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¨¡ HAY QUE JODERSE COMO VA SER FALSO!¨ ¨SEGURO QUE SE EQUIVOCAN ELLOS¨. Esto decía Juan Manuel Ortiz hijo de Julián Ortiz Fernández que se ocupo de las obras de montaje del claustro de Palamos en Ciudad Lineal (Madrid)
Este articulo hay que leer entre líneas Juan Manuel Ortiz nos esta dando la clave el sabe la procedencia pero tiene que callar por alguna causa que no llego a detectar.
Reportaje del periódico el PAIS 8 de Junio 2012
José Ángel Montañes
La letra negrilla es mi opinión de lo que quiere transmitir en Juan Manuel Ortiz
Julián Ortiz Fernández, el anticuario que durante años y hasta 1958 veló por el buen estado de la obra cuando esta estaba montada no en Palamós, sino en un solar del madrileño distrito de Ciudad Lineal.
Juan Manuel Ortiz, de 86 años, no daba crédito a la imagen que había publicado EL PAIS en su primera página, cuando la contempló en casa de su hijo en El Escorial: era el claustro con el que había convivido durante décadas, como quien comparte su existencia con un elemento cualquiera del mobiliario. No había vuelto a saber nada del conjunto desde que en 1958 había salido, desmenuzado, en camiones rumbo a Girona. La familia Ortiz se puso en contacto con este diario, a través de una red social, con la intención de contar su historia, y la del claustro.
Según relatan padre e hijo al unísono y con precisión de fechas, las piedras del conjunto llegaron a Madrid en 1931
(Quiere decir que se refiere al conjunto el claustro de Palamos entero con sus correspondientes sillares, fustes, capiteles, bases etc. Y no que empezasen a fabricar un claustro falso) desde un lugar indeterminado
(Por lo tanto no sabían la procedencia de donde venia ese conjunto y menos la piedras de que cantera eran). Las compró Ignacio Martínez Martínez, un anticuario “de gran prestigio y reconocimiento en el Madrid de entonces”. Los sillares se instalaron en un solar que le cedió
(Quiere decir que el terreno donde se monto el claustro no pertenecían a Ignacio Martínez y tampoco los alquilo) una conocida suya, “una marquesa”, situado entre los números 7 al 11 de la calle Ángel Muñoz, en el actual distrito de Ciudad Lineal. “Quería montarlo para venderlo a un americano rico”, aseguran.
Al poco tiempo, el antepasado de ambos, Julián Ortiz Fernández, entró a trabajar a sus órdenes con la intención de ocuparse de las obras de montaje de la enorme estructura.
(Quiere decir que el claustro ya venia desmontado en la totalidad de las piezas y su misión era montar el rompecabezas) Según recuerdan, Julián era un restaurador hábil que se había formado en pintura en Talavera de la Reina y acabó interviniendo en obras importantes “como un Berruguete”,explica el anciano con gran agilidad mental. Para dirigir los trabajos de montaje de las piezas y reintegrar las que faltaban o estaban fragmentadas
(Importante aquí se refiere que algunas piezas faltaban y otras venían deterioradas lo que quiere decir que la restauración se hizo problamente con piedra Villamayor y así seguramente consta en el contrato d compra y venta y no están volviendo locos con las dichosas piedras de Villamayor. El nuevo argumento de Merino de Cáceres -principal deudor de la supuesta falsedad del claustro de Palamós- no contradice la autenticidad de algunas piezas de las galerías, tal y como justifican los arqueólogos tras una serie de pruebas científicas realizadas en Palamós por orden de la Generalitat catalana, no hacia falta calentarse la cabeza con saber leer e interpretar ¨dirigir los trabajos de montaje de las piezas y reintegrar las que faltaban o estaban fragmentadas¨ .) Julián decidió irse a vivir a una casa instalada en el mismo solar del claustro con su mujer Emilia Carranza y sus nueve hijos.
Durante cinco años, hasta 1936, se sucedieron los trabajos de montaje (esto es cierto no hay nadie capaz en este mundo de hacer un claustro parecido al del monasterio de Silos en cinco años el de El claustro inferior de Silos debió levantarse en la segunda mitad del siglo XI y primera del XII, pero si un montaje del claustro de Palamos en casi cinco años porque dejaron un ala hasta el año 1941 porque no les dio tiempo a montar el cuarto ala del claustro de Palamos). “Había prisa porque el anticuario quería venderlo a algún rico estadounidense, por eso contrató a 30 operarios. De hecho, tenía precio: cinco millones de pesetas que bajaron a tres y medio después en 1939”.
(Quien pagaba la nomina de estos 30 operarios porque os aseguro que con lo que gano en la lotería Ignacio Martínez no tenia ni para chufas.)
La Guerra Civil impidió que se terminase el montaje y restauración. Martínez se desplazó a Barcelona y Julián Ortiz se exilió a Francia, donde acabó en un campo de concentración. “Cuando el país es ocupado por los nazis y empiezan a desvalijar obras de arte, se enteran de que mi padre es restaurador y comienza a trabajar obligado para ellos; pero eso le hace ganar la amistad de un coronel de la Gestapo que posibilita que mi padre, tras pedirlo al régimen, vuelva a España en 1941”,
(Fijense que dice ¨tras pedirlo al regimen¨quiere decir que los alemanes pidieron que le dejasen entrar en España porque algún alemán supo de existencia de claustro de Palamos y estaba interesado en el, podía ser la familia Hans Engelhorn intervino en la venida a España) cuenta el anciano. Y puntualiza: “Tenía la obligación de presentarse todos los sábados en el cuartel”.
