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Firmas Destacadas Fernando Ezquerra Lapetra Imaginería románica y fuentes escritas en el claustro de San Pedro de la Rúa. Estella.

Imaginería románica y fuentes escritas en el claustro de San Pedro de la Rúa
Estella

San Pedro de la Rúa
Claustro de San Pedro de la Rúa -Estella-

A modo de introducción

Una vez que el cristiano acepta el compromiso de la fe, debe seguir edificándola. Sin embargo, si el cristiano es clérigo, la edificación de su fe repercutirá en su manera de dirigir su vida espiritual, es decir, de vivir cada día. Pero, edificar la fe supone también pensar en modelos humanos que han sabido vivir la vida de la fe; unos modelos que, desde la tradición cristiana, siempre han sido propuestos como ejemplos que ayudan a vivir el día a día. De todos los cristianos, el clérigo está llamado a ser uno de los que más medite sobre la fe y sobre su fe. Por este motivo y de forma natural, a lo largo de la historia, los clérigos han utilizado y utilizan los ejemplos de estos modelos humanos para edificar su fe.

Esto lo sabían muy bien en la época románica y, por eso, de forma consciente, esculpieron imágenes que les ayudasen a edificar su fe en los capiteles historiados de los claustros, uno de los lugares conventuales que proporcionaba el privilegio de la meditación tanto a los clérigos como a los monjes. En estos espacios privados de meditación, el clérigo, o el monje, contó con la ayuda innegable de imágenes que reflejaban modelos hagiográficos. Además, en el caso de algunos claustros pensados para comunidades masculinas, estos escogidos modelos de la fe fueron siempre hombres santos caracterizados por una fuerte simbología eclesiástica.

Siguiendo esta línea temática, a través de este artículo, queremos analizar algunos elementos escultóricos del claustro de San Pedro de la Rúa1, en Estella, Navarra. Utilizaremos algunos de los capiteles de este claustro como un ejemplo de lo que fue, en la simbología iconografía románica, la edificación de la fe a través de imágenes de piedra. En concreto, nos detendremos en dos ciclos hagiográficos que explican fragmentos de la vida ejemplar de dos hermanos mártires, San Pedro y San Andrés, con la intención de mostrar cómo en la elaboración de estas esculturas se siguieron los dictados de fuentes escritas.

Estos capiteles hagiográficos de San Pedro de la Rúa, una vez más, vuelven a demostrar la utilización de libros como una de las fuentes directas de la inspiración artística en el arte románico. Sin embargo, conviene recordar que, en el siglo XII, la estética de la recepción de estos textos estaba fijada de una forma determinada, partiendo de la premisa de que los aceptados en el canon de la Iglesia eran la misma Palabra de Dios.

Ahora bien, desde los primeros siglos del cristianismo, los viejos textos bíblicos judíos vieron enriquecido su caudal con la aparición de nuevos textos. De forma progresiva, el cristianismo se fue apartando del judaísmo. Desde el punto de vista dogmático, esto significó que la nueva religión necesitó fijar por escrito su nueva concepción teológica. Para ello, la Iglesia tuvo que establecer un canon de los libros sagrados. La construcción de esta lista de libros admitidos por la Iglesia supuso dos cosas:

1-La revisión de los libros del Antiguo Testamento desde una nueva visión teológica que aceptaba el cumplimiento de la promesa de Dios: el Mesías se había encarnado.
2-La ampliación del grupo de los libros sagrados con aquellos que hacían referencia tanto a la vida del Mesías como a la de la primitiva comunidad de cristianos.

La iglesia acabó estableciendo un canon de libros sagrados; pero, con esta actuación, acabó condenando a algunos libros a la no oficialidad. Sin embargo, algunos de estos libros no admitidos dentro del canon de la Iglesia como revelados por el propio Dios acabaron llegando hasta el siglo XII. La estética de la recepción de los libros sagrados no sólo se produjo sobre los considerados canónicos, sino también sobre aquellos que la iglesia había marginado en su lista oficial, los denominados apócrifos.

Además, tampoco debemos olvidar el papel decisivo que, en esta trasmisión de ideas, tuvieron las lecciones teológicas que los Santos Padres y los comentadores teológicos proporcionaron sobre todos estos libros en sus reflexiones exegéticas. Los textos bíblicos adquirieron así nuevas perspectivas de lectura. Estas nuevas perspectivas de lectura no fueron ajenas a la iconografía románica. De hecho, ni los programas escultóricos más evidentes pueden ser estudiados como el reflejo fiel de un fragmento bíblico, sino como el resultado de una elección personal, la del teólogo redactor que ideó un determinado programa.

Las esculturas románicas se pueden estudiar de manera objetiva, ya que aguantan algunas de las técnicas del análisis empírico. En la actualidad, conocemos que el ojo humano puede objetivar este análisis empírico sobre las esculturas de dos maneras:

1.A través de la mirada
2.Utilizando las nuevas técnicas de estudio que proporcionan las nuevas tecnologías.

