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Arte Románico - Romanes Romanik Romanesque Miniatura LA ILUSTRACIÓN DE MANUSCRITOS CRISTIANOS HASTA EL SIGLO XIII

LA ILUSTRACIÓN DE MANUSCRITOS CRISTIANOS HASTA EL SIGLO XIII
ANÁLISIS POR ÁREA GEOGRÁFICA

MINIATURA IRLANDESA

En Irlanda es el lugar donde antes podemos encontrar los mejores trabajos de la imaginería medieval en cuanto a manuscritos iluminados. Mientras que en España habrá que esperar a las inmediaciones del año 1000 para encontrar ejemplos ilustres, al margen de las copias de los beatos mozárabes, los trabajos irlandeses habían aparecido a partir del siglo VI.

Los códices irlandeses, hasta en la Alta Edad Media códex y libro son sinónimos, son de suma importancia ya que componen un elemento básico dentro del núcleo evangelizador de sus monasterios desde San Columbano (540-615). Su predecesor San Columba (521-597, “Colum cille”, había fundado, entre otros, los monasterios de Iona, Kells y Durrow, que serían centros de erudición entre los más importantes de la Alta Edad Media. Las producciones salidas de sus scriptoria alcanzarían gran popularidad por el resto del continente europeo, llegando a influir en los carolingios y los otonianos.


Miniatura. LA ILUSTRACIÓN DE MANUSCRITOS CRISTIANOS HASTA EL SIGLO XIII

Distinguimos dos motivos estilísticos principales en estos manuscritos. El primero es la ornamentación con espirales y aretes de carácter geométrico por la superficie. A través de la evolución temporal y la transmisión cultural desde las islas al continente, los motivos decorativos en espiral y aretes pasan de monopolizar el manuscrito a ser el margen y encuadre del tema central, generalmente figurativo, y hasta quedarán subordinados al remate de una decoración de formas arquitectónicas. En los carolingios, como en el caso del Evangeliario de Godescalc, la decoración arquitectónica termina por incluirse en la imagen central y las espirales son una filigrana perimetral. Esta decoración en espiral y de origen celta se explica por la cierta independencia de lo irlandés con respecto a las culturas bizantina y de la tardo-antigüedad, consecuencia clara de su lejanía del continente traducida en ausencia de invasiones hasta el siglo X.


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El otro motivo estilístico característico es el de las iniciales artísticas. La letra que inicia el texto se desliga de la tipografía y del tamaño del cuerpo de texto y se fusiona con los motivos en espiral, que en ocasiones, son figuraciones animales y vegetales. A destacar también la creación del tipo de "minúscula irlandesa" cuyo uso se extendió por los scriptoria continentales.


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El primer ejemplo a destacar es el Libro de Durrow. Este se fabrica en torno al año 675, probablemente en el monasterio de Durrow y está escrito en latín con prefacios en irlandés. Mantiene un buen estado porque, a diferencia de otros códices que normalmente se conservaban en las celdas en bolsas de piel, el libro de Durrow se conservó en el interior de un cofre. Este hecho puede deberse a su tratamiento como una reliquia en sí ya que, como dice en una nota al final, se atribuye su autoría a San Columbano. Contiene hojas fantasiosamente ornamentadas en toda su superficie llamadas “páginas tapiz”. Destaca la página que inicia el evangelio de San Juan, donde reina una cruz inscrita en un círculo de entrelazos geométricos y zoomorfos y en donde se identifica a Juan con el león, en tanto que el águila sirve más adelante para identificar a Marcos,  están siguiendo a San Irineo y su "Adversus haereses", olvidándose de la finalmente asumida identificación hecha por San Jerónimo, quizás por el desconocimiento derivado de la lejanía e insularidad.


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No obstante, el libro más emblemático de la miniatura irlandesa es el Libro de Kells, cuya autoría no está confirmada y que quizás se inició en Iona. Fue escrito en torno al 800 para un uso ceremonial y contiene el texto de los cuatro evangelios precedido por otros textos menores como las "tablas de cánones" (listas que enumeran los pasajes). El libro fue robado en el año 1007 pero se logró recuperar pocas semanas después cubierto de hierba. Aunque se ha perdido su encuadernación, el manuscrito de Kells es todo un icono del lujo medieval. Se emplearon 150 becerros para todos sus pergaminos y el colorante azul tiene como base polvo de lapislázuli.

