Hola a todos
IN MEMORIAM
Dedicado a mi cuñado Santi, siempre en nuestros corazones.Se trata de una entrada larga, pero si habéis leído la dedicatoria ya podéis intuir el motivo.
De entrada, creo que todos estamos de acuerdo en que una obra de arte es un objeto material y cultural con diferentes niveles de lectura; pero, sobre él, siempre debe tenerse en cuenta el momento histórico en el que se creó y, sobre todo, su finalidad.
Como en otras ocasiones he escrito, me gustan ciertos principios teóricos de la llamada estética de la recepción. Y, por eso, entre nosotros, en este foro, puede haber personas a las que les guste el Arte románico siendo agnósticas e, incluso, ateas. Por eso, ante posibilidades como esta siempre me hago esta pregunta:
¿Qué lecturas harán de un arte nacido como expresión de la fe? Ahora bien, de entrada, jamás debemos olvidar que las iconografías románicas nacieron en una época histórica determinada y su análisis, no nuestra lectura personal, debe ajustarse a unos parámetros. Por eso, no acabo de entender cuando leo estudios que tienen la tendencia a leer el Arte Románico desde una visión puramente esotérica.
Con vuestro permiso, me gustaría poner un ejemplo. Esta representación iconográfica se encuentra en
Santa María de Eunate, Navarra. Y creo que, a simple vista, todos podemos contemplar lo que me gusta denominar
El tercer ojo, el de la mente:

Me refiero a la pequeña cabeza humana colocada en medio. Supongo que, con esta otra fotografía veréis mejor a lo que me refiero al hablar de
El tercer ojo, el de la mente:

Ante esto, podríamos decir: no significa nada, es una pura casualidad. No tiene importancia, es una iconografía de bestiario con elementos vegetales y una cabeza colocada junto a una piña a la que parece ser que se le practicó un agujero en medio de la frente.
Ahora bien, ¿qué pasa cuando nos fijamos en la disposición de los “tres” ojos? Se produce un triángulo perfecto. Llegados a este punto podemos querer lanzarnos hacia explicaciones esotéricas basadas en algunos conceptos de la filosofía platónica a través de su expresión “el ojo del alma”, (en griego, ómma tēs psykhēs) que se encuentra en el Libro VII de
La República.
Sin embargo, no hace falta recurrir a interpretaciones esotéricas. En la evolución del pensamiento cristiano, esta expresión pasó a la filosofía neoplatónica cristiana. De hecho, se trata de una expresión que pasó a la filosofía neoplatónica y, de esta, al neoplatonismo cristiano en una cadena de autores que podríamos significar de esta manera: Platón, Cicerón, Plotino, San Ambrosio, San Agustín, Boecio, Máximo el Confesor, Gregorio Magno y Eriúgena
En la época medieval, Juan Escoto Eriúgena la recoge de esta manera:
Citar:
“Es lícito, pues, para quienes filosofan pía y limpiamente, o quieren comenzar desde cualquiera de estas causas, y a través del ojo de la mente –que es la verdadera razón- extenderse a todas las demás con cierto orden de contemplación.”
(Juan Escoto Eriúgena)
El escultor de Eunate que nos dejó esta enigmática representación de lo que parece un tercer ojo,
el ojo de la mente, podía conocer este pasaje del
Periphyseon de Eriúgena, ya que, en tierras de Navarra vivieron hombres sabios, como Robert de Ketton, que conocían perfectamente, porque la habían estudiado en París y Chartres, la filosofía teológica de Juan Escoto Eriúgena.
Además, de lo que sí estoy seguro es de que algunas representaciones iconográficas del Arte románico, que en la actualidad se empeñan en interpretar en un mal entendido esoterismo, no dejan de ser más que la expresión artística de algunos conceptos de una filosofía teológica, la neoplatónica cristiana, que perdió su cadena de transmisión, tal vez, porque, en el IV Concilio de Letrán (1215), acabó representando el pensamiento perdedor.
De estos ojos del intelecto y de su relación con el pensamiento de Eriúgena, no solo hablamos nosotros:
Citar:
“Los cuerpos geométricos los contemplamos solo con los ojos del intelecto: geometrica corpora solo animo consideramus, dice el Eriúgena. Lo cual hace comprender el porqué de la geometrización de las facciones del rostro divino y de su aspecto sensible: lo geométrico está diseñado para ser percibido de modo sobrenatural o, al menos, inmaterial. Lo mismo ocurre con el rostro, impresionante, del Pantocrátor del llamado baldaquino de Ribes.”
Alfons Puigarnau, Imago Dei y Lux mundi en el siglo XII. La recepción de la Teología de la Luz en la iconografía del Pantocrátor en Catalunya, Tesis doctoral, p. 193
Para acabar, si volvemos a mirar la primera imagen, vemos que está rodeado de ese árbol que sale de la boca de esos especiales Green Man:

Y, entonces, podemos acabar leyendo más acertadamente en el mismo Eriúgena:
Citar:
“Así pues, el Querubín y su flameante y versátil espada está colocado ante los ojos de nuestra alma –me refiero a los ojos de la razón y del entendimiento-. ¿Para qué? Para custodiar el camino del árbol de la vida, esto es, para que no echemos en olvido el camino del árbol de la vida.”
(Juan Escoto Eriúgena)
Y como siempre me gusta recordar, no debemos olvidar que el redactor y el maestro artesano son, en realidad, dos caras de una misma moneda dentro del fascinante universo creativo del Arte románico. Aunque a primera vista pertenecen a mundos distintos —el pensamiento frente a la materia—, ambos comparten una misma esencia: la capacidad de materializar el pensamiento abstracto y transformarlo en un legado artístico eterno. Por eso nos gusta tanto contemplar las iconografías románicas.
Un abrazo a tod@s