Desde esta perspectiva, cada escultura contemplada pone de manifiesto que, a pesar de la subjetividad propia de la simbología religiosa que representa, en cada imagen, se pueden acabar diferenciando dos elementos de estudio de naturaleza empírica. En principio, en cada pieza escultórica románica, se pueden encontrar dos verdaderos datos objetivables, aunque con connotaciones semánticas diferentes:

  • El primero, el que se recoge en los manuales de historia, el de los rasgos formales del maestro escultor, es decir, los llamados estilemas. En definitiva, el hacer único y personal sobre las piedras que singulariza tanto a cada maestro cantero escultor como a la idiosincrasia de su taller. Unos hombres tenidos por analfabetos y alejados, por lo tanto, de una cultura escrita, de los libros. El cantero escultor no ha podido sacar imágenes directas de un libro, si no sabe leer.
  • El segundo, el de los detalles plásticos, las formas que acaban adquiriendo los dibujos en las piedras y que singularizan no el trabajo del maestro escultor sino el pensamiento del teólogo redactor del programa iconográfico, porque representan las ideas del verdadero ideólogo de toda la obra. El teólogo redactor es un hombre culto que no sólo sabe leer los libros sino que también los interpreta en forma de imágenes pétreas que dicta o dibuja a los canteros escultores.


No obstante, serán el maestro cantero escultor o algún miembro de su taller los que acabarán haciendo objetivos estos dos elementos de estudio. A modo de ejemplo práctico, comentamos el caso de la portada occidental del templo de San Miguel de Biota, Zaragoza; una portada en la que se esculpió, de forma sorprendente en un capitel, una Maiestas Dómini con Tetramorfos. El maestro cantero dejó la impronta de su manera de esculpir a través de los detalles conocidos como estilemas, es decir, esa especie de muescas que realiza en la ropa, o la manera de realizar el muslo de las piernas. Pero, a su vez, esculpió a la Maiestas Dómini sin libro judicial en sus manos. ¿Por qué lo esculpió así? No precisamente porque él lo quisiera sino porque siguió las indicaciones del redactor teológico, ya que este mismo maestro o alguien de su taller realizó un gran Pantocrátor con Tetramorfos en Santa María la Real de Sangüesa, Navarra, en el que la Maiestas Dómini sí que sostiene un libro.

La ausencia de libro en el Pantocrátor de la portada oeste de san Miguel de Biota se constituye como lo que denominamos un detalle plástico. En San Miguel de Biota, la Maiestas Dómini está connotada sin libro porque está explicando las ideas que el redactor teológico ha preparado para esa portada en particular. Cada programa iconográfico es una auténtica lección teológica en piedra. Por eso, mientras en Sangüesa, el teólogo redactor necesitaba hablar en clave judicial, con la representación de un discipulario; en Biota, no, ya que la lección teológica es otra, pues habla del concepto teológico de la Teofanía.

El maestro cantero esculpió en este capitel de Biota tanto los estilemas como los detalles plásticos. Él fue el ejecutor material de los dos elementos de análisis que admiten el estudio empírico que proporcionan tanto la mirada directa como las fotografías. Sin embargo, mientras con los estilemas se estaba singularizando como escultor o como perteneciente a un determinado taller, con los detalles plásticos indicaba el pensamiento del teólogo redactor de este programa iconográfico.

En la piedra, el trabajo del maestro escultor permite objetivar el análisis empírico de estos dos elementos de estudio; pero, cada uno de ellos pertenece a una comprensión formal diferente. Mientras los estilemas nos acercan a datos históricos, a fechas e influencias, los detalles plásticos lo hacen a la filosofía teológica del teólogo redactor, en definitiva, a libros que también pueden servir para identificar dataciones.

Y, como ya hemos escrito, de libros queremos hablar en el desarrollo de este artículo. Las vidas de los santos o hagiografías sirvieron para edificar la fe en forma de imágenes. En este estudio, se reflexiona acerca del tratamiento escultórico que recibieron dos hermanos mártires, nada más ni nada menos que San Pedro y San Andrés, en el claustro de San Pedro de la Rúa, en Estella, un claustro datado a finales del siglo XII y cuya escultura respondería a las características formales del llamado románico tardío, ya que está documentada la existencia de San Pedro de la Rúa como parroquia en 1174.

En el claustro de Estella, encontramos las imágenes más significativas de la vida de dos de los primeros mártires cristianos. Su veneración se convirtió en un modelo de fe para los creyentes. Ahora bien, en el claustro de Estella, lo que realmente nos sorprende no es tanto la presencia, en sus esculturas, de algunos datos biográficos de estos dos santos hermanos como la documentación hagiográfica que utilizaron en ambos casos para crear las imágenes en las piedras. Mientras las esculturas dedicadas a San Pedro pueden rastrearse a través de los canónicos Hechos de los Apóstoles, las de San Andrés se pueden hacer a través de los apócrifos Hechos de Andrés. Un texto apócrifo con fuertes reminiscencias textuales griegas, ya que su total contenido no puede ser realizado sin el uso de las fuentes griegas que se conocen. Un detalle este que serviría para otro tipo de estudio; en definitiva, para investigar si ya, a finales del siglo XII, existieron originales griegos de los Hechos de Andrés en las bibliotecas monacales y claustrales del reino de Pamplona.

Volvamos a los capiteles de estas dos hagiografías. En la elaboración de los capiteles del claustro de San Pedro de la Rúa y al margen de las fuentes escritas usadas para crear la trama de la historia, a la hora de disponer las diferentes caras de un capitel, se utilizó una técnica narrativa lógico-formal circular o continuada basada en el desarrollo de unas imágenes de carácter realista, teniendo tanto en cuenta el tema que se esculpía como el significado teológico que aportaban las dos hagiografías esculpidas.

