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Investigación Lugares Santiago de Turégano Turégano, Segunda Parte.

Turégano, Segunda Parte.

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Como se indicó al iniciar este artículo del que ahora se pone a la luz su segunda parte, se tiene que tener en cuenta que se trata de la crónica de una investigación realizada en directo a través de un foro de debate on-line dedicado al estudio del arte románico. El artículo se cerró con una primera conclusión en la que se proponía la identificación de Santiago el hermano del Señor como el inicial santo titular del templo y, además, se postulaba la figura de Rodrigo Jiménez de Rada como el teólogo redactor de este programa iconográfico; un prelado, Magister Theologiae y arzobispo de Toledo, cuya presencia en la villa episcopal de Turégano a principios del siglo XIII, está plenamente documentada.

Después de algunas preguntas puntuales, el trabajo de identificación de los retablos románicos del templo de Santiago de Turégano se reanudó de forma parcial con la intención de llegar a la máxima precisión iconográfica. Parecía que todavía no estaba clara la precisión escultórica de la forma del báculo que sostenía el santo apóstol identificado con Santiago el hermano del Señor. Además, se contrastaba con el hecho evidente de que en el otro relieve se producía la presencia clara y evidente de un báculo en forma de Tau que sostenía uno de los seis personajes del retablo presidido por la Maiestas Dómini y el Tetramorfos.


Santiago de Turégano. Turégano,  Segunda Parte.

Ante las dudas reiteradas basadas simplemente en que el báculo que sostiene el santo estaba incompleto y que podía faltarle un trozo con el que se completaría una Tau, símbolo asociado al arzobispo de Santiago de Compostela, se volvió a una idea ya trabajada. Como ya se había manifestado, era evidente el simbolismo que, en el Antiguo Testamento, había adquirido la Tau en clave profética a través de un profeta perteneciente a la casta sacerdotal, Ezequiel. Un hombre preocupado por el regreso a Jerusalén: «Yahvéh llamó entonces al hombre vestido de lino que tenía la cartera de escribano a la cintura, y le dijo: "Recorre la ciudad, Jerusalén, y marca una tau en la frente de los hombres que gimen y lloran por todas las abominaciones que se cometen en ella". Y a los otros oí que les dijo: "Recorred la ciudad detrás de él y herid. No tengáis piedad, no perdonéis; matad a viejos, jóvenes, doncellas, niños y mujeres hasta que no quede uno. Pero no toquéis a quien lleve la tau en la frente. Empezad por mi santuario"». (Ezequiel IX, 3-6)

Un simbolismo que, como se acabó descubriendo, conocía perfectamente el arzobispo de Toledo, Rodrigo Jiménez de Rada, pues lo había escuchado nada más ni nada menos que de boca del mismo Papa Inocencio III en la jornada inaugural del IV Concilio de Letrán. Sin embargo, en el transcurso del inicio de esta nueva búsqueda de precisiones o matizaciones y tal y como ya se había recogido en la primera parte de este estudio, se tuvo presente que, ya en 1212, Jiménez de Rada había ido a Roma a pedir al Papa la aprobación de una Cruzada en Occidente contra los almohades, una cruzada que él mismo había predicado en toda Europa debido a la gran amenaza que suponía para la Cristiandad. De hecho, en Pentecostés de 1212, Inocencio III impuso en Roma un ayuno de tres días por la victoria de los cristianos en España.


Santiago de Turégano. Turégano,  Segunda Parte.

En este contexto de cruzada contra el infiel, también se debe incluir la figura del propio Papa, quien no sólo había promovido la llamada Cruzada albigense sino que también acabó impulsando la IV y la V cruzada de Tierra Santa. Con todos estos datos, se pretendía precisar todavía más un contexto histórico en el que hubiese sido posible la creación de los dos retablos románicos de Turégano y, en especial, el retablo en el que se colocaron seis personajes a los que, en la primera parte de este estudio, se habían identificado ya como obispos, apartándose así, desde el principio, de los estudios que postulaban que, en la fila inferior, se encontraban las imágenes de un obispo, un rey y una reina.

