Sava vivía con Fionn y él la hizo su mujer, y tan profundo era su amor por ella, que dejó la caza y la lucha, para mantenerse a su lado durante todo el día y la noche. Pero llegó un día en que llegaron rumores a Fionn de que los buques de guerra normandos habían desembarcado en la bahía de Dublín. Finn se había comprometido a proteger a quien necesitase de su ayuda en todos los lugares de Irlanda, por lo que reunió a sus siete batallones y se despidió de Sava; sosteniéndola cerca de él, la recordó que no debía abandonar las murallas de la fortaleza ni hablar con nadie que fuese ajeno a la ciudad.
Durante siete días, los Fianna marcharon contra los nórdicos hasta que plantaron batalla definitiva, venciéndoles al sur de la colina de Allen. Pero cuando regresaba entusiasmado a su fortaleza, un terrible silencio le saludó. Sava se había ido y los sirvientes dijeron a Fionn, cómo alguien muy semejante a él se había presentado más allá de las puertas de la muralla, anunciando su regreso triunfante y ella, se había acercado con alegría para darle la bienvenida a casa. Tan pronto como Sava traspasó más allá de la seguridad de los muros, el doble de Fionn asumió su forma real, la del Hombre Oscuro (
Fer Doirich o Fear Doirche), y la golpeó con una varita de avellano. Por tres veces, el venado intentó volver desde la colina, trotando veloz hacia las puertas abiertas de la muralla, y casi ganó, pero por tres veces los perros del Hombre Oscuro le ganaron la espalda. Los servidores tomaron sus armas y corrieron colina abajo, pero más allá de la puerta no había nada ni ningún otro sonido se escuchaba, excepto el ruido de pies corriendo y golpes de cascos al galope, junto a los ladridos de los perros, hasta que pronto todo se desvaneció en el aire quieto.
Durante siete años, Fionn la buscó por todas las cañadas y los bosques de Irlanda y al final de ese tiempo, perdió toda esperanza de encontrarla de nuevo, volviendo a sus antiguos hábitos de cazador, hasta que un día se encontró frente a una cueva en una angosta cañada rocosa. Al penetrar en ella encontró a un muchacho joven y hermoso, desnudo y con largos cabellos dorados. El muchacho no sabía hablar y sus maneras eran extrañas y salvajes. Tampoco había rastro alguno de Sava, por lo que Fionn lo llevó con él, a su fortaleza de la colina de Allen. Cuando aprendió a hablar, el niño le contó cómo había sido criado por su madre, una cierva blanca. Fionn le reconoció por su propio hijo, dándole el nombre de Oisin: cervatillo.
Fer Doirich -Hombre Oscuro- que ha encantado a Sava, revela el principio negativo masculino, con su capacidad de separación y destrucción. Vence el amor de Sava, cuando Fionn se aparta de ella para ir a la guerra, poniendo en peligro la protección que le brinda su hogar. Sin embargo, Oisin no debe de haber olvidado el mundo de su madre, porque cuando era todavía joven, dejó el Fianna por el amor de Niamh, la chica de la Cabellera de Oro, una princesa de Tir Na Nog, que le sacó fuera de su país, montado a la grupa de su caballo blanco, un animal que a menudo acompaña a las diosas celtas.
Las leyendas nos muestran, cómo el matrimonio sagrado de lo masculino y lo femenino, no puede venir a través de una unión forzosa, sino consecuencia de la conquista y dominio de la Naturaleza y sus criaturas. De manera contraria, el hombre perderá su alma, divida en dos y, al final se queda en la estacada, irrevocablemente separado de su mitad femenina.
Y, sin embargo, como en la historia de Fionn y Sava, los hijos heredan algunas de las cualidades de cada uno de los padres: La leyenda dice que los descendientes de los McCodrums, tienen membranas de piel entre los dedos de las manos y los pies,
al igual que Oisin lucirá desde el entrecejo, un mechoncillo de pelo a lo largo del perfil de su nariz, herencia mitológica que caracterizará su procedencia divina, característica genética que también vemos en Sava, perfectamente esculpido con todo detalle, en uno de los 'canecillos culturales', definidos así por Miguel, en la iglesia céltico cristiana de Valdenocela, Burgos:
