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Rincón del Usuario Artículos De contenido Románico Grupo Ailbe Errores teológicos en la iconografía románica

Errores teológicos en la iconografía románica

A modo de introducción

En una iconografía tan vigilada desde el punto de vista dogmático como es la románica, sorprende encontrar en ella lo que se podrían denominar errores teológicos.

En primer lugar, cabe preguntarse acerca de la definición de la palabra error. De entrada, el significado de la palabra error admite tres definiciones:

1. Concepto equivocado o juicio falso.
2. Acción desacertada o equivocada.
3. Cosa hecha erradamente.

Sin embargo, de producirse estos errores teológicos en el arte románico, sería muy peligroso admitir que nacieron como una consecuencia de la utilización de un concepto equivocado o de un juicio falso porque, si fuese así, esto indicaría que esa iconografía es el resultado de un salirse de la ortodoxia de la fe.


Y aquí radica el primer problema. ¿Por qué se producen aparentes errores de carácter teológico en iconografías de lugares tan paradigmáticos como el monasterio de Silos o Santa María la Real de Sangüesa y en lugares tan singulares del románico rural como San Miguel de Biota o San Nicolás de El Frago?

¿Son estos errores producto de una acción desacertada o equivocada? En el caso del llamado románico rural, podría entenderse que sí. De entrada, se podría postular que al románico rural llegaron teólogos redactores de programas iconográficos que eran menos expertos o que contaban con una preparación teológica deficiente. No obstante, ¿se puede aplicar este criterio a los teólogos redactores de los programas iconográficos de Silos o de Sangüesa?

Vistas así las cosas. Sólo queda admitir la tercera vía conceptual: estos aparentes errores teológicos serían el resultado de una cosa hecha erradamente. Es decir, de ser cierto que se producen aparentes errores teológicos en algunas iconografías románicas, tales errores dependerían en todo momento de una intencionalidad, la del teólogo redactor de cada programa.

A lo largo de este artículo, es esto lo que se pretende demostrar: en la iconografía del románico hispano, se produjeron errores teológicos que no nacieron como fruto de un concepto equivocado o de un juicio falso al producirse por parte del teólogo redactor una acción desacertada o equivocada, sino que se deben a la propia voluntad del ideólogo del programa plástico. Es decir, la particular concepción de la filosofía teológica del teólogo redactor de algunos programas fue la que produjo que , en apariencia, ciertas iconografías fuesen esculpidas erradamente.

En el fondo, a través de una serie de cinco ejemplos plásticos y con la ayuda de las pruebas objetivas que en la actualidad proporcionan las fotografías, sólo buscamos probar la existencia de estos errores teológicos. Pero, antes de iniciar este breve recorrido iconográfico, conviene recordar que, en la exégesis bíblica de la Edad Media, la Biblia pasaba por cuatro estadios de interpretación: histórico (o literal), tropológico (o moral), alegórico (las verdades de la fe) y anagógico (verdades celestiales y escatológicas).

Nuestra intención consiste en demostrar que la presencia de estos errores teológicos se debió a la existencia de un grupo de teólogos redactores que se alejaron de manera intencionada de la interpretación histórica o literal de la Biblia. Además, también intentaremos evidenciar que estos hombres pudieron cometer estos errores por una de estas dos causas:
1. Usaron el poder legítimo de la iglesia
2. Gozaron de un gran prestigio intelectual.

Aunque, tal vez, en algún caso, confluyeran las dos.


Grupo Ailbe. Errores teológicos en la iconografía románica

El tratamiento de la Ascensión en el relieve del claustro del monasterio de Silos
“Diciendo esto, fue arrebatado a vista de ellos, y una nube le sustrajo a sus ojos.” (Act. 1,9)


Para iniciar este breve recorrido a modo de ejemplo, una pregunta muy simple: si se deja de contar a la Virgen, ¿cuántos discípulos aparecen esculpidos en este bajorrelieve de Silos? La respuesta es sencilla: doce. Doce discípulos evangélicos cuando Judas ya se había ahorcado. Además, en este bajorrelieve se identifica al discípulo número 12 como San Pablo. Un San Pablo que, cronológicamente hablando, todavía no ha aparecido ni en los Evangelios ni en los Hechos de los Apóstoles, los libros que tratan el tema de la Ascensión.