Todo cambió cuando se encontró una nota bibliográfica que remitía de forma directa a este retablo románico de Turégano.

 “Después de describir la triste situación de los Santos Lugares hollados por los Sarracenos, el Pontífice lamentó los escándalos que desacreditaban el rebaño de Cristo y lo amenazó con los divinos castigos si no se enmendaba. Evocó la famosa visión de Ezequiel, cuando Yahvéh, agotada la paciencia, exclama con voz poderosa: «"Acercaos, vosotros que veláis sobre la ciudad; acercaos con el instrumento de exterminio en vuestras manos". Y he aquí que seis hombres llegaron con sendos azotes en sus manos. Entre ellos estaba un varón vestido de lino, con recado de escribir a la cintura. Y díjole Yahvéh: "Recorre Jerusalén, y señala con una TAU las frentes de los justos que se encuentren en ella". Y dijo a los otros cinco: "Recorred la ciudad tras él, y exterminad sin piedad a cuantos encontréis; mas no toquéis a ninguno que esté señalado con la TAU". "¿Quiénes son -continuó el Papa- los seis varones encargados de la venganza divina? Ésos sois vosotros, Padres conciliares, que, valiéndoos de todas las armas que tenéis a mano: excomuniones, destituciones, suspensiones y entredichos, habéis de castigar implacablemente a cuantos no estén señalados con la TAU propiciatoria y se obstinen en deshonrar la Cristiandad».- «En su discurso de Letrán, Inocencio III había señalado con el signo Tau a tres clases de predestinados: los que se alistaren en la cruzada; aquéllos que, impedidos de cruzarse, lucharen contra la herejía; finalmente, los pecadores que de veras se empeñaren en reformar su vida» (O. Englebert, Vida de S. Francisco de Asís. Santiago de Chile 1973, pp. 226 y 238).

Era evidente que el teólogo redactor de Turégano había tenido presente este texto a la hora de crear su retablo. No sólo eso, como ya se había documentado, el arzobispo de Toledo Rodrigo Jiménez de Rada estuvo presente en las sesiones del IV Concilio le Letrán con un fin determinado que lo alejaba de Santiago de Compostela: "Destaca, a continuación, la actuación del prelado (Ximénez de Rada) en el Concilio de Letrán, 1215, como defensor de la primacía de su sede (Toledo) frente a las pretensiones de las de Braga, Compostela, Tarragona y Narvona." (Boletín de la Real Academia de la Historia. Tomo CXCII. Número 1. Año 1995. p.111)

De esta manera, al iniciarse esta segunda parte del estudio con la intención de aclarar las reiteradas referencias a la posible existencia de un báculo con forma de Tau, se tuvo todavía más claro que no todo lo relacionado con el simbolismo de la Tau tenía que pasar necesariamente por Santiago de Compostela, como proponían otros estudios, ya que la voz de autoridad del Papa bien podía haber influido en el pensamiento de uno de los Padres conciliares presentes en el IV Concilio de Letrán. Además, como ya se había demostrado convenientemente, el poderoso arzobispo, Rodrigo Jiménez de Rada, buscó, incansablemente, que se le concediese la primacía de su sede de Toledo sobre los demás obispados hispanos, incluido el de Santiago de Compostela, en dicho concilio.
 

Santiago de Turégano. Turégano,  Segunda Parte.

El retablo de Turégano era un reflejo perfecto de las palabras de Inocencio III: 
"¿Quiénes son -continuó el Papa- los seis varones encargados de la venganza divina? Ésos sois vosotros, Padres conciliares.” Por lo tanto, una apología a la las personas de los obispos presentes en el concilio en la que se vio claramente reflejado Jiménez de Rada, quien unos años antes había acudido a Roma a solicitar una cruzada. El mismo Papa le acababa de confirmar lo que tenía que hacer como Padre conciliar: “valiéndoos de todas las armas que tenéis a mano: excomuniones, destituciones, suspensiones y entredichos, habéis de castigar implacablemente a cuantos no estén señalados con la TAU propiciatoria y se obstinen en deshonrar la Cristiandad» No sólo eso, Inocencio III “había señalado con el signo Tau a tres clases de predestinados: los que se alistaren en la cruzada; aquéllos que, impedidos de cruzarse, lucharen contra la herejía; finalmente, los pecadores que de veras se empeñaren en reformar su vida.” ¿No había promovido una cruzada el propio Jiménez de Rada?

