Hola a todos
Ya que es domingo y este tema va sobre diversiones románicas, una pequeña reflexión sobre un elemento iconográfico que siempre me llama la atención. Cuando veo crismones como el siguiente del templo de San Miguel, en Ayllon, Segovia:

por la distribución de las letras, me gusta imaginar sobre la vida del maestro artesano. Unas veces, me da por pensar que lo labró un maestro que era analfabeto y copio al revés la ordenación de las letras; otras, que se trataba de un maestro acostumbrado a leer al revés por el origen de su cultura y también llegó a pensar que se trata de un cantero que padecía de dislexia sin diagnosticar.
Sea como sea, mi mente me lleva siempre al primer crismón que vi siendo un niño y que, desde el primer momento, me dejó sin palabras:

Se trata del crismón de la portada oeste del templo de San Salvador en Ejea de los caballeros, Zaragoza. Os tengo que confesar que es un crismón que todavía en la actualidad me deja sin palabras. Y, cuando lo vuelvo a observar siempre que regreso a la hermosa e histórica comarca aragonesa de las Cinco Villas, siempre me vienen a la cabeza las siguientes palabras de San Agustín; palabras que, además, remiten al poder del símbolo de las piedras románicas
Citar:
“Su verdad te circundará como con un escudo. Lo que son las alas es el escudo. Si Cristo fuera realmente piedra, no sería león, y si fuera león, no podría ser cordero; pero puede ser león, cordero, piedra, ternero y cualquiera otra cosa parecida; porque en realidad no es ni piedra, ni león, ni cordero, ni ternero. Es únicamente Jesucristo, Salvador de todos los hombres. Las otras cosas son símbolos, no realidades. Su verdad —dice— te circundará. Pero la verdad de Dios, distingue entre el que se arrepiente y el que se disculpa; distingue al humilde del soberbio, distingue al que confía en sí mismo, del que confía en Dios. Su verdad como un escudo te circundará como un escudo. Nosotros, reconociendo nuestra debilidad, vayamos a refugiarnos bajo las alas de Dios”.
Viendo este crismón tan bien ejecutado y de una belleza increíble, siempre me acuerdo de las siguientes palabras:
Su verdad te circundará como con un escudo. Y me gusta pensar que el crismón (esa verdad de Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo) se acabó convirtiendo en el escudo de fe labrado en las piedras.
Y, cuando recuerdo, estas palabras:
porque en realidad no es ni piedra, ni león, ni cordero, ni ternero. Es únicamente Jesucristo, Salvador de todos los hombres. Las otras cosas son símbolos, no realidades, siempre acabo pensando en la necesidad de ver el Arte Románico con otros ojos.
Lo escrito, una pequeña reflexión y divertimento en una mañana de domingo.
Un abrazo a tod@s