Los temas decorativos que podemos encontrar en él son los retratos y las alegorías de los evangelistas, los retratos de Cristo y la Virgen con el Niño y las tentaciones y el prendimiento de Cristo. Su folio 34r, llamado también página ji-ro (foto adjunta), quizás el folio que ha requerido un mayor número de horas de realización en la historia de las ilustraciones miniadas, es la cumbre de la elaboración irlandesa y un perfecto ejemplo del gusto irlandés por la integración de la palabra en la imagen. Su autor es el maestro denominado “el orfebre”, cuya firma estampa a pie de folio y que es considerado como el artista más valioso de los tres iluminadores que intevinieron en la decoración del libro.


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MINIATURA INGLESA

Las miniaturas procedentes de Inglaterra, hasta el final del románico, manifiestan obras llenas de originalidad y de calidad que sólo poco a poco van reflejando variedad de influencias de diversas procedencias. Las formas decorativas más características son las combinaciones geométricas de espirales, entrelazos y animales fantásticos. Sus iniciales, que en buena parte recogen en sí mismas iluminaciones hstoriadas que parecen salirse del texto, son un precedente del gótico lineal en la opinión de acreditados estudiosos.


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Aproximadamente en el siglo VIII comienzan a incorporarse las formas bizantinas, pero utilizadas en combinación con el propio estilo autóctono y se buscan nuevas combinaciones de iniciales muy bien adornadas incluso con figuras algo abstractas.


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Desde mediados del siglo XI se inicia un nuevo estilo, donde comienza a manifestarse el espíritu románico en Inglaterra. A lo largo del siglo XII las influencias bizantinas seguirán entrando desde Italia y se van dejando ver en las formas una mayor sensibilidad por el color; Inglaterra cada vez juega un papel mas importante frente a Francia, que hasta ese momento había tenido un lugar mas destacado en la iluminación.


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El personaje considerado como el mejor artista de la miniatura románica inglesa, es el conocido maestro Hugo, que inicia la Biblia de Bury en 1135. En este ejemplar se puede percibir la influencia italiana de las biblias gigantes, pero la decoración es la característica de la tradición inglesa. Las formas son estilizadas y las anatomías marcadas.


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A mediados del siglo XII un discípulo de Hugo realiza la Biblia de Lambeth (foto adjunta), donde la huella de su maestro se observa por ejemplo en las alargadas figuras del episodio del Árbol de Jessé. Es una biblia muy decorada con miniaturas y letras historiadas.

No obstante en Inglaterra existe otro tipo de producción a partir del scriptorium de Winchester, donde es característico el bizantinismo, responsable seguramente del tratamiento de animales, tanto reales como fantásticos, sobre todo en los bestiarios del siglo XII. Esta escuela de Winchester resalta por su excesiva decoración y por un dibujo de estilo mas ilusionista, que en el siglo XI evolucionará hacia un dibujo mas estilizado.

Dentro de esta escuela tenemos la Biblia de Winchester cuyo autor es llamado el “Maestro de la Hoja Morgan”. Éste rompe con el estilo del Maestro Hugo, y asigna un estilo más clásico, más naturalista, y con la clara influencia bizantina que era característica de su escuela. Otras obras significativas son el Libro de Bendiciones, realizado en Old Minster, en la catedral de Winchester, y el Estatuto de New Minster, realizado en un monasterio cercano al anterior.


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MINIATURA CAROLINGIA Y OTONIANA

El estilo que podemos llamar carolingio, es el resultado de la síntesis de las formas irlandesas, de las bizantinas y de las formas clásicas evolucionadas con las que buscaba la legitimación el nuevo imperio mediante su similitud con el romano. Carlomagno fue sacralizado por el Papa y también fue reconocido como emperador de todos los cristianos por el emperador bizantino Miguel I (por el Tratado de Aquisgran y a cambio de Venecia, Istria y Dalmacia). La mencionada introducción de elementos bizantinos reflejan este proyecto político.
En los “Evangelios de la Coronación” de Viena, los fondos se disuelven formando paisajes casi impresionistas.

Se distingue en estas iluminaciones la llamada Arquitectura de Configuración de los elementos arquitectónicos pintados. En ellas la arquitectura tiene la función básica de encuadrar la imagen, pero cuando estos elementos pasan a ser parte del tema de la imagen remiten en su mayoría a la Jerusalén Celestial.
Otra de las características carolingias será el fenómeno de las imágenes simultáneas. Los episodios de una historia se cuentan a partir de la sucesión de imágenes en registros horizontales. Se separan habitualmente de forma muy sutil, usando para ello elementos vegetales. Sin embargo, en otros muchos casos se prescindirá de esta separación.