Santiago de Turégano. Turégano,  Segunda Parte.

El contexto histórico se iba cerrando. Después, se recordó que, en la primera parte del estudio, ya se había puesto de manifiesto que esas seis figuras no se podían explicar al margen de la iconografía representada en la parte superior del retablo en la que se había esculpido una Maiestas Dómini y los cuatro Vivientes, una iconografía que volvía a remitir al pensamiento del mismo profeta Ezequiel:

“1:10 Y el aspecto de sus caras era cara de hombre, y cara de león al lado derecho de los cuatro, y cara de buey a la izquierda en los cuatro; asimismo había en los cuatro cara de águila. 1:26 Y sobre la expansión que había sobre sus cabezas se veía la figura de un trono que parecía de piedra de zafiro; y sobre la figura del trono había una semejanza que parecía de hombre sentado sobre él.1:28 Como parece el arco iris que está en las nubes el día que llueve, así era el parecer del resplandor alrededor. Esta fue la visión de la semejanza de la gloria de Jehová. Y cuando yo la vi, me postré sobre mi rostro, y oí la voz de uno que hablaba.”(Ezequiel, I)

 

Un Tetramorfos que también conducía no sólo al Apocalipsis y a la idea del Trono de Dios y a la Segunda Parusía, sino también a la teología de la Carta del Apóstol Santiago, tal y como ya se había contextualizado:

“Tened, pues, paciencia, hermanos, hasta la Venida del Señor. Mirad: el labrador espera el fruto precioso de la tierra aguardándolo con paciencia hasta recibir las lluvias tempranas y tardías. Tened también vosotros paciencia; fortaleced vuestros corazones porque la Venida del Señor está cerca. No os quejéis, hermanos, unos de otros para no ser juzgados; mirad que el Juez está ya a las puertas.” (Carta de Santiago, V, 7-9)

 

Se estaba trabajando con un pensamiento teológico que, a su vez, conducía a la propia hagiografía de Santiago, el hermano del Señor:
 “El día de Pascua, aquellos mismos hombres que trataron de seducirle llevaron al apóstol a la terraza más alta del templo, a fin de pudiera ser bien visto y oído por las multitudes y le dijeron a voces:
-¡Santiago! ¡Tú eres el más honesto de todos los hombres! Todos acatamos tu testimonio. Dinos, pues, aquí, públicamente, qué opinión te merece la actitud de esas gentes que andan por ahí errantes, detrás de ese Jesús crucificado.
Santiago, también con voz muy fuerte, respondió:
- ¿Queréis saber lo que yo pienso acerca del Hijo del hombre? Pues prestad atención: pienso que está sentado en el cielo, a la derecha del Sumo Poder, y que un día vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos.”(Crónica del martirio de Santiago el hermano del Señor)

En este análisis, tampoco se podía olvidar un dato histórico recogido por la historiografía. El 3 de mayo de 1440 fue la fecha escogida por el obispo Lope de Barrientos para celebrar sínodo en la iglesia de San Miguel de Turégano, villa de jurisdicción episcopal, en el que presentó su Instrucción Synodal. Es decir, una fecha cercana a la celebración de Santiago el hermano del Señor (1 de mayo tradicionalmente, aunque después se pasará al 3 de mayo). Santiago el Menor no sólo era conocido por ser el primer obispo, sino también por haber dado al cristianismo su primera liturgia y por haber sufrido el martirio en Pascua, como el propio Cristo. Se estaba hablando de un sínodo celebrado en una villa de jurisdicción episcopal.