Como el grupo Ailbe ya utilizamos en el estudio de los capiteles del claustro de Alquezar, Huesca, y explicamos en el artículo Alquezar, una nueva propuesta de lectura, en este estudio acerca de San Pedro de la Rúa, proponemos la misma línea de interpretación teniendo presentes estos cinco principios:

  1. En su origen, el teólogo redactor piensa los capiteles de San Pedro de la Rúa en forma de una lectio theologica que no sólo sirva para explicar un ejemplo que hable de un modelo de edificación de la fe sino que también pueda ser narrada en la piedra.
  2. Cada capitel contiene una narración basada en una serie de imágenes fijas.
  3. Estas imágenes, aunque fijas desde el punto de vista plástico, no quiere decir que estén carentes de movimiento intelectual.
  4. El movimiento intelectual de estas imágenes fijas (la meditación que tienen que proponer, a una comunidad de clérigos, estas imágenes colocadas en un claustro) lo pone en marcha la mirada del receptor. En este caso y de entrada, gente con instrucción teológica, clérigos o canónigos de la que acabaría considerándose la iglesia mayor de Estella.
  5. Cada vez que algún miembro de la comunidad interprete en su meditación el contenido teológico del mensaje, las imágenes pétreas adquirirán vida tanto de forma parcial como en su conjunto.

Será pues esta perspectiva de análisis, formada en la convicción de que, a la hora de disponer las diferentes caras de un capitel, se utilizó una técnica narrativa lógico-formal circular o continuada basada en el desarrollo de unas imágenes de carácter realista, la que desarrollaremos en el siguiente artículo. En el fondo, cada capitel se constituye como las viñetas de una novela hagiográfica ilustrada; unas viñetas que se han colocado sobre cuatro de las seis caras de un cubo, el capitel, con la intención de edificar la fe del observador a través de la exaltación de la figura de un santo al que se le presenta como un modelo eclesiástico a seguir.

 

Las hagiografías de San Andrés y de San Pedro en el claustro de San Pedro de la Rúa

San Pedro y San Andrés constituyen una de las dos parejas de hermanos discípulos de Jesús; la otra, San Juan y Santiago. Además, en el Evangelio de San Juan, San Andrés es el primer discípulo de quien se conoce el nombre, justo antes del nombre de su hermano:

“Andrés, el hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que siguieron a Jesús por la palabra de Juan.” (Jn. I, 40)

Para los teólogos, tanto San Andrés como San Juan Evangelista eran discípulos de Juan el Bautista y, siguiendo la versión del cuarto evangelio, fueron los dos primeros discípulos que siguieron a Jesús. De ahí que, San Andrés reciba el apelativo del Protocleto, es decir, el primer llamado.

Sin embargo, nos estamos moviendo en el estudio de un claustro, un lugar reservado en este caso para clérigos. Es evidente que una de las funciones del claustro era la de servir como lugar de meditación de la lectio theologica o divina. Los capiteles de este claustro, siguiendo la norma general, quedan a la altura de los ojos, para facilitar la relación directa entre la lectura del pasaje bíblico, la visión de la iconografía y la meditación propia del clérigo (o monje) que pasea por el claustro.

Ahora bien, el claustro de San Pedro de la Rúa, tal y como nos ha llegado hasta la actualidad, es fruto de una reconstrucción.

Si dejamos de lado los capiteles historiados relativos a la vida de Jesucristo, en este claustro, encontramos tres vidas ejemplares: la de San Pedro, la de San Andrés y la de San Lorenzo. ¿Qué pueden tener en común las hagiografías plásticas de San Pedro, San Andrés y San Lorenzo, los tres santos con capiteles historiados en forma de hagiografía en este claustro? Siguiendo el modelo de Cristo, los tres murieron de forma cruenta por la fe en un claro contexto de enfrentamiento contra el poder civil. No obstante, esta es una generalidad que puede aplicársele a todos los santos mártires.

¿Por qué en San Pedro de Rúa están colocados estos tres santos mártires y no otros? Como señalan los testimonios históricos, en Estella se provocó un conflicto de intereses entre el obispado de Pamplona y el monasterio aragonés de San Juan de la Peña. Como siempre, el motivo, el menos espiritual de todos: las rentas de sus iglesias. Pero, tal vez, hubo más. En el fondo, en el claustro de San Pedro de la Rúa, nos encontramos ante tres modelos claramente eclesiásticos y no monacales.

Avancemos un poco más. Se trata de la iconografía de un claustro pensado para clérigos. Estos tres santos pueden interpretarse como ejemplos de exaltación de la Iglesia de Roma. En San Pedro, el teólogo redactor plasma la figura del fundador de la Iglesia de Roma, el que le da legitimación y el garante de la supremacía del obispo de Roma sobre los demás obispos y patriarcas. En San Lorenzo, el ejemplo del buen gestor económico de la Iglesia de Roma. San Lorenzo no sólo recibió su fama de santidad por el martirio sino también por su ejemplar gestión al frente del obispado de Roma, del que fue su archidiácono o arcediano. En San Andrés, el ejemplo de la subordinación de todas las iglesias al poder de la de Roma. La iglesia de Constantinopla había buscado en San Andrés y en San Juan su legitimación de la misma manera que Roma lo hacía en San Pedro y San Pablo. Después, vino el Cisma.

