Hola a todos,
sobre el caso concreto de Sangüesa mi opinión es que Leodegario es el maestro escultor.
Parece ser que en Sangüesa trabajaron al menos dos talleres diferentes: uno de ellos podríamos relacionarlo con San Juan de la Peña y el otro con este Leodegario que tantos quebraderos de cabeza nos está dando.
Todo parece indicar que estamos ante un escultor de origen francés, muy probablemente borgoñón. Aquí me acojo a las tesis de Gaya Nuño y de Gudiol Ricart y, al igual que ellos, veo numerosos elementos franceses en Sangüesa. La propia estructura de la fachada es muy francesa, y las esculturas de las jambas pueden ponerse en relación con las estatuas columna de Chartres.
Por otro lado, el tratamiento de los pliegues en las figuras de Leodegario recuerda bastante al de los pliegues de algunas figuras de San Lázaro de Autun

Pliegues de marcado caracter circular, muy largos y paralelos y muy numerosos y unidos entre sí.
Más datos: Leodegario es un nombre muy vinculado a Autun, donde se venera a Saint Legér, obispo de dicha ciudad, que fue martirizado en torno al año 650. Por otro lado, en san Lázaro tenemos un MEFECIT también bastante famoso, que es el de Gisleberto... aunque en este caso se trata más bien de un HOCFECIT ("hizo esto"), por cierto, en la epigrafía de Autun también se combinan mayúsculas con minúsculas.
En resúmen, hago una conjetura: Leodagario, nombre francés típico de Autun, nos indica que el artista de Sangüesa pudo ser de origen borgoñón (por decirlo de modo muy básico: ¿si conocemos a alguien llamado Isidro o Almudena no supondremos que puede tener un origen madrileño

?). El uso que hace de los pliegues puede indicar que probablemente trabajó en San Lázaro con Gisleberto y que, al igual que éste hizo en el tímpano del Juicio Final, Leodegario firma su obra en Sangüesa, quizá para distinguir lo que había hecho él de lo que produjeron los escultores del taller de San Juan de la Peña. ¿Para indicar a quién había que pagar la obra y no hubiese confusiones? ¿Por simple vanidad? Eso es imposible saberlo.
Es probable que mi razonamiento sea muy simple, pero, en el caso del estudio del Románico, siempre he creído que, lo mejor, es hacer uso del razonamiento de Ockham, aunque en versión pedestre

:la explicación más sencilla, suele ser la acertada.
En ese sentido, y aunque seguramente pueda estar en un error, me atrevo a decir que la D minúscula se emplea en esa forma por una mera cuestión de espacio, imitando la mezcla de mayúsculas y minúsculas de la epigrafía de San Lázaro de Autun.