No todo el simbolismo de esta aportación se acababa ahí. Existía un segundo dato histórico relacionado también con el obispo que había convocado ese sínodo. Aunque se le había ofrecido el arzobispado de Santiago al obispo de Segovia Lope de Barrientos, residente durante años en el castillo de Turégano porque no quiso hacerlo en la capital, lo acabó rechazando. Han pasado los siglos, pero parece ser que, al menos por una segunda vez, nos encontramos con un obispo que reside en Turégano y que no mantiene buenas relaciones con la sede del arzobispado de Santiago hasta el punto de no aceptarla.
 

Santiago de Turégano. Turégano,  Segunda Parte.

Todas estas coincidencias llevaban de nuevo hacia lo que ya se había propuesto: Los relieves románicos de Turégano se concibieron como una exaltación de la persona más importante en una villa de jurisdicción episcopal, el obispo, a través del primer obispo de todos, Santiago el hermano del Señor. Y, claro está, si existe un símbolo evidente de la autoridad de un obispo, éste no es otro que su báculo. Por eso, todavía se buscaron referencias tanto a partir del origen de su simbología como indagando su significado litúrgico. El báculo era uno de los elementos iconográficos más claros que permitía postular que toda la iconografía de los magníficos relieves de Turégano se pensó en clave episcopal. Desde esta perspectiva, se había estado interpretando siempre el relieve de la figura del santo.

 

Era una evidencia manifiesta que el báculo de Turégano se realizo de forma curvada. La misma forma del báculo llevó a la siguiente pregunta. ¿La liturgia situada en la época histórica de Turégano recogía algún simbolismo o alguna interpretación teológica de cómo se debía entender el mensaje teológico que significa un báculo episcopal? De nuevo, se buscó información a través de Inocencio III y de sus escritos en torno al IV Concilio de Letrán. Se encontró la siguiente referencia en la página electrónica Lexorandi, una página que se define como una iniciativa de profesores y estudiosos de la lex orandi en España, que desean promover el conocimiento de la ciencia litúrgica y una más profunda adhesión al Misterio del culto cristiano:

“El Báculo como insignia litúrgica de los Obispos y de los Abades data del siglo VII en algunas fuentes españolas, por su uso se podría decir que es anterior a esta fecha. Parece que el Báculo como símbolo de la autoridad episcopal pasó de la península ibérica a Inglaterra, la Galia y la Germania. Sin embargo, por las descripciones de la Solemne Misa Papal en los Ordines Romani no aparece su uso. También las representaciones de los Papa confirman que el Báculo episcopal no formaba parte de las insignias del Papa, ya que no se ve en ningún monumento iconográfico hecho en Roma. Por lo cual, Inocencio III (†1216) escribe en su De sacro altaris mysterio (I, 62): “Romanus Pontifex pastorali virga non utitur”.

La razón de esta costumbre reside quizás en el hecho de que el Báculo era un símbolo de investidura del Obispo electo por parte del Metropolitano o de otro Obispo (ceremonia que desde el periodo carolingio hasta la época de la lucha de las investiduras era algo propio de los reinos seculares). El Papa no recibía la investidura por parte de otro Obispo, como indicó Bernardo de Botono de Parma (†1263) en la Glossa ordinaria de las Decretales de Gregorio IX (I, 15): El Papa solo recibir el poder de Dios. Santo Tomás de Aquino hace un razonamiento ulterior, cuando comenta que “Romanus pontifex non utitur baculo … etiam in signum quod non habet coarctatam potestatem, quod curvatio baculi significat” (Super Sent., lib. 4 d. 24 q. 3 a. 3 ad 8), refiriéndose a la forma común del báculo doblado en su parte alta, como un signo del cuidado pastoral y de la jurisdicción.”

Santiago de Turégano. Turégano,  Segunda Parte.

Teníamos una primera explicación. El Romano Pontífice no utiliza el báculo como signo porque no tiene coartada su potestad que es precisamente lo que significa la curvatura del báculo, quod curvatio baculi significat. De nuevo, se había logrado contextualizar un elemento de uno de los retablos románicos de Turégano. Sin embargo, lo que era difícil de explicar era la presencia de esa cabeza de lobo colocada sobre la figura de Santiago. Por eso, de nuevo, volvieron las preguntas. ¿Se puede relacionar una cabeza de lobo colocada entre hombres con un obispo y su báculo?

