Anticipo que respeto el orden de intervención, para adecuar el término perseguido por el subliminal guión intelectivo y seguir así, la estela simbólico constructiva que sea factible o contribuya a desvelar el programa iconográfico, hecho que ahora se me antoja más cercano, tras la lectura de diversos párrafos que han sustraído mi atención profundamente. Veamos a qué me refiero...
demiguel escribió:
Nuestros queridos Muiredach y cía, convertidos a lo romano, benedictinos, en una temporadita en Bamberg, como sabemos, todavía mantenían una cultura celta irlandesa, ahora latinizada en lo que procediese.
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Como véis, las cosas van cuadrando, en general y en particular, y por ahora solo me queda dejar estas notas para que os montéis elucubraciones, destacando el siguiente párrafo del citado artículo sobre el Apocalipsis de Bamberg:
Afortunadamente, pensadores diversos del siglo IX, Haymo y Adso entre otros, habían concluido que el Anticristo no aparecería o no progresaría en tanto existiese un fuerte imperio “romano” capaz de derrotarle. A este pensamiento se unía el de San Jerónimo, que basándose en los avatares de Daniel y Nabucodonosor había profetizado que en el mundo habría progresivamente cuatro grandes imperios, el Babilónico, el Persa, el Griego bajo Alejandro y el Romano. En otras palabras, en tanto subsistiese el imperio romano no sobrevendría el final de los tiempos.
De hecho, la abstracción que rodea el término “Anticristo”, el pensamiento en defensa de un imperio “romano” fuerte y la producción de los diversos manuscritos apocalípticos en el periodo otónida ha hecho plantearse a numerosos estudiosos si acaso el sentimiento milenarista no estaba propiciado o fortalecido desde la corte como forma de contribuir a la potenciación del poder del emperador.
Bueno, tal parece que en esta portada hay bacalao...Saludos.
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Janua Coeli, disculpad que vaya tan atrás y que descienda de nuevo desde el nivel superior, pero debéis creer que disfruto de cada renglón que leo de vuestras intervenciones y que el término utilizado en la lengua del Imperio para definir ese punto de acceso al cielo (o, contemplando los gatos, al inframundo) me resulte el más ajustado para ensamblar una expresión simbólico escultórica en ambas mitologías, la cristiano celta irlandesa junto a la católica romana, que igualmente deberían aunar en su interpretación los paneles este y oeste, tanto como el antiguo con el nuevo testamento...

Esta lectura vertical que sugerida por Miguel se afianza, la comprobamos de nuevo en la portada en su conjunto, leída de abajo arriba tras reparar en los primeros motivos esculpidos, esos cuatro grandes bloques adelantados que hasta ahora nos parecían leones y que como comprobaremos a continuación, hemos de suponer cuatro grandes bestias saliendo del mar, al observar detrás de alguna de ellas, sirenas que se muestran de esta manera coherentes en la interpretación simbólica al analizar su claro mensaje apocalíptico, el mismo que nos imbuye la lectura del sueño profético de Daniel y aproxima el código utilizado en el programa escultórico, un primer peldaño en la comprensión del fascinante mensaje esculpido en la portada del templo consagrado a St Jakob y St Gert, en Ratisbona (De). Leamos un poco:
Visión de las cuatro bestias (Daniel 7:1-7)
En el primer año de Belsasar, rey de Babilonia, tuvo Daniel un sueño y visiones de su cabeza mientras estaba en su lecho; luego escribió el sueño y relató lo principal del asunto.
Daniel dijo: «Miraba yo en mi visión de noche, y vi que los cuatro vientos del cielo combatían en el gran mar.»
Y cuatro bestias grandes, diferentes la una de la otra, subían del mar.
La primera era como un león, y tenía alas de águila. Yo estaba mirando hasta que sus alas le fueron arrancadas; fue levantada del suelo y se puso enhiesta sobre los pies, a manera de hombre, y se le dio corazón de hombre.
Vi luego una segunda bestia, semejante a un oso, la cual se alzaba de un costado más que del otro. En su boca, entre los dientes, tenía tres costillas; y se le dijo: "Levántate y devora mucha carne".
Después de esto miré, y vi otra, semejante a un leopardo, con cuatro alas de ave en sus espaldas. Esta bestia tenía cuatro cabezas; y le fue dado dominio.
Después de esto miraba yo en las visiones de la noche, y vi la cuarta bestia, espantosa, terrible y en gran manera fuerte, la cual tenía unos grandes dientes de hierro; devoraba y desmenuzaba, pisoteaba las sobras con sus pies, y era muy diferente de todas las bestias que había visto antes de ella; y tenía diez cuernos.
(FUENTE: BIBLEGATEWAY))
Ante esta nueva perspectiva apocalíptica, el primer nivel de la portada nos sumerge directamente en el sueño de Daniel, y con la interpretación añadida por la Biblia de Bamberg, hace recobrar en el s.XI al nombre de Roma -el Imperio ha desaparecido hace siete siglos-, una riqueza evocativa como protectora del cristianismo, en este exclusivo sentido más propia de la eficacia del lenguaje que la correspondiente a la ciudad eterna situada sobre el cerro Esquilino, aquella donde en tiempos de Diocleciano se leía una inscripción latina que afirmaba:
La "Mens Divina" ha escogido el lugar más propicio para que la Urbs extendiera su dominio a todo el Orbis. Sucede esto así, en este lugar, puesto que siguiendo la interpretación bíblica de esta portada de Ratisbona, al Imperio Romano -esto es, Roma-, le corresponde ser también -esculpida ahora como cocodrilo monstruoso- la cuarta bestia del sueño, aquella que devora un pequeño león alado -Babilonia- en la parte inferior del friso este, como creo que podremos demostrar más adelante.
