ordoño II de Asturias conquistasen todo este territorio en 923.
La entrada actual al templo se realiza a través de un vestíbulo que da acceso a un atrio porticado abierto al sur, en el que se encuentran los sepulcros de Los Siete Infantes de Lara y las reinas Toda, Jimena y Elvira de Pamplona-Nájera. Desde el atrio se pasa a la iglesia propiamente dicha.

 

Arte prerrománico en el Camino. Artes prerrománicos en el Camino

Como se ha señalado, el templo tiene dos naves, separadas por tres grandes arcos de herradura, a los que se añaden otros dos de medio punto y un nuevo muro de cierre a occidente ya en cronología románica. Los arcos primitivos presentan en su parte superior unos curiosos arquillos de descarga.
En la cabecera encontramos dos capillas cuadradas, cubiertas con nervaduras de tradición califal y unidas a una covacha excavada al norte utilizada como osario. Algunos autores señalan la posibilidad de que esta cabecera constituyese en su día el núcleo de la iglesia, que tendría orientación norte sur, con la covacha como capilla mayor y una única nave dividida en dos tramos que se corresponderían con las dos estancias cuadradas citadas.
En cuanto a la decoración escultórica, destacan los dos capiteles de alabastro situados a la izquierda de la puerta de acceso a las naves, en los que se aprecia perfectamente la mezcla de motivos de tradición visigoda, o incluso prerromana (soles de rayos curvos, sogueados), con otros de clara influencia árabe. La impronta cordobesa es perceptible también en la propia estructura de los capiteles.
En otra de las oquedades eremíticas del interior de la iglesia se conserva el cenotafio de San Millán, auténtica joya de nuestra escultura románica.

 

Arte prerrománico en el Camino. Artes prerrománicos en el Camino

- San Miguel de la Escalada (León).

Según inscripción fundacional hoy perdida, pero publicada por el padre Risco en 1786, el monasterio de San Miguel de Escalada fue edificado en 913 por el abad Alfonso y sus monjes cordobeses en un sólo año y con sus propias manos. Concepción Abad señala que tal celeridad sólo es comprensible si, junto a los monjes mozárabes, intervienen otros constructores, tal vez locales o norteños, que conociesen bien las técnicas constructivas hispanogodas y además aprovechasen materiales de una o varias edificaciones próximas. Detrás de la fundación de Escalada estaba el obispo astur-leonés Genadio, responsable también de las fundaciones de San Martín de Castañeda, San pedro de Montes y Santiago de Peñalba, donde, como veremos, reposaron sus restos.
Se trata de una iglesia (lo único conservado del cenobio) que responde a la tipología paleocristiana de basílica de tres naves con tres ábsides en la cabecera, de herradura al interior y rectos al exterior. Las naves están separadas por columnas reaprovechadas sobre las que voltean majestuosos arcos de herradura. Un iconostasio separa las naves del presbiterio, y unos canceles de clara raigambre visigoda dividen los espacios del testero en su parte baja. Las dos columnas reservadas para el iconostasio son las más hermosas de toda la iglesia y probablemente introducen un elemento simbólico a partir del color del mármol de sus fustes: el del norte es negro veteado, mientras que el del sur tiene un tono blanquecino.

 

Arte prerrománico en el Camino. Artes prerrománicos en el Camino

Las tres naves se cubren con madera y las capillas de la cabecera con bóveda de arista.
Al exterior, en el lado sur, se abre un atrio con trece columnas sobre las que cabalgan arcos de herradura cordobeses enmarcados en alfiz corrido. Las siete columnas más occidentales parecen labradas ex novo y presentan fustes y capiteles muy similares. Las situadas al oriente son claramente reaprovechadas. Una ventana geminada enmarcada en alfiz se abre en el muro occidental del atrio. La torre que se yergue en el ángulo sur-oriental y la anexa capilla de San Fructuoso o “panteón de abades” son ya construcciones románicas.

 

Arte prerrománico en el Camino. Artes prerrománicos en el Camino

- Santiago de Peñalba (León)

Se concibe esta construcción como iglesia-panteón del obispo Genadio y se consagra hacia el año 937. Se trata de un templo de una sola nave, compartimentada en dos tramos desiguales a los que se añaden sendos ábsides a oriente y occidente y dos cámaras laterales que hacen las veces de falso transepto. El ábside oriental tiene forma de herradura al interior y se cierra con un muro recto al exterior. El contraábside, de medio punto peraltado al interior y también recto al exterior, fue concebido con función funeraria, y encuentra precedentes formales en algunas construcciones visigodas del siglo VI (El Germo, Torre de Palma, Vega del Mar…), a su vez inspiradas en construcciones paleocristianas del norte de África (San Reparato de Orleansville).

Arte prerrománico en el Camino. Artes prerrománicos en el Camino

Todos los espacios están completamente abovedados con cañón o gallones, lo que, según algunos autores, vendría a justificar la compleja compartimentación de los espacios perceptible en esta y otras construcciones de tradición preislámica.
En cuanto a lo decorativo, una vez más son los elementos de tradición cordobesa los que más llaman la atención. Así el alfiz que enmarca la doble puerta de acceso al templo en su lado sur, o el que perfila y decora el arco triunfal en el interior. La entrada al presbiterio aún conserva restos pictóricos originales.

 

Arte prerrománico en el Camino. Artes prerrománicos en el Camino

Además de estas construcciones y las manifestaciones artísticas asociadas a la arquitectura que las acompañan, deberíamos aquí citar algunas producciones pertenecientes a disciplinas independientes, aunque naturalmente relacionadas con los grandes centros de espiritualidad que más tarde pasarán a integrarse en la ruta jacobea.
En este sentido es muy significativa la producción de códices miniados en el monasterio de San Millán de la Cogolla, entre los que destaca, en la época estudiada, el beato fechado en el siglo X y conservado hoy en la Real Academia de la Historia. En este códice se observa la participación de, al menos, dos iluminadores que desarrollan conceptos plásticos bastante dispares. En el trabajo del primero, probablemente asociado a la tarea del copista que firma como Albino, está muy presente la tradición mozárabe del siglo X. El segundo desarrolla un estilo mucho más románico y todo parece indicar que trabaja ya en el siglo XII.

 

Arte prerrománico en el Camino. Artes prerrománicos en el Camino

También en este monasterio se conservaba la conocida como “Cruz de San Millán”, hoy desmontada y expuesta parcialmente en el Museo Arqueológico Nacional (otros dos brazos se encuentran en el Louvre), en la que se observa una fuerte influencia de los talleres de eboraria califales, señalándose incluso la posibilidad de que fuese encargo de algún príncipe cristiano a un taller cordobés en un momento de buenas relaciones entre cristianos y musulmanes.
En el mismo siglo X debió elaborarse la cajita relicario de San Millán, de hueso, conservada durante siglos en el mismo monasterio y tal vez de procedencia germana por comparación con otros relicarios conservados en Colonia o Salzburgo.

 

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