Proseguimos hacia Tuy, desde la distancia de esta fría mañana, donde el aroma del café se esparce gratificante y evocador...
Tui... o Tuy, situada sobre una rocosa atalaya a orillas del Miño. Una ciudad que os dejará una huella indeleble desde el entramado de sus viejas calles empedradas, sus emblemáticos rincones o sus ambientes capitalinos y sus gentes... Es la magia de la histórica ciudad episcopal tudense situada en una encrucijada de caminos, donde se aglutinaron desde tiempos inmemoriales las calzadas y rutas, que como la Vía XIX del
Itinerario Antonino, partiendo de
Bracara Augusta, se dirgía a
Lucus Augustui y a
Brigantium, facilitando el comercio de la sal, los cueros, maderas y vinos, en tránsito de un territorio a otro, hasta Portugal. Un viejo puerto fluvial para barcas de pasaje y comerciales, permaneció igualmente activo desde el medievo, como recogía el 'Arancel del Puerto', mandado inventariar por el obispo Don Diego de Muros en el s.XV, y que continuó su actividad hasta la construcción del puente internacional de Santo Domingo, allá por 1940, en el siglo pasado.
Pero muchísimo tiempo antes, quedan múltiples restos de la época castreña (s. VIII-VII a. C. a I d. C.) donde asistimos a la construcción de poblados estables y fortificados en las cimas de los montes y oteros, los llamados “castros”, que evidencian una vez más, el caracter estratégico de la zona. Algunos autores, señalan a Tui -Tude- como capital el grupo gentilicio prerromano de los “Grovios”. Y es que, en las próximas cimas del monte Aloia, Cabeza de Francos (Pazos de Reis), A Guía (Randufe) o en la misma ubicación actual de la ciudad, está documentada la existencia de estos poblados castreños.
Tuy... o mejor
Tui, revelada como importante enclave comercial y estratégico-militar, desde tiempos remotos, también fue capital de los suevos y es en esta ciudad, donde los visigodos acuñarán monedas de oro; muy cerca, en el ámito localista de su seguridad defensiva territorial capitalina -en Pazos de Reis-, establecerá su corte Vitiza. Pese a todo, pocos años después de su reinado, en el 721, el enclave será tomado por los árabes, para tan sólo 19 años después -740-, ser reconquistada de nuevo por Alfonso I, rey de Asturias.
También probaron suerte los normandos, venidos por mar, quienes serían expulsados por Ordoño I de Asturias en el 844; después el rey la mandará repoblar y fortificar, pero nuevas invasiones árabes y normandas, la dejarán completamente arruinada, como también vimos que sucedió en Britonia (Mondoñedo -Co-). Finalmente Doña Urraca, hermana de Alfonso VI, rey de León y de Castilla, ordenará la reconstrucción de Tui en el año 1071, restaurando igualmente su esplendor comercial y estratégico. En 1170, el rey Fernando II, traladará la ciudad hacia el zona alta, pues Tui se ubicaba a la espalda de la actual, en el barrio de San Bartolomé, donde veremos otra de las joyas románicas de esta ciudad.
La actual catedral tudense, se erige sobre el solar de una primitiva iglesia Sueva, pero su configuración actual está datada desde
1145, hasta el siglo XIII -primera catedral gótica española-. con lo que sus estilos más diferenciadores son el románico y el gótico. Veamos antes de profundizar más en nuestros objetivos -de manera genérica-, qué nos dice el egregio Chueca de ella:
FERNANDO CHUECA GOITIA, en Historia de la Arquitectura Española escribió:

La aguerrida y pintoresca mole de la
catedral de Tuy se levanta, entre un dédalo de callejuelas, dentro de la fronteriza y austera ciudad del Miño. De sus fachadas foscas y almenadas, el porche que cobija la puerta principal es lo más elegante, no obstante su severidad es casi militar. El primer documento de su construcción que conocemos es de 1145. En 1224 es consagrada, pero en 1264 se cerraban los ábsides , que se transofrmaron en el siglo XV. En planta merece señalarse la importancia del crucero, con brazos igualmente de tres naves, de clara inspiración compostelana. Predominan las bóvedas de crucería, y la antigua galería santiaguesa se transforma en arquería ciega.
La simbología de la portada gótica, está bastante próxima al románico, que como podemos ver en la escena de la Navidad, comienza la narrativa figurada -de derecha a izquierda- en la que el mismo ángel anuncia a María y previene a José, que 'adormilado' apoya su barbilla sobre el mango del bastón con forma de tau, mientras contempla la escena del nacimiento; escena que acompañan el buey y la mula, como no podía ser menos, mientras el dosel de la cama de la Virgen exhibe magníficos capiteles que podríamos encuadrar en el románico pleno. A continuación vemos la anunciación a los pastores.

Y ahora, ya, vayamos a lo románico...