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NECESITA SABER - NEEDS TO KNOW Investigación Conceptos La transmisión del Conocimiento the transmission of knowledge La transmisión del Conocimiento

La transmisión del Conocimiento
Capítulo III º: Cluny y la Valdonsella en la Escolástica

Las etapas de la Escolástica -BERMEDO, 1987: 43 – 44)-
LAS ETAPAS DE LA ESCOLÁSTICA

Analizado el resultado de la política de investigación que parece liderar, creemos necesario saber algo más sobre los datos biográficos de Pedro el Venerable, noveno abad de Cluny, y la expansión de la Orden dirigida en La Valdonsella por el Arcediano Robert de Ketton.

Pedro el Venerable (Pierre de Montboissier) había nacido en esta ciudad del Auvergne (Recordar la importancia de esta zona en el románico francés con iglesias como Orcival, Saint Nectaire, Issoire y otras dos grandes además de las pequeñas rurales) en 1.092. Entró en la orden benedictina de Cluny a los 17 años y ya a los 20 años fue prior ni más ni menos que del Monasterio de Vezelay (románico en aquellas fechas). Posteriormente pasó a regir otro monasterio y finalmente, a los 30 años, fue nombrado general de la orden de Cluny. Nombramiento azaroso por cuanto su predecesor fue expulsado poco menos que a la fuerza por los monjes y también por la fuerza intentó regresar siendo vencido por el equipo de Pedro.

Tal velocidad profesional debe hacernos recabar que el chico tenía sus buenos apoyos además de sus dotes personales, lo que es bien cierto por cuanto estaba muy bien relacionado con los papas y con la nobleza, de hecho, al morir, en 25.12.1156, legó más de doscientas cartas dirigidas a principales figuras de su época. Sus muy buenas relaciones se manifiestan, por ejemplo, en el hecho de que el primero que le trató de Venerable fue, ni más ni menos que, su buen amigo Bernardo de Claraval (Císter).

En su cometido profesional, quizás ya como general cluniacense, de lo primero que se ocupó fue de luchar contra los petrobrusianos hasta conseguir su anatemización. Tales personajes seguían una postura un tanto lejana, negaban que los niños se salvasen por el bautismo, negaban la transubstanciación y, por tanto, el valor de la Eucaristía, sólo reconocían los Evangelios oficiales como fuente de la palabra, negaban el valor de las ofrendas por los muertos y, por fín, pero no por último, se oponían a la construcción de iglesias por entender que la casa de Dios estaba en la naturaleza. Con tal doctrina no es extraña la oposición de la Iglesia y especialmente la del general de Cluny que a lo largo de su mandato consiguió elevar a 2.000 el número de iglesias vinculadas.

No sólo hizo eso, también lideró el Congreso de Pisa con su amigo Bernardo donde declararon nuevos herejes, hizo una nueva y más fuerte regla cluniacense en su lucha contra el demérito de la orden y, finalmente, captó a Abelardo (el de Eloisa) reconduciéndole al buen camino, cuidándole hasta la muerte.

También hizo largos e interesantes viajes, y entre ellos el de España, a donde llegó según unos autores en 1.139 y según otros en 1.141, y donde se encontró con Robert y Herman.

Por aquella época ya existía alguna traducción al latín del Corán, aunque de escasa trascendencia. Parece ser que el tema no es fácil. Y de hecho, su interés no se refirió sólo al Corán, sino al mahometanismo. Por eso, está claro que encargó su traducción a Hermann de Carintia, pero no sólo del libro sagrado. El mencionado Corpus Toletanum no era un libro o conjunto de libros que existiese y que fuese traducido, sino que es el compendio de las traducciones realizadas por Hermann, probablemente ayudado por mozárabes y quizás, casi seguro, por Robert. Y aquí viene lo importante, porque tales traducciones, terminadas en 1.143, lo que abunda en anticipar la llegada de Pedro a 1.139, fueron usadas en contra del islam no sólo en sí mismas, sino como fuentes de otras obras sobre las que influyó la traducción hasta bien entrado el siglo XVII, al margen de los conocimientos que de las mismas se desprendiesen en otras materias.

Hay ya pues una razón estratégica para la entrevista con Hermann, ¿qué pasa con Robert, a la sazón arcediano (administrador de los fondos de la diócesis) de la Valdonsella? Estamos en 1.139 y tenemos un lugar, Echano, cuya iglesia está datada en la segunda mitad del siglo XII, y tenemos un general como Pedro que construye iglesias a toda velocidad. Si nos permitís, atar cabos es simple, Echano puede ser una consecuencia de esa entrevista, y la idea atisbada de hacer en Echano un scriptorium parece lógica. Otra cosa es como derivó el asunto con un Pedro muerto en 1.156 y una orden cluniacense en decadencia.  