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A comienzos de este periodo, el principal scriptorium en donde se trabajaba la iluminación de los manuscritos era el de la Escuela Palatina de Aquisgran. Fue impulsada y enriquecida por Carlomagno y era el centro desde donde se irradiaba todo el saber hacia el resto del imperio. Su intención era la de renovar la vida espiritual y cultural del imperio. De su producción destaca el Evangeliario de Godescalc (foto adjunta).

El Evangeliario de Goldescalc está escrito en latín hacia 781-793. Posee seis miniaturas a página entera: cuatro con las figuras de los evangelistas, otra dedicada a Cristo y una a la “fuente de la vida”. Los evangelistas están en su escritorio con un libro que contiene las primeras palabras de sus evangelios y están acompañados por sus representaciones alegóricas de la visión de San Juan. Al final de la obra se incluye un poema donde se dice que Goldescalc escribió el manuscrito por iniciativa de Carlomagno, al que acompañó en su viaje a Roma.

En la medida en que avancen los siglos, Aquisgran irá compartiendo su protagonismo con otros centros: En Fulda, el director principal fue su abad Rabano Mauro, antiguo amigo del intelectual carolingio Alcuino de York; de Fulda saldrá el Evangeliario de Wurzburgo; de Reims, destaca el Salterio de Utrech; y de Saint Denis y Tours iluminaciones como el Evangeliario de Lotario y el Sacramentario de Carlos el Calvo.


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El Salterio de Utrech (foto adjunta) (h. 820) contiene 150 salmos y 16 cánticos escritos en latín. Su rasgo más característico son las ilustraciones en tinta parda, que siluetean con una pluma ágil las imágenes sin color de relleno. Produce una impresión de abocetado, pero lo que importa verdaderamente no es su lujo sino la fuerza de su lenguaje. Las imágenes se ajustan estrictamente al texto que ilustran, lo que evidencia una programación de la obra llevada a cabo a la perfección.

Posteriormente, en el periodo otoniano, se realizaron inicialmente copias de características carolingias, pero su estilo irá tomando identidad a medida que se implantan estos monarcas.
Se produjo un nuevo impulso con la revolución monástica lo que conllevó un auge cultural. En torno al 950 se funda la abadía de Cluny y con ella se trae una renovada apreciación de la iluminación. Además se incrementa la producción de libros religiosos, aumentándose su variedad y tipología: evangeliarios, sacramentarios, antifonarios, salterios, breviarios...
En cuanto a sus propios scriptoria existe un debate sobre la posible existencia de una escuela pictórica en la isla de Reichenau. Al igual que en los casos del Evangeliario de Otón III y el Apocalípsis de Bamberg, algunas de sus producciones se han identificado tradicionalmente como pertenecientes a Tréveris, centro que durante los siglos X y XI produjo muchos códices al haber otoniano, como el Registrum Gregorii. Otro foco de relevancia es Ratisbona, con marcada inspiración carolingia como manifiesta el Códice de Utah.


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Hacia el 997, en la abadía benedictina de Reichenau, en el lago Constanza, se ilumina en latín el Evangeliario de Otón III. De su relevancia es testigo su rica encuadernación en oro con piedras preciosas y con un marfil central tallado en el que se representa la muerte de la Virgen. El dorado del fondo de las imágenes de su interior tiene la intención de trascender a la forma hacia su significado simbólico.


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Destaca una representación del soberano Otón II, entronizado con el cetro y el orbe en las manos mientras en su entorno se le acerca una procesión de cuatro figuras femeninas que personifican cada una de las provincias del Sacro Imperio Romano Germánico (Roma, Galia, Germania y Sclavinia).


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Otro de los trabajos de la abadía de Reichenau es el Apocalipsis de Bamberg, en latín hacia el año 1000. Estaba desaparecido pero fue descrito con todo detalle en el siglo XVIII. Tradicionalmente se le han asignado como donantes el emperador Enrique II y su esposa Conegunda, pero un análisis de estilos lo sitúa como una donación de Otón III. Tras la muerte de éste, Enrique II sería el encargado de continuar el trabajo. Contiene 50 miniaturas con el Apocalipsis de San Juan más el evangeliario.


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MINIATURA ITALIANA


La principal característica de la miniatura iluminada en Italia es su tradición artística procedente de la Antigüedad clásica. Estas influencias son evidentes por ejemplo en la pintura mural romana del siglo I d.C, estilo que aún pervive en la pintura mural y en la iluminación italianas del siglo XIII. Algunos ejemplos anteriores al arte románico y con gran predominio de formas clásicas son el Vergilius Vaticanus (400 d.C) (foto adjunta) y el Vergilius Romanus (500 d.C).