En el fondo, pensamos que en el claustro de San Pedro de la Rúa se acabó proponiendo una lectura eclesial para hombres de Iglesia. Por eso, opinamos que los tres capiteles del claustro de San Pedro de la Rúa que analizaremos, dedicados a las hagiografías de San Pedro y San Andrés, son un buen ejemplo de la utilización de fuentes escritas, tanto canónicas como apócrifas, en la elaboración de una imaginería románica que pretendía utilizar las hagiografías más representativas como auténticos modelos de fe para unos hombres, en su mayoría, cultos.

Sin olvidar que su colocación actual es el resultado de una obra de restauración, estos capiteles presentan una estructura lógica en la disposición de sus imágenes. Una disposición lógica que tiene que ver tanto con el desarrollo de la vida del santo como con la fuente literaria utilizada para crear las diferentes imágenes de cada una de las cuatro caras del capitel. Estos tres capiteles admiten una lectura lógico-formal circular o continuada como si se tratasen de las viñetas de una novela hagiográfica ilustrada que se han colocado sobre cuatro de las seis caras de un cubo, el capitel. El lector de esta novela hagiográfica sólo tiene que ir desplazando su mirada sobre cada una de las cuatro caras del capitel. Ese sencillo gesto le proporcionará la descodificación de las escenas. Unas escenas que se convierten, así, en un material simbólico de interpretación espiritual. Las imágenes esculpidas proporcionan al clérigo (o monje) el equivalente a un párrafo o capítulo de una lectura de meditación. Sobre esta base, estudiaremos la correspondencia directa que existe entre las imágenes escultóricas de estos tres capiteles y las fuentes literarias utilizadas como guía de su ejecución formal.



1.Ciclo hagiográfico de San Andrés


Los capiteles dedicados a San Andrés se articulan en torno al episodio de su pasión. Corresponde a los capiteles historiados 7 y 8 de la crujía norte. Su lectura ordenada debe realizarse en orden descendente, iniciándose en el capitel octavo para concluir en el séptimo. Y aquí empiezan las sorpresas, ya que estos capiteles admiten una lectura narrativa circular como si se tratasen de dos páginas de una novela hagiográfica ilustrada.

Estos capiteles pueden explicarse como una estructura narrativa circular porque su disposición sigue los dictados de una fuente escrita, los apócrifos Hechos de San Andrés. Para demostrarlo, en el desarrollo de la explicación de estos dos capiteles utilizaremos siempre sólo fragmentos de la edición de los Hechos de Andrés. Martirio, de la edición de Antonio Piñero y Gonzalo del Cerro, Hechos apócrifos de los Apóstoles, BAC, 2004.

Iniciemos el desarrollo del análisis de los dos capiteles dedicados a San Andrés que han llegado hasta nuestros días. Esta secuencia narrativa se inicia en el capitel número 8 de la crujía norte, para concluir en el capitel número 7 de esa misma crujía norte. Si se observa la disposición de las escenas de esos dos capiteles según el sentido de las agujas del reloj, es decir, siguiendo el orden: cara norte, cara este, cara sur, cara oeste de cada capitel, nos encontramos con que, a cada una de las caras, le corresponde una explicación a través de la versión que hemos señalado de los apócrifos Hechos de Andrés.

Este desarrollo narrativo circular toma la siguiente forma:

Capitel número 8 de la crujía norte:


San Pedro de la Rúa
Egeas manda encarcelar a San Andrés / San Andrés predica atado de pies y manos

San Pedro de la Rúa
San Andrés maniatado ante Egeas / Egeas interroga a San Andrés

San Pedro de la Rúa
Varios hombres atan a San Andrés a la Cruz


  • Cara norte, San Andrés ante Egeates: “Fue, pues, corriendo, agarró a Andrés a la fuerza y lo llevó hasta Egeates echándole al cuello el pañuelo que el bienaventurado llevaba sobre el hombro” (fragmento 26 Martirio del santo e ilustre protocleto Andrés Apóstol)
  • Cara este, Procónsul Egeates ordena encarcelar a San Andrés y predicación de San Andrés: “Todo el gentío presente estaba en actitud amistosa para con el apóstol. Y al enterarse de que el procónsul estaba hablando con él, corrió hasta el lugar donde estaban hablando preguntando el motivo. Egeates, sin dilación, ordenó encarcelarlo." (fragmento 26, Martirio del santo e ilustre protocleto Andrés Apóstol)
    Predicación de San Andrés en la cárcel: “Y sin ser sorprendida por nadie, entró y encontró al apóstol, que estaba hablando a los que con él estaban encarcelados.” (fragmento 28, Martirio del santo e ilustre protocleto Andrés Apóstol)
  • Cara sur, Egeates interroga a San Andrés. “Al día siguiente de madrugada, mandó llamar Egeates a Andrés de la cárcel.” (fragmento 51, Martirio de San Andrés, Apóstol y protocleto)
  • Cara oeste, Varios hombres atan y azotan a San Andrés: “Y ordenó que le azotaran con siete látigos. Luego lo entregó para que lo crucificaran, ordenando a los verdugos para, según creía, castigarlo todavía más.” (fragmento 51, Martirio de San Andrés, Apóstol y protocleto)

Capitel número 7:


San Pedro de la Rúa  -Estella-
San Andrés predicando durante el martirio

San Pedro de la Rúa  -Estella-
Intento de liberar a San Adrés / Muerte del alma de Egeas