Efectivamente Robert en 1143 ya es Archidiácono de la Valdonsella y un arcediano o archidiácono, venía a ser como la mano derecha del obispo y el administrador de los bienes de la diócesis, además de juez ordinario en el arcedianato por jurisdicción delegada del obispo, ¿cuánto poder llegó a tener este tal Robert de Ketton a mitades del siglo XII en el arcedianato de la Valdonsella aragonesa? El de Chester vuelve a aparecer en Londres hacia 1150, y en el artículo de  Ángel J. Martín Duque: El inglés Roberto16, leémos que "...en noviembre del año 1155, se encontraba precisamente en Uncastillo, donde asistía en compañía del prelado Lupo a la consagración de la Iglesia de Santa María, dotada en tal solemnidad con diversas tierras por donación del concejo de la localidad. No es este el único testimonio de la actuación personal de Roberto en Uncastillo, es decir, en Valdonsella.” Ante las evidencias en el territorio de Echano, podría darse la casualidad que Robert de Ketton también fuese comitente para otras iglesias de la Valdonsella, donde sí que detentó el poder real..., perdón... queríamos decir, el eclesiástico. Si además atendemos a la política expansionista del abad Pedro y su idea de construir monasterios e iglesias, bien pudo encargarle que realizase lo anterior. Quedarían igualmente circunscritas, por el alto contenido astrológico que hemos investigado en su diseño, las iglesias de Santa María de Eunate y el Santo Sepulcro de Torres del Río. 

En cuanto hemos dispuesto, también merece una especial mención a lo que contínuamente nos hemos referido durante el desarrollo de este tema y que -a nuestro entender- deriva en un escenario posterior ante la afluencia de las traducciones científicas. El padre Manuel Alonso, en su tratado de investigación, De Essentiis12 publicado en "Miscelánea Comillas" también nos trae a colacción de manera indirecta el tema al referirse a la Escolástica.

En la "introducción" a esta obra -el resto de la publicación es una copia comentada y transliterada del ms 243 del Corpus Christie de Oxford-, nos anticipa la presentación de dicecisiete pasajes de Hermann de Carinthia que son en los que Gundisalvo se basa en su De processione mundi, obra imprescindible -según Alonso- para comprender los primeros pasos de la Escolástica; siguiendo otras fuentes, al referirnos a ese pensamiento, creemos definir la rama de la teología en la que se estudian los "Últimos Días" con fines religiosos. Existían tres tipos de escuelas, dependiendo de dónde se habían establecido: Las Escuelas Palatinas que se establecían en los palacios de los reyes; las Monacales, estructuradas lógicamente en los Monasterios o sus alrededores y las Catedralicias, fundadas en las Catedrales. En estas escuelas se cultivaban las artes liberales comprendidas en el Trivium -Gramática, Retórica y Dialéctica- y las científicas del Cuadrivium -Aritmética, Geometría, Astronomía y Música-. Sistemáticamente, la primera doctrina filosófica cultivada será la Dialéctica.

Por tanto, también es un "movimiento instructor" que dominó las "scholae catedralicias" y que en otros estudios está considerado como el generador de las primeras universidades medievales europeas, en especial, las que se fundaron entre mediados del siglo XI y del XV. Recogiendo fuentes árabes, judías y especialmente greco-latinas, se trató de consolidar y crear grandes sistemas, asimilando toda la tradición filosófica antigua sin que los principios que habían generado unos y otros entrasen en contradicción, aunque parezca inevitable al referirnos a ella, aducir una excesiva dependencia del argumento de autoridad en favor del abandono de las ciencias y la empiria. Así, si la patrística es la encargada de coordinar fe y razón en la antigüedad tardía, se ha tenido a la Escolástica como la corriente teológico-filosófica dominante en la alta Edad Media, por la que todo pensamiento filosófico debe supeditarse a la Teología (Philosophia ancilla theologiae -la filosofía es esclava de la teología), y en la que finalmente San Agustín escenificará la necesaria sumisión de la razón a la fe. El movimiento preescolástico anterior estaría constituído -casi con exclusividad- al período que se inicia con los postulados de Juan Escoto Eríugena (810-877).

Para argumentar de manera razonada por qué todo pensamiento debía someterse al principio de autoridad (Magister dixit -lo dijo el Maestro-), la Escolástica aplica un método basado en el trabajo intelectual predispuesto a demostrar que la Biblia -la principal fuente de conocimiento- representa la Revelación Divina. El pensamiento científico y filosófico del mundo griego, debe ser el argumento necesario que ha de quedar supeditado religiosamente, cohexionando emprismo y fe, y para fortalecer ese pensamiento religioso -que terminará por ser expuesto ante refutadas opiniones-, es necesario elaborar un discurso cosmogónico provisto del más rígido armazón y revestido con la mejor lógica alfanumérica y su estructura esquemática, enraizándole directamente con la metafísica religiosa cristiana, ahora nuevamente platónica.