Tradicionalmente, los Hechos de los Apóstoles están estructurados en párrafos. En concreto, el dedicado a la Ascensión de Jesucristo ocupa del versículo 9 al 14 del primer capítulo. ¿Qué ocurre en el versículo 13? Que se encuentra la lista de los discípulos evangélicos. La nómina de estos discípulos evangélicos según la Vulgata:

Et cum introissent, in cenaculum ascenderunt, ubi manebant et Petrus et Ioannes et Iacobus et Andreas, Philippus et Thomas, Bartholomaeus et Matthaeus, Iacobus Alphaei et Simon Zelotes et Iudas Iacobi.

Es ya una nómina de once discípulos. Este primer ejemplo, sólo pretende ser visual ¿Cómo pudieron equivocarse en Silos? Sólo existe una explicación posible: la intencionalidad primera del teólogo programador de la escultura de este bajorrelieve ya era ésta, la de colocar doce discípulos, al margen de que es evidente que este teólogo redactor conocía la verdad del texto bíblico. De entrada, en este primer caso, parece ser que un teólogo redactor decidió abandonar la interpretación histórica o literal de la Biblia para hablar de una verdad de fe: San Pedro y San Pablo son los puntales de la iglesia de Roma.


Grupo Ailbe. Errores teológicos en la iconografía románica

El discipulario del dintel Santa María la Real de Sangüesa


Observando con atención, uno se da cuenta de que, en el Discipulario del dintel de la magnífica portada de Santa María la Real en Sangüesa, alguien se olvidó de poner una estatua al discípulo amado. Mientras en los arquillos de los templetes destinados a cada Apóstol pueden leerse, unas veces pintados y otras cincelados, sus nombres, en la última escultura, la que está ubicada junto a la representación iconográfica del infierno, la destinada a Judas Iscariote, comparten filacteria el nombre de San Juan Evangelista, el discípulo amado, y el de Judas Iscariote, el traidor. En principio, esta coincidencia se presenta como un gran misterio.

¿Por qué la necesidad de introducir estos dos nombres en una sola escultura? La solución a esta respuesta es obvia. Se necesita que salga algún discípulo evangélico para hacer entrar a otro personaje bíblico neotestamentario en su lugar. ¿Quién? De alguna manera, el teólogo redactor creyó que tenía que hacer entrar a este San Pablo en este discipulario.


Grupo Ailbe. Errores teológicos en la iconografía románica

A simple vista, se ve claramente que el nombre labrado de PAVLVS sustituye a un nombre anterior pintado. Esto provoca una respuesta obvia y sencilla: en este caso, San Juan Evangelista estorbaba al que tuvo que ser con toda seguridad el segundo teólogo redactor de este discipulario de Sangüesa. De tal manera fue consciente este segundo teólogo redactor de lo que hacía en todo momento que acabó sustituyendo el nombre de un discípulo, pintado en su arquillo superior, por un nuevo nombre, ahora labrado, el de PAVLVS.

En apariencia, esta es ya la primera gran diferencia de la iconografía románica de Sangüesa respecto a la de Silos. En Santa María la Real de Sangüesa, existen don teólogos redactores:

1. El que, en primera instancia, pintó los nombres, algunos de ellos todavía claramente visibles por los restos de la policromía pictórica.
2. El que realizó la corrección de los nombres de algunos discípulos evangélicos sustituyéndolos por otros a través de la técnica de la labra directa en la piedra.

El segundo teólogo redactor quiso introducir la figura de San Pablo y, además, por su ubicación, darle un papel relevante entre los discípulos. Sin embargo, si se analiza el sentido literal o histórico de los pasajes bíblicos, San Pablo no vivió, ni siquiera como Judas, ninguno de los episodios del Jesús histórico.

Además, en las listas oficiales de los discípulos evangélicos, no aparece su nombre. A la lista ya conocida de los discípulos evangélicos de los Hechos de los Apóstoles, hay que añadir las otras tres existentes en los evangelios sinópticos:

Evangelio de San Lucas, 6, 14-16

Simonem, quem et cognominavit Petrum, et Andream fratrem eius et Iacobum et Ioannem et Philippum et Bartholomaeum et Matthaeum et Thomam et Iacobum Alphaei et Simonem, qui vocatur Zelotes, et Iudam Iacobi et Iudam Iscarioth, qui fuit proditor.

