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Rincón del Usuario Artículos De contenido Románico Grupo Ailbe El libro como símbolo de la Hagia Sofia

El libro como símbolo de la Hagia Sofia
-La Divina Sabiduría en el arte románico-

Hagia Sophia Divina Sabiduría
Tímpano de San Nicolás -Tudela-

“Así pues, las teofanías se hacen desde Dios en la naturaleza angélica y humana, iluminada, purificada y perfeccionada por la gracia a causa del descenso de la sabiduría divina y de la ascensión de la inteligencia humana.”
(Periphyseon, Juan Escoto Eriúgena)

 


De entrada, queremos avisar que este estudio no es un artículo académico. Desde el primer momento, hemos querido construir un escrito cercano, tanto en su estructura como en su estilo, a un reportaje periodístico. Nos mueve una sola intención, la de hacer llegar a un público no especializado cómo algunas esculturas del románico hispano reflejan de forma fiel abstractos conceptos de filosofía teológica. Por eso, de forma intencionada, hemos suprimido todo su aparato crítico, las notas.

En Azcona, en el matraz de la figura que denominamos San Sansom, hemos creído encontrar escrita en caracteres gaélicos irlandeses una inscripción que, al leerla, nos estaría remitiendo a la expresión griega HAGIA SOFIA (sic) (SOPHIA, en transcripción latina), la Divina Sabiduría.


San Samsom Hagia Sophia
San Samsom

Hagia Sophia
Hagia Sophia

Romanesque sculpture in Spain
Santa Catalina de Azcona


No descubrimos nada nuevo si afirmamos que uno de los máximos culpables de la pervivencia de este concepto de filosofía teológica, la Divina Sabiduría, fue un irlandés, Juan Escoto Eriúgena. A través de sus traducciones y comentarios de los principales Santos Padres griegos, enriqueció en el siglo IX el pensamiento neoplatónico cristiano.

Intentaremos ser claros. Nuestro reportaje parte de una premisa sencilla: Si un grupo de 12 discípulos, en su mayoría analfabetos, pudo llegar al gran conocimiento de los misterios de Dios, ¿cómo fue capaz de entender una sociedad, la románica, en su casi totalidad analfabeta, su conquista personal de la Divina Sabiduría?

Y todavía nos queda otra pregunta, tal vez, la más importante: ¿cómo los diferentes maestros escultores expresaron este concepto en las piedras, es decir, cómo se explicó el principio filosófico de la búsqueda de la Sabiduría Divina en algunas de las esculturas de las iconografías cristianas?

La primera respuesta, parece obvia, aunque tenga que construirse de forma hipotética: si la Sabiduría Divina no hubiese descendido sobre los discípulos, jamás sus inteligencias habrían podido ascender al conocimiento de Dios. Para que las gentes analfabetas, que quieren imitar la fe de los discípulos, puedan entenderla, esta idea tiene que quedar muy clara en las piedras a través de la utilización de un símbolo sencillo de interpretar por todos.


Hagia Sophia Divina Sabiduría
San Pedro de Tejada

San Pedro de Tejada -Burgos-
San Pedro de Tejada -Burgos-

Hagia Sopia San Pedro de Tejada
Canecillos con ángeles


¿Pudo este principio teológico expresarse en imágenes? ¿Cómo puede expresarse el proceso de la iluminación de Dios que hace posible que hombres analfabetos sean capaces de entender algunos de los misterios de la fe, como el de la divinidad de Cristo? Para intentar demostrarlo, utilizaremos la iconografía que el maestro escultor dejó reflejada en el templo de San Pedro de Tejada (Burgos). 

El hombre no puede entrar en el conocimiento de Dios, si el mismo Dios no le ayuda. ¿Cómo ha ayudado, históricamente, en la Biblia, Dios a los hombres para que tengan conocimiento de su existencia y actuación en la creación? En los momentos más difíciles, siempre le ha enviado mensajeros, los ángeles, encargados de decirles y hasta de inspirarles lo que tienen que hacer o escribir.

