Hola a todos
Seguramente, será muy difícil saber el origen del claustro románico de Palamós. Parece ser que no existe documentación histórica. También se nos antoja una tarea ardua la delimitación del comienzo en el tiempo de las diferentes partes que, en la actualidad, lo componen. ¿Quién hizo los bocetos de toda la iconografía y los planos de la configuración actual del claustro? ¿No se conservan estos elementos gráficos en ningún sitio de Madrid o de Zamora, por poner dos ejemplos rápidos?
Además, por lo que podemos observar a través de fotografías, los estilemas o rasgos formales de los diferentes capiteles nos están hablando de la posibilidad de la existencia de más de un maestro escultor, maestros escultores que, incluso, pueden haber trabajando lejanos en el tiempo.
Sin embargo, en medio de este batiburrillo producido por esta mezcla confusa y desordenada de piezas, pues parece ser que, en origen, algunas de ellas no pudieron tener relación entre sí, vemos una constante simbólica en algunas de las imágenes de esta extraña iconografía que ha llegado hasta nuestros días.
Una simbólica que nos lleva hacia la liturgia dedicada al recuerdo de los difuntos. Pondremos un último ejemplo y, después, callaremos, no quisiéramos molestar a nadie.
En uno de los restos de capiteles, existe esta iconografía cuya fotografía he tomado del blog
Sol y moscas, aunque me parece que la fotografía pertenece a la
Fundación Santa María:

Estamos ante la iconografía de un ciervo, es decir, ante el contexto del Salmo 41 (42):
“Como busca la cierva corrientes de agua, así mi alma te busca a ti, Dios mío; tiene sed de Dios. del Dios vivo: ¿cuándo entraré a ver el rostro de Dios?…”Un salmo propio del Oficio de Difuntos que también se recita como séptimo salmo en la Santa Vigila Pascual del Sábado Santo, pero, a la vez, en un claro simbolismo bautismal; es decir, contexto de celebración de vida, muerte, sepultura y resurrección. Y, en Palamós, iconografía para un claustro, lugar de vida, muerte, sepultura y esperanza en la resurrección para una comunidad de monjes o de canónigos. Después, por lo que se va sabiendo, espacio simbólico reconstruido por el oficio de..., cada un@ que coloque el nombre o adjetivo que le guste más, con la intención de venderlo a buen precio.
Pero, al menos parte de esta iconografía, seguramente pensada en origen para un claustro, tiene un receptor unívoco de su simbolismo, la comunidad monacal o clerical que, además, estaba compuesta por hombres que habían podido leer las siguientes palabras de San Agustín al comentar este salmo:
“La sed que tengo es de ir y ver el rostro del Señor: Siento sed en la peregrinación, siento sed en el camino; seré saciado a la llegada. Pero ¿cuándo llegaré? Cuanto más cerca está Dios, más se retarda el cumplimiento del deseo. ¿Cuándo llegaré y me presentaré ante la presencia de Dios? De este deseo dimana aquello por lo que clama en otro sitio: Una sola cosa pedí al Señor y ésta buscaré: habitar en la casa del Señor todos los días de mi vida. ¿Y para qué esto? Para contemplar—dice—el deleite del Señor. ¿Cuándo iré y veré el rostro del Señor?”Habitar en la casa del Señor todos los días de mi vida, al menos, en la terrenal sí que lo hacían, pero les faltaba la celeste. Sin embargo, alguien pensará, que hay esculpido más de un ciervo. No te lleves el agua a tu molino, no lo encajes como queras y esas cosas... Hay que volver a leer parte del comentario de San Agustín a este Salmo:
“Se cuenta de los ciervos, y lo vieron algunos, pues no se narraría tal cosa de ellos a no ser comprobado, que, cuando caminan en rebaño o cuando nadando se dirigen a otras tierras, colocan sus cabezas unos sobre otros, de tal modo que uno guía; y detrás de éste sigue otro, que coloca su cabeza sobre él; a continuación, en fila, siguen otros, poniendo sus cabezas sobre el anterior, hasta el último con el que termina la recua. Cuando el primero que llevaba el peso de la cabeza del siguiente se ha cansado, se dirige a la cola para que le suceda el segundo como primero, y llevando de este modo alternativamente la carga, ejecutan el recorrido y sin abandonarse unos a otros. ¿Por ventura no habla a ciertos ciervos el Apóstol cuando dice: Sobrellevad los unos los pesos de los otros, y así cumpliréis la ley de Cristo?”Un buen modelo de vida para una comunidad monacal que esperan todos ellos ir al cielo, ¿no? Bueno, ahora sí, mejor ya callo para esperar noticias.
Un abrazo a tod@s