La verdad, es que cada uno de los dos grupos centrales de los capiteles de la portada, me resultan más comprensibles sin las dos representaciones exteriores, pero observo que la segunda persona del lado Este, esto es la central, no tiene símplemente las manos sobre la barriga, sino más bien, como sujetando algo parecido a unos harapos liados... quizá el sudario. Respecto de lo que porta entre las manos la otra figura más cercana al tímpano, sugiero símplemente una ampliación del zoom del explorador, en lo que creo intuir las formas redondeadas del 'bote' de los ungüentos y cómo el personaje en cuestión, parece sujetarlo con ambas manos, en actitud oferente.
Y aún así, respecto de la exterior en este flanco, entre lo breve que intuyo del mensaje, encuentro ciertamente controvertida la figura de Salomé, mencionada entre los testigos de la crucifixión de Jesús, donde aparece junto con María Magdalena y María, la madre de Santiago el Menor y de José (Marcos 15:40); tras la muerte de Jesús, son éstas las tres mujeres que según su relato acuden al sepulcro, donde un joven vestido de blanco les anuncia la resurrección (Marcos 16:1-8).
Sin embargo, Mateo, no la llama 'Salomé' ni una sola vez, ya que en el relato de la Crucifixión, cita textualmente a las tres mujeres, de esta manera: María Magdalena; María, la madre de Santiago y José y
"la madre de los hijos de Zebedeo"(Mateo 27:56); es como si el evangelista, de manera intencionada, evitase escribir su nombre, quizá motivado por la petición que ésta realiza a Jesús en nombre de los zebedeos, que la indispuso con el resto de los discípulos. Esto haría preciso olvidar que nos encontramos ante una iglesia consagrada a uno de sus hijos:
Mateo 20:20-28 escribió:
Reina-Valera 1995 (RVR1995)
Petición de Santiago y de Juan
20 Entonces se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos, postrándose ante él y pidiéndole algo.
21 Él le dijo: Ella le dijo: —Ordena que en tu Reino estos dos hijos míos se sienten el uno a tu derecha y el otro a tu izquierda.
22 Entonces Jesús, respondiendo, dijo: —No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber del vaso que yo he de beber, y ser bautizados con el bautismo con que yo soy bautizado?
Ellos le respondieron: 23 Él les dijo: —A la verdad, de mi vaso beberéis, y con el bautismo con que yo soy bautizado seréis bautizados; pero el sentaros a mi derecha y a mi izquierda no es mío darlo, sino a aquellos para quienes está preparado por mi Padre.
24 Cuando los diez oyeron esto, se enojaron contra los dos hermanos. 25 Entonces Jesús, llamándolos, dijo: —Sabéis que los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que son grandes ejercen sobre ellas potestad. 26 Pero entre vosotros no será así, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, 27 y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo; 28 como el Hijo del hombre, que no vino para ser servido, sino para servir y para dar su vida en rescate por todos.
SAN PEDRO:Ahora bien, teniendo por cierto a la Magdalena esculpida, y respecto del posible sudario entre las manos del personaje central, cabría la posibilidad de evaluar si se trata de Pedro, ya que esa actitud de sorpresa ante la resurrección de Jesús, sí es relatada explícitamente en el evangelio de San Juan. Leámos, como dice el buen Corbio:
Juan 20 escribió:
Reina-Valera 1995 (RVR1995)
La resurrección
1El primer día de la semana, María Magdalena fue de mañana, siendo aún oscuro, al sepulcro, y vio quitada la piedra del sepulcro. 2 Entonces corrió y fue a Simón Pedro y al otro discípulo, aquel a quien amaba Jesús, y les dijo: —Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto.
3 Salieron Pedro y el otro discípulo y fueron al sepulcro. 4 Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió más aprisa que Pedro y llegó primero al sepulcro. 5 Y, asomándose, vio los lienzos puestos allí, pero no entró. 6 Luego llegó Simón Pedro tras él, entró en el sepulcro y vio los lienzos puestos allí, 7 y el sudario, que había estado sobre la cabeza de Jesús, no puesto con los lienzos, sino enrollado en un lugar aparte. 8 Entonces entró también el otro discípulo que había venido primero al sepulcro; y vio, y creyó, 9 pues aún no habían entendido la Escritura: que era necesario que él resucitara de los muertos. 10 Y volvieron los discípulos a los suyos.
Siguiendo el texto, tan sólo quedaría como invención lo del frasco, pero el interés en resaltar la imagen de Pedro, que se les ha imbuído a estos monjes irlandeses romanizados, quedaría plenamente justificado, pues el personaje más lejano -sonriente ahora- sería el discípulo amado; sin embargo, simbólicamente son los párrafos de su evangelio de la resurrección los que de manera sigilosa se esculpen en este lado, en el que Pedro contempla el paso de Cristo por el seol, sin entenderlo.
Al margen de St Jakob, una observación virtual... ¿quién se supone que es esa María madre de Santiago el menor y de José?
¡Do do shláinte! ( a vuestra salud, en gaélico)