Este par de ángeles vendría a ser un sencillo ejemplo en piedra de lo que puede entenderse por el concepto neoplatónico de la iluminación divina. Si, en palabras de Eriúgena, el Verbo Divino, esto es, el Hijo unigénito, que es la Sabiduría del Padre, no hubiese iluminado a sus discípulos, ¿cómo habrían llegado a alcanzar el conocimiento de su divinidad? Pero, además, ¿quiénes fueron los encargados de velar por la inspiración divina de los discípulos que acabaron siendo reconocidos como escritores bíblicos?

“Revelación de Jesucristo, que para instruir a sus siervos sobre las cosas que han de suceder pronto ha dado a conocer por su ángel a su siervo Juan, el cual da testimonio de la palabra de Dios y el testimonio de Jesucristo sobre todo lo que él ha visto.”
(Ap. 1, 1-2)

El programador teológico de San Pedro de Tejada entendió que todos los discípulos evangélicos, a la manera de lo testimoniado por San Juan en el libro del Apocalipsis, acabaron llegando, por la inspiración divina, al conocimiento de la Divina Sabiduría de tal manera que todos ellos, excepto uno que lleva una filacteria o rollo profético, sostienen un libro en una de sus manos. El libro, un objeto fácil de reconocer, pero con una fuerte carga simbólica para una sociedad analfabeta, fue el símbolo pétreo escogido para hablar del concepto teológico de la Divina Sabiduría. Una Divina Sabiduría a la que sólo se podía acceder por un determinado tipo de fe, la llamada contemplativa.

Sin embargo, no deja de resultar sorprendente que once de los discípulos sostengan un libro, ya que, en realidad, sólo cinco de los doce discípulos evangélicos llamados por el propio Cristo (Pedro, Juan, Mateo, Santiago de Alfeo y Judas Tadeo) están considerados escritores bíblicos; en definitiva, sólo cinco de ellos tienen incluidos sus escritos en el canon aceptado por la Iglesia.

Por eso, en esta iconografía de San Pedro de Tejada, resulta curioso que, a pesar de que la realidad social de la época del Jesús histórico nos conduce a pensar que la inmensa mayoría de sus discípulos debieron de ser analfabetos, todos ellos son connotados como hombres iluminados que son capaces no sólo de escribir sino también de leer e interpretar el libro de los libros (la Biblia).

Por eso, sostenemos que el libro se constituyó en el símbolo del conocimiento de la Sabiduría de Dios. Todos los hombres, también los analfabetos, si son iluminados, pueden alcanzar la Divina Sabiduría. El libro sería el símbolo pétreo que los redactores teológicos de las iconografías románicas utilizaron para hacer entender a las gentes analfabetas que, por la fe en Cristo, todos podían acceder a la Sabiduría de Dios. Si hombres con oficios humildes, pescadores como en el caso de Pedro y Juan, habían sido capaces de escribir libros por inspiración divina, también ellos podían ser capaces de gozar de la Sabiduría Divina.

Los discípulos fueron los nuevos hombres que, después de la experiencia del Cristo resucitado, el segundo Adán en el que se constituyó la nueva humanidad, vinieron a remplazar al viejo hombre, a Adán, en la historia de la Salvación:

Una vez que –dice- Dios sumergió en el sopor a Adán, esto es, el hombre se separó a sí mismo completamente del vigor de la contemplación eterna y bienaventurada, despojado de toda virtud, sucumbió al placer de las realidades sensibles y se alejó de los sentidos espirituales.
(Juan Escoto Eriúgena)

Si el hombre no hubiese abandonado la contemplación eterna y bienaventurada, habría mantenido su condición angélica y jamás se hubiese producido su escisión en dos sexos:

En lo que hay que señalar que después de dormirse Adán la Escritura introdujo la creación de la mujer para significar con esto que si la naturaleza humana no hubiera abandonado con el movimiento irracional de su voluntad libre la integridad simple y pura de la creación por la que fue creada a imagen de Dios, sino que hubiera permanecido siempre e inmutablemente en la contemplación de la verdad, no hubiera padecido en absoluto su escisión en dos sexos a semejanza de los animales irracionales, sino que se multiplicaría del mismo modo con el que se multiplica el número de los ángeles sin sexo.
(Juan Escoto Eriúgena)

Avancemos un poco más. El hombre viejo, Adán, pecó, abandonando así su primera condición espiritual, la que le acercaba a los ángeles. No obstante, los discípulos de Jesús llegaron a su pleno conocimiento por la experiencia personal de fe gracias a sus experiencias con el Resucitado.



