Os sugiero contemplar de nuevo esta fotografía.

Probablemente convengáis conmigo en que su estructura revela un alto dominio de la geometría/arquitectura evidenciado en el hecho de la disposición de las columnas de entrada que parecen estar invitando, casi agresivamente, a penetrar en el templo.
Quizás también convengáis conmigo en que el conjunto parece una unidad de contenidos que exige una amplia labor catequética para entenderla. Cualquier paseante o feligrés que no tuviese el apoyo del sermón se quedaría “en babia”.
Es posible que hasta acordéis conmigo que la parte central parece ser la más importante, por su elaboración y aparente claridad de mensaje. Diría que las dos partes laterales deben ser accesorias, deben ampliar o aclarar o soportar con ejemplos el mensaje que procede de la parte central.
De abajo a arriba, la parte central se configura en tres zonas: la propia entrada a la iglesia, la Janua Coeli, el tímpano y la parte superior con el colegio apostólico, y otros dos desconocidos por ahora, en torno a Dios.
Curiosamente, en una portada tan elaborada, a ambos lados del colegio apostólico en la parte superior no hay nadie, no hay un concepto de referencia, sólo hay columnas. Parece que esta presencia de columnas está reforzando intencionadamente la idea de que el espacio ocupado por los apóstoles es el todo. Alternativamente, en una consideración más positivista, también podríamos decir que esas columnas están invitando a ser rellenadas, a ser ocupados los espacios entre ellas, espacios que por ahora están vacíos.
Otra curiosidad de la portada es que Dios aparece dos veces, en el tímpano y en la parte superior. O el artista no estaba cualificado, lo que evidentemente no es cierto, o el programa considera dos momentos diferentes, el superior y el del tímpano.
En el tímpano Dios está acompañado inusualmente por Juan y por Santiago, según hemos leído. Y en los tímpanos de la época se está haciendo referencia a la segunda parusía ¿Estamos en una representación de contenido semejante?
Quizás sí, pues Juan nos está diciendo que cuando venga el anticristo y se le venza habrá un Juicio Final y Santiago nos está diciendo que cuando se está construyendo esa iglesia el imperio del mal sigue vivo en la España de los Cinco Reinos mientras que por el este el mismo imperio, ahora de la mano de los turcos selyúcidas, amenaza permanentemente a los bizantinos cuya dinastía Commeno está a punto de acabar, débilmente, sin que los cruzados de las tres primeras expediciones hayan conseguido derrotarlos definitivamente. Tenemos anticristos que nos aconsejan tomar acción ante un posible desastre humano que anteceda al Juicio Final; juicio que debe permitirnos acceder a ocupar los espacios intercolumnares vacios junto a los apóstoles que ya están con Dios porque así se lo había anunciado Jesucristo, y a los que, quizás acompañen ya, por gentileza del autor, personajes como el Papa y el Abad fundador, por poner dos ejemplos.
Para ello, para llegara a arriba, lo que está haciendo Dios/Cristo en el tímpano es evidenciar su poder. ¿Qué poder? El poder de la Iglesia y de sus enseñanzas, difundidas por los apóstoles, capaces de hacernos llegar a la Gloria eterna.
Y para ello solo hay un camino, el que nos indican en el templo, el camino pasa por entrar en el interior, por acceder a la Jerusalén celestial y al macrocosmos, en pasar por la Janua Coeli.
Por eso la puerta es la parte más rica de la escultura; sus fustes están perfectamente labrados, sus hermosos capiteles nos dan la bienvenida, y sobre ellos el León de Judá nos evidencia que vamos bien. Al ser la puerta el elemento mejor elaborado es el mejor lugar para representar a sus artífices.
Pero…¿Qué coño hacen aquí los gatitos? ¿Cómo se han atrevido estos irlandeses a ensalzar a los gatitos al mismo nivel que los leones si el gato en el cristianismo es el símbolo del mal, del demonio?
Saludos.