San Pedro de la Rúa  -Estella-
El alma de San Andrés sube al cielo en un nimbo almendarado


  • Cara norte, Los soldados informan a Egeates que San Andrés ha sido liberado por Estratocles, su hermano: “Los soldados fueron y se mostraron a Egeates contándole lo sucedido. Él les respondió: _ Tomad otros vestidos y marchad al sitio en el que os he mandado que cumpláis la orden.” (fragmento 53, Martirio de San Andrés, Apóstol y protocleto)
  • Cara este, Predicación de San Andrés durante su martirio: “Dichas estas cosas, el muy bienaventurado estaba pie en tierra, y con los ojos fijos en la cruz subió a ella suplicando a los hermanos que hicieran acercarse los verdugos para que cumplieran con lo que se les había ordenado, pues se habían quedado a lo lejos. Vinieron, pues, y solamente le ataron los pies y las axilas, sin clavarle ni las manos ni los pies, y sin quebrarle las articulaciones... Los hermanos que estaban presentes, y de los que no era posible contar el número de tantos como eran, viendo que los verdugos se retiraban... Dichas estas cosas, pronunció para todos en común un discurso.” (fragmento 54, Martirio de San Andrés, Apóstol y protocleto)
  • Cara sur, suicidio de Egeates, condena de su alma: “Pero al no poder conocerla, se levantó una noche y, a escondidas de todos los suyos, se arrojó desde una gran altura y murió.” (fragmento 64, Martirio de San Andrés, Apóstol y protocleto)
  • Cara oeste, Muerte de San Andrés, su alma conducida al cielo: “Después de decir estas cosas y glorificar todavía más al señor, entregó su espíritu, durante su acción de gracias.” (fragmento 63, Martirio de San Andrés, Apóstol y protocleto)

Siguiendo este esquema narrativo circular, se observa que las caras sur y oeste de este séptimo capitel de la crujía norte reciben una variación respecto al orden natural de la narración que había quedado establecido según el orden del capitel octavo: muerte de San Andrés, suicidio de Egeates. Se presentan al revés: suicidio de Egeates, fragmento 64, muerte de San Andrés, fragmento 63.

La alteración del orden natural de la narración está buscada. Es decir, está realizada de forma intencionada. Con este cambio de disposición de las imágenes, se consigue:

1.Hablar iconográficamente de San Andrés en último lugar.
2.Presentar el triunfo de San Andrés después del suicidio de Egeates.
3.Mientras el alma de Egeates es condenada a ser conducida al infierno por esas dos bestias, el alma de San Andrés es conducida al cielo por dos ángeles, dentro de su mandorla.
4.La iconografía de exaltación del triunfo de San Andrés queda en el lado occidental del capitel con todo lo que significa la simbología de este punto geográfico para un cristiano. En definitiva, el alma de San Andrés es conducida al cielo siguiendo la dirección del camino de Santiago.

Las imágenes iconográficas de estos dos capiteles románicos se articulan en torno a una estructura narrativa circular que se corresponde en la actualidad con una traducción de los originales de los Hechos de Andrés. Además, tal y como hemos apuntado en el inicio de este breve artículo, en esta iconografía románica, no sólo se esculpió una representación hagiografía de carácter literal, sino que también quedaron marcados los detalles plásticos ideados por el teólogo redactor del programa en forma de exempla. Sin embargo, la persona que ha diseñado las imágenes del capitel no puede ser una persona analfabeta, ya que estas imágenes presuponen conocimientos de filosofía teológica del llamado Neoplatonismo cristiano. Veamos un solo ejemplo ilustrativo.

En el capitel 7, cara sur, se describe la muerte del procónsul Egeates (Egeas). ¿Qué se ve en dicho capitel? Efectivamente, dos grandes bestias que parecen tomar algo, alguien tirado en el suelo del que le sale algo del vientre y otro personaje a su lado. ¿Intentamos analizar este capitel en tres pasos, utilizando para ello tres citas de un mismo fragmento 64 del texto Martirio de San Andrés, Apóstol y protocleto?

1.Primer paso: “Maximilia se había separado de Egeates a causa de su alma de fiera y su conducta desordenada.”
2.Segundo paso: “Egeates le suplicaba insistentemente prometiéndole que sería la dueña de sus bienes. Pero al no poder convencerla, se levantó una noche y, a escondidas de todos los suyos, se arrojó desde una gran altura y murió.”
3.Tercer paso: “Estratocles, que era hermano de Egeates según la carne, no quiso tocar la fortuna de éste –un desafortunado que, además, había muerto sin hijos-. Dijo, pues: -Que tus bienes se vayan contigo. Para mí, que Jesús sea mi amigo y yo lo sea suyo. La gran cantidad de males exteriores e interiores la arrojó dejos de mí. Encomiendo a Jesús mis bienes y rechazo todo lo que es contrario.”

Según estas citas, Egeates tiene alma de fiera por su conducta desordenada y se suicida arrojándose. Esto es lo que quiso dejar claro el que ideo la imagen con la figura que tiene los pies sobre lo que podría ser la representación iconográfica de un alto, de un pequeño montículo, en definitiva, un pequeño motivo escultórico para indicar ese arrojarse. ¿Qué le pasa a la figura que se arroja?, que pierde algo. ¿Por dónde? No es el cerebro ni el corazón, sino parece ser que pierde el vientre. ¿No parecen los intestinos? ¿Tiene esto algún significado? Es el momento de hablar de filosofía neoplatónica cristiana y de Platón. ¿En cuántas partes divide Platón el alma humana?