Grupo Ailbe. El libro como símbolo de la Hagia Sofia

En la actualidad de los maestros escultores románicos, ¿quién podía conocer lo que significaba el concepto teológico de la Divina Sabiduría?

“Sin lugar a duda, creemos que hay dos naturalezas partícipes de la sabiduría: la intelectual en los ángeles y la racional en los hombres.”
(Juan Escoto Eriúgena)

Ahora bien, tanto los ángeles como los hombres pueden participar de la HAGIA SOPHIA. Sin embargo, nos falta saber qué o quién es la Divina Sabiduría para el neoplatonismo cristiano.

“El Principio, la Sabiduría y el Verbo no son cosas distintas, sino que con todos estos nombres se significa el Hijo unigénito de Dios, en el cual y por el cual el Padre ha creado todo.”
(Juan Escoto Eriúgena).



Grupo Ailbe. El libro como símbolo de la Hagia Sofia

¿Cuál es el camino que conduce a la HAGIA SOPHIA? El maestro escultor de San Pedro de Tejada parece ser que lo tiene claro y así lo pone de manifiesto en su representación minimalista de la Última Cena.

Por mucho que Judas vivía cerca de la Divina Sabiduría (gracias a este detalle teológico, se le habría podido representar con una aureola o nimbo), no la entendió. Al no entender el camino que conduce hacia la Divina Sabiduría, no fue iluminado y acabó convirtiéndose en el traidor del Hijo de Dios. En esta representación iconográfica de la Última Cena de San Pedro de Tejada, mientras Jesús da el bocado a Judas con su mano derecha, con la izquierda acaricia y conduce hacia su seno al discípulo amado, San Juan. Sin embargo, no acaban aquí los detalles iconográficos, ya que mientras Judas roba un pez (el símbolo de Cristo); un San Juan sin nimbo o aureola se abraza a un libro. San Juan, antes de convertirse, supuestamente, en un prolífico escritor (un evangelio, tres cartas y el Apocalipsis), tal y como lo creía la exégesis bíblica medieval, en la representación de esta Santa Cena, se abraza a un libro mientras recibe muestras de afecto por parte de Jesucristo, la encarnación de la Divina Sabiduría para la filosofía neoplatónica cristiana.

¿Nos encontramos ante un error teológico, ya que parece que, en esta iconografía, San Juan está siendo connotado como escritor evangélico antes de la muerte y la resurrección de Cristo? Si la Biblia no da margen para la representación de un San Juan escritor evangélico con un libro en la Última Cena, ¿dónde fue a buscar el redactor teológico la posible justificación teológica de esta iconografía?

Una vez más, no nos viene mal un poco de lectura neoplatónica:

“El monje Máximo dice que la teofanía no se realiza desde otra parte sino desde Dios; sin embargo, se realiza con el descenso del Verbo divino, esto es, del Hijo unigénito, que es la Sabiduría del Padre, descendiendo hacia la naturaleza humana, creada y purificada por Él y por la ascensión de la naturaleza humana elevándose hacia el citado verbo, por medio del amor divino”
(Juan Escoto Eriúgena)


El Verbo, la Sabiduría del Padre, permite la ascensión de la naturaleza humana que se eleva por medio del amor divino. ¿Qué discípulo evangélico representa mejor estas ideas neoplatónicas que San Juan Evangelista? En San Pedro de Tejada, el maestro cantero esculpió en sus imágenes elementos de una clara iconografía neoplatónica. En este relieve de la Última Cena, los dos modelos de fe frente a frente:

• el discípulo que niega y traiciona, Judas, esculpido sin libro porque no ha accedido a la Divina Sabiduría; pues la está traicionando, roba el pez, ya que el Verbo encarnado es la Sabiduría de Dios
• el discípulo que ha accedido a ella gracias al amor divino por medio de la vía contemplativa, está sobre recostado sobre su pecho, San Juan, connotado en la escultura con el libro que contiene la HAGIA SOFIA.

