Hola a todos
Con el café del domingo y con el recuerdo de la amistad, una entrada un poco larga que espero encontréis amena.
Hace tiempo que no movemos este tema que, en el fondo, quiere hablar de un principio: ¿quién es la cabeza de la Iglesia?
Tengo que reconocer que, de siempre, me ha llamado la atención lo que ha ocurrido en el claustro de Silos con algunos de los pocos capiteles historiados que representan pasajes de la vida de Cristo. Alguien, porque no creo que sea obra de la erosión natural, utilizó lo que hemos venido llamando como erosión selectiva e inteligente para eliminar rostros.
Vayamos al ejemplo. En el capitel del Lavatorio de los pies, se eliminó el rostro de San Pedro y de otro discípulo con lo que parece un golpe seco y duro, pues queda parte de la cabeza y sólo afecta directamente al rostro:

En cambio, en ese mismo capitel, con lo que parece un rascado integral, se eliminó todo la cabeza de Cristo con mucho cuidado y llegando a eliminarla en su totalidad. Como consecuencia de este rascado integral, se llega hasta el límite interior de la piedra dejando una mano bien marcada que apunta con dos dedos hacia el desaparecido rostro de San Pedro como si, con ese gesto, se le quisiera recordar que es el segundo. Quien así señala a San Pedro, por su juventud y por comparación con otros capiteles, no es otro que San Juan Evangelista, el discípulo amado. Es como si con este gesto se quisieran recordar aquellas palabras que escribió Eriúgena en su
Comentario al Evangelio según San Juan:
“Cristo autem, qui est caput ecclesiae.” Cristo es la cabeza de la Iglesia.
Pero, tal vez, este gesto le costó al San Juan Evangelista de Silos su desaparición de estar junto al costado de Cristo en el capitel de la Última Cena, también con rascado integral y la eliminación parcial del rostro de Cristo, no así del de San Pedro:

¿Qué paso en el claustro de Silos? A San Pedro le dan un golpe seco y duro y lo dejan sin rostro; a Cristo y a San Juan Evangelista les hacen el rascado integral. Es como si alguien hubiese querido renegar de San Pedro y otro le hubiese contestado eliminando a Cristo y a San Juan Evangelista o viceversa, que tanto monta, monta tanto.
Pero, en el claustro de Silos, dejando los rostros de San Pedro y de San Juan Evangelista ¿quién se atrevió a rascar o intentar eliminar el rostro de Cristo? ¿Qué poder tenía el que lo hizo? Que sepamos, la erosión natural no rasca sobre la piedra. Aunque lo dudo por estar donde está y por la perfección del golpe que sólo elimina la cara, lo que le sucedió al rostro de San Pedro podría ser explicado por la erosión natural de la piedra; pero lo de los rostros de Cristo (en el Lavatorio de los pies) y de San Juan Evangelista (en la Última Cena) eso, eso sí que es obra humana.
Nada, ya callo. Feliz día de domingo.
Un abrazo a tod@s