egara escribió:
Hola
Gracias a demiguel. He visto que se habla mucho de el en este foro y he buscado un poco de información. Hay muchas cosas que no entiendo de lo k he leido.
Adios
Hola a todos
Egara, no te preocupes. Al maestro Eriúgena hay que leerlo poco a poco, sin prisas. Así lo ejemplificamos en otra entrada hace algo ya de tiempo. Si en la actualidad preguntásemos sobre una representación artística que pudiese ser escogida como el icono que identifica el ser del hombre moderno, estoy seguro que muchos se acabarían decantando por este prototipo artístico, el famoso
El pensador, de Auguste Rodin:

Pero, si además, preguntásemos sobre un pensamiento que cumpla esa misma función, muchos acabarían pensando en el famoso
“COGITO, ERGO SUM” (Pienso, luego existo, o Pienso, por lo tanto existo) de Descartes. Es decir, la autonomía de la razón humana que nos ha conducido a la modernidad.
El pensador de Auguste Rodin se puede emparentar iconográficamente con esta escultura románica:

(Se encuentra en la Catedral vieja de Plasencia, Cáceres, Extremadura)
Si Auguste Rodin esculpió su famosa obra en 1902, a partir de una escultura en yeso de 1880, ¿cómo relacionar una escultura románica de un hombre pensando con el
COGITO de Descartes a través del tiempo; ya que, como todo el mundo conoce, Descartes pertenece al siglo XVII?
Es fácil, porque Descartes no fue original en el desarrollo de esta máxima filosófica. Antes que él, utilizaron
la idea de COGITO como hecho de conciencia del hombre pensadores como San Agustín, San Anselmo, Escoto Eriúgena, Juan de Salisbury, Hugo de San Víctor..., por nombrar a los que pudieron influir directamente en el arte románico. Es decir, la nómina de algunos elementos de la plana mayor del llamado neoplatonismo cristiano.
Como ejemplo, la formulación de un viejo amigo, Juan Escoto Eriúgena:
“Pues yo sé que existo, y sin embargo el conocimiento de mí me precede. Puesto que yo no soy distinto del conocimiento por el que yo me conozco; y si yo desconociera que yo existo, conocería el desconocer que yo existo. Y por eso, sepa o no sepa que yo existo, no careceré de conocimiento: en efecto, permanecerá en mí el conocer mi propia ignorancia. “Nada, correspondencias o el arte de la memoria, que es lo mismo que recordando a mi viejo amigo Troilo. Ya callo.
Un abrazo a tod@s