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Mundo Románico Cruzadas Las Cruzadas

Las Cruzadas
Peregrinos por la causa

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El campo de batalla

La historia occidental

En los años anteriores y siguientes a la toma de Toledo por Alfonso VI en 1.085, Tierra Santa está en poder del Islam, lo que no obsta para que en su filosofía de convivencia se permita el acceso de los cristianos a los Santos Lugares e incluso la convivencia en aquellas tierras con cristianos establecidos en ellas. Para entonces, Egipto estaba en poder de los fatimíes y el resto de la región, desde el Bósforo hasta el límite con Egipto en manos de los turcos selyúcidas, ambiciosos de derrotar a los fatimíes para unir los territorios en una especie de gran Siria dirigida desde Damasco.

Al este de Europa, el imperio bizantino resiste en un gradual proceso de debilitamiento que lleva al emperador, Alejo Comneno, a pedir, de nuevo pues ya la había hecho 20 años antes sin obtener respuesta real, apoyo al Papa en 1.089, mientras que en el área romanizada se experimenta un proceso de superpoblación en las zonas habitadas como consecuencia del desarrollo económico posterior al milenio, de la todavía ausencia de migraciones internas y de la ausencia de guerras resultante de la implantación de la Paz y de la Tregua de Dios.

Por el Mediterráneo se desarrolla un tráfico comercial habitual, controlado por las ciudades cristianas, sin existencia, ahora, de potencia dominante; un tráfico, por cierto, que se mueve y se moverá al margen de los avatares terrestres, aunque sufra/disfrute de sus consecuencias.

Son años en los que se produce un auge de las peregrinaciones a las que se ha añadido una motivación redentora/penitenciaria, en los que hay una masa de bellatori ociosa, un movimiento de liberación del Islam en el área mediterránea y en los que el Papa, en pleno apogeo de la primera lucha contra los emperadores por causa del problema de las investiduras, decide evidenciar su poder fáctico, su capacidad de convocatoria. Y lo hace, en el Sínodo de Clermont-Ferrant en 1.095.


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Mapamundi Islámico

Cruzadas. Las Cruzadas

Es una llamada que transforma la estima a la peregrinación como medio de perfeccionamiento moral a la “mística de la Cruzada”, una mística que irá siendo sustituida de hecho por intereses materiales, que decaerá progresivamente y que durará lo que de hecho duraron las Cruzadas. La peregrinación colectiva a Jerusalén, con la cruz como símbolo, aparte de redimir los pecados personales mediante la indulgencia y la penitencia, preludia la construcción de la Jerusalén celestial que Cristo edificaría a su regreso (Apocalipsis). La llamada y el espíritu arraigan especialmente entre las clases sociales humildes, los laboratori, tal vez, en opinión de J. Le Goff, porque “no llegaba a encontrar en su vida cotidiana el sentido de un destino colectivo e individual”. En su llamada, el Papa establece el distintivo del cruzado, la cruz roja sobre el hombro, y asegura la protección de la Iglesia a las familias y bienes de los participantes.

Los primeros en ponerse en marcha no son los señores, sino los humildes, 20 ó 30.000 personas seguidores de Pedro el Ermitaño y sus dos compañeros, que en manifiesta anarquía organizadora se dirigen al este entre matanzas de judíos y peleas con magiares y bizantinos, a los que se les embarca al llegar a Constantinopla y so destrozados por los turcos en sus primeros combates.

En 1.097 se pone en marcha la primera cruzada oficial, la de Godofredo de Bouillón, con una mesnada de entre 60 y 100.000 hombres, para realizar un recorrido de unos 6.000kms, “rumís” cuya llegada a Constantinopla atemoriza al emperador por segunda vez, que le hace prestar juramento de fidelidad, pronto abandonado, por cierto, antes de embarcarlos. Su marcha es un éxito, y el 14 de junio de 1.099 entran a saco en Jerusalén en tal orgía de sangre que se llega a escribir que la sangre llegaba hasta las rodillas. Tomada la ciudad y definidas sus autoridades civil (Godofredo, claro) y religiosa, se continúa la conquista de las áreas circundantes hasta llegar a Ákaba en el Mar Rojo una vez ocupado todo el litoral mediterráneo de la zona hasta el Nilo. Es el reino de Jerusalén. Los cristianos se establecen en el mismo en un régimen feudal y permanecen en contínua disputa con los pueblos árabes del entorno. Sin embargo, Alepo y Damasco no se tomaron, dejando pues abierta la amenaza siria. En ese periodo, se reintensifican las peregrinaciones a Tierra Santa, los venecianos derrotan a la flota egipcia y se hacen con el tráfico marítimo de la zona y los diferentes pueblos árabes del entorno se mantienen divididos.