Por esto no es de extrañar que, durante el período acometido, la Escolástica incentive la investigación y la traducción de textos científicos y filosóficos -tal y como nos evidencian Gerberto de Aurillac o el viaje de Pedro el Venerable- entendiendo que para preparar tales defensas argumentales, el pensamiento religioso no debía circunscribirse a la repetición y glosa de los textos antiguos; causa de todo ello nos lleva a entroncar con los postulados científicos y filosóficos que hemos tratado a lo largo de este trabajo.


Psicostasis Vezelay
Vezelay

Cluny III
Cluny III

Psicostasis de Estella
Estella


Más allá de Nájera, en el monasterio de Valvanera estudia Domingo de la Calzada hacia 1109, donde parece ser que se justifica, por los diplomas de 1059 y 1088 la existencia de “monjes maestros” 17(M.Lucas Álvarez en el “Libro Becerro del Monasterio de Valvanera”), pero si nos remontamos, encontraremos la escuela catedralicia del obispo Crescencio, en cuyo convictorio se formó el célebre Gelmírez y también el obispo leonés Pelayo. El bosquejo del seminario eclesiástico y la organización de su escuela se observa ya en el concilio de Santiago celebrado por este obispo. En esta misma línea y por estas fechas están datadas las escuelas catedralicias superiores de Salamanca, Osma, Cuenca, Zamora, Toledo y León... Es decir, la existencia de monacatos escuelas pueden rastrearse desde el periodo hispano visigótico, con parecidas características en cuanto a bibliotecas, duplicación de libros, formación y elaboración de tratados, hasta por lo menos el Concilio IV de Letrán, en 1215.

Ahora bien, muchos son los historiadores que centrando su análisis en los traductores protagonistas de nuestra "transmisión del conocimiento" , les ubican en la Escuela Catedralicia de Toledo. Sin embargo no parece estar así de claro para Don Julio-Cesar Santoyo, en el artículo10, al que ya nos hemos referido anteriormente y donde literalmente, en la pág. 36, leémos:

Y ya que he mencionado el tema de internet, un tercer y último testimonio reciente de Norman Rom, catedrático de Historia judía de la Universidad de Cornell: "Popular modern mythology has assumed that a "school" of translators existed at Toledo, already under the patronage of the twelfth-century archbishop, and then later in the reign of Alfonso X: less romántic consideration shows that no such school actually existed and that translation activity was taking place all over Spain and was by no means centralized in Toledo" (http: / / l i b r o . u c a . e d u / alfonsol0/emperor5.htm). Etcétera.

En buen román paladino bien podría decirse que más claro, agua. O dicho de otra manera: que ya va siendo hora de de dejar de comulgar con ruedas de molino. Porque lo cierto (y únicamente documentado) es que muchos de los traductores de los siglos XII y XIII tradicionalmente adscritos a la "escuela de Toledo" no llevaron a cabo su obra allí, sino en Tarazona, Barcelona, León, Burgos, quizá Tudela
("en la región del Ebro"), Segovia y muy probablemente Sevilla, lugares nada próximos todos ellos a la capital toledana.

No hubo, pues, en Toledo una escuela de traductores en el siglo XII, ni la hubo tampoco en el XIII, si por escuela entendemos lo que por escuela ha de entenderse, en cualquiera de sus acepciones.

Rector de la Universidad de León, el excmo e ilustre Sr. D. Julio Cesar Santoyo, precede a la nota anterior con esta otra, que pone los vellos de punta en relación con la inexistencia de la famosa Escuela de Traductores; leámos: 
 

 Con todo, y por lo que a la traducción respecta, el siglo XII viene determinado por la "primera generación" de la que erróneamente ha sido denominada Escuela de traductores de Toledo. Erróneamente, porque nunca hubo una "escuela de traductores" en Toledo, ni en el siglo XII con el obispo Raimundo, ni en el XIII con Alfonso X el Sabio. Ni hubo tal escuela en esos siglos ni, por lo tanto, la hubo en Toledo. Pero ese qué y ese dónde han demostrado ser uno de los mitos más perdurables de la historia de España, con acto múltiple de presencia desde la Encyclopedia Britannica hasta las páginas más actuales de Internet.