Lista de San Mateo, 10, 2-4

Duodecim autem apostolorum nomina sunt haec: primus Simon, qui dicitur Petrus, et Andreas frater eius, et Iacobus Zebedaei et Ioannes frater eius, Philippus et Bartholomaeus, Thomas et Matthaeus publicanus, Iacobus Alphaei et Thaddaeus, Simon Chananaeus et Iudas Iscariotes, qui et tradidit eum.

Lista de San Marcos, 3, 16-19

Simoni nomen Petrum; et Iacobum Zebedaei et Ioannem fratrem Iacobi, et imposuit eis nomina Boanerges, quod est Filii tonitrui; et Andream et Philippum et Bartholomaeum et Matthaeum et Thomam et Iacobum Alphaei et Thaddaeum et Simonem Chananaeum et Iudam Iscarioth, qui et tradidit illum.

En resumen, los discípulos evangélicos vendrían a ser: Simón, apodado Pedro; Andrés, hermano de Pedro; Santiago el de Zebedeo o Santiago el Mayor; Juan, hijo de Zebedeo y hermano de Santiago el Mayor; Felipe; Bartolomé, llamado también Natanael de Caná; Tomás (llamado Dídimo o Mellizo); Mateo; Santiago el Menor o Santiago el de Alfeo; Judas Tadeo; Simón el Cananeo, el Celador o Zelote; Judas Iscariote, el que traicionó a Jesús.

San Pablo tampoco aparece en ninguna de las listas oficiales de los discipularios evangélicos. Pero, en Santa María la Real de Sangüesa, sí. Y no tan sólo San Pablo sino también San Lucas. Un San Lucas cuyo nombre no está pintado, sino labrado de la misma manera que el de San Pablo. Es decir, San Pablo y San Lucas fueron introducidos por el deseo expreso de un segundo teólogo redactor.


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Es decir, el segundo teólogo redactor del discipulario del dintel de Sangüesa no sólo puso a San Juan Evangelista compartiendo filacteria con Judas junto a la representación iconográfica del infierno, sino que también, a la fuerza, tuvo que hacer desaparecer, como mínimo, a otro discípulo.

Esta última afirmación es el resultado de utilizar la lógica. Al producirse la siguiente situación: ¿cómo labrar catorce nombres (doce discípulos + San Pablo + San Lucas) en doce esculturas?.

Sin embargo, todos los autores consultados coinciden en que sólo existe un magister, Leodegarius, al que se le debe atribuir el discipulario del dintel de Santa María la Real de Sangüesa. Tal vez, piensan así porque el magister Leodegarius sí que supo poner su nombre.

Con este antroponímico como autor, parece descabellado preguntarse por la existencia e identidad de un segundo teólogo redactor en Sangüesa. Un segundo teólogo redactor al que se le tendría que imputar no sólo la labra de los nombres de San Pablo y San Lucas, sino también el cambio de otros nombres (colocando labrado, por ejemplo, el de Santiago sobre el nombre pintado de San Andrés). Un segundo teólogo redactor que también acabó desplazando el nombre de San Juan Evangelista para colocarlo junto al de Judas Iscariote, el traidor.

Seguramente, es difícil pensar que un hombre tan importante, ya que puso su nombre sobre el libro que sostiene la Virgen María, no podría hacer jamás eso, es decir, quedarse con el supuesto honor de la inmortalidad que le correspondería a otros hombres. Hombres que podían venir de más lejos, tal y como evidencia entre otros detalles, la presencia del antropónimo gaélico irlandés Ilatham en el interior del templo.

Como se pretende demostrar, en Santa María la Real de Sangüesa ciertos errores teológicos son debidos no a la voluntad del primer teólogo redactor del programa iconográfico, el que pintó los nombres del discipulario evangélico, sino a la presencia de una segunda mano tal y como se puede apreciar que ocurrió con San Andrés.


Grupo Ailbe. Errores teológicos en la iconografía románica

Se trata de la confirmación del cambio de un nombre pintado por otro labrado. Al introducir a San Pablo y a San Lucas (apóstoles, pero no discípulos), necesariamente sobran dos discípulos. Sin embargo, como se comenta reiteradamente, el segundo teólogo redactor hizo permanecer a Judas Iscariote y en su filacteria colocó también el nombre de San Juan Evangelista.

