Hola a todos
En primer lugar, agradecer a Siloé y a Eadan su magnífico trabajo sobre este tema. En el fondo, tod@s continuamos teniendo muchas preguntas en torno a este claustro. De hecho, tal y como ha llegado hasta nuestros días, es una auténtica odisea. Ahora bien, como otras veces ya he comentado, me llama poderosamente la atención el montaje final de su iconografía. Me intentaré explicar una vez más.
Como otras veces ya he comentado, de entrada, no queda esa tercera galería que hemos visto en alguna vieja fotografía. Esa tercera galería que podríamos equiparar a la de Silos:

en la que se recogen los temas de la vida de Cristo; pero, siguiendo a Eadan, también a la de Burgo de Osma:

Sin esa tercera galería, ¿en qué se convierte la iconografía del claustro de Palamós tal y como ha llegado hasta nuestros días? Sin ninguna imagen directa de carácter religioso, los que lo han disfrutado han estado rodeados de lo que podríamos llamar “arte por el arte”, es decir, de un puro conjunto esteticista.
Si no se utiliza la lectura analógica o la anagógica (mística) todo su conjunto iconográfico parece constituir "el primer claustro laico" (si se me deja escribir así) o iría más lejos, ateo, del románico que ha llegado hasta nuestros días. No existe ninguna referencia directa a Dios.
¿Por eso, tanto misterio? ¿Quién quería comprar un claustro así? O, simplemente, ¿se pensó engañar al comprador creyendo que no sabría nada de la historia del románico? Así, descontextualizado, sorprende porque, como hemos escrito otras veces, se acerca a posturas esteticistas propias del Novecentismo y de las Vanguardias de la época. No creo que en la época del Románico se plantearan realizar un claustro sin ninguna referencia a imágenes de la Historia Sagrada.
Lástima de que no exista esa tercera galería. Sin historia sagrada, como otras veces ya hemos comentado, hace falta acudir a manuales de teología de la época y, aquí, apreciado Siloé, entra la interpretación de los ojos, como comentabas precisamente tú el otro día, pero no de cualquier ojo. Ya sabes tú y los lectores de este foro que, hace ya mucho tiempo, afirmé que, para mí, toda esta imaginería está pensada en clave funeraria.
Y, públicamente, en esa clave, interpreté imágenes como la siguiente:

con comentarios de este tipo:
Citar:
Pero, en un claustro, el grupo de creyentes que lo frecuente es especial. No sólo eso. El espacio en sí es único en la vida y la muerte de la comunidad monástica. En el claustro, no sólo meditan y encuentran la paz y el descanso los monjes o canónigos vivos, también descansan para siempre los difuntos de la comunidad. Y, precisamente por eso, porque también descansan los muertos, este capitel adquiere una interpretación nueva si se tiene presente la liturgia de una misa de difuntos, en concreto, se interpreta a través del Libera ánimas, también conocido como Dómine Jesu Christu o Canto del ofertorio de la Misa de Réquiem, del que reproduzco un fragmento:
“Señor, Jesucristo, Rey de gloria, liberad las almas de los fieles difuntos de las llamas del Infierno y del Abismo sin fondo: liberadlos de la boca del león para que el abismo horrible no los engulla y no caigan en los lazos de las tinieblas.”
“Liberadlos de la boca del león”, ahora en plural. No hemos podido ver la iconografía del claustro de Palamós en directo y sólo tenemos acceso a determinadas fotografías, pero en esos capiteles reproducidos anda un alto contenido de interpretación que tiene que ver con la liturgia de los difuntos. ¡Qué lástima que no nos inviten a verlos y a estudiarlos en directo! Los estilemas o los rasgos formales necesitan del estudio de los técnicos, pero esta simbología es claramente de naturaleza eclesiástica, es decir, simbólica más allá de la propia Biblia.
Sin embargo, la propia interpretación de Silos, como explicaba magníficamente Eadan en sus dos últimas entradas, acarrea dificultades. Pongamos un ejemplo. ¿Por qué, en los nimbos o aureolas de los discípulos del claustro de Silos, en el tema de la Duda de Santo Tomás, se olvidaron de poner al mismísimo Santiago, el Zebedeo, el de Compostela?

Sobre este relieve de Silos, como otras veces hemos señalado, se dan preguntas como estas:
1. ¿Por qué, en este episodio, se equivocan en Silos y representan a doce (12) discípulos en lugar de los once (11) del relato evangélico?
2. ¿Por qué se pone a San Pablo en lugar de San Matías para hacer el número doce, cuando San Pablo no fue elegido en vida por Cristo, cosa que sí sucedió con San Matías y, por eso, los once lo escogen para que haga de número doce?
3. ¿Por qué se olvidan de Santiago el Mayor, el Zebedeo, el hermano de San Juan Evangelista, colocando por dos veces los nombres que hacen referencia a Santiago el Menor, el hermano del Señor?
Llegados a este punto, mejor, ya callo. Pero, apreciado Siloé, no vale sólo colocar la imagen. Si no somos capaces de encontrar el contexto teológico o litúrgico adecuado, a estas imágenes de Palamós se le puede aplicar aquello de San Bernardo de Claraval:
Citar:
“Pero en los capiteles de los claustros, donde los hermanos hacen su lectura, ¿qué razón de ser tienen tantos monstruos ridículos, tanta belleza deforme y tanta deformidad artística? Esos monos inmundos, esos fieros leones, esos horribles centauros, esas representaciones y carátulas con cuerpos de animal y caras de hombres, esos tigres con pintas, esos soldados combatiendo, esos cazadores con bocinas... Podrás también encontrar muchos cuerpos humanos colgados de una sola cabeza, y un solo tronco para varias cabezas. Aquí un cuadrúpedo con cola de serpiente, allí un pez con cabeza de cuadrúpedo, o una bestia con delanteros de caballo y sus cuartos traseros de cabra montaraz. O aquel otro bicho con cuernos en la cabeza y forma de caballo en la otra mitad de su cuerpo. Por todas partes aparece tan grande y prodigiosa variedad de los más diversos caprichos, que a los monjes más les agrada leer en los mármoles que en los códices, y pasarse todo el día admirando tanto detalle sin meditar en la ley de Dios.”
San Bernardo de Claraval, Apología dirigida al Abad Guillermo, hacia 1125
Apreciado Siloé, porque no es una tarea fácil, aprecio tu magnífico trabajo en lo mucho que vale. Pero, todavía hay que detenernos a escuchar más voces. No todas han hablado. Y, además, algunas de las que sí lo han hecho, de muy significativas por cierto, o no hablan o han callado. Por eso, procuraré estar a la escucha de todas esas voces, con los oídos bien abiertos.
Un abrazo a tod@s