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 Asunto: Re: Correspondencias
Mensaje sin leerPublicado: Lun May 25, 2026 10:17 am 

Registrado: Lun Jul 13, 2009 10:31 am
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Hola a todos

Si no he visto mal las fotografías, hoy vamos a hablar en este tema de las correspondencias de un mismo tema iconográfico esculpido en dos superficies: un capitel y un tímpano.

De hecho, en un capitel y en un tímpano a cientos de kilómetros, se propuso una misma escena iconográfica elaborada como doble, pues a la presencia iconográfica de la denominada Traditio Legis (San Pablo recibe la Ley divina), hay que unir la denominada Traditio clavis (San Pedro recibe las llaves del cielo).

Empecemos viendo el capitel ubicado en la galería interior de la ermita de San Cristóbal en Canales de la Sierra, La Rioja.

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Primero de todo, el comentario de este capitel será parcial porque solo dispongo de la vista frontal que me proporciona esta fotografía. El personaje central, San Pedro, no solo viene connotado con las llaves del Cielo, también realiza la bendición trinitaria propia del obispo de Roma (el Papa). A su lado, estaría San Pablo sosteniendo el libro.

Como no he podido ver la integridad del capitel, ahora el mismo tema a cientos de kilómetros, pero enriquecido, en un Tetramorfos un poco especial porque forma parte de un conjunto. En el templo de Saints Pierre et Paul, en Sigolsheim, la Alsacia francesa dejaron una iconografía especial compuesta por la unión del tímpano y su dintel.

Imagen

Será precisamente a través de este tímpano, ya que se puede ver en su totalidad, que explicaré la idea de la fusión de los dos temas.

De entrada, para que las cosas queden claras, se repiten los símbolos o atributos correspondientes a San Pedro y a San Pablo. Veamos la escena. Cristo, con su mano derecha, hace el gesto de entregar las llaves a San Pedro; pero, este ya lleva un juego de llaves colgando de su brazo izquierdo. Con su mano derecha, parece que San Pedro está sosteniendo lo que podría ser una cruz latina o la planta de un templo románico. Por otra parte, Cristo, con su mano izquierda, le está entregando la Ley divina en forma de libro a San Pablo, quien la recoge con su mano derecha. Pero, San Pablo sostiene una filacteria o rollo profético con su mano izquierda. No se debe olvidar que es autor de cartas (de allí el símbolo de la filacteria) y no de un evangelio, en este caso, le correspondería con más propiedad el símbolo de un libro.

A la derecha de la Maiestas Dómini, la figura de San Pedro, el destinatario de las llaves. Pero, también, como veremos después, está ubicado en el lugar simbólico que representa el Cielo.

A la izquierda de la Maiestas Dómini, la figura de San Pablo, el destinatario de la ley divina. Pero, también, está localizado en el lugar simbólico que representa la Tierra.

A la derecha de San Pedro, un personaje (por los atributos que distingo, connotado como peregrino, saco de viaje y bastón en forma de Tau) de rodillas y en actitud de oración. El personaje está presentado rogando por su futura vida en el Cielo, pues, mientras la Maiestas Dómini, San Pedro y San Pablo están connotados con la aureola o nimbo de santidad, el personaje arrodillado junto a San Pedro no. Además, este personaje alza la cabeza y está esculpido como si mirase hacia el Cielo.

A la izquierda de San Pablo, un personaje también de rodillas que ofrece un recipiente. Esta figura, como la anterior, también representa a un hombre y no a un santo. Nuevamente, el personaje está connotado sin aureola. Ahora, toca hablar a la función simbólica del lado izquierdo, el que representa la vida en la Tierra. El creyente debe ofrecer parte de sus frutos a la Iglesia según marca la Ley divina. Por eso, el personaje está esculpido de tal manera que mira de frente, tal y como se camina por la Tierra.

Sería como decir: mientras en el Cielo, rige la potestad de la Iglesia de Roma que simboliza San Pedro; en la Tierra, rigen las leyes de la Iglesia de Roma que simboliza San Pablo.

De hecho, es la iconografía del dintel la que se encarga de confirmar esta visión dualista (Cielo/Tierra) a través de la presencia plástica del Agnus Dei y del Tetramorfos.

En medio del dintel, el Agnus Dei Apocalíptico, justo debajo de la Maiestas Dómini y mirando hacia su derecha.

A la derecha del Agnus Dei, los dos símbolos de los Vivientes que representan los dos acontecimientos salvíficos de Cristo que nos hablan de su Divinidad: el águila de San Juan, símbolo de su Ascensión; el león de San Marcos, símbolo de su Resurrección. Es decir, las dos experiencias de fe que le quedan por cumplir al personaje que está representado a la derecha y en una actitud de súplica por su futura vida en el Cielo ante un San Pedro connotado explícitamente con las llaves del Cielo.

A la izquierda del Agnus Dei, los dos símbolos de los Vivientes que representan los dos acontecimientos salvíficos de Cristo que nos hablan de su Humanidad: el hombre de San Mateo, símbolo de su Encarnación; el ternero de San Lucas, símbolo de su Muerte redentora. Es decir, las dos experiencias de fe que obligatoriamente tiene que vivir el personaje que está representado a la izquierda, esculpido en actitud de ofrecer las primicias por su actual vida en la Tierra, tal y como ordena la Ley divina representada por la figura de San Pablo.

Se trata de un claro juego de correspondencias realizado a cientos de kilómetros sobre un tema muy importante desde la perspectiva de la iglesia de Roma.
Un abrazo a tod@s


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 Asunto: Re: Correspondencias
Mensaje sin leerPublicado: Mar Jun 02, 2026 4:41 pm 

Registrado: Lun Jul 13, 2009 10:31 am
Mensajes: 6699
Hola a todos

Hablemos hoy un poco del juego de las correspondencias a través de las diferentes relaciones que pueden adquirir los símbolos y de cómo por su evolución conceptual pueden acabar variando en su manera de representación.