Esta agrupación implica que, si la estatua número 12 contiene dos nombres de los 14 posibles, quedan 12 nombres para 11 estatuas. El segundo teólogo redactor necesitaba hacer más cambios para que le encajase la relación de nombres que quería utilizar. ¿Cuál fue el otro discípulo sacrificado? Por la foto adjuntada, parece ser que San Andrés.

De esta manera, según la idea del segundo teólogo redactor, la relación entre la nómina de lo que en propiedad debe ser denominado apostolario y no discipulario evangélico y el número de las estatuas quedaría configurada de esta forma:

1. San Pablo ocuparía el lugar de San Juan Evangelista,
2. San Juan Evangelista comparte en una filacteria protagonismo con Judas,
3. San Lucas pasa a ocupar el lugar de Santiago,
4. Santiago ocupa el lugar de San Andrés, que es eliminado,
5. Simón, apodado Pedro,
6. Felipe de Betsaida,
7. Bartolomé, llamado también Natanael de Caná,
8. Tomás (llamado Dídimo o Mellizo),
9. Mateo, el publicano (recaudador de impuestos para los invasores romanos),
10. Santiago el Menor o Santiago el de Alfeo,
11. Judas Tadeo,
12. Simón el Cananeo, el Celador o Zelote.

¿Qué apóstoles salen malparados con el cambio? San Juan Evangelista y San Andrés. ¿Cuáles eran los discípulos-apóstoles en los que la iglesia ortodoxa de Constantinopla basaba su constitución apostólica?, San Andrés y San Juan Evangelista. ¿Cuál es la pareja de la iglesia de Roma?, San Pedro y San Pablo. El motivo de la intervención del segundo teólogo redactor en Santa María la Real de Sangüesa podría deberse a las consecuencias teológicas del Cisma de Oriente, un cisma que se había producido en el 1054 y cuyas repercusiones siguieron latentes en posteriores concilios.

De ser así, este cambio sería el resultado de una pugna por candidaturas teológicas: la candidatura de Constantinopla se presentaba con dos discípulos-apóstoles (San Andrés y San Juan, los dos primeros discípulos históricos de Jesús según el cuarto evangelio o de San Juan); la de Roma, con un discípulo-apóstol (San Pedro) y con un apóstol, en primera instancia perseguidor de la Iglesia, (San Pablo).

¿En qué relato bíblico la iglesia de Roma basa su fundación?, en el de Pentecostés. ¿En qué libro se encuentra? En el capítulo 2 de los Hechos de los Apóstoles. ¿A quién atribuye la tradición su autoría?, a San Lucas. Un buen motivo para incluir su nombre en el discipulario del dintel de Santa María la Real de Sangüesa.

Seguramente, el segundo teólogo redactor quiso evidenciar con la marginación de los nombres y figuras de San Andrés y de San Juan Evangelista su papel como avaladores del origen apostólico de otras iglesias.

Por eso, como resultado de todas estas consideraciones objetivas, surge una duda razonable sobre la verdadera identidad de Leodegarius. ¿Bajo el nombre de Leodegarius no se pudo esconder el segundo redactor teológico que intervino en el discipulario del dintel de Santa María la Real de Sangüesa, un posible hombre de iglesia que prefirió (por encima incluso de la verdadera interpretación literal o histórica de la Biblia) cometer un error teológico en aras de la defensa de la fe ortodoxa romana?

No se debe olvidar que, a instancias del primer teólogo redactor, los discípulos evangélicos originales tenían el nombre pintado en su arquillo. Después, alguien cambió las cosas labrando nuevos nombres .

A modo de resumen:

 1. Un primer teólogo redactor sería el encargado de supervisar el trabajo de escultura de un discipulario evangélico en el que se acabó pintando los nombres de los discípulos evangélicos.
2. Un segundo teólogo redactor, que no supervisó el primer encargo del discipulario original, cambió los nombres pintados por nombres labrados introduciendo a San Pablo y a San Lucas, eliminando a San Andrés y condenando iconográficamente a San Juan Evangelista junto a Judas Iscariote al colocar sus nombres cerca de la representación del infierno.
3. Seguramente, este segundo teólogo redactor, el que labró los nombres y practicó los cambios en el discipulario original colocó su antropónimo, Leodegarius, en el libro que sostiene la Virgen María. Como evidencia iconográfica, se puede comparar visualmente y a modo de ejemplo la d minúscula de IvdE con la de LEOdEGARIVS.

