Hola a todos
Esta entrada quisiera dedicarla a tod@s los que nos hicieron mirar los herrajes de las puertas románicas con otros ojos y, en especial, a Xavi.
A veces, sólo vemos lo que quieren ver nuestros ojos. ¿Qué ves?

¡Qué quieres que vea, una puerta con hierros! ¿Se podrán leer teológicamente esos hierros? ¡Cómo quieres que se puedan leer!, el artesano era analfabeto y los colocó para llenar el espacio.
¿Lo intentamos? Es evidente que hay tres espacios iconográficos. ¿Qué representarán?
En el nivel inferior, la primera de las edades, la de la Creación con la presencia de los dos árboles del Paraíso, con una simbología numérica de hombre, el seis (6), los seis días de la creación. ¡Qué te lo crees tú eso!
¿Y si se ve la serpiente junto al Árbol del conocimiento?

¿Qué pinta ese detalle plástico solo, al margen de la representación de lo que puede interpretarse como dos árboles? Además, junto al Árbol de la vida no hay ningún detalle plástico.
Se puede ver mejor así:

Ahora, subamos al segundo nivel, al central, el de la cruz y el de la naturaleza humana de Cristo, la parte central de la puerta. De nuevo, el número seis (6), el de su humanidad y su suma, el doce (12).
Pero, subamos al nivel superior, con esas dos cruces que remiten al número ocho (8) y a la divinidad de Cristo.
Si como señala Cristo en el evangelio de San Juan,
Ego sum ostium, Yo soy la puerta, qué mejor que explicarlo así a través de la teología neoplatónica:
Cristo es el Árbol de la vida plantado en el Paraíso junto al Árbol del conocimiento. De este árbol, salió la madera de la cruz, signo tanto de la humanidad como de la divinidad de Cristo. Ya callo. Pero, hasta los hierros de las puertas románicas pueden leerse. Por cierto, se trata de la puerta del templo de. Sant Julià i Santa Basilisa, en Jujols, Francia.
Un abrazo a tod@s