Pero en 1.144 los cristianos pierden Edesa, al norte de Alepo y el Papa Eugenio III convoca la segunda cruzada cuya promoción confía al cisterciense Bernardo de Claraval.. Una parte de la cruzada se dirige por tierra y otra parte baja por la península para hacerlo por mar. Durante su estancia en la península se toman a los islámicos las poblaciones de Lisboa, Almería y Tarragona. Es ésta una cruzada de desencuentros por cada lugar que recorren, de desencuentros en Constantinopla y luego con los propios cristianos, y también de desorden, en lugar de tomar Alepo se dirigen directamente a Damasco donde son derrotados. Si el tema hubiese acabado aquí, pues bien, pero no. Amalarico I, a la sazón rey de Jerusalén intenta en vano ocupar el delta del Nilo enfrentándose a los fatimíes, los cuales solicitan el apoyo de los sirios, que gustosos se la prestan enviando tropas al mando de un tal Saladino.

Saladino elimina la amenaza cristiana y, no contento, en 1.171 elimina al último gobernante fatimí quedándose él de gobernador de Egipto en una Siria unificada y envolvedora, resuelto lo cual sucede al mandatario sirio en 1.183 y se queda como gobernador único en una época de permanente encuentro bélico con el rey cristiano de Jerusalén, a la sazón Balduino IV enfermo de lepra para más pena.

Saladino vence el 4 de julio de 1.187 al ejército cristiano en Hattin, cerca de Tiberíades y eso es el inicio de una serie continuada de victorias islámicas, que incluyen la toma de Jerusalén, lo que provoca una nueva llamada, es la Tercera Cruzada, una cruzada desordenada con múltiples envíos desde diferentes paises y con todos los avatares en el recorrido.

Ante esta amenaza Saladino ofreció dejar paso libre, seguro y pacífico a todos los peregrinos que se dirigieran a Jerusalén, pero conservando el dominio de los territorios. En vano. Nuevos combates, nuevas derrotas cristianas, nuevos pactos de contenido como el ofertado por Saladino, progresivo arrinconamiento al litoral y casi desaparición del reino de Jerusalén. Así termina nuestro periodo románico.



Cruzadas. Las Cruzadas

El punto de vista árabe Amín Maalouf: Las cruzadas vistas por los árabes. Alianza ed. Primera edición original: 1.983

“…Mientras que para Europa occidental la época de las cruzadas era el comienzo de una verdadera revolución, a la vez económica y cultural, en Oriente estas guerras santas iban a desembocar en varios siglos de decadencia y oscurantismo. Asediado por doquier, el mundo musulmán se encierra en sí mismo…a partir de entonces, el progreso será algo ajeno, al igual que el modernismo. ¿era necesario afirmar la propia identidad cultural y religiosa rechazando ese modernismo cuyo símbolo era Occidente?....Ni Irán ni Turquía ni el mundo árabe han conseguido resolver este dilema; por ello seguimos asistiendo hoy en día a una alternancia con frecuencia brutal entre fases de occidentalización forzada y fases de integrismo a ultranza fuertemente xenófobo.


El mundo árabe, fascinado y a la vez espantado por esos frany a los que ha conocido cuando eran unos bárbaros, a los que ha vencido, pero que, después, han conseguido dominar la tierra, no puede decidirse a considerar las cruzadas como un simple episodio de un pasado que no volverá….


En un mundo musulmán víctima de perpetuas agresiones, no se puede impedir que salga a flote un sentimiento de persecución que adquiere, en algunos fanáticos, la forma de una peligrosa obsesión… Más allá del hecho individual, está claro que el Oriente árabe sigue viendo en Occidente un enemigo natural. Cualquier acto hostil contra él, sea político, militar o relacionado con el petróleo, no es más que una legítima revancha; y no cabe duda de que la quiebra entre estos dos mundos viene de la época de las cruzadas, que aún hoy los árabes consideran una violación.” (sic)



La mujer en tiempos de las cruzadas:

A veces nos encontramos con ideas preconcebidas que nos hacen alterar la realidad de las cosas sin quererlo. Una de ellas es que a las cruzadas fueron ejércitos de varones, casi cual ejércitos napoleónicos. Nada de eso.

Para empezar, las cruzadas no eran sólo un acto militar, eran peregrinaciones, y, como tales, la marcha estaba abierta a mujeres y a niños. Habría mujeres y niños que se quedasen, pero no estaban excluidas de la marcha.