Desde el principio, se vincularon estos dos magníficos relieves de Turégano con la exaltación de la figura del obispo a través del primero de todos ellos, Santiago el hermano del Señor, el primer obispo cristiano de Jerusalén.
Actualmente, su fiesta se celebra el 3 de mayo, día en que se celebraba la antigua fiesta de la Invención de la Santa Cruz. Sin embargo, la fiesta de Santiago el hermano del Señor (junto a Felipe) se celebraba el 1 de mayo. Tradicionalmente, también se recordaba su martirio el 25 de marzo, junto al de Cristo. Estas fechas remitían a la primera semana de mayo, en la que antiguamente, en Turégano, se celebraban ferias. En este contexto que se estaba trazando, tampoco se debía olvidar que el 3 de mayo de 1449 había sido la fecha escogida por el obispo Lope de Barrientos, aquel que tampoco aceptó ser arzobispo de Santiago de Compostela, para celebrar sínodo en la villa episcopal de Turégano.

¿Qué pintaba el lobo en medio de toda esta historia de fechas? Se debía crear un contexto para entender la relación entre algunos de los detalles plásticos de estos relieves y el período histórico en el que se crearon. El teólogo redactor de este programa iconográfico conocía un sermón que permitió interpretar la simbología de los elementos escultóricos que se estaban comentando. La explicación se realizó a través de un extracto de la tesis doctoral del doctor Manuel Ambrosio Sánchez, Un sermonario castellano medieval, Ediciones Universidad Salamanca 1999, (volúmenes I y II)

“En su lugar se abre paso otra similitudo, más tópica incluso que la anterior: la cruz como CAYADO DE PASTOR. Veremos ahora un nuevo sistema, posiblemente el más común en los sermones medievales, el que PRESENTA A LOS PRELADOS COMO PASTORES, AL DIABLO COMO LOBO.” (Vol. I. p. 158)

En dicho sermonario existe el llamado SERMÓN SANCTE CRUÇIS, basado en este versículo del profeta Isaías: “Exaltetur BACULUS qui utique Lignum est.” Un sermón que según el doctor Manuel Ambrosio Sánchez se leía indistintamente o el 14 de septiembre (fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz) o el 3 de mayo (fiesta de la Invención de la Santa Cruz), esa cercana a la celebración de Santiago el hermano del Señor y su coincidencia con el Sínodo de Turégano. Se documentó que en ese sermón se podían leer cosas como las siguientes:

“Y así como la Cruz es llamada BÁCULO (blago en el texto, todavía lo recoge el DRAE), el BÁCULO está hecho a semejanza del CAYADO DE PASTOR, por eso, los PRELADOS de la Santa Iglesia, que son dichos PASTORES, llevan los BÁCULOS en las MANOS... De esta manera todo buen pastor SE PONE SIEMPRE EN LUGAR ALTO Y TIENE LA CAYADA EN LA MANO para que siempre vea las OVEJAS y vea al LOBO si viene con ellas y LO PUEDA ESPANTAR CON AQUELLA CAYADA para que no llegue a ellas. Y así la SANTA CRUZ, QUE ES EL BÁCULO DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO DEBE SER PUESTO SOBRE EL ALTAR que es lugar alto y honrado, donde mora siempre nuestro Señor Jesucristo, que es NUESTRO PASTOR, y la PUEDAN TODOS VER Y ADORAR FIELMENTE, porque por ella puedan ser defendidos y guardados de los LOBOS, QUE SON LOS DIABLOS... Donde cada uno de nosotros debe decir aquellas palabras del profeta David: “Señor tu VERGA (palo delgado) y tu BÁCULO –que es llamada la Cruz- me consuelan” ¿Para qué es dicha VERGA? La VERGA ES COSA QUE SE DOBLA e hiere muy mal y el diablo, con esa VERGA DE LA CRUZ, fue muchas veces y de muchas maneras azotado... Y por esto conviene a cada uno ir esforzadamente a perseguirlo con ese BÁCULO y hacerle huir, así como al LOBO, para que no disperse el rebaño de las OVEJAS DE JESUCRISTO que son los fieles cristianos.” (Extractos Vol. II, Págs. 637-639)

