En un primer momento solemos creer que el estilo de las imágenes medievales fue el resultado de copiar de otras fuentes poseedoras de cierta autoridad sagrada y no a partir de modelos naturales. De este modo, se aprendió lo que de cierto transmitían las autoridades eclesiásticas en su búsqueda de una verdad convincente, basada en las Escrituras y textos de los padres de la Iglesia, que les va a permitir argüir todo lo necesario para una narrativa desnuda, impertérrita e irrevocable, al estar presente en las imágenes transmitidas de modo continuo.

Ciertamente, saber mirar con otros ojos el románico, se aprende mirando, pero nunca sólo. No son pocos quienes aprovechan su instinto autodidacta para meter en su publicación toda la purrela que fotografían de un Templo románico -con más cariño que arte perceptivo- e incluso sin dudar, retocando la historia para adaptarla a su falsa religiosidad o símplemente para deslumbrar a sus lectores con bellas imágenes.
De la misma manera, es entonces cuando 'descubrimos' en los frescos románicos, un límite donde comienza o concluye lo realmente complicado para todos. Porque... ¿Por dónde entrarle a la pintura? ¿Por los estilos y autores, siguiendo un orden cronológico? Hay que aprender compartiendo, visitando en conjunto y salir de uno mismo para entrar en el conocimiento de los demás... y oir, escuchar y leer, para aprender 'todo' lo que otros tienen que decir.
Las imágenes nos ofrecen el resto, al desvelar en su registro un momento 'verdadero' para la historiografía. que las convierte en un documento visual, inteligible para el cristiano, con independencia de su idioma y distinta cultura religiosa, ya fuere ortodoxa, católica o protestante.

Porque al igual que sucede en la vida real, la forma de narración continua es la que se utiliza en la pintura románica, en la que dos o más escenas de la historia sagrada, están representadas dentro de un solo marco. Es una característica del arte arcáico, que también va a convertirse en la forma común de la narrativa en el arte pictórico medieval por exceliencia.
En las imágenes introducidas del techo de San Justo (Sg) apreciamos secuencias pintadas en perspectiva, como "verdaderos" cuadros de imágenes fidedignas, que no permiten cuestionar la autoridad de la creencia propia que nos permita investigar la "naturaleza" de su fuente de procedencia.
Para el creyente, esto sería tanto como cuestionar la verdad de Dios, revelada e interpretada.
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