¿Por qué el escultor connota a San Juan con el libro en la Última Cena? Y, más concretamente, ¿qué significado tiene este símbolo, el libro, en manos de San Juan en el desarrollo de la Santa Cena? Volvemos a movernos entre conceptos de la filosofía teológica neoplatónica:

"Lo testifica el teólogo Juan -que bebe del pecho de la sabiduría las aguas eternas y verdaderas de la inteligencia- diciendo: "Lo que fue hecho en él mismo era la vida.""
(Juan Escoto Eriúgena)

Un vez más, una nota del Periphyseon de Eriúgena sirve para interpretar teológicamente una iconografía románica. Y, también, una vez más, esta misma nota se ha convertido en una doble confirmación:
1. Para la filosofía neoplatónica cristiana, la HAGIA SOPHIA se manifiesta en el Hijo de Dios.
2. Para algunos maestros escultores o para los teólogos redactores de esos programas, la figura de San Juan Evangelista fue clave y se acabó interpretando como el modelo de la fe contemplativa.

¿Cómo puede manifestarse la Divina Sabiduría en el rostro del que ha llegado a su iluminación personal? Sólo hay que mirar el rostro de San Juan.

”El signo más manifiesto de la sabiduría es la alegría continua”, escribió Montaigne. ¿A qué se refería? Los orientales hablan de una “iluminación” que pone en contacto con lo Absoluto, y los occidentales, más humildes, la consideraron un conocimiento necesario para la felicidad. De hecho, los teólogos cristianos definieron la bienaventuranza suprema como una contemplación de la belleza divina.”
(José Antonio Marina)


Grupo Ailbe. El libro como símbolo de la Hagia Sofia

El maestro escultor de Bareyo, Cantabria, lo plasmó de la siguiente manera, a través de la representación iconográfica que enseña cómo es el rostro del que utiliza la sabiduría de la alegría continúa para alcanzar la contemplación de la belleza divina

¿Acaso la expresión de la cara de este personaje no es una buena definición pétrea de lo que se consigue a través del camino de la iluminación cristiana que conduce hacia la HAGIA SOPHIA? ¿No ha conseguido plasmar el escultor en este rostro la idea de la paz interior?

Además, el que llega por vía iluminativa a la comprensión de la Divina Sabiduría sabe que la verdadera sabiduría no conoce la violencia, pues es fruto de la piedad. Al menos, así lo explican los filósofos neoplatónicos cristianos.

“La sabiduría es el fruto de la piedad. La virtud es una realidad espontánea y que carece de dueño. No puede ser virtud lo que es obligado y padece violencia”
(Juan Escoto Eriúgena)


Grupo Ailbe. El libro como símbolo de la Hagia Sofia

Los diferentes maestros escultores han querido ver en la colocación de un libro entre las manos del personaje que esculpen un claro símbolo de la iluminación siguiendo la filosofía neoplatónica cristiana. Si no se produce la iluminación divina, no puede existir la verdadera sabiduría en la filosofía teológica neoplatónica. Parece ser que eso, algunos, como el maestro escultor de Revilla de Santullán, Palencia, lo sabían muy bien.

La imagen podría estar haciendo referencia al teólogo redactor de dicho programa iconográfico, ya que en esa misma portada se encuentra una famosa representación de un maestro escultor.

 Una vez más, el libro estaría connotando el concepto de la HAGIA SOPHIA. En concreto, estaría haciendo referencia a la necesidad de la iluminación de la Divina Sabiduría que tiene todo redactor teológico a la hora de programar el contenido teológico de toda la iconografía de una portada románica. El redactor teológico medita sobre el contenido del libro sagrado, la Biblia. Y el maestro escultor realizó su escultura de una manera determinada, significativa, por lo simbólica que es. De la iluminación divina necesaria para expresar la HAGIA SOPHÍA hablan tanto la posición de su cabeza como la expresión de su mirada y no lo hacen menos la colocación de sus dedos y manos sobre el libro que sostiene.


