A pesar de los duros fríos invernales, muy lentamente comienza a resurgir ese período mágico en el que todavía algunas regiones del planeta celebran con fuerza la Candelaria, 40 días después de la Navidad. Es el momento en que nuestros espíritus aumentan de manera gradual revitalizados. A medida que se anticipa el resurgir de la naturaleza, emergen rituales en los antiguos celtas, un momento tradicional para las iniciaciones, con el propósito de desterrar poco a poco el invierno para dar la bienvenida a la primavera.
Una Cruz de Santa Brígida que adornaba cada casa, hecha de paja y juncos -tradición que data de antes de la era cristiana-, representaba ese momento cósmogónico de la naturaleza, en que la Rueda de Sol, o Rueda de Fuego, giraba. Una tradición que suele estar vinculada a la antigua ceremonia relacionada con la preparación del grano para la siembra en la primavera, ya que a menudo se creía que el espíritu de la semilla, la diosa misma, residía en los últimos granos recolectados. Este grano cosechado se traía a la casa durante Imbolc, era bendecido, y se plantaba como la primera semilla de la próxima cosecha.

La fiesta de Imbolc, o de la 'novia' celebrada por los celtas, también fue sincretizada por los cristianos, que la llamaron la Candelaria. No obstante, Imbolc -como nos gusta decir-, es irlandés gaélico y se traduce indistintamente como 'oveja' o 'en el vientre' y representa la aceleración de la luz y de la vida. Son los primeros indicios de la primavera, que pueden comprobarse con el resurgimiento de plantas y flores, tales como las campánulas o el acónito de invierno, en los bosques de hayas:

.
Las semillas que habían permanecido latentes durante los períodos de oscuridad, en un temprano proceso no esperado, comienzan a brotar bajo esta expectativa en que Imbolc celebra la vigilia de la luz en el despertar del alma. Es entonces, cuando los viejos celtas europeos, daban la bienvenida a la diosa que se renueva, la 'Joven Doncella', la 'Novia' o Birgid, una diosa triple que se ha cristianizado como Santa Brígida, y que se celebra el día 1 de febrero.
La luz del Sol, en Orihuela, debería regresar en su camino, para iluminar la jamba en donde se encuentra nuestra querida lechuza. Es tiempo para la esperanza.