1.La racional, situada en la cabeza, se encarga del conocimiento, del pensamiento, su virtud es la sabiduría,
2.La irascible, situada en el tórax, tiene que dominar las pasiones, su virtud la fortaleza,
3.La concupiscible, situada en el abdomen o en el bajo vientre, tiene por función el dominio de los impulsos, el llamado dominio de uno mismo, su virtud la templanza o moderación. Para Platón, es la parte mortal del alma humana.

¿Por qué se condena Egeates? No tiene la virtud de la templanza, no ha dominado los impulsos que siente hacia Maximilia y se ha suicidado. Al no controlar su alma concupiscible, se ha suicidado. Por eso, se le representa con el abdomen abierto y perdiendo sus intestinos, su bajo vientre. ¿Qué ha pasado con su alma de fiera?, que ha sido tomada por dos grandes bestias, dos demonios. Dos demonios que, por el estado del capitel, parece que la están arrancando de su silla del poder, su silla de procónsul. Por el desenfreno de su alma concupiscible, el alma de Egeates acaba en las manos de dos fieras. Por su alma de fiera, irracional, en definitiva, alma concupiscible, se suicida. Por eso, Egeates recibe el premio que merece: las fieras, el demonio, la condenación eterna.

Queda el otro personaje que podría corresponder a Estratocles, presentado como hermano de Egeates. El personaje que decide seguir a Cristo. La persona que ideó esta imagen no sólo ha leído un libro que contenía los apócrifos Hechos de Andrés sino que, además, por las versiones que han llegado hasta nuestros días de esta hagiografía, seguramente, en griego.

Una persona analfabeta no puede plantear un capitel que, de forma tan explícita, utiliza tantos conceptos filosóficos basados en el Neoplatonismo cristiano. Además, está claro que quien ideo este capitel había leído una fuente escrita de primera mano. El cantero escultor se ha limitado a esculpir lo que le han indicado, a no ser que admitamos que este cantero pudo tratarse de un clérigo instruido. Por la precisión de las imágenes esculpidas respecto a las referencias literarias, queda poco margen para la duda. Por eso, es muy posible que quien ideo estas imágenes fuese un hombre culto; un clérigo que, seguramente, también leyó directamente del griego. Sea como sea. en el claustro de San Pedro de la Rúa, los capiteles historiados del ciclo hagiográfico de San Andrés avalan una estética de la recepción directa de una fuente literaria apócrifa, los Hechos de Andrés.

El posible desastre que pudo significar la remodelación histórica de estos capiteles no impide que estos dos capiteles dedicados al ciclo hagiográfico de San Andrés puedan ser interpretados como el equivalente a las dos páginas ilustradas de una novela hagiográfica. Además, todavía hoy, y a pesar de los avatares históricos del claustro, da la casualidad de que esas dos páginas eran y son correlativas.

Si hasta ahora teníamos las imágenes, las ilustraciones de cada viñeta de lo que puede ser considerada como una vieja novela hagiográfica ilustrada, tal vez, en estos momentos, estemos en disposición de poder introducir sus globos, tanto los narrativos como los de los diálogos o bocadillos, pues contamos con una serie de fragmentos de textos que permiten reconstruir la vida de San Andrés desde su encarcelamiento por mandato de Egeates hasta su muerte y su posterior Elevatio animae, el triunfo de su vida ejemplar.

Además, se pueden reconstruir en perspectiva las imágenes de las cuatro caras labradas de las seis que componen la estructura cúbica de estos capiteles. ¿Qué pasa si colocas estas dos caras en este orden?:

Capitel 8 de la crujía norte: Cara norte, fragmento 26; Cara este, fragmento 26 y fragmento 28 (es la cara del capitel que está dividida en dos partes); Cara sur, fragmento 51; Cara oeste, fragmento 51

Capitel 7 de la crujía norte: Cara norte, fragmento 53; Cara este, fragmentos 54, 55,56 (corresponden a la predicación de San Andrés atado en la cruz); Cara sur, fragmento 64; Cara oeste, fragmento 63 (Con el cambio de sucesión narrativa por la intencionalidad didáctica teológica ya comentada)

Sólo hemos podido relacionar dos páginas de una vieja novela hagiográfica ilustrada. Pero, dos páginas que pueden ser reconstruidas de una determinada forma, narrativa circular o continuada, a partir de tradiciones hagiográficas que nos han llegado en textos apócrifos. Estas dos páginas de la vieja novela hagiográfica ilustrada siguen una estructura narrativa circular que, si se despliegan de forma lineal sus imágenes y, además, se convierten en una estructura lineal narrativa, reproduce el siguiente esquema novelesco:

  • Inicio in medias res (el encarcelamiento)
  • Desarrollo, (San Andrés en la cárcel)
  • Clímax, (San Andrés fuera de la cárcel junto a la cruz)
  • Desenlace final (suicidio de Egeates, muerte de San Andrés y triunfo de su alma).

Además, para algunos autores, los Hechos de Andrés no dejan de ser más que una buena novela helenística.