Grupo Ailbe. El libro como símbolo de la Hagia Sofia

Tal vez, el pobre teólogo redactor esculpido en Revilla de Santullán tuviera el mismo problema que describe Eriúgena en estas pocas líneas:

“Percibo que esta cuestión, envuelta en una espesa niebla, exige gran habilidad para su resolución. Pero para no pasar a otra cuestión sin examinarla, intentaremos considerarla de algún modo en la medida en que el rayo interior de la luz divina nos ilumine.”
(Juan Escoto Eriúgena)

¿No son estas palabras de Eriúgena una petición en toda regla de la iluminación divina?

Pero no sólo Juan Escoto Eriúgena tuvo necesidad de la iluminación divina. También San Virila, el santo abad del monasterio de Leire (Navarra), se metió en un buen lío al querer comprender cómo era posible la contemplación eterna de Dios. San Virila, el abad bueno de Leire, entró en un sueño místico, en un éxtasis contemplativo, que, según la leyenda, duró 300 años.


Grupo Ailbe. El libro como símbolo de la Hagia Sofia

Así como el camino tiene en el apóstol Santiago su guía, la comunidad monástica de Leire encontró en el santo abad el modelo de la fe contemplativa. Una fe contemplativa que quedó reflejada en el tímpano de su magnífica puerta Speciosa.

Según diversos estudios consultados, las figuras representadas en el tímpano serían Cristo, la Virgen María, San Pedro, San Juan y dos figuras más a las que habría que añadir otra figura hoy desaparecida. Estas tres últimas figuras vendrían a identificarse con los tres evangelistas que faltarían junto a San Juan.

Una vez más, en este magnífico tímpano, el detalle iconográfico del libro. Aunque es evidente que la iconografía de Cristo con un libro no es algo nuevo; sin embargo, no deja de sorprender que no se dé en un contexto apocalíptico. En el tímpano de Leire, Cristo sostiene un libro no como la Maiestas Domini, pues no aparece rodeado por ángeles o por un Tetramorfos.

De entrada, a nadie se le escapa que la Virgen María representa el modelo por excelencia de la fe contemplativa. Si os parece bien, pasemos al análisis de las siguientes figuras. San Pedro junto a la Virgen, con libro y llave. ¿Por qué sostiene un libro San Pedro? Porque, como ya hemos escrito, es un escritor bíblico aceptado por el canon de la Vulgata. Junto a Cristo y una vez más, San Juan, también con libro. Quedan dos figuras más con libro e instrumentos de escritura y la marca de otra figura hoy desaparecida del tímpano. ¿Qué pasaría si esta figura desaparecida también fuese connotada con un libro? Hay estudios que dicen que esto pone de manifiesto que se trataría de evangelista que falta. Así proponen que tendríamos: Cristo, la Virgen María, San Pedro y los cuatro evangelistas.

Sin embargo, fijémonos en un detalle iconográfico importante, en la asimetría aparente de la estatura de las figuras:

• Cristo, el más alto.
• La Virgen María y San Juan Evangelista, algo más bajos que Cristo, pero más altos que la pareja siguiente. La Virgen María y San Juan vendrían a representar los auténticos modelos de la fe contemplativa.
• San Pedro y otra figura, que suponemos que es San Mateo, ya que es el único evangelio en el que se habla de la llave de San Pedro.
• Una figura de tamaño más pequeño que coincide con la altura de la figura hoy desaparecida..

En el libro que sostiene San Pedro está la clave. Los cinco personajes (si dejamos de lado a Cristo y a la Virgen María) serían los cinco discípulos (que no apóstoles) que tienen libros canónicos aceptados por la Vulgata y que están colocados por un concepto de tamaño con una simbología muy clara, la de su importancia para la teología neoplatónica que defiende la vía contemplativa:

1. San Juan Evangelista, del mismo tamaño que la Virgen María, los modelos de la fe contemplativa. San Juan es el gran escritor de textos canónicos y el escritor de un evangelio con trasfondo neoplatónico.
2. San Pedro, que estaría acompañado por San Mateo, ya que su evangelio es el único que explica el concepto de la llave. Los dos escritores de textos canónicos.
3. Los de menor estatura o altura: Santiago el Menor y Judas Tadeo, también iluminados a la hora de escribir sus textos canónicos.

