A lo largo de la Alta Edad Media la comunicación cultural y de otros contenidos entre la Península Ibérica y la isla irlandesa fue fluida, como lo fue en épocas posteriores.
Tal costumbre no podía dejar de mantenerse en el siglo XII en lo concerniente a la "peregrinatio" tradicionalmente realizada por los monjes irlandeses a un continente en el que fundaron monasterios y levantaron iglesias románicas que aún subsisten.
En esta ocasión analizaremos las huellas que dejaron, fuera de toda duda, en nuestro románico, a pesar de que el hecho haya sido silenciado.