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Rincón del Usuario Artículos De contenido Románico Luis Montero Manglano Los Reyes Magos. Parte I: Fuentes para la formación iconográfica

Los Reyes Magos. Parte I: Fuentes para la formación iconográfica
por Luis Montero Manglano

Reyes Magos. Arlés Saint Trophime. Portada
Los Reyes Magos. Saint Trophime d´Arlès

1. Introducción

La escena de la Epifanía o la Adoración de los Magos es una de las representaciones más tempranas de la Iconografía Cristiana. Su simbología es variada y llena de matices, pero a grandes rasgos podría señalarse que la Epifanía transmite el mensaje de la Redención Universal de Cristo, es decir, Cristo ha venido para todas las naciones, para todos los seres humanos, con independencia de su raza u origen.
La formación de la iconografía de los Reyes Magos es un proceso lento que se alarga durante cerca de cinco siglos. En esta primera parte se estudiarán las fuentes escritas que forman la imagen iconográfica así como sus diferentes matices y aportaciones a la imagen definitiva de la Epifanía.

 

2. Las Fuentes Canónicas.

De los cuatro evangelios canónicos (Mateo, Marcos, Lucas y Juan) el único de ellos en tratar el tema de la Adoración de los magos es el de Mateo (Nota 1). En los otros tres no encontramos referencia alguna.
La datación del Evangelio de Mateo supone ya un problema en su origen. Los estudiosos más tradicionales sitúan la redacción de su evangelio alrededor del año 80 d. C., sin embargo, estudios más recientes y pormenorizados se atreven a adelantar su redacción a fechas tan tempranas como el año 45 o 55 después de Cristo (Nota 2). Sería pertinente tratar de averiguar de qué fuente extrajo Mateo el episodio de la Adoración de los Magos.
El autor del Evangelio de Mateo utiliza tres fuentes distintas para escribir su obra. La más evidente es el Evangelio de Marcos, de redacción anterior, y que a su vez sirve como referencia a todos los llamados “Evangelio Sinópticos” (Marcos, Mateo y Lucas). La segunda fuente, también común a los sinópticos, es la llamada Fuente Q, un conjunto de frases supuestamente dichas por Cristo (Nota 3). La última fuente usada por Mateo, y exclusiva de él, es la llamada Fuente M, un conjunto de tradiciones orales. Dado que Mateo es el único evangelista en narrar la Adoración de los Magos y que, asímismo, también es el único en usar la Fuente M, es lógico pensar que es dicha fuente de tradición oral la que contenía el episodio de la Adoración de los Magos. Por lo tanto encontramos con que la Epifanía es un suceso contenido en la tradición oral de los primeros cristianos y cuyo origen se pierde a partir de ahí.
El episodio es narrado con cierto detalle por el evangelista. En la versión griega del Evangelio de Mateo (la única de la que disponemos, ya que la versión aramea, más antigua, hoy está perdida e incluso hay quien se plantea su existencia) se nos dice que en un momento dado, poco después del nacimiento de Jesús, llegaron de “oriente” (Nota 4) un número indeterminado de “magos” que llevaban tres dones para el niño recién nacido: “oro, incienso y mirra”. Con respecto a sus nombres, sus números o su lugar concreto de origen no se especifica nada más. Vemos, pues, que se trata de un relato típicamente imbuido del estilo propio de la tradición oral.

 

3. Las Fuentes Apócrifas.

Dada la escasez de datos que ofrece el evangelio de Mateo a propósito de los misteriosos personajes que llegaron de Oriente a agasajar al Niño Jesús, no es de extrañar que con la redacción de los Evangelios Apócrifos se pretendiera proporcionar más datos sobre estos “magos” que enriqueciesen la imaginería y devoción popular. Iremos estudiándolos uno por uno.

- Apócrifos de la Natividad:

Protoevangelio de Santiago: Se data su redacción alrededor de los siglos II y IV. El Protoevangelio constituye una fuente incesante de imagines piadosas sobre la vida de la Virgen y san José antes del nacimiento Cristo, sin embargo, en los episodios propios de la Natividad, copia a grandes rasgos lo ya narrado en los Evangelios Canónicos. En cuanto al episodio de la Epifanía, no se añaden nuevos detalles a la versión de Mateo, lo cual inclina a pensar que su datación debería situarse más cercana al siglo II que al IV.

Evangelio del Pseudo Mateo: Datado en torno al siglo IV. Fundamentalmente consiste en una copia más o menos ampliada del Protoevangelio, sin embargo añade algunos detalles nuevos al episodio de la Adoración de los Magos. En primer lugar, se dice que tal suceso aconteció dos años después del Nacimiento, además se añade que entre los ya conocidos dones que los magos ofrecieron a Jesús (oro, incienso y mirra) había también tres monedas de oro. Esto es reflejado en algunas imágenes posteriores en las cuales vemos como uno de los reyes ofrece al Niño tres discos dorados. El hecho, además, de que se especifique la edad del Niño hará que en futuras representaciones gráficas del episodio el Niño Jesús no sea un bebé aún en su cuna, si no un niño ya más o menos formado, sentado en las rodillas de la Virgen. Este apócrifo fue el que más influyó en Santiago de la Vorágine a la hora de narrar el episodio de la Epifanía en su “Leyenda Dorada”.

