
En el mismo artículo citado, resaltamos específicamente, una de las conclusiones que sus autores alcanzan en el completo estudio de este singular monasterio de la sierra madrileña:
"Lamentablemente, y en contra de todas las aportaciones de los estudiosos que imputan a los benedictinos de Cluny o del Cister la obra románica en la península, y en concreto en contra de las aportaciones consideradas al inicio de este tema, tampoco el Císter tuvo nada que ver con nuestro monasterio de La Cabrera.
El Císter llega tarde a Toledo y llega de la mano de Alfonso VIII que los llama, al igual que a los Templarios, para ordenar y asegurar el lado sur del Sistema Central incorporándolos así a la diócesis de Toledo. El Císter en el Toledo de la época incorpora cuatro monasterios masculinos, San Martín de Valdeiglesias, Bonaval, Ovila y Santa María de Melque, y las tres fundaciones femeninas mencionadas en la entrada anterior (en un proceso evolutivo de las mismas) según expone Rivera Recio y recoge Rubio Sadia. Ovila se ubicó en el sur de la capital y Santa María de Melque en el entorno de la capilla visigótica.
La llegada del Císter, a finales del siglo XII, por tanto, no está en la línea de la implantación del rito romano, que ya se supone introducido."
Por tanto, si excluimos a estas dos órdenes monásticas o -mejor aún- las relevamos de ese primer plano que hasta ahora se les atribuía en la península, respecto de la produción del arte románico y de la implantación del rito romano, tan sólo nos quedan con recursos económicos y humanos -suficientes en número, capacidad, organización y apoyo institucional de primer nivel entre los siglos XI y XII-, las denominadas órdenes de Canónigos Regulares de San Agustín, entre las que se inscriben dentro de su férula de desambiguación o de actuación, los Premonstratenses (Premontre), los Rufonianos (Avignon) y las Casas reguladas que se esparcen por toda Europa desde que el sínodo de Letrán de 1059, los eligiese como estandarte de la llamada reforma gregoriana.
MONASTERIO DE SAN AUDITO (antiguo) O DE SAN ANTONIO Y SAN JULIÁN. LA CABRERA (Madrid)El canónigo tiene que cultivar, según san Agustín de Hipona, la
"sanctitatem te clericatum" (santidad y clericato): vivir en comunidad, hacer la vida de un religioso y recitar diariamente junto a otros canónigos el oficio divino, pero al mismo tiempo predicar, enseñar y administrar los sacramentos; proporcionar asistencia a peregrinos, viajeros y enfermos, manteniendo hospitales y asilos a los que son vinculados históricamente (Somport, Navarrete, Arbas, Benevívere, Soria, Villabura, San Juan de Ortega...) formando -en la época citada- el epicentro asistencial en cualquiera de los campos que precise la comunidad religiosa, incluyendo la práctica totalidad de los episcopios (Tudela, Jaca, Pamplona, León, Burgo de Osma, Toledo...), hasta el más insigne de los despoblados, como Viguera, Suso de San Millán de la Cogolla, San Vicente de la Sierra, La Cabrera o Echano.
Ivo, obispo de Chartres promovió la orden en Italia mediante la Congregación del Beato Pedro de Honestis y la Congregación de San Rufo. A partir del Sínodo Lateranense de 1059 se separaron los canónigos seculares (
canonici saeculares, de la diócesis, que vivían cada uno separado de los otros) y los regulares (
canonici regulaste, que vivían en comunidad y seguían una regla). Los canónigos regulares, mediante diversas reformas, adquirieron una identidad diferenciada, con un carisma propio: ajustarse a los votos, normas y costumbres de la
vita evangelica siguiendo la Regla de San Agustín.
Han sido canónigos regulares: Adriano IV, Tomás de Kempis y Erasmo de Rotterdam y en la actualidad tienen su sede central en Roma, en la Basílica de San Pedro en Cadenas (ad Vincula), su festividad, amén que su última meta -en plena observancia de sus fines- fuere alcanzar la Ciudad de Dios, la Jerusalem celestial.
Habrá que ir pensando en efectuar un extenso 'inventario'.
