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Estética románica Psicología del Arte ¿Qué percibimos ante la obra románica?

¿Qué percibimos ante la obra románica?
Algunas anotaciones
Psicología del Arte. ¿Qué percibimos ante la obra románica?

La psicología del arte tiene como punto obligado de partida el estudio de la percepción. La percepción es una cualidad global que trasciende los elementos constitutivos particulares.

El arte no sólo es susceptible de ser comprendido, sino que su explicación es del todo necesaria para comprender la conducta humana. (Arnheim). Los objetos de arte son la huella que deja la conducta humana.

Todos somos artistas en sentido amplio en la medida en que nos sentimos conmovidos por una determinada obra ó escuela
.
Si toda experiencia artística concreta parte de la percepción dejamos fuera todos los fenómenos que se asocian con la emoción estética.

Con las frases precedentes iniciamos un apartado que no se sabe donde acabará; cada día hay nuevas aportaciones en la investigación de la psicología y en su aplicación al arte, avances cuya consideración quizás nos ayuden a mejor comprender nuestro estimado arte románico.

Hoy introducimos conceptos relacionados con el color, la forma y la perspectiva


El color

La estructura perceptiva del color depende en primera instancia en nuestra especie de la presencia de unos pocos tipos distintos de pigmentos en los conos de la retina, pigmentos que responden a la luz de diferentes longitudes de onda.

Esos pigmentos son sensibles a unos determinados colores a los que se suele llamar primarios, porque son los que excitan la activación de las células encargadas de recoger en la retina las alternativas cromáticas. Actualmente se sabe que esos tres colores primarios son el rojo, el verde y el azul, más el amarillo como primera combinación, porque son aquellos para los que el ojo humano asocia y combina longitudes de onda largas (roja), medias (verde) y cortas (azul).

Las distintas fibras de la retina están especializadas en uno de esos tres colores y su activación es lo que transmite al cerebro la sensación de ese color respectivo. El cuerpo humano dispone, pues, de genes para los colores gracias a los cuales cada individuo o el conjunto percibe unas sensaciones en función de la combinación de las longitudes de onda generada en la percepción.

Esa combinación de colores y su efecto era intuida por los miniaturistas medievales y explica la disposición de franjas cromáticas en las iluminaciones.

Ahora bien, la percepción del color no depende sólo de la longitud de onda percibida por la retina, existe un fenómeno llamado “constancia del color” por el que cuando varían las longitudes de onda emitidas el color se mantiene variando sólo el tono, este fenómeno se explica en parte por la habilidad desarrollada por el perceptor, en este caso el ser humano, de fijar estabilidad en la percepción cromática, lo cual conduce a evidenciar que la percepción psicológica del cromatismo no tiene por qué coincidir con la percepción retiniana.

Al momento actual no hay conclusiones técnicas definitivas que justifiquen esa variación, al parecer debida a la combinación transmitida al córtex por células del nervio óptico de longitud de onda y luminosidad.

En síntesis, nuestro cerebro dispone de propiedades funcionales para crear la percepción/representación psicológica del color y para dar a los colores un contenido emocional/asociativo. Estudios empíricos concluyen que al color rojo se le asocia con la idea de actividad, al azul pasividad y que la saturación indica potencia.


Psicología del Arte. ¿Qué percibimos ante la obra románica?

La forma

Cada día vemos películas de cine, incluso de acción, que no son más que la sucesión de fotogramas estáticos que provocan en nuestra mente una idea de movimiento, es el efecto “phi-fenómeno”.

Pero, ¿qué patrón se sigue para transformar en la mente la suma de componentes en un concepto global? La sensación visual, la identificación que hacemos de lo que estamos viendo procede de una aproximación desde arriba, a partir de la estructura general del objeto que estamos percibiendo. El patrón general determina el lugar y la función de cada una de sus partes, y la naturaleza de la relación de ésta con las demás partes del objeto, pero el individuo realiza su agrupación perceptiva en función de un impulso perceptual, una inclinación de la mente que actúa sobre el sistema nervioso, un impulso capaz de hacer “ver” un objeto completo a partir de algunos de sus componentes, quizás cultural.

En función de este impulso, es posible intentar definir una ley de la buena forma que facilite al individuo no ya un equilibrio, sino una mayor riqueza dinámica, en virtud de lo que los psicólogos llaman principio de la complejidad dinámica, alcanzable a cualquier nivel de abstracción. Se trata de obtener una complejidad placentera.

Las transformaciones de forma y tamaño a través de la perspectiva, la acentuación de algunas partes y la eliminación de otras, la combinación de luces y sombras, la modificación del color local mediante el reflejo permiten la presencia de un juego con la forma, el color, la luz y la textura procurador del placer epicúreo.

Lo que sabemos o lo que creemos afecta al modo en que vemos las cosas.


Psicología del Arte. ¿Qué percibimos ante la obra románica?

La perspectiva inversa

A veces, cuando miramos pinturas románicas, como a los iconos orientales, especialmente al fijarnos en objetos de caras plana y aristas rectilíneas como los edificios, libros, mesas, o sillas quedamos asombrados por su manera irritante de oponerse a las reglas de la perspectiva lineal, es un ejemplo que también podemos aplicar ocasionalmente a la escultura románica, parece como que el autor ignorase las leyes básicas del arte.

Igualmente, en lo que respecta a los planos complementarios, es decir, a las lineas paralelas que no pertenecen al plano del objeto principal, las cuales estarían obligadas a converger en la linea del horizonte, parece a veces ocurrir lo contrario.

Y sin embargo, estas aparentes muestras de ignorancia no provocan aflicción, quizás incluso provoquen placer. Incluso parece que es mejor artista el que más yerra. A su lado, el más correcto parece frio, falto de vida…aburrido.

Quizá es que lo que atrae no es el modo de representación en sí mismo, sino la inocencia y el primitivismo de un arte, acaso infantil, que descuida la gramática.

Mas siendo sus autores maestros calificados, habría de preguntarse si la ingenuidad no será, en realidad, de quien la atribuye..

Es la perspectiva invertida o conversa, a veces incluso representada con centros múltiples, una forma de ver alejada de convencionalismos, una práctica auténtica quizás ideada por los egipcios en sus pinturas murales, grandes conocedores de lo que la perspectiva significaba.

(Basado en obras de Gisèle Marty y de Pável Florensky, de la biblioteca del Círculo románico)


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