2.Ciclo hagiográfico de San Pedro

El ciclo hagiográfico de San Pedro nos ha llegado hasta la actualidad en un único capitel, el número 9 de la crujía Norte. Por lo tanto, está colocado justo detrás del breve ciclo hagiográfico de la pasión de San Andrés. Sin embargo, la narrativa circular del capitel dedicado a San Pedro está orientada al revés: este, norte, oeste, sur; es decir, al contrario de las agujas de un reloj.

Capitel número 9


San Pedro de la Rúa  -Estella-
Herodes Agripa interroga a San Pedro, que es detenido a la fuerza

San Pedro de la Rúa
Jerusalem

San Pedro de la Rúa -Estella-
San Pedro conducido por el Ángel entre los soldados


  • Cara este, Herodes Agripa interroga a San Pedro, que es detenido utilizando la fuerza: “Por aquel tiempo, el rey Herodes echó mano a algunos de la Iglesia (lo indica la acción del soldado en la imagen del capitel) para matarlos. Dio muerte a Santiago, hermano de Juan, por la espada. Viendo que esto era grato a los judíos, llegó a prender también a Pedro.”(Act. XII, 1-3)
  • Cara norte, San Pedro apresado y aparece el ángel: “Apresándolo, lo metió en la cárcel, encargando su guardia a cuatro escuadras de soldados con el propósito de presentarlo al pueblo después de la Pascua. En efecto, Pedro era custodiado en la cárcel pero la Iglesia oraba insistentemente a Dios por él.” (Act. XII, 4b-5) “Hallándose Pedro dormido entre los soldados (imagen del capitel), sujeto con dos cadenas y guardada la puerta de la prisión por centinelas, un ángel del señor se presentó en el calabozo.” (Act. XII, 6b-7a)
  • Cara oeste, San Pedro dormido (sedente) es liberado: “El calabozo se quedó iluminado; y golpeando a Pedro en el costado le despertó diciendo: Levántate pronto; y se cayeron las cadenas de sus manos. El ángel añadió: Cíñete y cálzate tus sandalias. Hízolo así. Y agregó: Envuélvete en tu manto y sígueme. Y salió en pos de él.” (Act. XII, 7b-8)
  • Cara sur, Jerusalén: “Atravesando la primera y la segunda guardia, llegaron a la puerta de hierro que conduce a la ciudad. La puerta se les abrió por sí misma, y salieron.” (Act, XII, 10)

Mientras en el caso de la iconografía de San Andrés se utilizaron fuentes escritas pertenecientes a lo apócrifos Hechos de Andrés, para este capitel de San Pedro se estaría siguiendo los Hechos de los Apóstoles, libro canónico.

Recapitulemos esta nueva estructura narrativa circular, ahora aplicada a la hagiografía de San Pedro. De entrada, la interpretación de la cara este parece estar muy clara: Herodes Agripa interroga a San Pedro, quien ha sido detenido utilizando la fuerza. (Act. XII, 1-3) ¿Qué pasa con la cara norte? En ella, se interpreta a San Pedro apresado acompañado de la presencia de un ángel. El texto bíblico dice que San Pedro estaba “sujeto con dos cadenas”, y unas cadenas unen los antebrazos de San Pedro en esta iconografía del claustro de San Pedro de la Rúa. Además, de las manos de San Pedro sale una cadena (parece una cuerda o soga) que va a parar a la pared; es decir, al extremo del capitel. El capitel está reproduciendo pasajes de los Hechos de los Apóstoles y en concreto los pasajes: Act. XII, 4b-5 y Act. XII, 6b-7a

Sin embargo, la verdadera pista de la utilización de una estructura semántica circular, a la hora de esculpir todas las imágenes hagiográficas de este capitel, la da la cara oeste: San Pedro dormido (sedente) es liberado. ¿Entre otras cosas, qué le dice el ángel a San Pedro?: “Cíñete y cálzate tus sandalias”. En este capitel de San Pedro de la Rúa, es precisamente lo que está haciendo la figura de San Pedro. La figura esculpida se está calzando una sandalia. San Pedro está sentado reproduciendo la posición natural de ponerse un zapato o sandalia. Además, junto a él tiene colocado al ángel, dándole el manto: “Envuélvete en tu manto y sígueme.” Después, ya liberado, se encuentra esculpido compartiendo protagonismo con el ángel que le coge de las manos para que le siga. (Act. XII, 7b-8)

Para acabar, la última de las caras, la sur, está representando la ciudad de Jerusalén. En dicho capitel se encuentra una puerta esculpida. ¿Qué dice el texto bíblico?: “La puerta se les abrió por sí misma, y salieron”. En este capitel del claustro de San Pedro de la Rúa, la abertura de la muralla que está esculpida no trae labrada ninguna puerta, ya que se está esculpiendo una puerta abierta. La ausencia de la labra de la puerta se constituye en sí misma en un buen símbolo de la libertad que alcanza San Pedro gracias a la mediación del ángel. (Act. XII, 10)

Ahora bien, ¿cómo los encontraron quienes colocaron los capiteles en la restauración del claustro de San Pedro de la Rúa? Da la casualidad de que mientras los capiteles de San Andrés son dos y repiten el mismo esquema narrativo circular: norte, este, sur, oeste, orientados en el sentido de las agujas del reloj; el dedicado a San Pedro es uno y no repite ese esquema, ya que sus caras estarían orientadas siguiendo el esquema: este, norte, oeste, sur; es decir, en el sentido contrario a las agujas de un reloj.