• “Liber de Infantia Salvatoris”: Se data en una fecha tan tardía como el siglo IX, por lo cual recoge en su narración gran parte de la iconografía típica de la escena de la Epifanía, que en aquellas fechas ya estaba prácticamente formada. Este es el motivo por el cual sus descripciones sean las más detalladas. En este Apócrifo ya no se denomina a los magos como tales si no que se les califica de “adivinos”, además se describe su vestimenta, que consiste en unos “birretes y unas sarabaras ceñidas al tobillo”, es decir, la típica vestimenta del mago. Se añade además un detalle curioso, y es que entre los dones que portan para el Niño llevan también la diadema real de Herodes así como un anillo que recibió como regalo del rey de Persia; Herodes entrega esas joyas a los magos con el encargo de que se las den al niño y de esta forma les engaña, haciéndoles creer que él también le rinde pleitesía.

- Apócrifos de la Infancia:

Evangelio Árabe de la Infancia: Escrito con posterioridad al siglo VI. La única novedad que añade con respecto a los ya vistos es que narra como la Virgen, en agradecimiento a los regalos que los magos han traído, les entrega como reliquia uno de los pañales del Niño.

Evangelio Armenio de la Infancia: Escrito alrededor del siglo VI. En él encontramos importantes novedades con respecto a los demás evangelios: es el primero en calificar de “reyes” a los misteriosos personajes venidos de Oriente, y no sólo eso, si no que además especifica un origen concreto (Persia) y un número determinado: tres. En este apócrifo es en el primero en que se dirige a los magos adjudicándoles un nombre a cada uno: Melkón, a quien atribuye un origen persa, Baltasar, de origen Indio, y Gaspar, de origen árabe. Además describe con gran detalle el cortejo que los acompaña e introduce una interesante novedad teológica: la carta de Set. Según este apócrifo, estos reyes de oriente conocían de antemano el nacimiento de Jesús gracias a una carta que Dios entregó a Adán y éste a sus sucesores en la cual predice ya el nacimiento de quien ha de salvarle del pecado original. Este hecho es importante ya que en base a él se adjudicará a los magos una ascendencia que se remontará a Adán, y de hecho servirá posteriormente para identificar a cada uno de ellos con cada uno de los tres hijos de Noé: Cam, Sem y Jafet.

4. Otras Fuentes:

La iconografía de los Reyes Magos no se formó en exclusividad en base a los evangelios canónicos y apócrifos, de hecho, la mayoría de los apócrifos que recogían datos más detallados sobre estos personajes se limitaban a poner por escrito una tradición que ya existía antes en imágenes y que había sido codificada mediante los escritos de los primeros exegetas, pontífices y padres de la Iglesia.

Así, por ejemplo, en lo referido a su número, el primero en establecerlo en tres fue Orígenes de Alejandría ya en el siglo II. Antes de eso, e incluso en fechas ligeramente posteriores, el número de magos fluctuaba entre los 12 aparecidos en algunas imágenes catacumbarias hasta llegar a los 60, en imágenes aparecidas en iglesias de la zona de Siria y Armenia. Orígenes establece su número en tres basándose en cada uno de los dones que llevan al Niño. Posteriormente, en el siglo IV, el papa León I en sus “Sermones para la Epifanía” establece en tres el número “oficial” de magos aceptado por la doctrina eclesiástica. Estos tres magos se pondrán en relación además con las tres edades del hombre (juventud, madurez y ancianidad), quierendo así simbolizar también el papel de Jesús como señor del Tiempo. Además, el número tres se pondrá en relación con las tres razas conocidas por entonces, basándose en textos apócrifos del Génesis, que narran como al crear a la humanidad del barro, Dios escoge tres montones diferentes de humus, cada uno de un color: blanco, cobrizo y negro; y cada uno de estos montones da lugar a una raza diferente. El primero en hacer este paralelismo será Beda el Venerable, en el siglo VIII, sin embargo no será habitual ver a uno de los tres reyes con rasgos negroides hasta fecha tan tardía como el siglo XIV.
En lo referido a sus nombre, a parte del Evangelio Armenio de la Infancia, quien más en detalle tratará este aspecto será Santiago de la Vorágine en su “Leyenda Dorada”, el cual no solo ofrece los nombres ya citados en el Evangelio Armenio si no que además añade otras dos etimologías, una en hebreo (Apelio, Amerio y Damasco) y otra en griego (Gálgala, Malgalat y Sarathin); aunque la fuente de la que se sirve Santiago de la Vorágine al respecto no es desconocida. De lo que no cabe duda es de que el autor o autores del Evangelio Armenio se basaron en etimologías acadias y persas para nominar a los magos de oriente, de esta forma “Melkón” sería un nombre de origen acadio cuyo significado es “rey”, y “Baltasar” sería un nombre creado a partir de una raíz persa y acadia cuyo significado sería “Baal es Rey”; en cuanto a “Gaspar” no se sabe seguro cual sería su origen etimológico, pero es lógico pensar que fuese cual fuese su significado último sería similar al de sus dos compañeros. Por lo tanto, los nombres que se dan a los magos son diferentes formas de aludir a su condición regia.
A propósito de su condición de reyes, es el exegeta Tertuliano el primero en aludir a ella en uno de sus escritos. Para elevar a aquellos tres magos al rango de gobernantes, Tetuliano se basa en el Salmo 72 del Antiguo Testamento, en el cual, referido a la llegada del Mesías, se puede leer lo siguiente:

Los reyes de Tarsis y de las islas le ofrecerán sus dones,
y los soberanos de Seba y de Saba le pagarán tributo.
Postraránse ante él todos los reyes,
y le servirán todos los pueblos.

 Nótese además que las naciones a las que se hace referencia en el salmo son justamente tres, al igual que el número en que se establecerían los magos.
Estos tres reyes magos llegan ante el Niño montados en camellos, una imagen que no será muy representada hasta épocas muy tardías, de hecho, nos es más usual encontrarlo en diversos Belenes de época barroca y época actual más que en frescos y dibujos de fechas anteriores; no obstante lo cual consideramos que sería interesante establecer el origen de dichos animales.
Según Santiago de la Vorágine el origen de los camellos se encontraría en unas palabras del profeta Jeremías. En este caso la Leyenda Dorada comete un error. El origen ya fue establecido por san Agustín, y se encuentra en el libro del profeta Isaías (Nota 5), donde podemos leer el siguiente fragmento:

Te cubrirán muchedumbres de camellos,
de dromedarios de Madián y de Efa.
Todos vienen de Saba, trayendo oro e incienso,
pregonando las glorias de Yavé. (Nota 6)

 San Agustín, además, hace una puntualización: dado que había que explicar de alguna forma el reducido tiempo que tardaron los Reyes Magos en cubrir la amplia distancia de su viaje, san Agustín dice que éstos debieron viajar a lomos de dromedarios, no de camellos, por ser mucho más rápidos. Él mismo san Agustín, que vivió en África, pudo comprobar con sus propios ojos cual de las dos especies era más rápida y de ahí sus puntualización. Así lo recoge Santiago de la Vorágine, el cual además busca en la palabra “dromedario” una relación con el término griego “dromos”, que significa rapidez.

5. Bibliografía:

• CARMONA MUELA, Juan. “Iconografía cristiana: guía básica para estudiantes”. Ed. Istmo. Madrid. 2003.
• PUIG, Armand. “Jesús. Una biografía”. Ed. Destino. Barcelona. 2005.
• SANTOS OTERO, Aurelio. “Los Evangelios Apócrifos”. Biblioteca de Autores Cristiano. Madrid. 2004.
• VORÁGINE, Santiago de la. “La Leyenda Dorada”. Tomo I. Ed. Alianza Forma. Madrid. 2002.
• NACAR – COLUNGA. “Sagrada Biblia”. Biblioteca de Autores Cristianos. Madrid. 1981.

Notas____________________

1 Mateo 2:1-12.

2 Las dataciones más tardías se basan en el fragmento evangélico de Mateo en el que Cristo predice la destrucción de Jerusalén, y se cree que este suceso alude al saqueo de Jerusalén por las legiones romanas en el año 70. Sin embargo algunos estudiosos consideran que el autor del evangelio de Mateo no tenía por qué referirse a ese hecho en concreto, considerando que las profecías escatológicas eran algo usual en la literatura judía anterior. A todo esto cabe añadir que se considera prácticamente un hecho que el evangelio de Lucas se basó en gran medida en el de Mateo y, por lo tanto, éste último ya existía cuando se redactó el primero, así como los “Hechos de los Apóstoles”. Si tenemos en cuenta que los Hechos de los Apóstoles debieron ser escritos antes del año 67 (la muerte de Pablo de Tarso), no resulta descabellado situar la redacción del evangelio de Mateo alrededor del año 55 o incluso anterior. No obstante, hoy en día sigue sin haber acuerdo en el mundo académico sobre el particular.

3 Los últimos estudios del “Jesus Seminar” reducen sensiblemente ese número de frases o sentencias a apenas una decena, sin embargo diversos estudioso han señalado el hecho de que el sistema de los miembros del JS para señalar la autenticidad o no de las sentencias de la Fuente Q tiene mucho de arbitrario. El tema sigue siendo objeto de debate.

4 Traducción del término griego que aparece en el Evangelio de Mateo y que literalmente significaría: “el lugar de donde sale el sol”.

5 Isaías 6: 6.

6 De nuevo nótese que se hace referencia a tres regiones diferentes, de donde se puede deducir que los exegetas no actuaban a la ligera ni por capricho a la hora de establecer el número de magos, si no que se basaban en puntuales fragmentos del Antiguo Testamento referidos a profecías mesiánicas.

 


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