A pesar de las evidencias proporcionadas por este error teológico (cambiar los nombres de un discipulario evangélico de tal manera que se acabe convirtiendo en la lista de un apostolario extraño que no es recogido por la Biblia), querer plantear una duda razonable sobre la verdadera identidad de Leodegarius y todavía más sobre la validez de su Signum es todo un acto de temeridad. Sin embargo, las pruebas están allí.


Grupo Ailbe. Errores teológicos en la iconografía románica

Se piense como se piense, el discipulario del dintel de Santa María la Real de Sangüesa tuvo sus nombres escritos originariamente a través de la pintura. Como última prueba objetiva, la escultura de Judas con su nombre IVDA tal y como todavía hoy puede leerse pintado en el arquillo.

Sobre el arquillo de Judas no se labró ningún nombre. No sucedió lo mismo en la filacteria. Como ya se ha comentado, el que rectificó los nombres de este discipulario a través del método de la labra de los nombres colocó juntos a San Juan Evangelista y a Judas en esta filacteria de la escultura del discípulo que está colocado junto a la representación iconográfica del infierno.

Por contraste, la presencia de los nombres labrados de San Pablo y San Lucas es una prueba objetiva más de que, al menos sobre los nombres de estos discípulos de piedra, pasaron dos manos: una primera mano la del que pintó originariamente los nombres tal y como demuestra todavía hoy la fotografía del arquillo sobre judas; una segunda mano la del que labró otros nombres realizando las correcciones comentadas.

Además, con este sistema también se eliminó la posible presencia de San Matías, el discípulo escogido para ser el número 12 en lugar del traidor Judas, justo antes de la constitución de la Iglesia, el episodio de Pentecostés (Act. 1.15-26). ¿Qué error teológico cometió el que realizó estos cambios en el discipulario de Sangüesa?

Al colocar juntos a San Juan Evangelista y a Judas, al eliminar a San Andrés e introducir los nombres de San Pablo y San Lucas, resultan 13 nombres. Por lo tanto, ni es un discipulario evangélico (los doce discípulos escogidos por Jesús, incluido el traidor Judas), ni puede convertirse en un apostolario apocalíptico (el nombre de los 12 apóstoles, Apocalipsis 21, 14, del Cordero) de las doce hiladas o cimientos de la nueva Jerusalén, la Jerusalén celeste.

¿Quién tuvo en Sangüesa tanto poder para atreverse a cambiar la misma Palabra de Dios; es decir, lo que en aquellos siglos se interpretaba como la verdad incuestionable de la Historia Sagrada?


Grupo Ailbe. Errores teológicos en la iconografía románica

Relieve del incrédulo Tomás del monasterio de Silos

“Tomás, uno de los doce, llamado Didimo, no estaba con ellos cuando vino Jesús.” (Jn. 20, 24)
“Luego dijo a Tomas: Alarga acá tu dedo y mira mis manos, y tiende tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo, sino fiel.” (Jn. 20, 27)



Si en el discipulario del dintel de la portada de Santa María la Real de Sangüesa es evidente que se produjo la intervención de al menos dos teólogos redactores, hecho que provocó errores teológicos que, bajo la apariencia de una mala práctica de exégesis bíblica, esconden un proceso de depuración eclesial; otro tanto ocurre en el relieve del incrédulo Tomás en el Monasterio de Silos.

Sin embargo, el error que se produce en este relieve es triple:

El primer error se produce en origen: esculpen doce discípulos alrededor del Jesús resucitado en el tema que da título al relieve, el episodio del incrédulo Tomás, cuando ya sólo eran once discípulos, pues Judas se había suicidado (Mateo, 27,5). En aquellos siglos, la Palabra de Dios, los evangelios y por extensión toda la Biblia, era la verdadera Historia, pues era Sagrada.

El segundo error es debido a una mala práctica de corrección: introducen a San Pablo con la intención de hacer compatible el número 12 de, ahora, apóstoles, que no discípulos, en un acontecimiento de la vida del Jesús histórico, lo que atentaría contra la llamada verdad incuestionable de la Historia Sagrada. San Pablo no está presente en el pasaje del incrédulo Tomás narrado en el evangelio de San Juan (Jn. 20, 26-29).