El error virtual se iniciaría con Amable Jourdain, quién en 1819 definió como collège de traducteurs, a las obras que esa actividad multidisciplinar de traducciones tuvo causa en la península Ibérica y que, daría origen en el siglo XII al espectacular renacimiento científico y cultural que hemos reseñado, debido a la difusión de las obras que se citan en estos posteos y sin otro precedente histórico, con tan densas dimensiones, en la cultura Europea medieval de occidente.

Sorprendente, una vez más, el respetable catedrático nos refiere cómo el error de Jourdain encontró ecos en otros eruditos, europeos según se desprende en el siguiente párrafo:

El error inicial de Amable Jourdain en 1819, que dio en llamar collége de traducteurs a una actividad que de hecho se llevó a cabo en otros muchos lugares de la Península además de en Toledo, se propagó pronto por toda Europa y halló megafonía mayor en la obra de Joseph-Ernest Renán (Gargatagli 1999: 9-10), y luego en el alemán Valentin Rose cuando en 1874 habló en su estudio "Ptolomaeus und die Schule von Toledo" de "eine fórmliche Schule arabisch-lateinischer Buch- und Wissenschaftsübertragung" (Rose 1874: 327). Ni qué decir tiene que tal denominación, con marchamo ultrapirenaico, francés y alemán, encontró una magnífica acogida en España, espaldarazo incluido de Menéndez Pelayo y de Menéndez Pidal.

El desarrollo que hemos planteado en este tema ha sido el de analizar algunas de las características científicas que nos trasladaron Robert de Ketton y especialmente Hermann de Carinthia, posible primer traductor del Almagesto al latín desde el griego, si hacemos caso del manuscrito de Sicilia. El Almagesto recogía el conocimiento del cosmos según los principios de Ptolomeo y la Melodía de las Esferas Celestes de Pitágoras; poseerlo significaba tener el saber del Cosmos y los principios matemáticos que lo regían, conocimientos que se extrapolaban a necesidades económicas, sociales y de gobierno, indispensables para la organización de los estados.

A modo de recordatorio y como reafirmación expresa de cuanto decimos hoy aquí, hemos de referirnos a los recientes artículos que el Grupo Ailbe ha publicado en el capítulo de investigación de la web Círculo Románico, tanto de Eunate como de Echano.

En relación con la construcción de estas iglesias, la presencia en Pamplona del galés Robert de Ketton -quien terminaría siendo el poderoso archidiácono de la Valdonsella- y la próxima amistad de aquél con Hermann de Carinthia -cuya capacidad investigadora y de traducción le convierten en el científico mejor valorado de su época-, dejan suponer, que previamente al desempeño del cargo político para uno y el traslado a Sicilia para el otro -sucesos datados hacia 1145 y 1144-, están trabajando juntos en algún lugar entre los Pirineos y Nájera, entre 1139 y 1141 donde reciben la visita del abad de Cluny, Pedro el Venerable. Nuestro postulado insiste en que este lugar fue Echano; donde además se ubicaría ese scriptorium de la zona del norte pensinsular en el Ebro, próxima a Tudela y a la que a nosotros mismos y algunas de las fuentes citadas, parece imposible determinar; quizá, también, tendrían en su poder una copia incompleta o tal vez errónea del Almagesto en árabe, motivo suficiente -entonces- para atraer todas las miradas al hoy descampado de Olóriz.

Los proyectos de ejecución y diseño de ambas edificaciones -que según los artículos citados requieren conocimientos de astronomía y astrología- pudieron ser desarrollados en ese periodo y terminados de construir con alta financiación eclesiástica durante el mandato de Robert, quien recibe el "reconocimiento" a su labor del todopoderoso General Cluniacense con el otorgamiento de un cargo administrativo de importancia vital para la organización política religiosa de la Iglesia Pamplonense, que desempeñará hasta 1157 donde ya aparece en un canon de presbíteros en Tudela, fecha próxima a su desaparición; mientras, el amigo científico -Hermann de Carinthia-, completa De Essentiis en 1144 y se le atribuye la traducción del Almagesto, en Sicilia; antes, se hace necesario intuir que sus conocimientos le llevan a diseñar -al menos- la arquitectura de Santa María de Eunate, el Santo Sepulcro en Torres del Río y la portada de San Pedro ad Vincula de Echano, concibiéndoles de los principios astronómicos recogidos en los tratados de Pitágoras y Ptolomeo, y revistiéndoles de la cosmogonía neoplatónica cristiana y en la última, imbuiída de la mitología céltico cristiana sincretizada en el pasaje de los veinticuatro ancianos del apocalipsis, a modo de tributo a Robert por la amistad y protección recibida en aquellos oscuros años del saber en los que también parecen confluir mito y ciencia. Se cree que prolongó su existencia hasta 1160.

Y del Almagesto...¿qué pasó? 

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