Será entonces cuando se retomen los trabajos de montaje
(hemos de advertir que en 1936 ya estaban terminadas tres alas del claustro y estaban empezando a construir el cuarto ala ), que concluyeron en 1943. “El claustro se decora con la plantación de berenjenas blancas y moradas, se instalan luces y fuentes de agua y un estanque en el que todos nos bañábamos. Hubo que reforzar los muros para que no se viera desde la calle y no entrara nadie”.
Y así permaneció el claustro hasta finales de los años cincuenta
(Quien financió la permanencia y vigilancia del claustro por la familia Ortiz durante diecisiete años ); poniendo el marco para la feliz y placentera vida familiar de los Ortiz. El conjunto de estilo románico, poblado habitualmente por gallinas y patos y rodeado de una hermosa huerta con berenjenas y otras hortalizas, lo mismo hizo las funciones de punto de encuentro de amigos que de escenario recurrente de multitudinarias reuniones familiares: “Nos gustaba comer al aire libre los domingos todos juntos, sobre todo paella con paloma”, recuerda hoy el hijo.
A finales de la década de los 50, Federico Martínez, hijo del anticuario viajó a Madrid y comunicó a la familia Ortiz que había encontrado comprador
(Aquí entra en escena el hijo de Ignacio Martínez dice que había encontrado comprador cuando verdaderamente fue vendido por el anticuario Eutiquiano García Calles,por lo tanto el contrato de compra y venta del claustro de Palamos fue firmado por dicho anticuario, uno de los más acreditados y mejor relacionados de Madrid, tenia su tienda de antigüedades junto a la Cervecería Alemana en la plaza de Santa Ana de Madrid dicha tienda era visitada por Dña. Carmen Polo mujer del General Franco y Ignacio Martínez era muy amigo de Eutiquiano ya que los dos se dedicaban a las mismas antigüedades por las que se le conocían la telas eran especialistas en este tema en Madrid ¿Cómo paso de ser el propietario Ignacio Martínez del claustro montado en Ciudad Lineal (hombre de paja de algún rico estadounidense) al anticuario don Eutiquiano? ¿Lo heredo? ¿lo compro? o es que no pertenecía a nadie y era del estado por no aparecer el propietario para el cual se estaba haciendo este expolio y no se quería ver implicado el hijo de Ignacio Martinez, Juan Manuel Ortiz, continuo la obra para terminarla, ¿pero quien demonios seguía pagando a los Ortiz? hay quien no esta contado la verdad.
. Tocó enumerar y desmontar el claustro. “Tardamos un año en hacerlo, y en 1958 comenzó el traslado en camiones a Girona”, comentan con cierto pesar. Todavía recuerdan que el encargado de hacerlo fue el transportista Mateo Mateo, un empresario de Cassà de la Selva, en Girona, y que los camiones parecían “hundirse por el gran peso de las piedras”.
La historia del restaurador Julián, que falleció en 1998 a los 96 años, acabó mal: cuando quiso comprar el solar en el que había vivido tantos años con su familia, “las monjas del Sagrado Corazón que estaban instaladas al lado, removieron su pasado republicano y se lo impidieron”, recuerda su hijo.
“Siempre he pensando que lo había comprado un tal Otto Cherenverguer
(Seguramente detrás del la financiación del claustro había un alemán representante de la familia Hans Engelhorn), o algo así, para unas monjas catalanas, pero ahora me he enterado por EL PAÍS que el propietario es otro”, asegura Juan Manuel padre. Desde la altura de sus 86 años, concluye con un deseo: “No me gustaría morirme sin volverlo a ver. Es el claustro de mi casa”.
En la nota también aseguraban que la documentación relativa a la compra del claustro estaba depositada en el Archivo de Palamós (En Palamos desaparecen todas las pistas sigo diciendo hay muchos intereses para que el claustro de Palamos se olvide o bien por aburrimiento o enterarnos en papeles e ignorarlo). Preguntados ayer por este extremo, sus responsables aseguraron que ellos no tenían constancia de que eso fuera así. “¡Hay que joderse, cómo va a ser falso!”, exclama Juan Manuel tras enterarse de que se duda de la autenticidad de su claustro. “Seguro que se equivocan ellos”.
Juan Manuel hijo de Julián Ortiz el restaurador del claustro de Palamos en Ciudad Lineal y habiendo oído y seguramente comentado de donde procedía el claustro sabiendo su procedencia y quien estaba detrás un alemán un tal Otto Cherenverguer que posiblemente pagase la estancia de los Ortiz en donde radicaba el claustro de Palamos en Madrid tras haber convivido diecisiete años con estas piedras milenarias exclamo ¨¡ HAY QUE JODERSE COMO VA SER FALSO!¨ ¨SEGURO QUE SE EQUIVOCAN ELLOS¨.
Saludos cordiales,
Siloe