En casi toda Europa, el avance y mejora del arte de la iluminación se relacionan directamente con la expansión del cristianismo. En Italia había cierta competición en el terreno del arte; Florencia, Pisa, Siena, entre otros, se dedican a la producción de libros litúrgicos y biblias. Hacia el sur de Italia predominaba el estilo bizantino, que enseguida se expandió por el resto de Italia e incluso de Europa.

La Homilía (sermones de la Biblia) y La vida de San Benito, tuvieron al principio gran difusión. Pero entre el siglo X y el XI surge un nuevo estilo de iluminaciones, Los rollos de Exultet. Éstos eran unos rollos de elaboradas ilustraciones que se exponían en los púlpitos de las iglesias con motivos de la Pasión para explicárselos a los fieles el día de Sábado Santo y cuya tradición estilística podemos remontar hasta las antiguas columnas honorarias romanas como por ejemplo la columna de Trajano.


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Pero sin duda son posiblemente las Biblias gigantes Atlánticas las miniaturas que mas destacan en la tradición italiana. Eran ejemplares de gran tamaño, que en un primer momento se decantan por dar mayor importancia a las iniciales, pero a partir del año 1100 comienzan a ilustrarse con grandes series iconográficas. Algunos ejemplos de este prototipo de biblias son la Biblia del Panteón (de carácter narrativo en las imágenes, inspirada posiblemente en modelos bíblicos de Tours pero también en los repertorios paleocristianos) y la Biblia de Santa Maria del Fiore (del siglo XII, con un ciclo miniado de los mas importantes).


MINIATURA EN LA PENÍNSULA IBÉRICA

En los manuscritos iluminados de la Península Ibérica hispana tiene un peso muy relevante la tradición estilística de la Alta Edad Media. Durante el románico se siguieron copiando los "Comentarios al Apocalipsis" de Beato de Liébana. Esto se explica por dos causas principales: la primera es que, en la liturgia hispánica, este texto es de obligada lectura durante la cuaresma; la segunda sería que el Apocalipsis tiene una renovada vigencia iconográfica en el siglo XII, que también se observa en el resto de las artes. Las señas de identidad de este estilo basado en la tradición son el hieratismo, el uso del color como un valor expresivo y el simbolismo.

Los centros de iluminación de manuscritos se concentran en la franja norte y sólo irán apareciendo más al sur, hacia el sistema central, en la medida en que las zonas se vayan estabilizando tras el proceso de reconquista. La evolución de la miniatura románica es distinta según zonas debido a la proximidad y la relación política de cada reino con Europa y su comportamiento hacia la reforma litúrgica que impone la unidad del continente. A partir del siglo X se empieza a fortalecer el trabajo de los scriptoria con obras iluminadas, cada vez de mayor calidad, hasta que en el último tercio del siglo XII se empiezan a advertir refinadas y bellas formas, que son consecuencia de una corriente de bizantinismo.


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Durante el siglo XI en Navarra se conserva la tradición miniaturística. Destaca el Beato de San Millán de la Cogolla. Aunque tiene dos manos, en la 2ª se observa un cierto matiz modernizador. En este mismo siglo, debemos ir hasta León para encontrarnos con los primeros atisbos de la iluminación románica en sus ilustraciones. El Beato de San Isidoro de León, de 1047, muestra las influencias eurpeas en sus entrelazos decorativos y en un menor esquematismo. También en León, en el Beato de Fernando I (foto adjunta), de 1055, no encontramos apenas novedades en cuanto a iconografía pero es uno de los códices mas sorprendentes por sus brillantes colores y la excelente elaboración de sus imágenes. Su saturación de lujo se debe a que fue encargado por el rey como elemento de prestigio. Aparece la tonalidad morada en alguna de sus ilustraciones (al estilo otoniano) lo que se ha relacionado con el afán imperialista del monarca.
El Beato de Burgo de Osma, se produce en León en el año 1086 por un tal Martinus. Sus formas ya dejan ver influencias europeas de Francia o Italia. Sus dibujos son muy románicos recordando a las pinturas murales de la época y sus variados colores son de tonos mas bien suaves.


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El Beato de Santo Domingo de Silos se hizo entre el año 1091 y el 1109, en un estilo mas parecido a las composiciones de la Hispania alto medieval, con modelos antiguos pero también alternados con algunas formas no tradicionales.


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Otro ejemplo notable es el llamado Liber Testamentorum, de Oviedo, donde el obispo Pelayo intentó reunir todos los protocolos y actos notariales con sus derechos. Este libro consta de unas imágenes bastante originales así como de multitud de colores y un estilo muy personal. La iconografía de este libro está al servicio de los monarcas de Oviedo, para su exaltación y glorificación.