Se había dado con un texto que era una clara exaltación de la figura del obispo y en el que, además, se reflejaba muchos de los elementos plásticos ejecutados en el segundo relieve de Turégano. Unas evidencias que volvían a remitir a una realidad: “En el cuarto concilio de Letrán, Rodrigo había indicado su escepticismo sobre la supuesta predicación de Santiago en España. En su historia, ni siquiera menciona las leyendas, ni de la predicación ni del hallazgo de su tumba, presentando la iglesia compostelana como construcción de Alfonso III.” (LOMAX Derek, Rodrigo Jiménez de Rada como historiador, en AIH, Actas V (1974) (587-592) p. 590.

Como se había analizado en la primera parte de este estudio, Rodrigo Jiménez de Rada presentó a la iglesia compostelana como construcción de Alfonso III (848-910), mientras que, según la tradición de la propia sede metropolitana de Toledo, la mitra toledana tendría en San Eugenio su primer obispo a través de la vía de sucesión apostólica San Dionisio Areopagita, San Pablo. El arzobispo de Toledo, don Raimundo, con ocasión de asistir al concilio de Reims del 1148, había dado por casualidad con sus reliquias y con una inscripción que hablaba de San Eugenio como el primer obispo de Toledo. Tanto las reliquias como la inscripción se encontraban nada más ni nada menos que en Saint-Denís de París. De nuevo, la historia se empeñaba a volver a hablar de la teología de la luz y, si alguien la conocía, este era el arzobispo Rodrigo Jiménez de Rada, quien había alcanzado el grado de Maestro en Teología en el mismo París unos pocos años después de este descubrimiento de su predecesor en la mitra toledana.
 

Santiago de Turégano. Turégano,  Segunda Parte.

Sin embargo, según se avanzaba en la realización de esta segunda parte, nunca se olvidó que el cargo de redactor teológico de estos dos magníficos relieves románicos de Turégano recaía en la figura de Rodrigo Jiménez de Rada. Un prelado que podía estar familiarizado con la existencia de báculos con forma de Tau y de extremos curvados, ya que este tipo de báculos también se dio en otros contextos episcopales, diferentes al de Santiago de Compostela, como ponía en evidencia el hallado en Alcester, Warwickshire, Inglaterra y que se conserva en el British Museum londinense.

Esta última prueba documental material servía para contestar a todos aquellos estudios que defendían que los báculos en forma de Tau eran privativos del arzobispo de Santiago de Compostela y que, de hecho, se constituía en el único argumento que se esgrimía para identificar la figura de Turégano con el santo compostelano, es decir, con Santiago el hijo del Zebedeo. El estudio no se quedó anclado. Todavía se debía buscar una fuente primaría histórica que hablase tanto de cómo debía ser la forma del báculo de un obispo como de su posible simbología. Es evidente que, si se estaba proponiendo la existencia de un teólogo redactor que conocía a la perfección el pensamiento del Papa que había convocado el último concilio, el IV de Letrán, para poder cerrar todo este círculo de pruebas documentales y materiales, tendría que tratarse de un texto escrito por el propio Inocencio III: “Quae tria bene significatur in BACULO PASTORALI, QUIS EST IN ULTIMO ACUTUS, IN MEDIO RECTURS, IN SUMMO RETORTUS. Acutus, ut pungat oves lentas et pingues; rectus, ut sustentet oves mórbidas et infimas; retortus ut recolligat oves vagas et errabundas.”(Innocentius III, Sermones de tempore, Dominica secunda post Pascha. P.L. 126)

¿Cómo tenía que ser el BÁCULO según Inocencio III? En la parte baja, afilado o puntiagudo; en el medio, recto, en la parte alta, retorcido. En definitiva, tal y como se representó en el segundo retablo de Turégano. Además, este fragmento pertenece al sermón dedicado al tema teológico del Buen Pastor. Dicho sermón se inicia, entre otras, con una cita de la Carta de Santiago, el hermano del Señor y, entre otras cosas, también se refiere al lobo con estas palabras: “LUPUS EST DAEMON, LUPUS EST HAERITICUS, LUPUS EST TYRANNUS”. Palabras que nos remiten, nuevamente al contexto del IV Concilio de Letrán.
 

