Milton (1608-1674) nos ofreció una versión más moderna en
El Paraíso Perdido, aunque impregnada de una ideología luterana y puritana, desde la que llega a sostener, que es la mujer la que aspira a obtener una estatus de mayor igualdad con el hombre, al que de alguna manera envidia.
Desde ese mismo concepto medieval, son parecidas las vivencias amorosas y sus múltiples circunstancias, las que se ofrecerán al paso durante nuestra vida mortal, en las que nos será dado a elegir de manera espontánea en todas las situaciones que han de marcar nuestra forma de vivir. La enseñanza de la sabiduría, es elegir el camino del bien, pero no siempre se puede; en cambio, la experiencia de Adán y de Eva nos ha de servir de referente correcto, para que en ninguna de esas experiencias que viviremos -por muy alto que sea el nivel que alcancemos con nuestro conocimiento-, debamos intentar asemejarnos Dios, cuando menos intentar superarle.
Es por tanto el hombre, un ser creado a imagen y semejanza de Dios quien debe ser confirmado como tal por una prueba. Nacido -como nosotros- con una voluntad libre para poder escoger y una inteligencia clara que le permitirá discernir entre lo justo y lo injusto o lo bueno y lo malo, es necesario -que superada la prueba- se vuelva felizmente estable, dueño de su condición junto a Dios. Así, el neoplatonismo remarca lo que ocurrirá cuando el equívoco y nuestras actuaciones fallen o en definitiva, qué castigo ocurrirá cuando no superamos la prueba.
En el inicio del camino de las metáforas cristianas, Adán -igual en imagen y semejanza a Dios- es incitado por la influenciable Eva, quien ha suscitado su amor que la hace cotemplarla, tan extraordinariamente hermosa, que lo que parecía bello en todo el mundo le parece ahora mezquino o en ella resumido. Adán pierde la apuesta cuando es seducido y por eso, la alegoría del fruto del árbol del conocimiento mezclado, nos recuerda que lo realmente equivocado, fue nuestra decisión al aceptar el engaño.

En esta concepción de Milton, en un Paraíso tan sublime -prévio a la elaboración del mundo actual- Eva es la máxima belleza y por lo tanto, digna de inspirar amor a Adán. Es también una rosa entre las rosas y ésa es la circunstancia en que la serpiente la descubre y la seduce. Finalmente, en una versión corrompida de
El Romance de la Rosa, Adán mismo le ha tejido una corona de guirnaldas y rosas, pero cuando se entera de lo que ha hecho, cuando descubre la causa de su error y su confianza traicionada, la deja caer y las flores se marchitan al instante. Nunca más volvera a ser Eva para él la personificación de la belleza.
Una transcripción de
La naturaleza del amor de Irving Singer, respecto de la interpretación neoplatónica del conflicto entre Adán y Eva propuesto por Milton, nos recuerdan que es indispensable conocer el conocimiento que proporciona 'el árbol mezclado' para alcanzar la sabiduría plena:
"Las fuentes neoplatónicas de Milton reverberan también en la sugerencia que la serpiente le hace a Eva: la muerte no puede ser otra cosa que descartar dichosamente lo humano para asumir lo divino. Y, por último, ésta es la percepción que Adán tiene de Eva en el momento de la creación".
El error del hombre en su caída, el equívoco que proporciona el desacierto en el amor, es interpretado por Milton y otros, como la verdadera causa del pecado original.