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Antes de cambiar de siglo, en la Marca Hispánica se halla una menor persistencia de la tradición (Beato de Gerona). Su producción tiene muchos paralelismos con la miniatura carolingia debido a las relaciones políticas entre los reinos, así lo muestran las Biblias de Santa María de Ripoll (foto adjunta) y la de Rodes, observándose un predominio del dibujo sobre el color y un mayor arraigo del clasicismo europeo.

La influencia europea se generaliza a todos los reinos en el transcurso del siglo XII en el que aumenta el número de scriptoria. En León los más destacables son el de Sahagún y el de San Isidoro de León. De estos saldrán manuscritos como: la Biblia de San Isidoro, de pergamino comprado en Francia; la Biblia de Ávila, de origen itálico pero en la que los folios adjuntos en el siglo XII incorporan una tipografía de personajes e indumentaria que evidencian la fábrica hispánica; y el Misal de San Facundo.

En la Marca Hispánica, algunos scriptoria, como el de Ripoll, entran en declive; éste se adhiere a Saint-Victor de Marsella. Hay más centros, como el de la Catedral de Vic y destaca el de la ciudad de Gerona.


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A principios del siglo XII comienza a verse una influencia proveniente de la miniatura inglesa en la Biblia de Burgos o en el Tumbo A de Santiago de Compostela (foto adjunta). Este último incluye una imagen del momento en el que se descubre la tumba de Santiago, que responde otra vez a un arte al servicio del poder monárquico y religioso.


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En los últimos años del siglo XII y primeros del XIII resucita un gran interés por los comentarios al Apocalipsis, copiándose este tema en numerosos scriptoria de casi todos los reinos. Los más interesantes son el de Alfonso IX, de influencia bizantina, el de San Pedro de Cardeña de bastante calidad y el de San Andrés del Arroyo (foto adjunta), interesante por la adaptación de temas antiguos convertidos a un lenguaje formal.

Mención aparte, por su originalidad, merece el portugués Beato de Lorvao, realizado en la abadía benedictina de San Mamés de Lorvao, fundada en el siglo X, en la que al parecer se hicieron también, por esas mismas fechas, el Libro de las Aves y, quizás, el Salterio de Santa Cruz. Terminado el Beato en 1189 por su autor Egeas, escriba y discutido probable autor de las miniaturas, es firmado al final de la obra.

Lorvao no fue el más importante scriptorium portugués, con mayor producción de manuscritos iluminados se encuentran los del monasterio de Santa Cruz de Coimbra, agustino vinculado a San Rufo de Avignon, fundado en 1131 y del que se conservan 35 obras iluminadas y el de la abadía cisterciense de Santa María de Alcobaça, dependiente directa de Clairvaux, fundada en 1153 con un record de producción de 160 manuscritos durante el románico.


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La peculiaridad del Beato de Lorvao es que carece de paralelos reales incluso en otras artes como en la escultura monumental o la pintura, con un repertorio reducido a unas pocas posturas, gestos, tipos faciales y pliegues. Por lo general las figuras están de pie, en tres cuartos y el movimiento se indica mediante una fórmula fija, como andando con una pierna al descubierto. La representación de los animales es más convincente y acertada y en la decoración se incluyen objetos de la vida cotidiana. Lo más singular, y espectacular, sin duda, de este Beato es el colorido de las ilustraciones, sólo se usa tinta férrica para los contornos, que van del negro al sepia; el aurupigmentum medieval para el amarillo brillante y el vermellón, que usa en varios tonos, especialmente mezclándolo con el amarillo para obtener un naranja brillante. Amarillo brillante y naranja brillante, resultado de utilizar clara de huevo como aglutinante.

BIBLIOGRAFÍA

BANGO, I. Arte Románico, Historia 16, Madrid, 1999

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DURLIAT, M. El arte Románico, Akal, Madrid, 1992

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PÄCHT, O. La miniatura medieval, Alianza, Madrid, 1993.

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TRIADÓ TUR, J. R. (Coor.). El Románico en España, Susaeta, Madrid, 2009

WALTHER INGO, F. Los manuscritos iluminados mas bellos del mundo desde 400 hasta 1600, Taschen, Barcelona, 2003.

YARZA, J. Arte y Arquitectura en España 500-1250, Manuales arte Cátedra, Madrid, 2004.
— Beato de Fernando I y Sancha, M. Moleiro, Barcelona, 2006.


Artículo realizado por
PATRICIA VEGA y
DAVID MORENO
Estudiantes de la IE UNIVERSIDAD (Segovia)
durante las prácticas realizadas en el CÍRCULO ROMÁNICO.
Junio 2.009
 

 

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