Más aún, las cruzadas no eran movimientos de liberación y retorno, sino de liberación y colonización, se iban para quedarse, al menos algunos. Una peregrinación sin regreso. Por eso, iban las familias. Cuando Ana Comnena describe la llegada a Constantinopla sí afirma que el emperador, Alejo, oyó el rumor que anunciaba la llegada de numerosos ejércitos francos, pero más tarde, cuando narra la llegada que vió afirma: “una muchedumbre sin armas, más numerosa que los granos de arena y que las etrellas acompañaban a los soldados celtas portando palmas y cruces sobre sus hombros: hombres, mujeres y niños que abandonaban su país…”

Si el reino de Jerusalén pudo vivir casi cien años, sobrevivir otros cien en Paletina y otros doscientos en Chipre fue gracias a las mujeres que mantuvieron y transmitieron la presencia occidental.

Pero también fueron importantes en las batallas. En las narraciones de la de Dorilea, por ejemplo, se habla de ellas con orgullo por su trabajo de avituallamiento y también de dar ánimos, así como por permanecer al lado de los animales de carga, los rebaños y los carros donde se guardaban los suministros.
Hay también constancia de mujeres tiradoras de arco y responsables de las ballestas (la artillería de entonces), amén de otros menesteres bélicos.

En resumen, no se quedaron en casa esperando el retorno del caballero con el cinturón de castidad puesto, al menos no todas.

Cruzadas. Las Cruzadas

El arte en la época de las cruzadas

Los cruzados se vieron obligados a elaborar y organizar un sistema defensivo muy diferente al que conocían de sus países de origen. Aunque inicialmente construidos los baluartes defensivos en zonas del litoral, en etapas sucesivas, tras la derrota de Hattin subirán a las crestas de las montañas y a los altiplanos para asegurarse la defensa pasiva, es un planteamiento constructivo militar carente de estrategia, las edificaciones se van realizando como y donde lo exigen las circunstancias.

Entre las construcciones militares hay que incluir una abundante presencia de donjons reiportado luego en Occidente con formas más evolucionadas y eficaces.

Junto a estas edificaciones militares, los cruzados hubieron de levantar iglesias, hasta en número de 400, hoy en día desaparecidas o reconvertidas en mezquitas en su mayor parte. En su construcción se siguen pautas de los lugares de origen, pero también con influencias islámica y bizantina, como en la catedral de Beirut, con planta de tres naves, con pilares compuestos, bóveda de cañón en la nave central y de arista en las laterales, coronamiento exterior en pequeñas ménsulas de los ábsides y capiteles de corte bizantino, con elementos decorativos de influencia islámica en arquivoltas y ménsulas, arcos ojivales, tejados planos y gruesos muros.
También estaba extendido el modelo de tres naves con tres ábsides semicirculares en el interior y rectangulares en el exterior, modelo procedente de las iglesias bizantinas y usado en los primeros años. La nave única quedaba casi reducida a las capillas en el interior de los castillos, como en el Crac de los Caballeros.
La decoración de las iglesias, inicial reducida a las pinturas y mosaicos, fue luego sustituida por la escultura, con representaciones varias, mensarios, cabezas, escenas de la vida de San Juan Bautista…etc. El proyecto más importante, que no se llegó a acabar corresponde a la iglesia de la Anunciación en Nazaret, la más importante del reino después de la del Santo Sepulcro. De la Anunciación se han descubierto cinco capiteles con escena de la vida de los Apóstoles asociados en estilo con esculturas de la Provenza y de Borgoña, con influencias bizantinas. Al parecer, la iglesia tuvo un taller de artistas que trabajaron después en otras zonas, incluso labrando tumbas reales.
A partir de 1.187 irrumpe el gótico en la zona.

La iglesia del Santo Sepulcro de Jerusalén constituyó un modelo de referencia en el que se inspiró la construcción de algunas iglesias en occidente por las Órdenes Militares, como la de la Vera Cruz de Segovia.

Cruzadas. Las Cruzadas

La presencia de los Cruzados produjo influencias en el arte sirio, incluido lo que actualmente es Irak, reflejado en la frecuente aparición de referencias bíblicas en su producción de la época y en la producción de miniaturas con motivos cristianos como el de la Lapidación de San Esteban. Asimismo, el control de la mitad oriental del Mediterráneo por ciudades/potencias occidentales permitió la propagación de la influencia bizantina en el arte occidental, como evidencian las iglesias sicilianas.

Al margen de estas influencias, durante esta época brilló en Egipto un arte propio, el de los fatimíes, de elevada calidad y versatilidad, bien relacionado con la antigüedad tardía, más que con el arte bizantino y en un marco islámico que no impedía su figurativismo. El arte fatimí se centró en la arquitectura religiosa y en las artes menores, textil, madera, orfebrería, cerámica, elaborada en horno de llama directa con especial producción para la corte, y muy especialmente la talla del cristal.

Taller de La Losa

Basado en diversas obras de la Biblioteca del Círculo. 
 

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