El tercer error es fruto de un despiste monumental en mitad del Camino de Santiago y en tierras de Castilla: en su nimbo o aura, todos los discípulos llevan el nombre. Sin embargo, alguien eliminó el de Santiago el Mayor, colocando dos veces antropónimos con los que se conoce a Santiago el de Alfeo; ya que, sobre dos personajes diferentes, escriben: Iacobi Minoris, en el primer caso, y Iacobus frater Domini, en el segundo, dos de las referencias a Santiago, hijo de Alfeo.

Es extraño, pero la ausencia del nombre de Santiago el Mayor, en el relieve del incrédulo Tomás del Monasterio de Silos, es inexplicable, a no ser que su omisión se deba a la intervención de una segunda mano sobre las auras de los discípulos tal y como se puede deducir a través del bajorrelieve de los Discípulos de Emaús.


Grupo Ailbe. Errores teológicos en la iconografía románica

Jesucristo, aparece ataviado como peregrino, pues no sólo lleva el bastón de peregrino sino que hasta pende su símbolo, la concha o venera, de su zurrón o morral. Es decir, ¿el maestro escultor conoce la importancia simbólica del camino de Santiago, ya que hasta hace a Cristo peregrino en este camino, y se olvida de colocar el nombre de Santiago el Mayor, el artífice del nacimiento de este camino de peregrinación simbólico-espiritual, en el otro relieve dedicado al tema iconográfico de la Resurrección o a la analogía del evangelio de San Marcos, el león, según San Jerónimo? Alguien quiso incluir a San Pablo en el relieve del incrédulo Tomas y, al hacerlo, hizo desaparecer a Santiago el Mayor, el hijo del Zebedeo y hermano de San Juan Evangelista.

Teniendo en cuenta que en Silos estos errores teológicos se producen en un monasterio de una comunidad de monjes considerados por aquella época como pertenecientes al grupo de los hombres más sabios de Europa, ¿cómo se pudo producir el error de eliminar a Santiago el Mayor en el relieve del incrédulo Tomás? ¿Ninguno de los monjes de esta comunidad monástica (que dominan el latín a la perfección y, por lo tanto, la comprensión de los textos de la Vulgata que incluyen estas listas) conocía de memoria la lista de los doce discípulos evangélicos?


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La Adoración Reyes Magos y la presencia de la figura de San José en la Proskinesis de Biota.

Estos aparentes errores teológicos no sólo se producen en las grandes iconografías del románico hispano sino que también alcanzan lo que podríamos considerar el románico rural.

Teniendo en cuenta que los pasajes bíblicos eran tomados al pie de la letra en la época románica, ¿por qué se producen interpretaciones teológicas que podemos denominar “ad sensum” o por el sentido como ocurre en la representación de la Proskinesis de la portada oeste de San Miguel de Biota?

¿Qué dice la Vulgata del episodio de la Adoración de los Reyes Magos?

 Et intrantes domum viderunt puerum cum Maria matre eius, et procidentes adoraverunt eum; et apertis thesauris suis, obtulerunt ei munera, aurum et tus et myrrham. (Mateo, 2, 11)

 Según el texto del evangelio de Mateo, en el momento preciso de la Adoración de los Reyes Magos, dentro de la casa en la que entran los tres reyes magos, sólo estarían dos personajes, pues sólo nombra a dos de los tres miembros de la Sagrada Familia: el niño y María, su madre. No existe ninguna referencia directa a ningún otro personaje, es decir, a San José.

La respuesta a este enigma está en el posible conocimiento que el teólogo redactor tuvo de algunos textos apócrifos y, en concreto, para el caso que nos ocupa del capítulo séptimo del conocido como Evangelio árabe de la infancia de Cristo:

 
Y los magos abandonaron la audiencia de Herodes, y vieron la estrella, que iba delante de ellos, y que se detuvo por encima de la caverna en que naciera el niño Jesús. En seguida cambiando de forma, la estrella se torné semejante a una columna de fuego y de luz, que iba de la tierra al cielo. Y penetraron en la caverna, donde encontraron a María, a José y al niño envuelto en pañales y recostado en el pesebre. Y, ofreciéndole sus presentes, lo adoraron. Luego saludaron a sus padres, los cuales estaban estupefactos, contemplando a aquellos tres hijos de reyes, con la tiara en la cabeza y arrodillados en adoración ante el recién nacido, sin plantear ninguna cuestión a su respecto.
(Evangelio árabe de la infancia de Cristo, VII, 3, Los Evangelios Apócrifos, por Edmundo González Blanco)

