Eadan escribió:

Frente a Balaam, en la portada sur, encontramos el sacrificio de Isaac, pero no llego a comprender el valor que puede alcanzar en las Cartas de San Pedro esta narración, Fer; ¿crees que tiene algo que ver con el relato bíblico?
Hola a todos
Eadan, no paras. Eso es bueno para todos los que amamos el arte románico. Ahora, vuelves al capítulo del sacrificio de Isaac. De entrada, uno de los capiteles con una iconografía más reconocible en Jaca. Es cierto que venimos proponiendo que los capiteles historiados de Jaca están pensados teniendo en cuenta tanto los escritos de San Pedro (sus dos cartas) como los Hechos de los apóstoles, el inicio de la historia eclesiástica. Sin embargo, también estamos poniendo de manifiesto la importancia teológica que tuvo el capítulo segundo de la Primera Carta de San Pedro en la elaboración de estas imágenes. No es el primer caso.
Hace ya algún tiempo, desde el grupo Ailbe, propusimos la importancia que tiene el capítulo 11 de la Carta a los hebreos en la elaboración de la iconografía del claustro de Alquézar, Huesca, en el artículo: “Alquézar, una propuesta de lectura”.
Coloco un enlace:
http://www.circuloromanico.com/index.ph ... ge_id=1081En Jaca, opinamos que sucede lo mismo. El capítulo segundo de esta primera carta de San Pedro se utilizo como el eje central en la interpretación teológica de esta espléndida iconografía románica. El capitel del sacrificio de Isaac constituye otra prueba objetiva más. Desde la teología, el sacrificio de Isaac es la gran prueba de la sumisión de Abrahán por la fe a Dios. Y sobre la sumisión escribió San Pedro en el final de este capítulo segundo, después de argumentar que se tiene que temer a Dios y honrar al rey:
“17 Honrad a todos, amad a los hermanos, temed a Dios, honrad al rey. 18 Criados, sed sumisos, con todo respeto, a vuestros dueños, no sólo a los buenos e indulgentes, sino también a los severos.19 Porque bella cosa es tolerar penas, por consideración a Dios, cuando se sufre injustamente.20 ¿Pues qué gloria hay en soportar los golpes cuando habéis faltado? Pero si obrando el bien soportáis el sufrimiento, esto es cosa bella ante Dios. 21 Pues para esto habéis sido llamados, ya que también Cristo sufrió por vosotros, dejándoos ejemplo para que sigáis sus huellas.22 El que no cometió pecado, y en cuya boca no se halló engaño; 23 el que, al ser insultado, no respondía con insultos; al padecer, no amenazaba, sino que se ponía en manos de Aquel que juzga con justicia;24 el mismo que, sobre el madero, llevó nuestros pecados en su cuerpo, a fin de que, muertos a nuestros pecados, viviéramos para la justicia; con cuyas heridas habéis sido curados. 25 Erais como ovejas descarriadas, pero ahora habéis vuelto al pastor y guardián de vuestras almas.”
Pero, no todo acaba ahí. La primera parte del capítulo tercero de los Hechos de los apóstoles nos ha servido para identificar el capitel de la Curación del cojo en el templo. ¿Qué ocurre en la segunda parte de este capítulo? San Pedro enseña y, al hacerlo, identifica a Cristo, sacrificado, el cordero pascual, con el Dios de Abrahán, llegando a decir:
“12 Pedro, al ver esto, se dirigió al pueblo: "Israelitas, ¿por qué os admiráis de esto, o por qué nos miráis fijamente, como si por nuestro poder o piedad hubiéramos hecho caminar a éste? 13 El Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres, ha glorificado a su siervo Jesús, a quien vosotros entregasteis y de quien renegasteis ante Pilato, cuando éste estaba resuelto a ponerle en libertad. 14 Vosotros renegasteis del Santo y del Justo, y pedisteis que se os hiciera gracia de un asesino,15 y matasteis al Jefe que lleva a la Vida. Pero Dios le resucitó de entre los muertos, y nosotros somos testigos de ello. 16 Y por la fe en su nombre, este mismo nombre ha restablecido a éste que vosotros veis y conocéis; es, pues, a fe dada por su medio la que le ha restablecido totalmente ante todos vosotros. 17 "Ya sé yo, hermanos, que obrasteis por ignorancia, lo mismo que vuestros jefes. 18 Pero Dios dio cumplimiento de este modo a lo que había anunciado por boca de todos los profetas: que su Cristo padecería. 19 Arrepentíos, pues, y convertíos, para que vuestros pecados sean borrados, 20 a fin de que del Señor venga el tiempo de la consolación y envíe al Cristo que os había sido destinado, a Jesús, 21 a quien debe retener el cielo hasta el tiempo de la restauración universal, de que Dios habló por boca de sus santos profetas.
22 Moisés efectivamente dijo: El Señor Dios os suscitará un profeta como yo de entre vuestros hermanos; escuchadle todo cuanto os diga. 23 Todo el que no escuche a ese profeta, sea exterminado del pueblo. 24 Y todos los profetas que desde Samuel y sus sucesores han hablado, anunciaron también estos días. 25 "Vosotros sois los hijos de los profetas y de la alianza que Dios estableció con vuestros padres al decir a Abraham: En tu descendencia serán bendecidas todas las familias de la tierra. 26 Para vosotros en primer lugar ha resucitado Dios a su Siervo y le ha enviado para bendeciros, apartándoos a cada uno de vuestras iniquidades."
Además, el símbolo del cordero que debe sacrificar Abrahán en lugar de su hijo remite a Cristo. Estamos ante el tema de la Eucaristía. Sobre su símbolo, el pan ácimo, ya escribimos ayer a través del capitel de Daniel y Habacuc. Sin embargo, tampoco debemos olvidarnos que, junto a la Eucaristía, el otro gran sacramento cristiano es el bautismo, representado en Jaca por el primer capitel historiado con el que empezamos a dialogar sobre esta magnífica iconografía de la catedral de Jaca. Y acerca del bautismo y de la Eucaristía escribió San Pedro en el inicio de este segundo capítulo. No lo decimos sólo nosotros. Lo dice hasta su Santidad el Papa:
“En su catequesis bautismal y eucarística en el capítulo segundo de su carta, san Pedro alude al Salmo que se usaba en la Iglesia primitiva en el contexto de la comunión, es decir, en el versículo que dice: "Gustad y ved cuán bueno es el Señor" (Sal 34, 9; cf. 1 P 2, 3).” (Benedicto XVI, Santa Misa e imposición del palio a los nuevos metropolitanos, Basílica Vaticana, Lunes, 29 de junio de 2009.
El teólogo o teólogos redactores del programa iconográfico de la catedral de San Pedro de Jaca eran unos buenos conocedores de la realidad eclesiástica y civil en la que vivían, pero también de la teología que se desprende tanto del estudio de las dos cartas de San edro como del análisis del primer libro de la Historia de la Iglesia, los Hechos de los apóstoles.
Un abrazo a tod@s