Santiago de Turégano. Turégano,  Segunda Parte.

No todo debía acabar allí, ya que, en la primera parte de este artículo, se había propuesto el estudio de la simbología de un hermoso capitel a modo de ejemplo de cómo todos los diferentes elementos iconográficos del conjunto podían recibir una explicación teológica a partir de la carta de Santiago sin necesidad de forzar ninguna interpretación.

 

En un primer momento, se explicó que este capitel reflejaba el siguiente pasaje del Primer capítulo de la Carta de Santiago: “14 Sino que cada uno es probado por su propia concupiscencia que le arrastra y le seduce. 15 Después la concupiscencia, cuando ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, una vez consumado, engendra la muerte.” Para argumentarlo, se aportaron pruebas documentales basadas en la teología neoplatónica cristiana medieval: “Y el antiguo enemigo en el disfraz de una serpiente, no tendría acceso a la parte masculina del alma, que es la mente creada a imagen de Dios, a menos que primeramente haya seducido el sentido corporal a través del deleite, que es, por así decirlo, una mujer: y la mente no habría consentido el deleite pernicioso en las cosas materiales y la diversión abusiva del sentido corporal si una presunción orgullosa no existiera antes en ella.” (Juan Escoto Eriúgena, Periphyseon). No se debía olvidar que Juan Escoto Eriúgena fue uno de los teólogos más estudiados e influyentes en la Universidad de Paris, esa universidad en la que Rodrigo Jiménez de Rada recibió el grado de Magister Theologiae.
No obstante, faltaba intentar demostrar que no era la primera vez en la que se intentaba poner en relación estos conceptos teológicos con el tema del mal cumpliéndose esta doble referencia: se utilizaba como soporte teológico el texto de la Carta de Santiago y se hablaba de su autor, Santiago el hermano del Señor, como IACOBVS APOSTOLVS. De entrada, ya se había documentado cómo el Papa Gregorio VII había identificado al autor de la carta canónica con Santiago el hermano del Señor: “Item frater Domini Jacobus: In multis enim offendimus omnes (Iac. II).”...“nam, ut Jacobus frater Domini testatur: Fides sine operibus mortua est (Lac. II)”. (CONCILIUM ROMANUM I PRO REFORMANDO ECCLESIAE STATU) Ahora, se necesitaba aportar algún documento nuevo con el que poner de manifiesto que un papa cercano a la época histórica de Rodrigo Jiménez de Rada había llamado IACOBVS APOSTOLVS a Santiago el hermano del Señor en un contexto teológico. Nada más ni nada menos que se pudo hacer referencia al mismo Inocencio III, a través de su libro De sacro Altaris mysterio, una obra anterior al 1198 que constituye, en sí misma, un tratado de liturgia y de teología sacramental. Después, se constató que se conservan en la actualidad alrededor de 200 manuscritos de esta obra y muchas citas textuales en otras. Por lo tanto, se había dado con una obra conocida y de uso común que bien había podido ser consultada por Rodrigo Jiménez de Rada.

En su libro De sacro Altaris mysterio, en el capítulo XXII de su Liber V, De diversis tentationibus, in quas petimus non induci, Inocencio III utilizó el mismo versículo 14 del capítulo I de la Carta a Santiago en estos términos: “Cum autem inducitur, capitur tenetur, tunc impletur quod IACOBVS APOSTOLVS ait. Unusquisque tentatur a comcupiscentia...”