De entrada, podríamos escribir que existen símbolos que parecen renovarse en sí mismos. Si os parece bien, para comenzar, escribo un poco sobre el símbolo del pez en el cristianismo:

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Se trata de la famosa reducción de la Santa Cena en San Pedro de Tejada, Burgos. Hay que recordar que, en la filosofía teológica neoplatónica, desde San Agustín, el pez no es solo el símbolo de Cristo, sino que también se ha convertido en uno de los símbolos eucarísticos a partir del llamado banquete del Cristo resucitado con los siete discípulos (Jn, 21, 9ss.). De hecho, San Agustín compara al pez asado que encuentran los discípulos con Cristo crucificado: “Piscis assus Christus est Passus”, el pez asado es Cristo crucificado. (In Johannis Evangelium tractatus, cxxxiii).

Sin embargo, la presencia del pez en esta magnífica iconografía también recuerda otras cosas. Jesucristo celebró su Última Cena en un ambiente pascual. Sin embargo, ningún evangelio señala la presencia de un cordero pascual entre los alimentos que se tomaron en esa cena. Además, es evidente que Jesús muere la víspera de la fiesta de la Pascua judía. Al adelantar la Última Cena al jueves, como buenos judíos, Jesús y sus discípulos saben que no pueden comer cordero. No pueden comerlo porque los corderos se sacrificaban en el templo a la caída de la tarde del viernes:
Citar:
“El ritual de Pascua en el Templo tenía la particularidad de que los mismos fieles inmolaban su cordero, pero como solo los sacerdotes podían derramar la sangre del sacrificio en el altar, esta inmolación de los corderos exigía la presencia de todo el clero.

Cuando la víspera de la Pascua caía un viernes, el sacrificio cotidiano se adelantaba una hora debido a la abundancia de corderos que había que inmolar y para permitirles a la gente que los asaran antes de la noche en que comenzaba el descanso sagrado del sábado. Así fue como Jesús, el Cordero de Dios, fue inmolado en el madero de la Cruz a la misma hora en que comenzaba la gran inmolación de los corderos.”
(La liturgia en el Templo, sobicain.org)


Por eso, a través de la idea de la gran inmolación de los corderos, el Agnus Dei en la iconografía de la ermita de San Bartolomé, en Aguilar de Codes, Navarra, es un gran símbolo que adopta esta magnífica forma:
Imagen

No solo eso, sino que las palabras grabadas sobre las piedras son un auténtico ejercicio de exégesis bíblica y hablan del triunfo de la nueva fe, la cristiana, vista desde la perspectiva de alguien con altos conocimientos de liturgia. No es solo un simple símbolo catequético (que también) sino un buen ejemplo de cultura eclesiástica y de conocimientos de la interpretación de los textos de la Biblia por parte del teólogo redactor que lo ha diseñado.

- En el dintel, la oración del perseguido; en el tímpano, el himno de los redimidos.
- En el dintel, se habla del sacrificio matutino en el rito judío; en el tímpano, del sacrificio de Cristo a la tarde.
- En el dintel, se habla del Templo de Jerusalén; en el tímpano, del Nuevo Templo de Jerusalén, el Cielo.
- En el dintel, se refleja la liturgia judía; en el tímpano, la cristiana.
- En el dintel, se grabó un versículo de un salmo que se recita en Laudes; en el tímpano, un versículo de uno de los cánticos del Apocalipsis que se recitan en Vísperas.
- En el dintel, el Salmo V; en el tímpano, el capítulo V del Apocalipsis.
- En el dintel, un versículo del Antiguo testamento; en el tímpano, un versículo del Nuevo Testamento.

En el dintel, se escribió el versículo 8 del Salmo V: “Pero yo, por tu inmensa bondad, llego hasta tu Casa, y me postro ante tu santo Templo con profundo temor.”

El Salmo V, se presenta como una oración de la mañana. Su contexto teológico es el siguiente: “A la hora en que se ofrece el sacrificio matutino (Ex. 29. 38-40), un fiel israelita expone su caso al Señor (v. 4), apelando a la justicia de Dios (v. 9). El hecho de encontrarse en el Santuario (v. 8) es para él una prueba de su inocencia, porque ningún impío podría gozar de ese privilegio (vs. 5-6). Para hacer más apremiante su oración, el salmista menciona a sus enemigos, que lo acusan calumniosamente (vs. 9-11). El Salmo concluye con una expresión de confianza en el Señor, que bendice a los justos y los protege como un escudo (vs. 12-13).” (El libro del pueblo de Dios, La Biblia)

En la Liturgia cristiana, este salmo V se canta (o recita) en los Laudes del lunes de la I semana.

En el tímpano se labró el versículo 12, del capítulo V del Apocalipsis: “Digno es el Cordero degollado de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría, la fuerza, el honor, la gloria y la alabanza.”

En la Liturgia cristiana, este Cántico del Apocalipsis se canta (o recita) en las Vísperas del martes de la I semana. Es el himno de los salvados, de los redimidos por la sangre del Cordero.

En el fondo, el símbolo del pez habla del posible conocimiento de las prácticas pascuales judías por parte de los teólogos redactores de estos magníficos programas iconográficos. Y, por ausencia, indica que, para el cristiano, el gran Agnus Dei, el gran Cordero de Dios fue Cristo inmolado en la cruz.

Un gran juego conceptual entre estas dos magníficas iconografías románicas que sirve para poner de manifiesto la correlación simbólica de esta correspondencia en la evolución de un símbolo: el del cordero pascual.
Un abrazo a tod@s


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