A modo de conclusión

Sea como sea, opino que nos encontramos ante capiteles que comparten una doble característica: 

  1. Están esculpidos reflejando una estructura narrativa circular o continuada.
  2. Sus imágenes se hicieron siguiendo los dictados de libros: el canónico Hechos de los Apóstoles en el caso del capitel dedicado a San Pedro; el apócrifo Hechos de Andrés en el caso de los dos capiteles dedicados a San Andrés.

Explicado en imágenes, estas páginas ilustradas de una novela hagiográfica hecha en piedra pueden tomar esta forma:


San Pedro de la Rúa  -Estella-
Resumen fotográfico


En la elaboración de los capiteles del claustro de San Pedro de la Rúa, en Estella, Navarra, y al margen de las fuentes escritas usadas para crear la trama de la historia ya comentadas, se utilizó, a la hora de disponer las diferentes caras de un capitel, una técnica narrativa lógico-formal circular o continuada basada en el desarrollo de unas imágenes de carácter realista. A través de fuentes literarias, canónicas o apócrifas, el teólogo redactor del programa iconográfico de los capiteles historiados del claustro ideó lo que bien podríamos comparar a las ilustraciones de una novela hagiográfica, pero en piedra. Para hacerlo, siempre tuvo en cuenta tanto el tema que se debía esculpir como el significado teológico que aportaban las dos hagiografías esculpidas.

En el fondo, las vidas ejemplares de San Pedro y San Andrés tenían que servir de exempla para los clérigos que entenderían ese mensaje, ya que, estas imágenes necesitan de un soporte textual para ser entendidas.

Así como el pueblo analfabeto podía interpretar de forma coherente el significado de una Crucifixión hecha imagen en las piedras, estos capiteles de San Pedro de la Rúa necesitan, por su particularidad y especificidad a la hora de reproducir las imágenes, un decodificador de la historia que esconden. Es decir, estos capiteles se pueden entender ya sea a través de la consulta directa del libro en el que se contienen las palabras que permiten construir estas imágenes, ya sea a través de la explicación de alguien que conoce la historia de primera mano, a través de la fuente literaria.

Aunque este tema parece sencillo, no lo es. Para poder decodificar de forma correcta el mensaje de los dos capiteles de la hagiografía de San Andrés que han llegado hasta la actualidad, sólo se nos ocurre dos supuestos:

  1. En el convento había alguien con una preparación tan específica que era el encargado de explicar la historia de las imágenes al resto de los clérigos. Sin embargo, ¿explicaría todos los detalles plásticos y lo que estos significan? ¿Tenía un horario para hacerlo? Ver imágenes por ver imágenes, si no se entienden, no merece la pena y, además, acabarían perdiendo la función para las que fueron creadas, la de edificar la fe de una comunidad de clérigos. Una cosa es explicar al pueblo llano: “Estas son imágenes de la vida de San Andrés”, y otra cosa, bien distinta, proponer, en un claustro conventual, la vida de san Andrés como exemplum y material de meditación para un clérigo.
  2. Por estos detalles, opinamos que, seguramente, en la biblioteca, los clérigos podían consultar los textos a los que pertenecen estos fragmentos, lo que supondría que los clérigos hacían servir las diferentes versiones de unos determinados textos: los unos considerados canónicos; los otros, apócrifos. Además, estas imágenes, esculpidas con tal alto contenido de detalles plásticos que remiten incluso a conceptos propios de la filosofía teológica neoplatónica cristiana, siempre podían ser utilizadas como complemento didáctico de lecciones teológicas.

De lo que no nos cabe la menor duda es de que ningún comitente ordena realizar, en los capiteles historiados de un claustro, un volumen tan considerable de iconografía escultórica, si no va poder ser descifrada, en definitiva, entendida. Por eso, suponemos que las hagiografías de San Pedro y de San Andrés propuestas como exempla para los clérigos, eran conocidas al menos por algunas de las personas de la comunidad de clérigos a la que iban destinados los capiteles historiados de este claustro como material de meditación espiritual cristiana.

De allí, la precisión, en la ejecución de las imágenes de estos capiteles historiados, de esos detalles plásticos que encajan tanto con la lectura literal de libros como con conceptos de naturaleza filosófica y teológica. En el fondo, no deja de sorprendernos esta relación unívoca, casi literal, que se produce entre las imágenes pétreas de los capiteles y las imágenes que se pueden deducir a partir de la lectura directa de los textos que hemos propuesto y, sobre todo, cuando alguno de esos textos, tal vez, sólo pudo conocerse en griego.

En los capiteles historiados de San Pedro de la Rúa, la imaginería escultórica tomó vida a partir de las palabras de libros: unos, tenidos por canónicos; otros, por apócrifos. ¿Dónde estaba, entonces, el límite de la ortodoxia de la fe, si lo que se pretendía era edificar la fe de una comunidad de clérigos? Además, está claro que no nos encontramos ante un manual de teología sistemática y que ni siquiera estos capiteles fueron concebidos como la exposición de un código moral. En definitiva, estos capiteles se comportan como el soporte visual de una auténtica novela religiosa, una novela cristiana que explica la exaltación de la vida de dos santos apóstoles convertidos en héroes. En realidad, cuando contemplamos estos capiteles del claustro de San Pedro de la Rúa, nos encontramos ante las únicas páginas que nos quedan de dos novelas apostólicas ilustradas.

F. Ezquerra Lapetra
-Grupo Ailbe-


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