Hola a todos
Vayamos con el tema de capiteles temáticos a partir de un Arte románico sobre el que alguna vez ya hemos reflexionado, me refiero al románico siciliano.
De entrada, los que seguís desde hace años este foro, conocéis que he propuesto que reconozco elementos de la teología filosófica de Joaquín de Fiore en el románico siciliano.
Y ya sabéis que siempre me he hecho una pregunta. ¿Pudieron representar a Joaquín de Fiore en la iconografía románica de Sicilia? Si fuese así, por las dataciones historiográficas, se habría hecho en vida del propio beato. Os quiero mostrar un capitel y, después, comentarlo:

El siguiente capitel se encuentra en la Panda norte del claustro de Santa María la Nueva, en Monreale (Palermo). La descripción parece rápida: un obispo colocado entre los símbolos de los evangelistas Mateo (el hombre-ángel) y Juan (el águila).
Pero, intentemos mirarlo con otros ojos. Por la mitra y el báculo el personaje se identifica como un obispo. No obstante, estos dos atributos también son propios de los abades medievales y no se debe olvidar que abad fue Joaquín de Fiore. No solo eso, si nos fijamos bien, el personaje en cuestión no va connotado con la aureola o nimbo de santo. Es decir, se está presentando como hombre. Solo hay que comparar con la aureola o nimbo que luce el símbolo de San Mateo, el hombre-ángel.
Además, en este caso, la presencia de los símbolos de san Mateo y san Juan nos permiten la identificación de este personaje con Joaquín de Fiore. ¿Por qué? Son los dos evangelistas que Joaquín de Fiore utilizó para dar
su fecha profética de 1260.
Junto al libro del profeta Daniel (VII, 25; XII, 7.), Fiore utilizó tanto el libro del Apocalipsis de san Juan (XI, 2; XI, 3; XII, 6, XII, 14; XIII, 5) como el evangelio de San Mateo (Mt. I, 1-17) para postular la fecha profética de 1260.
En concreto, utilizando el evangelio de San Mateo, argumentó que lo mismo que transcurrieron 42 generaciones entre Abrahán y Jesucristo, la segunda Época, la de la Encarnación del Hijo, finalizará en este año, es decir, 42 generaciones después de Jesucristo.
¿Cómo lo calculó? Para Joaquín de Fiore, Jesucristo engendró a sus hijos espirituales a los 30 años, cuando comenzó su vida pública. Por eso, cada generación a partir del Nuevo Testamento tienen que contarse de 30 años. Por lo tanto, 42 generaciones de 30 años cada una,
hacen un total de 1260 años.
Si esto fuese así, en el claustro de Monreale no solo se esculpió al abad de Fiore sino que se dejó reflejada su teología filosófica y, en concreto, la fecha profética de 1260, esa fecha que le permitió postular su teoría de las tres Edades o Eras: la del Padre, la del Hijo y la del Espíritu Santo.
Nada, en el claustro de Monreale, estaría esculpido el principio fundamental de la teología milenarista de Fiore de forma alegórica.
Cada vez que me adentro más en una iconografía románica voy teniendo más claro que, independientemente del sincretismo que el Cristianismo supuso, los teólogos redactores de sus programas iconográficos utilizaban filosofías teológicas determinadas que identificaban su manera propia de pensar. Además, estaban al corriente de los pensamientos teólogicos de su época.
Un abrazo a tod@s