Milenarismo
Recuerdo que cuando cambiamos del segundo al tercer milenio existía una mínima inquietud, la lógica nos decía que el ayer y el mañana eran iguales, que no había ocurrido nada al pasar del primero al segundo milenio, y, sobre todo, que el “efecto 0” en la informática había sido controlado, y, efectivamente, no hubo más que un cambio de fechas y, quizás un pequeño efecto mental para habituarnos, no ya al nuevo año, sino al nuevo siglo.
Pero, ¿qué había ocurrido mil años antes? ¿cómo experimentó el homo románico el cambio de milenio? ¿pasaron cosas?, la situación no era la misma, porque homo románico era analfabeto, pero dentro de su analfabetismo, alguien le había recordado las palabras del Apocalipsis (cap. XX): “Ví un ángel que descendía del cielo, trayendo la llave del abismo y una gran cadena en su mano. Tomó al dragón, la serpiente antigua, que es el diablo, Satanás, y le encadenó por mil años….después de los cuales, será soltado por poco tiempo.” Es decir, cuando se hubieran acabado los mil años, el mal invadiría el mundo y comenzaría el tiempo de las tribulaciones durante un breve periodo, tras el cual se instauraría un reino terrenal perfecto, imagen del paraíso, que precedería al fin del Mundo, y además, se lo había pintado en los beatos.
Bueno, está claro que no se acabó el Mundo, pero ¿pasó algo? ¿qué pasó?
Algunos estudiosos describen los últimos tiempos anteriores al fin del milenio como tiempos de inquietud individual, de miedo, a medida que se acercaba la fecha el terror se incrementaba, he llegado a leer que incluso se perdonaron deudas, que había gran recogimiento ante una fecha que podía ser final tal como lo entendía el vulgo, y, más aún, los entendidos sabían que no era el final, sino el inicio de un breve periodo de influencia satánica.
Tenemos una primera suerte al disponer de documentos que narran lo que pasó, tenemos narradores tranquilizantes y tenemos a Raúl “el Glabro”, Raúl Glaber para los leídos, que entre c.1.020 y 1.047 escribió sus cuatro historias dedicadas a Odilón el abad de Cluny dándole cuenta de lo que él veía como efectiva materialización del periodo satánico, pero también haciendo ver cómo a los males seguían una serie de actuaciones humanas compensatorias. Hoy a Glaber se le lee con reserva.