Recordamos algunos de los datos la investigación del Profesor Don Gerardo Boto Varela, recogidos en algún medio periodístico, sobre los que intentaremos atisbar alguna luz que le permita llegar al fondo de la cuestión ¿de dónde procede el claustro de Palamós?. Leamos algunas líneas publicadas:
José Ángel Montañés Madrid 8 JUN 2012 - 00:59 - EL PAÍS escribió:
La fascinante película del claustro de Palamós tuvo ayer (7/6/2012) un triple reparto de protagonistas. Por un lado, los técnicos de la Dirección General de Patrimonio de la Generalitat, que por vez primera pudieron acceder al recinto de Mas del Vent y estudiar el claustro para un posterior dictamen sobre su valor histórico, después de los requerimientos por vía judicial efectuados por el Govern a los propietarios de la finca. Por otro, el profesor de la Universidad de Girona Gerardo Boto, que fue quien destapó la existencia del claustro de Palamós, y que ayer se reunió en Madrid con el secretario de Estado de Cultura, José María Lassalle, para pedirle un compromiso firme del Ministerio en el estudio del claustro. Y por último,
Julián Ortiz Fernández, el anticuario que durante años y hasta 1958 veló por el buen estado de la obra cuando esta estaba montada no en Palamós, sino en un solar del madrileño distrito de Ciudad Lineal.
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Según relatan padre e hijo al unísono y con precisión de fechas, las piedras del conjunto llegaron a Madrid en 1931 desde un lugar indeterminado. Las compró Ignacio Martínez Martínez, un anticuario “de gran prestigio y reconocimiento en el Madrid de entonces”. Los sillares se instalaron en un solar que le cedió una conocida suya, “una marquesa”, situado entre los números 7 al 11 de la calle Ángel Muñoz, en el actual distrito de Ciudad Lineal. “Quería montarlo para venderlo a un americano rico”, aseguran.
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Al poco tiempo, el antepasado de ambos, Julián Ortiz Fernández, entró a trabajar a sus órdenes con la intención de ocuparse de las obras de montaje de la enorme estructura. Según recuerdan, Julián era un restaurador hábil que
se había formado en pintura en Talavera de la Reina y acabó interviniendo en obras importantes “como un Berruguete”, explica el anciano con gran agilidad mental. Para dirigir los trabajos de montaje de las piezas y reintegrar las que faltaban o estaban fragmentadas Julián decidió irse a vivir a una casa instalada en el mismo solar del claustro con su mujer Emilia Carranza y sus nueve hijos.
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La Guerra Civil impidió que se terminase el montaje y restauración. Martínez se desplazó a Barcelona y
Julián Ortiz se exilió a Francia, donde acabó en un campo de concentración. “Cuando el país es ocupado por los nazis y empiezan a desvalijar obras de arte, se enteran de que mi padre es restaurador y comienza a trabajar obligado para ellos; pero eso le hace ganar la amistad de un coronel de la Gestapo que posibilita que mi padre, tras pedirlo al régimen, vuelva a España en 1941”, cuenta el anciano. Y puntualiza: “Tenía la obligación de presentarse todos los sábados en el cuartel”.
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La historia del restaurador Julián, que falleció en 1998 a los 96 años, acabó mal: cuando quiso comprar el solar en el que había vivido tantos años con su familia, “las monjas del Sagrado Corazón que estaban instaladas al lado, removieron
su pasado republicano y se lo impidieron”, recuerda su hijo. Noticia completa:
http://cultura.elpais.com/cultura/2012/ ... 40280.html La relectura del artículo del diario sugiere, no únicamente la existencia de personas que estuvieron en contacto con el claustro de Palamós antes de la guerra civil, sino que recoge afirmaciones de testigos presenciales que en algún momento aseguran el conocimiento del mismo por un nutrido grupo de gentes cinco años antes, entre los que se destacan hechos y personas de los párrafos que me he permitido la libertad de subrrayar.
Además de lo que sostienen hijo y nieto al unísono, es en la busqueda de respuestas de esta complicada resolución y al formular algunas preguntas sugeridas por sus declaraciones entre líneas, cuando deducimos que el claustro fue vendido unos meses antes de la proclamación de la II República. Cuando en 1931 Ignacio Martínez Martínez lo adquiere, 'alguien' ha debido distraerlo de los inventarios que se están preparando para el decreto de 23 de enero de 1932, por el que la Segunda República Española disuelve la Compañía de Jesús por obedecer a un poder extranjero (el Papa), incautando todos sus bienes. Hacia el final de los años 30, los jesuitas de Estados Unidos sobrepasaban a los españoles en número, país este último en el que formaban, hasta esos momentos, el grupo regional más grande con más de 8.000 padres en sus filas.
No nos desviémos más sobre la cuestión, de momento... ¿Quién fue Julián Ortíz Fernández?.¿Qué pudo unirle con la Escuela de Artes de San Fernando o con Íñiguez Almech? ¿Cual fue ese pasado republicano que le impidió adquirir la finca?
(seguirá...)