Aunque la iconografía del niño en brazos de su madre, la Virgen María, y la presencia de un San José dormido no presente una correspondencia directa con el texto del Evangelio árabe de la infancia de Cristo, no cabe duda de que este texto, a diferencia del evangelio de San Mateo, sí que recoge la presencia de San José en el preciso momento de la Adoración de los Magos.


Grupo Ailbe. Errores teológicos en la iconografía románica

La Anunciación y el sueño de San José en San Nicolás de El Frago

Hasta ahora, se han analizado iconografías románicas en las que son visibles alteraciones, denominadas errores teológicos, que se han producido o por interpretaciones debidas a la defensa de la fe o por la utilización de fuentes apócrifas.

Sin embargo, existe una iconografía en el arte románico que sólo se explica como el resultado de la unión de dos pasajes bíblicos pertenecientes a evangelios diferentes: la Anunciación (Lc. 1, 26-38); el sueño de San José (Mt. 1, 18-25). Vuelvo a colocar una magnífica fotografía:

Este capitel de síntesis pertenece a la portada sur de San Nicolás de El Frago (Zaragoza). ¿Cómo se describe este capitel?:

 “Anunciación del arcángel San Gabriel a la Virgen María (Lc. 1, 26-38)... Esta escena representa al arcángel San Gabriel erguido, con un ala extendida, en actitud de mostrar una cruz a la Virgen María, según el esquema básico de las representaciones de la Anunciación del Maestro de San Juan de la Peña, aunque aquí se incorpora la figura de San José, que precede a la Virgen.”
(García Lloret, La escultura románica del Maestro de San Juan de la Peña.)

 La figura de San José precede a la Virgen. ¿Cómo admitir la fusión en un mismo capitel de dos pasajes bíblicos pertenecientes a textos diferentes? Como se ha señalado al principio de este artículo, en la Edad Media, la Biblia pasaba por cuatro estadios de interpretación: histórico (o literal), tropológico (o moral), alegórico (las verdades de la fe) y anagógico (verdades celestiales y escatológicas).

Lo más sorprende de este caso es la actuación del teólogo redactor. Un teólogo redactor que ideó una imagen que no se basa en ninguna de las cuatro interpretaciones, pues se limitó a creer en la opinión que había expresado en un libro un autor al que él tenía como criterio personal de autoridad.

El redactor teológico del Taller de Biota (Maestro de San Juan de la Peña o de Agüero) utilizó el Periphyseon de Eriúgena para crear esta iconografía. En concreto, ¿qué pudo leer en este libro para crear este capitel historiado?

 “También el ángel dice a María: “el Espíritu Santo vendrá sobre ti y la virtud del Altísimo te cubrirá con su sombra”. Y el mismo ángel dice a José: “José, hijo de David, no abandones a tu esposa. Pues lo que en ella ha nacido proviene del Espíritu Santo”. Según estos testimonios y otros semejantes, ¿no se nos da a conocer y a creer que el Hijo, según la carne, ha sido concebido y ha nacido del Espíritu Santo?” (Juan Escoto Eriúgena, Sobre las naturalezas)

 El teólogo redactor del Taller de Biota cree de tal manera en la autoridad espiritual de la palabra de Eriúgena que si éste había escrito: “Y el mismo ángel dice a José”, acabó creyendo que él no era nadie para ponerlo en duda. Su magnífica escultura así lo demuestra.

En San Nicolás de El Frago existe un capitel que no nació de una de las cuatro posibles interpretaciones medievales de la Biblia sino de la creencia en la autoridad espiritual de las palabras escritas en un libro. De paso, este capitel, se convierte en una nueva prueba objetiva del profundo conocimiento que del Periphyseon de Eriúgena tenia el teólogo redactor del Taller de Biota.