Es decir, reproducía el contexto teológico y la referencia nominal que se buscaba. Pero había más. En el cap. XLIV del Liber II, De duodecim partibus utriusque Symboli, tam Apostolici quam constantinopolitani, Inocencio III había interpretado el Credo en clave simbólica a través de los 12 discípulos (habiendo sustituido a Judas Iscariote por San Matías, no por San Pablo), estableciendo esta relación a través del llamado Symbolum Apostolicum:

“Credo in Deum, Patrem omnipoténtem,Creatórem caeli et terrae, PETRVS et in Iesum Christum, Filium Eius únicum, Dóminum nostrum, ANDREAS qui conceptus est de Spiritu Sancto, natus ex María Virgine, IACOBVS passus sub Póntio Piláto, crucifixus, mórtuus, et sepúltus, IOHANNES descendit ad ínferos, tértia die resurréxit a mórtuis, PHILIPPVS ascéndit ad caelos, sedet ad déxteram Dei Patris omnipoténtis, BARTHOLOMEVS inde ventúrus est iudicáre vivos et mórtuos. THOMAS Credo in Spíritum Sanctum, MATTHEVS Sanctam Ecclésiam cathólicam, sanctórum communiónem, IACOBVS remissiónem peccatórum, SIMÓN carnis resurrectiónem, THADEVS ET vitam aetérnam. Amen. MATHIAS.

A Santiago, el hermano del Señor, el noveno en todas las listas del Nuevo Testamento, como también ocurre en esta, le tocó: Sanctam Ecclésiam cathólicam, sanctórum communiónem, IACOBVS.

En un texto de naturaleza teológica y utilizado en clave eclesiástica, Santiago el hermano del Señor había sido llamado por el Papa Inocencio III, el del Concilio de Letrán, con el apelativo de IACOBVS APOSTOLVS. Ahora, a la interpretación teológica, también se había añadido el contexto histórico en el que se demostraba que Santiago el Menor podía no ser tan pequeño en los contextos teológicos medievales y que no había la necesidad de identificar tan rápidamente cualquier imagen con la epigrafía IACOBVS con Santiago el Mayor, al que se le daba culto en Santiago de Compostela.

Pero, no sólo eso. También se logró documentar la fecha en la que se produjo la primera sesión del IV Concilio de Letrán en la que el Papa les había dicho a los prelados allí presentes entre los que se encontraba Rodrigo Jiménez de Rada: "¿Quiénes son -continuó el Papa- los seis varones encargados de la venganza divina? Ésos sois vosotros, Padres conciliares, que, valiéndoos de todas las armas que tenéis a mano: excomuniones, destituciones, suspensiones y entredichos, habéis de castigar implacablemente a cuantos no estén señalados con la TAU propiciatoria y se obstinen en deshonrar la Cristiandad» Esa fecha no era otra que la del 11 de noviembre de 1215: “El tercer camino de encuentro con la tau fue el Concilio IV de Letrán, en el que estuvo presente Francisco. En el sermón de apertura del Concilio, 11 de noviembre de 1215, Inocencio III se sirve del texto del profeta Ezequiel para pedir a los Padres Conciliares su colaboración en la reforma de la Iglesia.”(Valentín Redondo, Tau, artículo electrónico)
Además de esta fecha, se tuvo presente la contextualización histórica referida a la presencia de don Rodrigo Jiménez de Rada en Turégano proporcionada por V. Borreguero Virseda, Cronista Oficial de Turégano, en su artículo La parroquia de Santiago, corazón peregrino de Castilla: “¿Qué hacía don Rodrigo Jiménez de Rada en Turégano al finalizar la famosa Batalla de las Navas de Tolosa (1212) en la que participó decisivamente y, diez años después, cuando la inauguración de la primitiva catedral segoviana?” Del cruce de estas dos fechas se pudo empezar a crear un arco histórico con la intención de datar los retablos románicos del templo de Santiago de Turégano. Cruzando estos dos períodos de tiempo, se podía afirmar sin miedo a equivocarse que, entre el 11 de noviembre de 1215 y el año 1222, ya se habían realizado o se estaban acabando de realizar estos dos espléndidos relieves.

 

Enero, 2011

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