Por el tamaño de las figuras, el teólogo redactor de la portada de Leire tomó partido por el modelo de fe contemplativa que representaban tanto la Virgen María como San Juan, por encima incluso del modelo de fe que vendría a significar la figura de San Pedro. Esta idea está presente en la filosofía neoplatónica cristiana y el mismo Juan Escoto Eriúgena defiende la superioridad del modelo de la fe de San Juan Evangelista por encima del modelo que representaría la fe de San Pedro.

No obstante, ahora es el momento de detenernos por un momento para comentar lo que significa la ausencia del símbolo del libro en esta portada. De los siete personajes, sólo la Virgen María aparece esculpida sin libro. Una buena representación de una sociedad, la románica, en la que las mujeres no tenían acceso a la cultura, ya que pocas de ellas sabían leer y escribir. Mientras la fe contemplativa dirigida a las mujeres, cuyo modelo sería la Virgen María, vendría connotada como intuitiva y no racionalista a través de la ausencia del detalle iconográfico del libro; la fe contemplativa dirigida a los hombres, cuyo modelo sería San Juan Evangelista, lo sería con el libro y todo lo que este símbolo representa.

Avancemos un poco más. Si no tenemos en cuenta la representación de Cristo con el libro, con las otras cinco figuras masculinas, se están representando los cinco discípulos evangélicos a los que el canon de la Vulgata aceptó sus escritos. Lo sorprendente del caso es que esta misma connotación, el libro que permite reconocer a los cinco discípulos evangélicos escritores del canon, también se produce tanto en el discipulario del dintel como en el del friso de Santa María la Real de Sangüesa.

Este tímpano de la puerta Speciosa de Leire se construyó como un símbolo que invita a la teología contemplativa en un monasterio que rinde culto a un santo abad que entró en sueño místico durante 300 años al preguntarse por el concepto de la eternidad del tiempo en la presencia de Dios.

La teología contemplativa, el conocimiento de la HAGIA SOPHIA, es el tema teológico central de la portada de Leire. Sin embargo, no deja de sorprender que, al resultado final de la iconografía de esta portada, le haya ocurrido lo mismo que a la portada de Sangüesa; ya que, tal y como podemos observar en la actualidad, dicha portada de Leire es el resultado de un proceso de acumulación de piezas.

No obstante, los diversos estudios que hemos consultado ponen de manifiesto que hay cuatro piezas pétreas que serían contemporáneas a las esculturas del tímpano. Se trataría de las cuatro piezas que han sido identificadas como Jesús, Pedro, Santiago y Juan. En la actualidad, las cuatro figuras están colocadas, junto a una representación de san Miguel, en el friso superior de la portada, en el lado izquierdo de quien observa: Las cuatro figuras vendrían a componer el episodio de la Transfiguración de Cristo: el encuentro de Jesús con Moisés y Elías en lo alto de una montaña. De nuevo, un episodio de teología contemplativa: en esta ocasión, Dios Padre presenta a Jesús como su Hijo:

“Éste es mi Hijo, el amado, en el que me he complacido, escuchadlo.”
(Mt. 17, 5b)

La portada de Leire fue pensada como una lección teológica acerca de la HAGIA SOPHIA, el conocimiento de la Divina Sabiduría. Es el momento de la Revelación de Dios Padre a tres discípulos privilegiados: Pedro, Santiago y Juan, no a todo el grupo; el momento en el que Dios confirma que Jesús es su Sabiduría, la HAGIA SOPHIA del Padre a la que sus discípulos tienen que escuchar.

Después, como ocurrió también en Sangüesa, alguien se vio en la necesidad de romper el equilibrio de la lectura teológica de la portada acumulando piezas de otras portadas que han hecho creer, tanto en Sangüesa como en Leire, que las portadas actuales eran la suma de dos portadas. Esta acumulación de piezas responde a una clara intencionalidad: dificultar la lectura del programa iconográfico inicial que contenía una lección teológica determinada con la que ya no se estaba de acuerdo.

El concepto de la HAGIA SOPHÍA había dejado de estar de moda. La filosofía neoplatónica estaba dejando paso al pensamiento aristotélico que acabaría imperando en el sentir de la Iglesia.


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