giornata escribió:
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Desde mi punto de vista, en este momento es secundario, saber su procedencia, porque si se duda de su autenticidad, no hay procedencia que valga, es que simplemente no la hay.
Determinada la autenticidad, se puede preguntar de donde procede y como es posible que tantas toneladas de piedra estuvieran guardadas en lugar desconocido.
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Demostrada la fascinación que nos produce el trabajo del Doctor Don Gerardo Boto a cuantos dialogamos en este foro, si el debate que el claustro de Palamós ha generado, lleva a pensar a unos pocos de los que intervenimos, que sólo algunos elementos del claustro son auténticos, es completamente lícito. Conocer el modo en cómo fue adquirido, interesarnos individualmente y expresar la manera en cómo averiguar su procedencia, también: ¡Que se muestren TODOS los papeles de compra, ya!
Si el claustro se hallaba en cajas en un almacén de Madrid cuando se compró, también es lícito pensar cuán grande no sería ese almacén y en qué lugar de la ciudad se encontraba y por qué:
EL PAÍS escribió:
Esas fechas coinciden con las apuntadas por el especialista Gerardo Boto, quien, alertado por una fotografía publicada en la revista AD, empezó a estudiar el caso. Según la nota, el claustro, “
la autenticidad del cual siempre ha puesto en duda la propiedad, se encontraba desmontado en un almacén de Madrid cuando se compró”. La nota asegura que “
la propiedad nunca ha ocultado la información sobre el origen, que se encuentra depositada a disposición pública en el Archivo Municipal de Palamós y ofrece al Departamento de Cultura de la Generalitat la posibilidad de iniciar un nuevo estudio que permita analizar e investigar la procedencia y el valor histórico del claustro”. ('Un claustro rodeado de silencio':
http://cultura.elpais.com/cultura/2012/ ... 38415.html )
Desde mi particular punto de vista de observador románico aficcionado, ese gigantesco lugar donde las piezas se acumularon durante un tiempo, únicamente podría haber estado en el 'Almacén de Noviciado' o en algunas de las casonas que la Universidad Complutense poseía en los albores de la edificación de la Ciudad Universitaria de Madrid, como sucedió con las obras almacenadas tras la primera expropiación realizada a la Compañía por Carlos III, según nos cuenta Doña Aurora Miguel Alonso en 'Los bienes de la Compañía de Jesús incautados en Madrid en 1767 y 1835, y conservados en la Universidad Complutense':
Instituto Cervantes escribió:
Con la construcción de la Ciudad Universitaria en Madrid, los centros universitarios asentados en el centro de Madrid fueron paulatinamente abandonando sus antiguos locales para ocupar otros más espaciosos y modernos. Así ocurrió en 1935, con la Facultad de Filosofía y Letras, asentada en el edificio del Noviciado y de San Isidro (su biblioteca) y, después de la Guerra Civil, la Facultad de Derecho, la Facultad de Ciencias y la Facultad de Ciencias Económicas y Políticas. Ahora en los antiguos locales, ni siquiera edificios, de origen jesuita sólo pertenecen a la UCM la Biblioteca Histórica «Marqués de Valdecilla» y el Paraninfo de la Universidad que, como ya hemos dicho, está construido en la antigua iglesia del Noviciado.
Puestos a especular -quedamos en que es lícito investigar el origen de las piezas auténticas del claustro- Burgo de Osma fue el refugio de Palafox, Virrey que hubo de abandonar la Nueva España, tras fomentar la implantación de curas regulares y erigir otras tantas parroquias en sus dominios, lo que incrementó su enconado enfrentamiento contra los jesuítas en América, para terminar en su regreso a España, rigiendo la diócesis oxomense.
Cómo pudieron 'ocuparse' del destino de las cajas tras la subasta de 1843, sigue siendo un misterio sin desvelar aún de esta otra ficción novelística, que supone de momento para todas las pretensiones indocumentadas, establecer la procedencia de los elementos auténticos del claustro de Palamós.