A modo de conclusión

En el arte románico hispano, se encuentran errores teológicos que (tal y como se ha intentado demostrar con la utilización de una serie de ejemplos a modo de pruebas objetivas) en ningún caso se pueden imputar al desconocimiento de los textos bíblicos por parte de los teólogos redactores que intervinieron en el diseño plástico de los diferentes programas iconográficos en los que se produjeron.

Los teólogos redactores no utilizaron conceptos de forma equivocada o emitieron falsos juicios sobre la fe. Sus obras tampoco fueron la consecuencia directa de una acción desacertada o equivocada. En sus actuaciones, existió siempre la voluntad de dejar constancia de una serie de cambios. Unos cambios que buscaban potenciar la verdad de la fe de una manera tan particular que las acabó alejando de la interpretación literal o histórica de los pasajes bíblicos que intentaban recrear.

Y lo sorprendente es esto. Todos estos errores teológicos se produjeron en iconografías que podían ser seguidas de manera literal a través de la Biblia. Este hecho apunta a la posibilidad de que los teólogos redactores, los verdaderos autores materiales de estos cambios, gozaban de un poder eclesiástico absoluto o de un merecido prestigio intelectual. Si no fue así, la existencia de estos errores teológicos no se entendería.

A modo de ejemplos finales y desde nuestra perspectiva actual, no se entiende que, en una comunidad monástica de primer orden como la de Silos se olvidasen, en mitad del Camino que lleva su nombre, a su protagonista, a Santiago el Mayor. Como tampoco se entiende que, en Santa María la Real de Sangüesa, intentasen hacer desaparecer físicamente los nombres de los dos primeros discípulos evangélicos según el evangelio de San Juan y, en principio, también discípulos de Juan el Bautista, es decir, a San Andrés y a San Juan Evangelista. Del mismo modo, es incomprensible que condenasen al discípulo amado a compartir filacteria con Judas Iscariote junto a la representación iconográfica del infierno. En los errores teológicos que se produjeron en las iconografías tanto del monasterio de Silos como de Santa María la Real de Sangüesa el poder eclesiástico, seguramente, tuvo mucho que decir.

Otro caso diferente sería el del teólogo redactor del llamado Taller de Biota (el autor tanto de la iconografía de San Miguel Biota como la de San Nicolás de El Frago). Un hombre al que hemos estudiado como un gran teólogo que poseyó una formación teológica impecable. Un hombre que, en su formación filosófica y teológica, demuestra que no se conformó sólo con la lectura de la Biblia, sino que profundizó sus significados a través de la lectura de libros con alto contenido en filosofía teológica. Sin embargo, siendo este teólogo redactor un hombre culturalmente tan bien preparado, lo que no deja de sorprender es por qué acabó diseñando programas de lo que hoy conocemos como románico rural.

¿Quién lo desterró a acabar diseñando programas de lo que, desde la perspectiva actual, se nos presentan como iglesias rurales, es decir, simples parroquias?

Sin embargo, su perspectiva de estudio cambiaría si se diese una de estas dos condiciones:

1. Esos templos, que hoy consideramos menores, en aquel momento histórico tuvieron un gran valor y significación espiritual.
2. El teólogo redactor de esas iconografías acabó refugiándose, a causa de sus posibles ideas heterodoxas, en las tierras marginales de un territorio de frontera para así poder desarrollar de forma libre sus ideas personales de filosofía teológica.

Sin embargo, este segundo supuesto no es válido, si recordamos dos cosas:

1. El teólogo redactor del Taller de Biota acabó diseñando también parte de la iconografía de Santa María la Real de Sangüesa.
2. El Obispo de Pamplona jamás renunció a las rentas personales sobre esta iglesia.

 Vistas así las cosas, parece ser que para analizar este teólogo redactor sólo queda volver al primer camino que proponíamos, el de haber sido un hombre que gozó en aquel momento de un gran prestigio intelectual.

Por lo tanto, sostenemos que estos teólogos redactores que acabaron cometiendo errores teológicos se movieron entre una de estas dos premisas:
- Primera, algunos de ellos fueron hombres que ejercieron legítimamente el poder eclesiástico.
- Segunda, otros fueron hombres que, en su época, disfrutaron de un reconocido y merecido prestigio intelectual.

Fuese como fuese, hombres de Iglesia con una vasta cultura y con amplios conocimientos en filosofía teológica.

 

Grupo Ailbe


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